Consejos de un santo Matrimonio

Beato Emperador Carlos y Emperatriz Zita 01 01b

El Beato Carlos de Austria y la Sierva de Dios Zita de Borbón Parma

Hay una razón por la que la Iglesia eligió la fecha de su boda para ser el día de la fiesta del Beato Carlos. En vez de su fallecimiento, la Iglesia escogió una fecha de su vida que tenía gran significado y preparó el camino hacia su santidad: su aniversario de boda. 
El Beato Carlos, además de ser el último emperador de Austria (y gobernante del Imperio Austrohúngaro) y un líder que trabajó incansablemente por la paz durante la Primera Guerra Mundial, fue también un padre de familia y un leal marido para su esposa Zita. Estuvieron casados 11 años antes de la muerte prematura de Carlos en 1922 y juntos criaron a 8 hijos.

Ser el líder de un imperio en tiempos de guerra sin duda entraña muchas dificultades, pero en medio de la tormenta Carlos nunca olvidó la importancia de su matrimonio. De hecho, su matrimonio con Zita proporcionó a sus hijos y súbditos un modelo digno de admiración e imitación. Aquí reunimos cinco consejos matrimoniales basados en la vida del Beato Carlos de Austria y la Sierva de Dios Zita, para que inspiren y ayuden a las parejas casadas a vivir conforme a sus votos “hasta que la muerte nos separe”.

1) Recuerda que el objetivo principal del matrimonio es llevar a tu cónyuge al paraíso. 
El día antes de su boda real, Carlos dijo a Zita: “Ahora, ayudémonos mutuamente a llegar al paraíso”. Es fácil olvidar que el matrimonio, por encima de todo, es un sacramento. Esto significa que Dios otorga a las parejas casadas gracias especiales por cumplir con su estado en la vida, con el objetivo en el destino último, el cielo. Dios desea nuestra felicidad y podemos alcanzarla reconociendo la función que tenemos en ayudar a nuestro cónyuge a llevar una vida santa. Sin duda, no es algo sencillo, pero con Dios todo es posible.

2) Confía tu matrimonio a Dios y a la Santísima Madre. 
Carlos y Zita sabían que si querían “ayudarse mutuamente a llegar al paraíso”, necesitarían de toda la ayuda que pudieran recibir. Además de casarse por una ceremonia católica, la pareja tenía un grabado especial en el interior de sus anillos de boda. La inscripción, en latín, leía: “Sub tuum praesidium confugimus, sancta Dei Genitrix” (“Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios”). Se trata de una antigua oración que expresaba su deseo de depositar su matrimonio bajo el atento cuidado de la Santísima Virgen María. 
Además, antes de irse de luna de miel, la pareja real hizo una peregrinación al santuario mariano de Mariazell, dedicado a Nuestra Señora Magna Mater Austriae (Gran Madre de Austria). El matrimonio puede ser muy difícil a veces, así que las parejas no deberían temer pedir ayuda a Dios y Su Madre.

3) Después de la boda, ya no existe el 'yo', sino el 'nosotros'. 
A menudo en los matrimonios surge la tentación de vivir vidas separadas, donde tanto la mujer como el marido tienen “sus trabajos” particulares, se toman las decisiones de forma separada y los cónyuges no se “inmiscuyen” en los asuntos del otro. Carlos y Zita, por el contrario, se consideraban más como un equipo. Zita estaba muy interesada en la ocupación de su marido y no temía expresar sus ideas. Acompañaba con frecuencia a Carlos en sus viajes políticos, además de desempeñar un papel activo en las preocupaciones sociales del imperio. 
Además de trabajar juntos como una pareja real, Carlos y Zita educaban activamente a sus hijos en las verdades de la fe. No era simplemente una “tarea de Zita” el enseñar a los hijos a rezar, sino que Carlos también imbuía en sus hijos el amor a Dios y les enseñaba personalmente sus oraciones. Se tomaban en serio la idea bíblica de “ser una misma carne”en todos los ámbitos.

4) Aviva continuamente la llama del amor. 
Ser un emperador durante la Primera Guerra Mundial suponía que Carlos tenía que viajar y tomar decisiones militares de vital importancia. Era algo doloroso para Carlos, ya que le obligaba a mantenerse alejado de su esposa y su familia. Carlos decidió instalar una línea telefónica desde sus cuarteles militares hasta el palacio imperial con el propósito de poder llamar a Zita varias veces al día. Llamaba al palacio simplemente para charlar con Zita y para ver qué tal les iba a los niños. Carlos entendía que incluso con sus muchas responsabilidades, su matrimonio y su familia merecían la más alta de las prioridades. Sabía que un matrimonio fracasaría si no se le nutría con oportunidades para mantener viva la llama del amor.

5) Ama al otro con un amor eterno que supere cualquier prueba. 
Las parejas recién casadas a menudo se sorprenden por lo rápido que se gasta el entusiasmo inicial del amor y se encuentran que no “sienten” el mismo amor hacia su pareja. Esta carencia de un “sentimiento” puede desalentar a la pareja, en especial en mitad de un mal trago. Carlos y Zita, sin embargo, no dejaron de amarse incluso cuando surgían dificultades. Después de afrontar la humillación de ser exiliado de su propio país, Carlos y Zita se mantuvieron más unidos que nunca. Poco después tuvieron que encarar una prueba mucho más grande para su amor, cuando Carlos contrajo una neumonía que lo llevó rápidamente a su lecho de muerte. 
Las últimas palabras de Carlos a su esposa fueron: “Mi amor hacia ti es interminable”. Zita, durante los siguientes 67 años, vistió de negro en señal de duelo. Nunca dejó de amarle hasta su propia muerte, cuando se reunió con él en el paraíso. Su amor era más que un “sentimiento”, era una elección activa de amarse mutuamente “hasta que la muerte nos separe” y más allá.

Fuente: es. aleteia.org

Los cristianos en el mundo

Primeros cristianos 01 01 jpg

Los primeros cristianos

Fragmento de la Carta a Diogneto, escrito de los primeros tiempos del cristianismo:

Los cristianos no se distinguen de los demás hombres, ni por el lugar en que viven, ni por su lenguaje, ni por sus costumbres. Ellos, en efecto, no tienen ciudades propias, ni utilizan un hablar insólito, ni llevan un género de vida distinto. Su sistema doctrinal no ha sido inventado gracias al talento y especulación de hombres estudiosos, ni profesan, como otros, una enseñanza basada en autoridad de hombres.

Viven en ciudades griegas y bárbaras, según les cupo en suerte, siguen las costumbres de los habitantes del país, tanto en el vestir como en todo su estilo de vida y, sin embargo, dan muestras de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos, increíble. Habitan en su propia patria, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña es patria para ellos, pero están en toda patria como en tierra extraña. Igual que todos, se casan y engendran hijos, pero no se deshacen de los hijos que conciben. Tienen la mesa en común, pero no el lecho.

Viven en la carne, pero no según la carne. Viven en la tierra, pero su ciudadanía está en el cielo. Obedecen las leyes establecidas, y con su modo de vivir superan estas leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Se los condena sin conocerlos. Se les da muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos; carecen de todo, y abundan en todo. Sufren la deshonra, y ello les sirve de gloria; sufren detrimento en su fama, y ello atestigua su justicia. Son maldecidos, y bendicen; son tratados con ignominia, y ellos, a cambio, devuelven honor. Hacen el bien, y son castigados como malhechores; y, al ser castigados a muerte, se alegran como si se les diera la vida. Los judíos los combaten como a extraños y los gentiles los persiguen, y, sin embargo, los mismos que los aborrecen no saben explicar el motivo de su enemistad.

Para decirlo en pocas palabras: los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo. El alma, en efecto, se halla esparcida por todos los miembros del cuerpo; así también los cristianos se encuentran dispersos por todas las ciudades del mundo. El alma habita en el cuerpo, pero no procede del cuerpo; los cristianos viven en el mundo, pero no son del mundo. El alma invisible está encerrada en la cárcel del cuerpo visible; los cristianos viven visiblemente en el mundo, pero su religión es invisible. La carne aborrece y combate al alma, sin haber recibido de ella agravio alguno, sólo porque le impide disfrutar de los placeres; también el mundo aborrece a los cristianos, sin haber recibido agravio de ellos, porque se oponen a sus placeres.

El alma ama al cuerpo y a sus miembros, a pesar de que éste la aborrece; también los cristianos aman a los que los odian. El alma está encerrada en el cuerpo, pero es ella la que mantiene unido el cuerpo; también los cristianos se hallan retenidos en el mundo como en una cárcel, pero ellos son los que mantienen la trabazón del mundo. El alma inmortal habita en una tienda mortal; también los cristianos viven como peregrinos en moradas corruptibles mientras esperan la incorrupción celestial. El alma se perfecciona con la mortificación en el comer y beber; también los cristianos, constantemente mortificados, se multiplican más y más. Tan importante es el puesto que Dios les ha asignado, del que no les es lícito desertar.

Fuente: Carta a Diogneto (Cap. 5-6)

Cuando una madre ama...

Maria Cristina Cella Mocellin 01 01

Sierva de Dios María Cristina Cella Mocellin

La sierva de Dios María Cristina Cella Mocellin era una joven católica, piadosa y simple, de Cinisello (Milán, Italia). Se casó el 2 de febrero de 1991 con Carlo, de Carpané, un pueblito a los pies del Grappa, y allí dio a luz a sus 3 hijos. 
Ricardo, el menor, tenía sólo dos meses de concebido cuando su madre descubrió que estaba enferma de cáncer. Era el año 1994. Cristina y Carlo Mocellin, eran unos padres felices. Tenían otros dos hijos, Lucía y Francisco. Podían decidir el uso de medicinas para curar a la madre, pero a riesgo de que Ricardo muriese. Cristina tomó una decisión valiente, difícil, heroica. En vez de someterse al tratamiento médico, decidió esperar: primero está la vida de Ricardo, y luego su vida. Su bebé nació a los pocos meses, mientras el cáncer avanzaba con velocidad en el cuerpo de su madre. De nada sirven las dolorosas sesiones de quimioterapia. Un año después, el 22 de octubre de 1995, la muerte había triunfado sobre Cristina. Tenía sólo 26 años de edad. Cristina mostró lo que significa amar hasta dar la vida. Además, quiso dejar a Ricardo una carta, escrita un mes antes de morir.

Vale la pena releer este escrito de una madre que, de verdad, "da la vida". Nos ayuda a contrastar la mentalidad de quienes defienden, quizá olvidando que también ellos estuvieron en un seno materno, el mal llamado "derecho" al aborto... Nos ayuda, sobre todo, a comprender que la vida sólo vale la pena cuando la vivimos para amar sin límites, hasta la muerte, a nuestro prójimo. Aquí sus palabras:

"Querido Ricardo, tienes que saber que no estás aquí por casualidad. El Señor ha querido que tú nacieras a pesar de todos los problemas que había... cuando supimos que existías, te amamos y quisimos con todas nuestras fuerzas... Recuerdo el día en el que el doctor me dijo que volvían a diagnosticarme tumor en la ingle. Mi reacción fue la de repetir varias veces: "¡Estoy embarazada! ¡Estoy embarazada! Señor doctor, ¡estoy embarazada!". Para afrontar el miedo de ese momento recibimos una gigantesca fuerza de voluntad para tenerte. Me opuse con todas mis fuerzas a renunciar a ti, tanto que el médico comprendió todo y no añadió nada más. 
Ricardo, eres un regalo para nosotros. Aquella tarde, en el coche, de regreso del hospital, cuando te moviste por vez primera, parecía que me decías: "¡Gracias, mamá, por amarme!" ¿Y cómo podríamos no amarte? Tú eres una joya, y cuando te miro y te veo tan guapo, despierto, simpático… 
Pienso que no existe ningún sufrimiento en el mundo que no valga la pena por un hijo. El Señor ha querido llenarnos de alegría: tenemos tres niños maravillosos que, si Él así lo querrá, con su gracia, podrán crecer como Él desee. Sólo puedo dar gracias a Dios porque ha querido hacernos este regalo tan grande, nuestros hijos. Sólo Él sabe lo mucho que querríamos tener más hijos, pero por ahora es imposible."

El 22 de Octubre de 1995, día de su muerte, repetía: "Hacer tu Voluntad Señor, es mi paz". Y pronunciaba hasta una hora antes de morir los nombres de sus niños con una oración. Su causa de beatificación ha sido instruida por la diócesis de Padua en cuyo territorio se encuentran las parroquias de Carpané y Valstagna donde ha vivido y vive todavía la familia Mocellin, difundiendo el luminoso ejemplo de la Sierva de Dios.

Fuente: cf. catholic-church.org

Servirse de la meditación para despertar el amor

Orando 01 01

Infúndeme, Señor, un vivo espíritu de piedad, para que aprenda a tratar contigo con afecto de hijo. 
La doctrina de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa de Jesús nos ofrece un método de meditación, el más apto y apropiado para introducir a las almas en la intimidad con Dios y prepararlas a la contemplación. 
He aquí cómo lo delinea claramente San Juan de la Cruz: "El fin -dice- de la meditación y discurso en las cosas de Dios es sacar alguna noticia y amor de Dios" (Subida II, 14, 2). A primera vista nos damos cuenta de que el Santo, más que en el trabajo del entendimiento, en el "conocimiento especulativo" de Dios y de las verdades de la fe, insiste en el "conocimiento amoroso", que se funda ciertamente sobre el pensamiento, pero sobre un pensamiento afectuoso, penetrado de amor, que brota de un corazón amante. Quien ama a una persona llega a conocerla y a comprenderla mucho mejor y más fácilmente que quien la estudia, quizás más minuciosamente, pero sin amor.

Idéntica es la manera de pensar de Santa Teresa cuando, hablando de la oración, afirma que "no está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho" (Moradas IV, 1, 7). El pensamiento debe estar siempre subordinado al amor; es evidente que en la meditación se piensa y se reflexiona, pero no para conocer simplemente, sino para poder amar más al Señor. Por lo tanto, el trabajo de la inteligencia deberá tender sobre todo a hacernos más conscientes del amor que Dios nos tiene, de ese amor inmenso que el Señor nos ha manifestado de mil maneras; pues se puede afirmar con toda verdad que no hay misterio divino ni verdad de fe que no nos hable de una manera o de otra de la infinita caridad de Dios. Cuanto más convencidos estemos de este amor, más profunda e íntima será en nosotros esa "inteligencia amorosa" de Dios y al mismo tiempo más impulsados nos sentiremos a pagar con el mismo amor a quien tanto nos ha amado. 
De esta manera la meditación, o sea, el discurso, nos irá introduciendo natural y sencillamente en el ejercicio del amor. Por lo tanto, en nuestra oración no hemos de dar la primacía a las reflexiones y consideraciones, por elevadas que sean; nos serviremos de ellas únicamente en cuanto sea necesario para despertar en nosotros el amor y para perseverar en ese acto prolongado de amor que debe ser la oración.

"¡Oh Señor! Enséñame a meditar; enséñame a hacer oración, pues ninguna de las dos cosas sé hacer como conviene y solamente puedo aprenderlas de Ti. Dame oídos para escucharte en la lectura y en la meditación, dame lengua para hablarte en la oración. Infúndeme tu divino espíritu, que me sugiera lo que debo pensar, lo que debo decir y pedir y cómo debo hacerlo para obtener lo que pido. Que el Espíritu Santo me enseñe a gemir en tu presencia; más aún, que Él mismo forme en mi interior esos santos gemidos que Tú siempre escuchas y nunca rechazas. Inspírame, ¡oh Señor!, un grande amor a tus verdades y a tu doctrina, para que, leyéndolas las entienda y las guste. Abre mi inteligencia, abre mi corazón, hazme fiel en creer lo que me enseñas y en practicar lo que me mandas" (Un autor antiguo). 
"¡Oh Dios Eterno! Tú eres bondad infinita y eterna; nadie te puede comprender ni conocer sino en lo que Tú mismo te das a conocer. Y tanto más te comunicas, cuanto más dispuesta está nuestra alma para recibir tu conocimiento y tu amor. ¡Oh amor dulcísimo, qué poco te he amado a lo largo de toda mi vida!... Sin embargo, mi alma siempre te desea, y cuanto más te posee, más te busca, y cuanto más te desea, más te encuentra y más te gusta, ¡oh sumo y eterno Fuego, abismo de caridad!" (Santa Catalina de Sena).

Fuente: Cfr. P. Gabriel de Santa María Magdalena o.c.d., Intimidad Divina.

El Buen Pastor (IV)

 

El buen Pastor 08  23

«Tengo también otras ovejas... las cuales debo Yo recoger.» Dulce y consoladora promesa, que se ha realizado ya en ti, alma amiga, y continuará realizándose en tantísimos descarriados, mientras duren los siglos, ya que Jesús no deja nunca de ejercer su oficio de Buen Pastor. Ruega por ellos y alégrate por tu suerte. Repleta de ese gozo en el Espíritu Santo, canta con la Iglesia: «Toda la tierra está llena de la misericordia del Señor. ¡Aleluya! Regocijaos, pues, justos en el Señor.»

Esa alegría santa pedirás también como fruto particular de esta meditación. Ruega al Señor con la Iglesia: «Oh, Dios, que con la humillación de tu Hijo elevaste al mundo abatido; concede a tus fieles una perpetua alegría, para que hagas gozar de una felicidad sin fin a los que libraste de los peligros de la muerte eterna.»

Pensamiento para la Comunión 
Conozco a mis ovejas. «El término cognoscere significa algo más que tener conocimiento.Confiar, comprender, amar, vivir por el otro, ser uno con él: todos estos conceptos encierra aquella palabra. Cristo quiere decir: Yo estoy íntimamente unido con los míos, soy uno con ellos. La unidad en la Trinidad es el modelo de esta unión. ¿En dónde, entonces, llega a ser esa unión más íntima y profunda que en el partir el pan de la Eucaristía?». (Parsch, Pius.)

Fuente: Joaquín Sánchis Alventosa, o.f.m., Misal Meditado

El Buen Pastor (II)

 

El buen Pastor 06  21

«Conozco mis ovejas.» No tenemos un Dios a lo pagano que se desentienda de los mortales. Nuestro Dios nos conoce a cada uno por su nombre, vela con providencia amorosa sobre todos y nos atiende con un corazón como el que se dignó tomar de las purísimas entrañas de María. Tenemos un Jesús, cuyos ojos están puestos en cada uno de nosotros con un cariño indecible, todo comprensión con nuestras flaquezas, condescendiente con nuestras miserias, y compasivo en extremo cuando la desgracia se ceba en nosotros. Esto y mucho más es Jesús. ¡Que dicha la nuestra!

«Y las mías Me conocen.» Conoce a Cristo quien comprende su espíritu, y lo capta, y lo hace propio, dándose a Él y sintiéndose uno con Él. ¿Eres tú de esas ovejas auténticas? ¿Te mueves en torno de este Pastor divino? ¿Prefieres sus gustos e intereses a los tuyos?

Fuente: Joaquín Sánchis Alventosa, o.f.m., Misal Meditado

Siervo de Dios Carlo Acutis

 

Siervo de Dios Carlo Acutis 01  01

Siervo de Dios Carlo Acutis

Carlo Acutis, nace en Londres el 3 de mayo de 1991, hijo de padres italianos que se encontraban allí trabajando, pero que luego se trasladaron a Milán. Fue bautizado a los quince días de nacido. 

Desde que recibió la Primera Comunión, a los 7 años de edad, nunca faltó a la cita cotidiana con Jesús en la Santa Misa. Siempre, antes o después de la celebración eucarística, se quedaba delante del Sagrario para adorar al Santísimo Sacramento. 
La Santísima Virgen era su gran confidente y nunca dejaba de honrarla rezando cada día el Santo Rosario; adicionalmente, tenía como modelos de santidad a los pastorcitos de Fátima, advocación por la que sentía un afecto especial.

La infancia de Carlo transcurre como la de cualquier otro niño, disfrutando de sus amigos y de los juegos. Era hijo único y siempre trataba de compartir con sus compañeros de la escuela sus tiempos de diversión. 
Su adolescencia fue signada por su fe y devoción. La innovación y la actualidad de Carlo se manifestaban en su pasión por las computadoras, la programación de ordenadores, pasando por el montaje de películas y la creación de sitios web; también leía textos de ingeniería informática, comprendiéndolos de tal manera que dejaba a todos estupefactos. 
Este don lo ponía al servicio del apostolado. Conjugaba perfectamente su afición por la tecnología, con su profunda vida eucarística y devoción mariana, lo que contribuyó a que muchos sintiesen gran admiración y cariño por él. Había entendido el verdadero valor de la vida como Don de Dios, y como respuesta dada a Jesús nuestro Señor día a día en simplicidad.

Su gran generosidad lo hacía interesarse siempre por el prójimo, ayudando y colaborando con cualquiera que pudiera estar necesitando su servicio. "Nuestra meta debe ser el infinito, no el finito -solía decir- el Infinito es nuestra Patria. Desde siempre el Cielo nos espera”. Suya es también aquella conocida frase: "Todos nacen como originales, pero muchos mueren como fotocopias". Para dirigirse hacia la meta celestial y no "morir como fotocopia", Carlo situaba en el centro de su vida a Jesús en el Sacramento de la Eucaristía que llamaba "mi autopista hacia el Cielo". Dedicaba buen tiempo a la oración frente al Sagrario, sin que ello le implicase cansancio o aburrimiento; al contrario, el Señor le educó allí, fortaleciendo su alma para vivir con paz y fe firmísima los momentos de dolor que le sobrevendrían más adelante.

A sus 15 años de edad se le diagnostica leucemia fulminante. Ofreció los sufrimientos de su enfermedad por la Iglesia y el Papa, y cuando el médico le preguntaba por sus dolores, el virtuoso joven respondía: "¡Hay gente que sufre mucho más que yo!" 
Así, falleció el 12 de octubre de 2006; a su favor se apuntaba un testimonio de vida auténticamente cristiana. Sus restos reposan en el cementerio de Asís. Reconocidas sus virtudes heroicas, Carlo ha recibido el título de "Siervo de Dios" y se espera la comprobación de milagros atribuidos a su intercesión, para ser canonizado por la Santa Sede.

Fuente: Peregrinando, Calendario mensual - Peregrinos de la Eucaristía

Santo Toribio, el apóstol de Sudamérica

 

Santo Toribio de Mogrovejo 02  03

Milagro de Santo Toribio de Mogrovejo

Celebramos en este día la festividad de Santo Toribio de Mogrovejo, insigne Patrono del Episcopado Latinoamericano. 
La vida de santo Toribio es una vida apasionante, llena de aventuras. Era un padre para todos, especialmente para los indios y negros, a quienes acogía con cariño y les ayudaba en todas sus dificultades. Su celo por la salvación de las almas lo llevó a los lugares más remotos de su extensa arquidiócesis, que abarcaba desde Nicaragua hasta Chile y Argentina. 
A continuación, una de sus tantísimas anécdotas misionales: uno de sus servidores, Gaspar Lorenzo, declaró que, saliendo el dicho siervo de Dios de la provincia de Chinchaicocha para la de Huánuco, con ánimo y disposición de entrar tierra dentro a los indios de guerra, sobre los que se hablaba vivamente, sin que el siervo de Dios atendiese a los imposibles que le proponían de malos caminos que era preciso pasar a pie, por montañas aspérrimas, ríos profundos y caudalosos, y recibimiento que le habían de hacer con dardos y flechas herboladas y atosigadas con veneno, este declarante [Gaspar Lorenzo], temeroso de la muerte que veía a los ojos, se despidió y apartó de la compañía y servicio del dicho siervo de Dios, y se retiró a su casa, donde después oyó decir cómo dicho arzobispo don Toribio, atropellando y posponiendo dificultades e imposibles, entró la montaña adentro, donde estuvo muchos días, procurando reducir aquella gente indómita y feroz, que por las faldas de los montes en emboscadas y en riberas de los ríos aparecían ejércitos de indios armados, y en saliendo el dicho siervo de Dios a la campaña con su cruz por delante, luego que le vieron, sin disparar flecha alguna ni formar acometimientos, temerosos y fugitivos desaparecían.

Y que las personas que iban sirviendo y acompañando al dicho siervo de Dios, viéndole en aquellos riesgos, postrados de rodillas, le suplicaban y pedían se retirase, porque, de no hacerlo así, habían de morir todos en aquella montaña a manos de aquellos bárbaros. Y habiéndolos oído el siervo de Dios, encendido su rostro con el fuego del amor de Dios y llevado de la caridad evangélica, proseguía en su demanda diciendo que “no podía haber guerra donde estaba la paz de Dios”. Y prosiguiendo con su determinación, se daba prisa hasta que, alcanzando algunos indios de los emboscados en la ribera, los regaló [=los trató amablemente] y echándoles su bendición los despachó a que llamasen a los demás. Y pospuesto el temor y aficionados a los rayos de luz que vieron salir de su rostro, vinieron muchos de ellos, a los cuales dispuso y catequizó, para que recibiesen el sacramento del bautismo, en lo cual se ocupó mucho tiempo. 
Y, dejándolos reducidos, salió de aquella montaña y prosiguió su visita por otras provincias, hasta que llegó al valle de Nazca, donde este declarante volvió a servir al dicho siervo de Dios. Y este testigo oyó a los demás compañeros lo referido y lo mucho que había obrado el siervo de Dios, haciendo muchos milagros y prodigios en la montaña y fuera de ella.

Narra el padre Alonso de Arenas que el santo arzobispo, yendo en compañía de unos criados suyos por un camino derrumbado entre Moyobamba y Chachapoyas, como en un paraje que está muy abajo del dicho camino estaban unos indios; imposibilitado de poderlos visitar y confirmar en aquel mismo sitio, se vistió el dicho siervo de Dios de pontifical y mandó que con unas sogas lo descolgasen, como de hecho lo hicieron por el dicho derrumbadero, con mucho trabajo y peligro de la vida. 
Y, habiendo llegado donde estaban los dichos indios, los confirmó; y, acabado de hacer el dicho ministerio, lo volvieron a subir arriba, retirándolo con las dichas sogas, en que mostró el ardiente celo que tenía de la salud de las almas.

Fuente: cfr. P. Ángel Peña, OAR, Santo Toribio de Mogrovejo, apóstol de los indios

Imitar la vida de Cristo (VII)

 

Santo Tomas Moro 03  03

Santo Tomás Moro con su hija

Extractos del libro La imitación de Cristo.

-Hijo, déjame hacer contigo lo que quiero. Yo sé lo que te conviene. Tú piensas como hombre y sientes como te enseña el afecto humano.

-Señor, verdad es lo que dices, mayor es el cuidado que Tú tienes sobre mí, que todo el cuidado que yo puedo poner en mirar por mí. Muy a peligro de caer está el que no pone todo su cuidado en Ti, y haz de mí lo que quisieres, que no puede ser sino bueno todo lo que Tú hicieres de mí. 
Si quieres que esté en tinieblas, bendito seas; y si quieres que esté en luz, también seas bendito. Si te dignas consolarme, bendito seas; y si me quieres atribular, también seas bendito para siempre.

-Hijo, así debes hacer si quieres andar conmigo; tan pronto debes estar para padecer como para gozar. Tan de grado debes ser mendigo y pobre, como abundante y rico.

-Señor, de muy buena gana padeceré por Ti todo lo que quisieres que venga sobre mí. Sin diferencia quiero recibir de tu mano lo bueno y lo malo, lo dulce y lo amargo, lo alegre y lo triste, y te daré gracias por todo lo que me sucediere. Guárdame de todo pecado, y no temeré la muerte ni el infierno. Con que no me apartes de Ti para siempre, ni me borres del Libro de la Vida, no me dañará cualquier tribulación que viniere sobre mí.

Fuente: Tomás de Kempis, La imitación de Cristo, L. III, c. XVII, ed. Lumen.

Bondad extraordinaria de San Marcos

 

San Marcos  Evangelista 01  10

San Marcos, Evangelista

Cuando San Marcos trabajaba en Roma y en Aquilea, se pudo apreciar en él el gran afán que tenía de ayudar a los fieles, enseñándoles los rudimentos de la fe y darse en todo y a todos para llevar al prójimo hacia Dios y salvar las almas. San Pablo, que le conocía, hace ver en una de sus Epístolas cuánto le estimaba, y no duda en llamarle junto a sí para aprovecharse de sus buenos servicios (IITim 4, 11). Porque la abnegación y la bondad del corazón son las mejores recomendaciones para ejercer el apostolado y practicar la verdadera caridad cristiana.

Enviado por orden de San Pablo a Egipto para que evangelizase este pueblo y las provincias limítrofes, convirtió a muchísimos idólatras, ganados a Cristo por su dulzura extraordinaria y grandes milagros. Y los que antes fueron idólatras fanáticos, destruyeron templos e ídolos y se convirtieron en fervorosos cristianos. Sabemos que la Iglesia de Alejandría, fundada por San Marcos, brilló por su santidad, pues en ella floreció tanto la piedad, que, según Eusebio, parecía como si todos los fieles fuesen religiosos. Estos felices resultados se debieron al celo y a la caridad de San Marcos, quien por estas dos virtudes recibió en premio la corona del martirio.

San Marcos recibió esta hermosa recompensa después de haber pasado la vida derramando beneficios, a imitación de su divino Maestro; ¿qué premio pudo ambicionar mejor que la palma del martirio? Porque en esta tierra no existe galardón que pueda pagar el bien que hace un corazón bondadoso. Ya que aquí todas las coronas se marchitan, él recibió en la gloria una corona inmortal.

Después de haber considerado todo esto, examinémonos y veamos: 1º, si somos demasiado sensibles y nos dolemos cuando no saben apreciar nuestros trabajos, fatigas, abnegación, o cuando no se agradecen los favores que prestamos; 2º, si hacemos a veces el bien llevados por otro fin que no sea Dios, ni su gracia, ni su honor, ni su divino beneplácito. Reputemos como indigno todo salario que no sea la recompensa eterna.

¡Oh preciosas llamas de amor, en que ardieron siempre las vidas de Jesús y de María!, consumid en mí los afectos terrenales, para que mis pensamientos, palabras, deseos y acciones sólo busquen la gloria de Dios y la salvación del prójimo; así seguiré yo el ejemplo de los apóstoles y de sus verdaderos discípulos.

Fuente: Manual de Meditaciones, pp. 1639s