Escritos de Santa Margarita sobre el Sagrado Corazón de Jesús (IV)

Sagrado Corazon 21 34

En fin, querida amiga, es preciso que de una vez nos consumamos sin excepción, ni remisión, en ese horno encendido del Sagrado Corazón de nuestro adorable Maestro, de donde jamás debemos salir. Y después de haber perdido nuestro corruptible corazón en esas divinas llamas del puro amor, debemos tomar otro nuevo que nos haga vivir en adelante una vida renovada, con un corazón nuevo que tenga pensamientos y afectos completamente nuevos, y que produzcan obras nuevas de pureza y fervor en todas nuestras acciones. 
Es decir, que no debe haber ya nada nuestro, sino que es preciso que el Divino Corazón de Jesús se sustituya de tal modo en lugar del nuestro, que Él solo viva y obre en nosotras y por nosotras; que su voluntad tenga de tal modo anonada la nuestra, que pueda obrar absolutamente sin resistencia de nuestra parte; y en fin, que sus afectos, sus pensamientos y deseos estén en lugar de los nuestros y sobre todo su Amor, que se amará Él mismo en nosotras y por nosotras. Y de este modo, siéndonos este amable Corazón todo en todas las cosas, podremos decir con San Pablo, que no vivimos ya, sino que vive Él en nosotras.

Amemos, pues, a este único amor de nuestras almas, puesto que Él nos ha amado primero, y nos ama ahora con tanto ardor, que se abrasa continuamente en el Santísimo Sacramento. Y para hacernos santas no es necesario más que amar a este Santo de los Santos. ¿Quién nos impedirá que lo seamos, puesto que tenemos corazones para amar y cuerpos para sufrir? Pero ¡ay! ¿Es posible sufrir cuando se ama? No, mi querida amiga; no existen ya sufrimientos para los que aman ardientemente al Sagrado Corazón de nuestro amable Jesús, porque los dolores, las humillaciones, desprecios y contradicciones, y todo lo más amargo a la naturaleza, truécase en amor en ese adorable Corazón, que quiere ser amado únicamente. 
Quiere poseerlo todo sin reservas, y quiere hacerlo todo en nosotras, sin que pongamos resistencia por nuestra parte. Entreguémonos, pues, a su poder, confiemos en Él, dejémosle hacer, y veremos cómo empleará indefectiblemente todos los obreros necesarios para nuestra perfección; de suerte que se terminará pronto la obra, con tal que no pongamos obstáculos. Porque con frecuencia, por querer hacer demasiado, lo echamos todo a perder, y le obligamos a que nos deje obrar a nosotras mismas, y a que se retire Él disgustado con nosotras. ¡Ah, el que le ama de un modo perfecto, no hay miedo que se le resista!

Fuente: José María Sáes de Tejeda S.J., Vida y Obras de Santa Margarita. Primera parte, cartas. Editorial Apostolado Mariano, Sevilla.

Arrojar nuestra miseria en el Corazón de Cristo

Santa Faustina Kowalska 01 01

Del diario de Santa Faustina:

Oh Jesús mío, para agradecerte por tantas gracias, te ofrezco el alma y el cuerpo, el intelecto y la voluntad y todos los sentimientos de mi corazón. Con los votos me he entregado a Ti, ya no tengo nada más que ofrecerte. Jesús me dijo: “Hija mía, no me has dado lo que es realmente tuyo”. 
Me he ensimismado y he constatado de que amaba a Dios con todas las fuerzas de mi alma; y sin poder conocer qué era lo que no había dado al Señor, pregunté: “Jesús, dímelo y Te lo daré inmediatamente con generosidad del corazón.” 
Jesús me dijo amablemente: “Hija, dame tu miseria porque es tu propiedad exclusiva”. En ese momento un rayo de luz iluminó mi alma conocí todo el abismo de mi miseria; en ese mismo momento me abracé contra el Santísimo Corazón de Jesús con tanta confianza que aunque tuviera sobre la conciencia los pecados de todos los condenados, no dudaría de la Divina Misericordia, sino que, con el corazón hecho polvo, me arrojaría en el abismo de Tu Misericordia. Creo, oh Jesús, que no me rechazarías sino que me absolverías con la mano de quien te sustituye.

Expiraste, Jesús, pero la fuente de vida brotó para las almas y el mar de Misericordia se abrió para el mundo entero. Oh fuente de vida, insondable Misericordia Divina, abarca al mundo entero y derrámate sobre nosotros.

Fuente: Diario de Santa Faustina Kowalska; La Divina Misericordia en mi alma, cuaderno nº 4. Padres Marianos de la Inmaculada Concepción. 2005.

Prácticas para la santa cuaresma

Sor Benigna Consolata Ferrero 01 01b

Sor Benigna Consolata Ferrero - Apóstol de la Divina Misericordia

Estamos entrando en Cuaresma, por eso es bueno renovar el desafío que Jesús dio a Sor Benigna Consolata para que trasmitiera a las almas en este período que se abre.

"Si este desafío", dice Jesús, "se practica con amor y con verdadero deseo de agradarme y de consolarme, haré a las almas conseguir un no pequeño progreso en la intimidad con mi Sagrado Corazón". 
"Deseo que, durante la Cuaresma, me hagan especialmente compañía en mi Pasión, meditando con más frecuencia sobre mis sufrimientos, el precio de la redención del hombre. Y sobre todo, imitando a la Verónica, enjugando mi Rostro por amor".


Cómo es el desafío 
El desafío consistirá más bien en prácticas interiores, porque ha de ser principalmente el corazón el que trabaje. 
Pero se agregarán también prácticas exteriores, sobre todo las de caridad, dulzura y humildad, las cuales son aquellas que más unen los corazones.


1 - Meditar sobre la pasión de Jesús 
"Es mi deseo que los corazones se dejen penetrar del pensamiento tan saludable de mi Pasión, como una tela empapada de aceite, que se vierte sobre ella sin hacer ruido; pero que, sin embargo, ésta se queda llena de él. 
Pero esto sin obligación, sino como un convite del Amor. 
Me agradaría que aunque no fuera más que una vez al día, la meditación fuera sobre mi Pasión. 
El pensamiento de mi Pasión ha de ser como un ramo de flores que siempre lleven sobre el corazón".


2 - Acompañar a Jesús durante el día con pensamientos 
"Yo desearía que cada alma me hiciese una especial compañía durante el día, acostumbrándose a acompañarme con el pensamiento. 
Para esto, será preciso al final de cada meditación, escoger dos o tres pensamientos, sobre los cuales volverá a menudo para mantenerse más fácilmente unida a Mí".


3 - Imitar algo de Jesús 
"Y como el amor no queda satisfecho de contemplar, sino que también quiere imitar, por esto cada alma se propondrá para la Cuaresma, una práctica que observará con particular fidelidad, para tratar de volver a copiarme más fielmente en sí. 
Por ejemplo, se pondrá en silencio".


4 - Realizar el Vía Crucis y rezar el Rosario de las Santas Llagas 
"Los viernes de Cuaresma, hacer el Vía Crucis, o rezar el Rosario de mis Santas Llagas".


5 - Hacer todas las acciones lo mejor que se puedan 
"Para enjugar mi Rostro, como la Verónica, harán todas sus acciones lo mejor que puedan, no solamente con la disposición interior, sino también con la práctica exterior. 
La pureza de corazón será la blancura del lienzo; y la fidelidad y el amor en la ejecución, serán la suavidad".


6 - Caridad con el prójimo 
"Me quitarán las espinas, cuidando de evitar al prójimo, con una exquisita caridad, todas las espinitas de las dificultades y de las incomodidades, tomándolas para sí, lo más que puedan. 
Quien quiera amarme más tiernamente, se hará un deber de curar las heridas que el prójimo haya recibido en cualquier encuentro, con alguna buena palabra llena del bálsamo de la caridad".


7 - Practicar la humildad 
"En cuanto a la práctica de la humildad, imitarán a la Verónica en su valor, pasando entre los soldados para llegar hasta Mí. 
El alma más humilde será aquella sobre la cual Yo imprimiré antes y mejor mi divino Rostro".

Fuente: forosdelavirgen.org

No olvides la Gran Promesa de los primeros viernes

Sagrado Corazon 20 33

Sagrado Corazón de Jesús y Santa Margarita

Ahora que has decidido asegurar, a toda costa, la salvación eterna de tu alma, con la práctica de las nueve Comuniones en nueve primeros viernes de mes consecutivos, el demonio lleno de furor y rabia, al ver que llegarás tú un día a ser eternamente feliz, te espera en acecho con una infinidad de dificultades, para impedir la realización de tus propósitos. 
Te presentará la dificultad de la confesión y comunión por el horario de la Misa o tu trabajo. Todo está en que tú, bien convencido del gran beneficio que estás persiguiendo, sepas imponerte algún sacrificio. 
Otra dificultad que suele ocurrir es la de hallar sin demora un confesor para reconciliarte con Dios. Pero fácilmente podrás solucionar avisando con anticipación al sacerdote, o para mayor seguridad, confesándote el día anterior. 
También el clima podrá poner dificultades. Pues bien, tendrás entonces oportunidad para demostrar que estás realmente animado de espíritu de fe, si dijeres: vale la pena un sacrificio para ganarme el Cielo. Jesucristo, para salvar mi alma, ha muerto por mí en la Cruz y yo ¿no sabré aguantar un poco de agua, frío o de calor, por amor suyo, procurando así mi eterna felicidad?

El demonio puede hacernos una mala jugada haciéndonos olvidar un viernes, pero habrá que tener paciencia y volver a empezar, así habrá mayor mérito delante de Dios. En cuanto al peligro de olvidarse, cosa que tan fácilmente puede ocurrir, será muy oportuno entenderse entre tres o cuatro personas, para recordarse recíprocamente el empeño tomado.

¿No es verdad ¡oh cristiano que lees estas líneas!, que te propones practicar esta gran devoción? Pero no basta que atiendas solamente a tu interés; es preciso que procures comunicarla a los demás, y verás qué gracias tan abundantes atraerás sobre tu alma. 
Los hombres se distinguen entre sí, unos por su fortuna, otros por su nobleza, otros por su ciencia; pero tú, que lees esto, procura distinguirte, de hoy en adelante, por tu celo en propagar la práctica de los nueve primeros viernes de mes. La riqueza, el talento, la ciencia y la nobleza, todo desaparecerá algún día; pero, si eres Apóstol de esta santa práctica, tu nombre será escrito en el divino Corazón con letras indelebles, para nunca jamás ser borrado de él. 
Algún fruto producirá, y felices vosotros, si hay almas que Dios las salve con vuestra ayuda. 
Así pues, oh cristiano a quien me dirijo, de cualquier estado o condición que seas, yo te invito a que no desoigas este deseo del sagrado Corazón de Jesús.

Fuente: del libro La Gran Promesa

Escritos de Santa Margarita sobre el Sagrado Corazón de Jesús (III)

 

Sagrado Corazon 19 32b

“Mas volviendo a lo que desea respecto del Sagrado Corazón, la primera gracia que me parece haber recibido con relación a él, fue un día de San Juan Evangelista. Después de haberme hecho reposar muchas horas en aquel sagrado pecho, recibí de este amable Corazón varias gracias cuyo recuerdo me enajena, y que no creo necesario especificar, si bien conservaré toda mi vida su recuerdo e impresión. 
Después de esto, se me presentó el Corazón Divino como en un trono de llamas, más ardiente que el sol, y transparente como un cristal, con su adorable llaga. Estaba rodeado de una corona de espinas que representaban las punzadas que nuestros pecados le inferían; y una cruz encima significaba que desde los primeros instantes de su Encarnación, es decir, desde que fue formado este Sagrado Corazón, fue implantada en Él la cruz. Desde aquellos primeros momentos se vio lleno de todas las amarguras que debían causarle las humillaciones, pobreza, dolor y desprecio que su Sagrada Humanidad debió sufrir durante todo el curso de su vida y en su Sagrada Pasión.

Me hizo ver que el ardiente deseo que tenía de ser amado de los hombres y de apartarlos del camino de la perdición, adonde Satanás los precipitaba en tropel, le había hecho formar el designio de manifestar su Corazón a los hombres con todos los tesoros de amor, de misericordias, de gracia, de santificación y de salvación que contiene. A todos aquellos que quisieran tributarle y procurarle todo el amor, honor y gloria que esté en su poder, los enriquecerá con abundancia y profusión con esos Divinos tesoros del Corazón de Dios, que es la fuente de ellos. 
Pero es preciso honrarle bajo la figura de ese Corazón de carne, cuya imagen quería que se expusiera y que llevara yo sobre mi corazón, para grabar en él su amor, llenarlo de todos los dones de que él estaba lleno, y destruir todos sus movimientos desarreglados. Y donde quiera que esta imagen fuese expuesta para ser honrada, derramaría sus gracias y bendiciones.

Esta devoción era como un supremo esfuerzo de su amor que quería favorecer a los hombres en estos últimos tiempos con esta redención amorosa, para sacarlos del imperio de Satán que Él pretendía arruinar parar colocarnos bajo la dulce libertad del imperio de Su Amor, el cual quería restablecer en los corazones de todos los que quisieran abrazar esta devoción. 
Luego me dijo este Soberano de mi alma: he ahí los designios para los cuales te he escogido y hecho tantos favores. Yo he tenido cuidado muy particular de ti desde la cuna: no me he hecho tu maestro y tu director más que para disponerte para el cumplimiento de este gran designio, y para confiarte este gran tesoro que te muestro aquí al descubierto. Entonces, prosternándome en tierra, le dije con Santo Tomás: ¡Señor mío y Dios mío! Pero no puedo expresar lo que entonces sentía, pues no sabía si estaba en el cielo o en la tierra.

Fuente: José María Sáes de Tejada S.J., Vida y obras de Santa Margarita. Primera parte: Cartas. Editorial Apostolado Mariano, Sevilla.

Escritos de Santa Margarita sobre el Sagrado Corazón de Jesús (II)

 

Santa Margarita Maria de Alacoque 01  03

“…no es posible ser útil a los demás, si primeramente no nos reformamos a nosotros mismos; porque ¡si viera cuán lejos me veo de lo que debe ser una verdadera Hija de Santa María, que ha de poner toda su atención en hacerse verdadera copia de su Esposo Crucificado! Y veo que todo nos puede servir de medio para esto; porque ¿qué nos importa la madera de que está hecha nuestra cruz? Con tal que sea cruz y que nos tenga clavadas el amor de Aquél que ha muerto en ella por nuestro amor, debe bastarnos. La tengo por muy dichosa al ver que sus oficios le proporcionan medios eficaces para esto, pues le obligan a caminar contra sus inclinaciones.

Y en cuanto a entrar en su Sagrado Corazón, ¿a qué temer, si Él la invita a que vaya a tomar allí su reposo? ¿No es Él el trono de la Misericordia donde los más miserables son los mejor recibidos, con tal que el amor los presente abismados en su miseria? Y si somos cobardes, fríos, impuros e imperfectos, ¿no es Él horno encendido donde nos debemos perfeccionar y purificar, como el oro en el crisol, siendo para Él hostia viva, inmolada y sacrificada a sus adorables designios? No tema, pues, abandonarse sin reserva a su amorosa providencia, porque no perecerá el hijo en los brazos de un Padre omnipotente. Paréceme haberle dicho ya, que a mi entender no le agrada tanto ese temor como le agradaría una confianza filial; y puesto que le ama, ¿por qué tanto temor, a menos que sea de no corresponderle con el amor que vuestra caridad desearía, y que consiste, si no me engaño, en ese perfecto abandono y olvido de usted misma? Déjese a sí, y lo encontrará todo. Olvídese de sí, y Él pensará en usted. Abísmese en su nada, y le poseerá.”

Fuente: José María Sáes de Tejada S.J., Vida y obras de Santa Margarita. Primera parte: Cartas. Editorial Apostolado Mariano, Sevilla.

 

Escritos de Santa Margarita sobre el Sagrado Corazón de Jesús (I)

 

Sagrado Corazon 18  31b

“¡Si supiera cuán apremiada me siento a amar al Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo! Me parece que no se me ha dado la vida más que para esto y, sin embargo, hago todo lo contrario. Él me hace continuos favores, y yo no le pago más que con ingratitudes. Me ha regalado con una visita que me ha sido en extremo favorable por las buenas impresiones que ha dejado en mi corazón.

Me ha confirmado que el placer que encuentra en ser amado, conocido y honrado de las criaturas es tan grande, que, si no me engaño, me ha prometido que todos aquellos que se le dediquen y consagren no perecerán jamás; y que como es el manantial de todas las bendiciones, las derramará en abundancia en todos los lugares en que la imagen de su Divino Corazón esté expuesta y sea honrada; que unirá las familias divididas y protegerá y asistirá a las que tengan alguna necesidad y se dirijan a Él con confianza; que derramará la suave unción de su ardiente caridad sobre todas las comunidades que le honren y se pongan bajo su especial protección; que desviará de ellas todos los golpes de la divina justicia para restituirlas a la gracia, cuando de ella hubieran decaído.

Me ha dado a conocer que su Sagrado Corazón es el Santo de los Santos, el Santo del Amor; que quiere ser conocido ahora, para ser el Medianero entre Dios y los hombres, pues tiene todo poder para ponerlos en paz, apartando los castigos que nuestros pecados han traído sobre nosotros, alcanzándonos misericordia.”

Fuente: José María Sáes de Tejada S.J., Vida y obras de Santa Margarita. Primera parte: Cartas. Editorial Apostolado Mariano, Sevilla.

 

Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará (XIV)

Virgen de Fatima 13  42

Pozo de la casa de Lucía

Tercera aparición del Ángel (Segunda parte)

Buen día estimado amigo. Hoy vamos a concluir con el relato de la última aparición del Ángel a los pastorcitos.

Hemos dicho que los pequeños vieron al Ángel que se acercaba a ellos portando la Santa Eucaristía y que, postrándose en adoración, les enseñó un acto precioso de reparación, que puedes leer en la anterior entrega de esta serie. 
Luego de eso, nos comenta Sor Lucia que pasó lo siguiente: “Después se levanta, toma en sus manos el Cáliz y la Hostia. Me da la Sagrada Hostia a mí y la Sangre del Cáliz la divide entre Jacinta y Francisco, diciendo al mismo tiempo: -Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios. 
Y postrándose de nuevo en tierra, repitió con nosotros otras tres veces la misma oración: Santísima Trinidad…etc. Y desapareció. Nosotros permanecimos en la misma actitud, repitiendo siempre las mismas palabras; y cuando nos levantamos, vimos que era de noche y, por tanto, hora de irnos a casa”. 
Hasta aquí el relato de Sor Lucia. En esta oportunidad nos podemos quedar considerando la última frase dicha por el Ángel: “Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios”.

Nuevamente aparece el tema de la reparación, que es una constante en casi todas las apariciones en Fátima; es como si el Cielo mismo nos estuviera repitiendo una y otra vez, para que nuestros endurecidos corazones lo comprendan bien, que es necesaria y urgente una auténtica reparación de las ofensas que a diario y a cada instante se cometen contra el Sacratísimo Corazón de Jesús. Y, una vez más, te propongo que consideremos qué hacer, qué ofrecer como acto de reparación.

Pues, ante todo, inmolar la propia vida, con todo lo que ella trae consigo: dolores, alegrías, enfermedad, salud, prosperidad, pobreza, etc.; como así también las actividades diarias, el trabajo pesado, el compañero o el amigo fastidioso, los imprevistos que tanto molestan y, sobre todo, tratar de cumplir con la mayor perfección el deber de estado de cada uno: el esposo, la esposa, el religioso, el sacerdote; cumplir todo a la perfección por amor, ofreciéndolo como acto de reparación. Luego podemos ofrecer alguna otra pequeña mortificación, por ejemplo en la comida, con la intención de reparar el Amor Divino ofendido.

Ánimo, pues. Transformemos cada acto simple de la vida diaria en una ofrenda perfecta como reparación por nuestros pecados y por la conversión de los pecadores. Y recuerda durante el transcurso del día las palabras del Ángel, que también están dirigidas a ti y a mí: “Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios”.

Víctima reparadora

 

Cristo Coronado de espinas 01  02

El concepto de reparación evoca el de «víctima reparadora», concepto bien conocido de los devotos del Sagrado Corazón y reconocido oficialmente por la Iglesia mediante la Encíclica de Pío XI acerca de la reparación. El venerando documento explica lo que debe hacer el alma que intenta ofrecerse como víctima: «Deberá sin duda, no sólo aborrecer todo pecado como mal supremo y huir de él, sino ofrecerse toda entera a la voluntad de Dios y aplicarse a compensar el honor violado de la Majestad divina con la asidua oración, con la práctica de penitencias y con la paciente tolerancia de las pruebas que se ofrecen; en fin, con la vida entera vivida según este espíritu de reparación» (Enc. Miserent. Red.).

Estamos muy lejos de aquel concepto fantástico de víctima, por el que, bajo pretexto de deberse ofrecer a inmolaciones extraordinarias, ciertas almas se evaden a la realidad de la vida cotidiana y se imaginan capaces de tales y cuales sufrimientos, mientras, de hecho, procuran esquivar los sacrificios de cada día. El concepto de víctima reparadora propuesto por la Iglesia es, por el contrario, algo muy serio, concreto y realista. El alma víctima debe reparar el pecado, y lo reparará haciendo lo contrario de lo que el pecado es. El pecado es un acto de rebeldía contra Dios y su voluntad manifestada en la ley y en las disposiciones de la divina Providencia. Por eso lo contrario del pecado será adherirse totalmente a la voluntad divina, abrazándola con todo el corazón y en todas sus manifestaciones, a despecho de las repugnancias que se puedan sentir.

Este es, pues, el programa del alma víctima: no sólo evitar el pecado, aun en sus formas más leves, sino salir de tal modo al encuentro de la voluntad de Dios, que pueda Él realmente hacer de ella todo lo que quiera. Añadirá luego oraciones y penitencias voluntarias, pero éstas tendrán valor sólo en la medida que broten de un corazón totalmente rendido a la divina voluntad. Y observemos que la primera penitencia –señalada también por la Encíclica– será siempre «la paciente tolerancia» de las pruebas de la vida.

"Si, Dios mío... Tú sabes que no ansío otra cosa fuera de ser una víctima de tu Sagrado Corazón, consumida toda en holocausto con el fuego de tu santo amor, y por eso tu Corazón será el altar donde se debe cumplir esta mi consumación en ti, querido Esposo mío; Tú debes ser el Sacerdote que ha de consumir esta víctima con ardores de tu santo Corazón. Pero, Dios mío, ¡cómo me confundo al ver cuán culpable es esta víctima e indigna de que Tú aceptes su sacrificio! Mas confío que todo él será reducido a pavesas en aquel divino fuego. 
"Por el ofrecimiento completo que de mí misma te he hecho, he querido cederte mi libre albedrío, porque sólo Tú, de aquí en adelante, has de ser el Señor de mi corazón. Y por eso únicamente tu voluntad ha de ser la regla de mis acciones. Y así, dispón siempre de mí como más te agrade, que de todo estaré contenta…, porque deseo amarte con amor sufrido, con amor muerto, es decir, enteramente abandonado en ti, y con amor operativo; en suma, con amor entero y sin división y, lo que importa más, con amor perseverante" (Santa Teresa Margarita del Corazón de Jesús).

Fuente: Cfr. P. Gabriel de Santa María Magdalena o.c.d., Intimidad Divina

El Culto al Sagrado Corazón de Jesús (IV)

Jesucristo desea la consagración.

A este doble fundamento de su poder y dominio, benignamente permite que se añada, de parte nuestra, si nos place, la voluntaria consagración. Ahora bien, Jesucristo, Dios al mismo tiempo que Redentor, es rico por la colmada y cumplida posesión de todas las cosas; nosotros, en cambio, tan desprovistos y necesitados, que, por cierto, no hay cosa de nuestra propiedad con que nos sea posible obsequiarle.

 

Sin embargo, dada su bondad y caridad suma, no rehúye en modo alguno que le demos y dediquemos lo que es suyo como si nos perteneciese; y no sólo no lo rehúye, antes insistentemente lo pide: Hijo, dame tu corazón.

 

Podemos, pues, ciertamente acceder a sus deseos con la voluntad y el afecto. Pues, consagrándonos a Él, no sólo reconocemos y aceptamos abierta y gustosamente su imperio, sino que en verdad atestiguamos que si fuese nuestro lo que le regalamos se lo daríamos gustosísimos, y que le pedimos que no lleve a mal recibir de nosotros eso mismo, aunque sea totalmente suyo. Éste es el significado del acto de que tratamos, ésta la idea expresada con Nuestras palabras.

Fuente: S.S. León XIII, Enc. «Annum Sacrum», Nº 7