Jesús, nuestra víctima pascual (I)

Cordero 01 03

Desde muy antiguo, la Iglesia canta una bellísima secuencia durante toda la octava de Pascua. Toma su nombre de las palabras con que comienza, Victimae paschali; la compuso un capellán de la corte alemana, antes del 1050 y relata dramáticamente el misterio de la resurrección de Cristo.

1. 
Victimae paschali laudes immolent christiani. 
Agnus redemit oves, Christus innocens 
Patri reconciliavit peccatores. 
A la Víctima Pascual inmolen alabanzas los cristianos. El cordero redimió a las ovejas, Cristo inocente reconcilió a los pecadores con el Padre.

Cristo es la verdadera Víctima Pascual. Pascha nostrum immolatus est Christus, Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado, dice san Pablo (1 Cor 5,7). El cordero que los judíos inmolaron en la primera pascua en Egipto, sólo era un símbolo de aquél que debía ser nuestro Cordero Degollado. Una figura de Aquél que debía morir por nuestros pecados. A Él nuestras alabanzas y nuestros gritos de júbilo. 
¿Por qué? Agnus redemit oves. El Cordero redimió a las ovejas, Cristo inocente ha reconciliado a los pecadores con su Padre. 
Éramos hijos de ira, nos dirá san Pablo en la carta a los Efesios (2,3). El pecado sólo atraía las miradas airadas de Dios sobre nosotros, y el ángel con la espada de fuego que puso en la entrada del Paraíso, nos recuerda constantemente el abismo de odio que ha abierto el pecado entre Dios y el hombre. Pero el Corderito inocente que ayer veíamos mudo ante sus verdugos nos ha reconciliado, nos ha redimido. Nos ha vuelto a unir con nuestro Padre, nos ha vuelto a comprar para Él. Su sangre ha formado un río que podemos atravesar montados en la barca de su cruz.

Melitón, obispo en el siglo II de la Iglesia de Sardes, escribía: “Sufrió por nosotros, que estábamos sujetos al dolor, fue atado por nosotros, que estábamos cautivos, fue condenado por nosotros, que éramos culpables, fue sepultado por nosotros que estábamos bajo el poder del sepulcro, resucitó de entre los muertos y clamó con voz potente: '¿Quién me condenará? Que se me acerque. Yo he librado a los que estaban condenados, he dado la vida a los que estaban muertos, he resucitado a los que estaban en el sepulcro. ¿Quién pleiteará contra mí? Yo soy Cristo -dice-, el que he destruido la muerte, el que he triunfado del enemigo, el que he pisoteado el infierno, el que he atado al fuerte y he arrebatado al hombre hasta lo más alto de los cielos: yo, que soy el mismo Cristo. Venid, pues, los hombres de todas las naciones, que os habéis hecho iguales en el pecado, y recibid el perdón de los pecados. Yo soy vuestro perdón, yo la Pascua de salvación, yo el cordero inmolado por vosotros, yo vuestra purificación, yo vuestra vida, yo vuestra resurrección, yo vuestra luz, yo vuestra salvación, yo vuestro rey. Yo soy quien os hago subir hasta lo alto de los cielos, yo soy quien os resucitaré y os mostraré el Padre que está en los cielos, yo soy quien os resucitaré con el poder de mi diestra” (Melitón de Sardes, Homilía sobre la Pascua)

Fuente: P. Miguel Ángel Fuentes, V.E., I.N.R.I.