La predilecta del Corazón Sacratísimo de Jesús

Sagrados Corazones 01 01

El Corazón de Jesús es el Corazón mismo de Dios; es el centro y el punto de partida de esos actos maravillosos que nosotros denominamos “teándricos” o divinos y humanos, que constituyen la vida misma de Jesús; y, puesto que el corazón del hombre representa el hombre todo entero, es legítimo decir que el Corazón de Jesucristo es la expresión compendiada y viviente de su divina persona. Nada extraña, pues, que un piadoso escritor exclame: “¡Dios mío, vuestro corazón sois Vos y Vos no sois otra cosa que vuestro Corazón!”. Y, cuando adoramos a ese Divino Corazón, es Jesús mismo Quien recibe nuestras adoraciones. 
Nuestro Señor también aplica a su Corazón todo lo que conviene a toda su persona. “He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres”, dijo un día a Santa Margarita María; y, hablando luego, no de su Divino Corazón, sino de su Adorable Persona, añade: “De la mayor parte de los hombres solamente recibo ingratitudes” (Vida de Santa Margarita María de Alacoque). 
Así, pues, Él y su Corazón son UN TODO, una misma cosa. Concluyamos: El Corazón de Jesús es la expresión sintetizada, la suma excelsa de su Adorable Persona, como la devoción a ese Corazón Sagrado es el compendio, la suma substancial de toda la Religión (Cardenal Pie), como Cristo es la expresión viviente y la suma de todas las criaturas que Él recapitula, dice San Pablo (Ef 1, 10).

Cuando Dios contempla a Cristo, ve en Él al mundo entero. Profundas palabras que semejarían completar estas otras: Cuando el alma mira a Cristo, Le ve todo entero en su Sagrado Corazón. Y siente, por otra parte, que Le encuentra allí, que Él está allí con todos sus tesoros cuando le dirige esta plegaria que la Iglesia pone en sus labios: ¡Sagrado Corazón de Jesús, tened piedad de nosotros! ¡Cor Jesu Sacratissimum, miserere nobis! 
María tiene sobre su Hijo la misma autoridad que el resto de las madres sobre sus hijos. Esto en el orden natural. Su intercesión es todo-poderosa ante Él. Su plegaria es como una especie de mandato. “Oratio Deiparae habet rationem imperii” (San Antonino). 
Ella tiene derecho a su amor, a su condescendencia. 
Ahora bien, esas prerrogativas que su Maternidad le otorga sobre la Persona de Jesús se extienden también a su Corazón adorable, puesto que, en Jesús, lo mismo que en todo hombre, el Corazón compendia a la Persona toda entera, como lo hemos venido viendo. 
Es, por lo tanto, legítimo el Título de Nuestra Señora del Sagrado Corazón al ser expresión del poder de súplica de María sobre el Corazón de su Divino Hijo.

Fuente: Siervo de Dios Julio Chevalier, Nuestra Señora del Sagrado Corazón mejor conocida