La esposa es el sol de la familia

Esposos 01 01

La esposa viene a ser como el sol que ilumina a la familia. Oíd lo que de ella dice la Sagrada escritura: “Mujer hermosa deleita al marido; mujer modesta duplica su encanto. El sol brilla en el cielo del Señor, la mujer bella en su casa bien arreglada.” 
Sí, la esposa y la madre es el sol de la familia. Es el sol con su generosidad y abnegación, con su constante prontitud, con su delicadeza vigilante y previsora en todo cuanto puede alegrar la vida a su marido y a sus hijos. Ella difunde en torno a sí luz y calor; y, si puede decirse de un matrimonio que es feliz cuando cada uno de los cónyuges, al contraerlo, se consagra a hacer feliz, no a sí mismo, sino al otro, este noble sentimiento e intención, aunque les obligue a ambos, es sin embargo virtud principal de la mujer, que le nace con las palpitaciones de madre y con la madurez del corazón; madurez que, si recibe amarguras, no quiere dar sino alegrías; si recibe humillaciones, no quiere devolver sino dignidad y respeto, semejante al sol que con sus albores alegra la nebulosa mañana, y dora las nubes con los rayos de su ocaso.

La esposa es el sol de la familia con la claridad de su mirada y con el fuego de su palabra; mirada y palabra que penetran dulcemente en el alma, la vencen y enternecen y alzan fuera del tumulto de las pasiones, arrastrando al hombre a la alegría del bien y de la convivencia familiar, después de una larga jornada de continuado y muchas veces fatigoso trabajo en la oficina o en el campo o en las exigentes actividades del comercio y de la industria.

La esposa es el sol de la familia con su ingenua naturaleza, con su digna sencillez y con su majestad cristiana y honesta, así en el recogimiento y en la rectitud del espíritu como en la sutil armonía de su porte y de su vestir, de su adorno y de su continente, reservado y a la par afectuoso. Sentimientos delicados, graciosos gestos del rostro, ingenuos silencios y sonrisas, una condescendiente señal de cabeza, le dan la gracia de una flor selecta y sin embargo sencilla que abre su corola para recibir y reflejar los colores del sol. 
¡Oh, si supieseis cuán profundos sentimientos de amor y de gratitud suscita e imprime en el corazón del padre de familia y de los hijos semejante imagen de esposa y de madre!

Fuente: de una alocución del Papa Pío XII a los recién casados. Memoria de santas mujeres, Liturgia de las Horas.

Corazón de Jesús, delicia de todos los santos (III) - Beata María del Divino Corazón

Beata Maria del Divino Corazon 01 01b

Beata María del Divino Corazón

María Droste zu Vischering, más conocida como la Beata María del Divino Corazón, recibió el sobrenombre de “Emisaria de Cristo Rey”, al ser instrumento del Corazón de Jesús para la Consagración del género humano al Sagrado Corazón de Jesús, realizada por el Papa León XIII, el 11 de junio de 1899. 
Nacida en Munster (Alemania) en el seno de una familia noble, de gran tradición católica y devota del Sagrado Corazón. Ya desde pequeña tiene deseos de consagrarse enteramente al Señor. Su débil estado de salud hace retrasar su deseo de entrar como religiosa hasta 1888, año en el que ingresa en la Congregación de Ntra. Sra. de la Caridad del Buen Pastor, fundada por san Juan Eudes. Destinada a Portugal, acaba sus años postrada en cama y consagrada enteramente al Corazón de Jesús, de quien se convierte en mensajera, y a quien entrega su alma el 8 de junio de 1899. 
Extractamos a continuación algunos párrafos de la carta enviada al Papa León XIII para que se consagrara el mundo al Corazón de Jesús.

“La víspera de la Inmaculada Concepción me hizo Nuestro Señor entender que por el incremento que ha de tomar el culto a su Divino Corazón haría él brillar una luz nueva sobre todo el mundo, y traspasaron mi corazón aquellas palabras de la tercera misa de Navidad:“porque hoy desciende una gran luz sobre la tierra”. Parecíame ver interiormente esta luz, el Sagrado Corazón de Jesús, sol divino que hacía descender sus rayos sobre la tierra, primero tenuemente, después con mayor intensidad y por último a modo de torrentes que inundaban luz a todo el mundo. Y dijo: “El brillo de esta luz iluminará todos los pueblos y naciones y su ardor los calentará”. 
Reconocí su deseo abrasado de ver su Corazón adorable más y más glorificado, y conocido, y de derramar sus dones y bendiciones sobre todo el mundo… su deseo de reinar y ser amado, y glorificado, y abrasar con su amor todos los corazones. Y como su misericordia es tan ardiente, quiere que Vuestra Santidad le ofrezca los corazones de todos aquellos que por el santo bautismo le pertenecen para facilitarles la vuelta a la verdadera Iglesia, y los corazones de aquellos que no han recibido aún por el bautismo la vida espiritual, mas por los cuales dio Él su vida y su Sangre, y que están llamados igualmente a ser un día hijos de la Iglesia para apresurar de ese modo su nacimiento espiritual”.

María del Divino Corazón, fue beatificada solemnemente el 1 de noviembre de 1975 por el Papa Pablo VI quien dijo estas palabras sobre ella: “… la Iglesia honra a la hermana María del Divino Corazón. Es una gloria para Alemania, donde nació en Münster (1863), así como para Portugal, donde vivió más adelante como Madre Superiora del convento de las Hermanas del Buen Pastor en Porto, en circunstancias muy difíciles, y donde fue tan bendecida y murió a la edad de 36 años en 1899
Nacida en una prestigiosa familia aristocrática, recibió del Señor gracias extraordinarias, que Dios nos ha hecho partícipes. Se caracterizó por la ferviente devoción al Sagrado Corazón de Jesús y el amor que derrochó al cuidar de jóvenes vulnerables y de los pobres, así como por su incansable celo apostólico por el bien de los sacerdotes. Debido a que ella veía en ellos la pesada y feliz cruz de compartir los sufrimientos por la salvación de las almas, les veía como la verdadera imagen del Buen Pastor eterno. La hermana María del Divino Corazón se convirtió en el humilde instrumento de la misión que el Señor encomendara a nuestro predecesor, León XIII, para confirmar la consagración de la raza humana al Sagrado Corazón de Jesús. Esto fue anunciado unos días antes de la muerte de nuestra Beata, en la Encíclica «Annum sacrum» (del 25 de mayo de 1899). Su fecha litúrgica quedó establecida para el 8 de junio.

Fuente: santuariosagradoscorazones.wordpress.com

La ejemplar vida de Santa Rita (I)

Santa Rita 02 13

Rita nació el año 1381 ó 1382 en Roccaporena, un pequeño pueblecito perteneciente al municipio de Casia del que dista cinco kilómetros. 
Las religiosas de su convento, al escribir su vida, dicen: Pasada la niñez con singular inocencia y pureza, toda dada a la oración y a la piedad, sintió grandísimo deseo de unirse a Dios. Por lo cual, se ingenió para obtener la venia de sus padres para consagrarse a su divina Majestad, pero no la obtuvo y fue por ellos obligada a casarse. 
Dice otro biógrafo: Fue casada por su devoto padre con un joven bien dispuesto, pero resentido, que era del mismo lugar de Roccaporena, cuando ella tenía 14 años. Fernando era muy áspero, rígido, resentido, dado a las armas, a la sensualidad y, para decirlo en una sola palabra, era poco buen cristiano. 
Las monjas de su convento escribieron sobre él en 1628: Rita se avino a un marido de ásperas costumbres para que no le faltase en casa un continuo ejercicio de la religiosa tolerancia; pero Rita, con su afabilidad, superó de tal forma la aspereza del esposo que por 18 años vivió con él en buena concordia, admirada por todos.

De su matrimonio tuvieron dos hijos varones, que parece fueron gemelos, y que la tradición ha llamado Juan Santiago y Pablo María. 
Después de 18 años de vida conyugal, asesinaron a su esposo. Pablo fue asaltado por sorpresa por sus enemigos, que hacía tiempo pensaban quitarle la vida para vengarse de los agravios recibidos en otro tiempo. Ocurrió probablemente el año 1413, cuando Rita tenía unos 32 años. Desde el primer momento, supo perdonar a los asesinos. Y, para evitar la venganza de sus hijos, se dice que escondió la camisa ensangrentada del esposo. 
En aquel ambiente de luchas y venganzas, los hermanos y familiares del esposo quisieron vengarse. Rita vio con dolor cómo hablaban constantemente de venganza y así envenenaban el ánimo de sus hijos, que tendrían alrededor de 15 años. En esas circunstancias, pudo haber formulado al Señor el deseo de preferir ver muertos a sus hijos antes que asesinos. De hecho, los dos jovencitos murieron en el plazo de un año. 
Después del sufrimiento por la pérdida de sus hijos y de su esposo, Rita se dedicó con sumo interés a hacer las paces entre la familia de su esposo y los asesinos.

En la biografía de Alonso Aragón y Borja se dice: De las necesidades de los prójimos era compasiva y con piadosa mano las remediaba. Más en particular las de los pobres, enfermos y encarcelados. De las almas del purgatorio tenía compasión. Y todos los días ofrecía al Señor las obras que hacía para ayudar a las almas del purgatorio. Cavallucci afirma que ayunaba todas las Vigilias de Nuestra Señora a pan y agua, daba limosna a los pobres, visitaba enfermos y ayudaba a todos. 
Y, mientras trataba de hacer las paces en su familia, pensó seriamente en hacerse religiosa agustina del convento de santa María Magdalena de Casia para así dedicar el resto de su vida al servicio de Dios.

Fuente: cf. P. Ángel Peña OAR, Santa Rita, vida y milagros

Mensajes de la Santísima Virgen en San Nicolás (IX)

Meditar 05 05

23-5-2011: “Hija mía, veo a las almas ir tras lo efímero y no tras lo duradero. 
Mi Corazón Maternal desea la fidelidad al Señor, y el amor al Señor, porque Él da su Amor y espera respuesta. 
En estos días luchen mis hijos contra la incredulidad; no duden del Señor, tampoco de su Madre. Reciban mis hijos este llamado al Amor. Gloria al Salvador. 
Sea esto conocido en todo el mundo.”

24-1-2012: “Gladys, esto pido a todos mis hijos: perseverad en la humildad, perseverad en la oración; perseverad en la docilidad al Señor. La soberbia a nada lleva, menos aún al Señor. 
Sed humildes y Cristo entrará en vuestros corazones. 
Nadie quiera hacer su voluntad sino la Voluntad del Señor. Amén, amén. 
Debes dar a conocer lo que te da la Madre del Cielo.”

26-1-2012: “Gladys, hoy el mundo está negando al Señor, y lo hace de manera escandalosa, sin miramiento alguno. 
El mal se extiende cada vez más y el hombre se da al maligno y no al Señor. Invadida está la humanidad por el mal y puede terminar el hombre en una total derrota, si no acepta al Señor y a su Madre. 
Bendito sea el Señor. 
Predica mi mensaje de salvación. 
Leed: Isaías 25, 5.”

27-6-2013: “Gladys, mi Corazón Maternal ansias tiene de la conversión de los pecadores. 
Muchos todavía andan en tinieblas, por no abrirse a mi Corazón; este es el momento oportuno para hacerlo. 
Vengan a Mí los angustiados, que se despojen de la soberbia los orgullosos; aquí está la Madre para cobijarlos. 
El que tenga a oscuras su alma y desee llegar a Cristo, acuda a esta Madre. Amén, amén. 
Predícalo.”

Maravillas de Pentecostés

Pentecostes 06 12

Considera, cuántas maravillas resplandecen en el misterio de este día. El Espíritu Santo, el Divino Consolador, la tercera Persona de la adorable Trinidad baja milagrosamente sobre los Apóstoles y sobre todos los Discípulos que estaban congregados; de hombres groseros e ignorantes, los hace, en un momento, doctores, los más ilustrados y más hábiles en todo género de conocimientos. 
En un momento se hallan con la ciencia infusa de la Religión y con la perfecta inteligencia de los más sublimes y más profundos misterios; poseen toda la ciencia de la Ley y penetran el verdadero sentido de toda la Escritura. Estos hombres tan despreciables hasta entonces por la oscuridad de su nacimiento, por la bajeza de su condición, por la grosería de su espíritu, por la rusticidad de sus costumbres, se encuentran de repente dotados de un don de sabiduría tan perfecto y tan eminente que toda la sabiduría humana se vio obligada a callar, a bajar la cabeza y a reconocer no haber sido sino necedad.

Estos hombres tan tímidos, tan cobardes, se hallan desde el mismo instante animados de un valor de héroes, de una intrepidez que oscurece y borra todo cuanto hay de más grande y magnánimo en la historia. Jamás se vio milagro en que la omnipotencia de Dios apareciese más visible; ningún prodigio llevó mejor impreso y señalado el carácter de la virtud del Altísimo. 
Ved a Pedro, ese Pescador de profesión que apenas sabía leer, comparecer en presencia de todos los Doctores de Jerusalén, demostrarles que aquel Jesús a quien quitaron la vida en una cruz cincuenta y tres días antes era el Hijo de Dios, su soberano dueño, el verdadero Mesías. Todos los otros Apóstoles tan tímidos, tan cobardes naturalmente como éste, no temen ni amenazas ni tormentos; anuncian con un aliento y una intrepidez de héroes la divinidad de Jesucristo, predican su Religión; y en pocos días hacen que la fe triunfe en toda la Judea, y poco tiempo después en todo el mundo.

Buen Dios, ¡qué admirable sois en vuestras maravillas! Nosotros buscamos milagros; almas de poca fe, si pedís prodigios, ¿hubo jamás uno más visible, más admirable, mas concluyente que este? ¿Y puede haber jamás milagro más estupendo y que dé más golpe? No, no es este uno de esos milagros secretos, particulares, oscuros; es un milagro público, universal; hecho en favor de todos los Discípulos de Jesucristo, a quienes el temor tenía encerrados y que hasta este momento no estaban ni en estado de entender el menor misterio de la Religión; que ignoraban la Ley, y para quienes el lenguaje figurado y misterioso de los Profetas había sido hasta entonces un lenguaje enteramente desconocido. 
No sucede en secreto este prodigio; es en lo más claro del día, en solemnidad de una fiesta que había juntado en Jerusalén muchos millares de personas de todas Naciones, y todas de diverso lenguaje, para que fuesen otros tantos testigos de lo que sucedió; el ruido milagroso de un viento impetuoso que se oye en toda la Ciudad, pero que sólo se experimenta en la casa en que están congregados los Discípulos de Jesucristo hace acudir a ella todos, así extranjeros como habitantes, para ser todos testigos del milagro. Se presentan en público los Apóstoles y Discípulos, descubren el prodigio, revelan el misterio, explican el sentido, y publican las grandezas de Jesucristo en toda especie de lenguas. ¡Buen Dios! ¡Qué prueba más clara, más fuerte, más sensible, más incontestable de la verdad de nuestra Religión y de la Iglesia!

Fuente: J. Croisset, sj, Año cristiano

Dulce Huésped del alma (II)

Pentecostes 05 11

Siendo la Iglesia la «sociedad» de los fieles, se constituye precisamente por la unión de los mismos; son los fieles, somos nosotros los que formamos la Iglesia. Por lo mismo, decir que Jesús ha merecido el Espíritu Santo para su Iglesia, equivale a decir que lo ha merecido para nosotros; decir que Jesús, juntamente con el Padre, ha enviado y continúa enviando su Espíritu a la Iglesia, es decir que lo ha enviado y continúa enviándolo a nosotros. Precisamente en este sentido se expresa la Mystici Corporis: el Espíritu Santo «es comunicado a la Iglesia con copiosísima efusión, a fin de que cada uno de sus miembros se haga de día en día más semejante al Redentor». 
El Espíritu Santo, pues, ejercita su influencia y no sólo en el Cuerpo de la Iglesia sino también en cada una de las almas en que mora cual «dulce huésped». Él está en nosotros para posesionarse de nuestras almas, para santificarlas, para plasmarnos a imagen de Cristo, para empujarnos a continuar su misión redentora: Él es el Impulso de amor que nos solicita a cumplir la santa voluntad de Dios, que nos orienta a la glorificación de la Santísima Trinidad, que nos lleva a Dios.

Pero, si el Espíritu Santo es un Impulso de amor que viene a nosotros para santificarnos, para llevarnos a Dios, ¿cómo es que no nos hacemos todos santos? He aquí un misterio que pone a vista de ojos nuestra tremenda responsabilidad. El Espíritu Santo, juntamente con el Padre y con el Hijo, nos ha creado libres y nos quiere tales; por eso, al venir a nosotros, respeta y por lo mismo no violenta nuestra libertad; aun deseando entrar en nuestra alma y poseernos, no lo hace si nosotros no le damos libre acceso. Es la ocasión oportuna de hacer alusión al gran principio en que tanto gusta insistir Santa Teresa de Jesús: «Dios no fuerza a nadie: acepta lo que se le da, pero Él no se da del todo sino a aquellos que se le entregan del todo» (Camino de Perfección 28, 12). 
Si no nos santificamos, no es porque el Espíritu Santo no lo quiera -pues precisamente para esto nos ha sido enviado y viene a nosotros- sino porque nosotros no damos libre entrada a su acción. He aquí el punto en que fallamos: no usamos nuestra libertad para abrir totalmente nuestra alma a su potente y amorosa invasión. Pero si nuestra voluntad le abre completamente las puertas, el Espíritu Santo nos tomará bajo su guía, y nosotros, por Él, nos haremos santos.

“¡Oh divinísimo Espíritu! Me entrego todo a ti. Toma posesión de mi alma, guíame en todas las cosas y haz que viva como un verdadero hijo de Dios, como un miembro no degenerado de Jesucristo y como una cosa que, nacida de ti, te pertenece totalmente, y por ti debe ser totalmente poseída, animada, conducida” (San Juan Eudes). 
“¡Oh Espíritu Santo, alma de mi alma, yo te adoro! Ilumíname, guíame, consuélame, enséñame lo que debo hacer, dame tus mandatos; te prometo someterme a todo lo que de mí deseas y aceptar todo lo que permitas me acaezca” (Cardenal Mercier).

Fuente: Cfr. P. Gabriel de Santa María Magdalena o.c.d., Intimidad Divina

Dulce Huésped del alma (I)

Espiritu Santo 04 27

¡Oh Espíritu Santo, que te has dignado habitar en mí! Ayúdame a secundar totalmente tu acción. 
La Encíclica «Mystici Corporis» afirma que «el Espíritu Santo es el alma de la Iglesia». Alma significa «principio de vida»; por eso esta afirmación equivale a decir que el divino Paráclito es aquel que hace vivir la Iglesia; así como el alma es el principio de vida en el cuerpo, así el Espíritu Santo es el principio de vida en la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo.

Hemos visto que el Espíritu Santo moraba en el Alma de Cristo para dirigirla al cumplimiento de su misión redentora. Jesús habría podido cumplir perfectamente solo tal misión; sin embargo, ha querido asociar a ella también a la Iglesia; debiendo, por lo tanto, la Iglesia prolongar la obra de Cristo, tiene necesidad del mismo impulso que movía su alma, tiene necesidad del mismo Espíritu Santo. De hecho Jesús en la Cruz nos ha merecido su Espíritu; con su muerte expió primeramente el pecado, que es el obstáculo a la entrada del Espíritu Santo, y después, vuelto al cielo, le envió a los Apóstoles, que representaban toda la Iglesia. Y aún ahora, mientras se sienta glorioso a la diestra de su Padre, intercediendo siempre por nosotros, envía a la Iglesia de continuo y junto con el Padre, el Espíritu Santo prometido. Y he aquí que el divino Espíritu obra en la Iglesia lo que obraba en el alma Santísima de Cristo: la impulsa, la mueve, la estimula al cumplimiento de la voluntad de Dios para que cumpla su misión, es decir: prolongue a través de los siglos la obra redentora del Salvador. Justamente por eso, los Padres antiguos han dicho que el Espíritu Santo es el alma de la Iglesia, y en el «Credo» la Iglesia misma le invoca: Dominum et vivificantem, Señor y vivificador. Del mismo modo que el alma es el principio de vida, así el Espíritu Santo vivifica a la Iglesia. 
El es el impulso de amor que enciende en ella el celo por la gloria de Dios y por la salvación de las almas, que da luz y fuerzas a los Pastores, que enfervoriza y empuja a los Apóstoles, que da valor y fe invencible a los Mártires.

“¡Oh Espíritu Santo! Tú en el seno purísimo de la Virgen María plasmaste al Redentor; Tú animaste a Jesús guiándole (en cuanto hombre) en todo cuanto pensó, dijo, hizo y sufrió durante su vida terrena y en el sacrificio de sí mismo que ofreció al Padre por nosotros sobre la Cruz. Y cuando Jesús subió al cielo, Tú viniste a la tierra para establecer en ella el Cuerpo místico de Cristo que es la Iglesia, y para aplicar a este Cuerpo los frutos de la Vida, de la Sangre, de la Pasión y de la Muerte de Cristo, sin lo cual Jesús habría sufrido y muerto inútilmente. Además, ¡oh Espíritu Santo! en el santo Bautismo desciendes sobre nosotros para formar en nuestras almas a Jesucristo, para incorporarnos a Él, para hacernos nacer y vivir en Él, para aplicarnos los frutos y los méritos de su Sangre y de su Muerte, para animarnos, inspirarnos, impulsarnos y conducirnos en todo aquello que debemos pensar, decir, hacer y sufrir por Dios. ¿Cuál, pues, deberá ser nuestra vida? ¡Oh!, debería ser una vida enteramente santa, totalmente divina, totalmente espiritual, según la palabra de Jesús: ‘Lo que nace del Espíritu es espíritu’” (San Juan Eudes).

Fuente: Cfr. P. Gabriel de Santa María Magdalena o.c.d., Intimidad Divina

Víctima reparadora por el pecado del aborto

Ana Maria Zelikova 01 01

Ana María Zeliková

La Sierva de Dios Ana María Zeliková nació en Napajedla (Moravia), República Checa, el 19 de julio de 1924. A los 9 años recibe la primera Comunión y con ella el inicio de una intensa vida espiritual que se ve fortalecida con la Historia de un Alma de Santa Teresita del Niño Jesús, naciendo en su interior el deseo de ser un día Carmelita Descalza. 
En la Semana Santa de 1938 escucha por casualidad que una pariente ha abortado voluntariamente. Esto la hace reflexionar y desea vivamente darse a sí misma totalmente, ser apóstol a través del sufrimiento y se ofrece a Jesús en reparación por el pecado del aborto. 
Los tres últimos años de vida, atacada de una tuberculosis que la va consumiendo, Ana renueva su ofrenda al Señor y va asemejándose día a día a Jesús, al que ama con todo su corazón. 
Al no poder ser ya monja Carmelita Descalza, se incorpora a la Tercera Orden Carmelita de la Antigua Observancia en enero de 1941. El brillo de sus ojos y su sonrisa se apagan al amanecer del 11 de septiembre de 1941. Una verdadera apóstol para nuestros días.

Fuente: cf. cuando-los-santos-son-amigos.blogspot.com.ar

Corazón de Jesús, delicia de todos los santos (IIb) - San Juan Eudes II

San Juan Eudes 02 02

Después de mucho orar, reflexionar y consultar, San Juan Eudes abandonó la Congregación del Oratorio en 1643. La experiencia le enseñó que el clero necesitaba reformarse antes que los fieles y que la Congregación sólo podría conseguir su fin mediante la fundación de seminarios. El P. Condren, que había sido nombrado superior general, estaba de acuerdo con el santo; pero su sucesor, el P. Bourgoing, se negó a aprobar el proyecto de la fundación de un seminario en Caén. 
Entonces el P. Eudes decidió formar una asociación de sacerdotes diocesanos, cuyo fin principal sería la creación de seminarios con miras a la formación de un clero parroquial celoso. La nueva asociación quedó fundada el día de la Anunciación de 1643, en Caén, con el nombre de “Congregación de Jesús y María”. Sus miembros, como los del Oratorio, eran sacerdotes diocesanos y no estaban obligados por ningún voto. 
San Juan Eudes y sus cinco primeros compañeros se consagraron a “la Santísima Trinidad, que es el primer principio y el último fin de la santidad del sacerdocio”. El distintivo de la congregación era el Corazón de Jesús, en el que estaba incluido místicamente el de María; como símbolo del amor eterno de Jesús por los hombres.

Hombre de realizaciones, fundó la Orden de Nuestra Señora de la Caridad para acoger y ayudar a las mujeres y a las jóvenes maltratadas por la vida. 
Sigue una amplia trayectoria de misiones, funda varias comunidades, deja un legado de libros de oración y cartas de gran valor para la comunidad. 
Hizo amar a Cristo y a la Virgen María, hablando sin cesar de su Corazón, signo del amor que Dios nos da y de la comunión a la que estamos llamados. Para tributarles un culto litúrgico, compuso misas y oficios e hizo celebrar la primera fiesta del Corazón de María el 8 de febrero de 1648 en Autun y la del Corazón de Jesús el 20 de octubre de 1672. 
Además, con numerosos escritos contribuyó a propagar la espiritualidad de sus maestros del Oratorio, al mismo tiempo que por su carisma propio le imprimía un carácter personal, hasta el punto de que se le considera a él también un maestro de espiritualidad. 
Murió el 19 de agosto de 1680. El Papa Pío XI lo canonizó el 31 de mayo de 1925 y su fiesta se celebra el 19 de agosto.

Fuente: padreseudistas.com

Corazón de Jesús, delicia de todos los santos (IIa) - San Juan Eudes I

San Juan Eudes 01 01

En la segunda mitad del siglo XVI vivía en Ri, Normandía (Francia), un granjero llamado Isaac Eudes, casado con Marta Corbin. Como no tuviesen hijos al cabo de dos años de matrimonio, ambos esposos fueron en peregrinación a un santuario de Nuestra Señora. Nueve meses después tuvieron un hijo, al que siguieron otros cinco. 
El mayor recibió el nombre de Juan y, desde niño, dio muestras de gran inclinación al amor de Dios. A los catorce años, Juan ingresó en el colegio de los jesuitas de Caén. Sus padres deseaban que se casara y siguiera trabajando la granja de la familia. Pero Juan, que había hecho voto de castidad, recibió las órdenes menores en 1621 y estudió la teología en Caén con la intención de consagrarse a los ministerios parroquiales. Sin embargo, poco después determinó ingresar en la congregación del oratorio, que había sido fundada en 1611 por el futuro cardenal Pedro de Bérulle. Tras de recabar con gran dificultad el permiso paterno, fue recibido en París por el superior general en 1623.

Juan había sido hasta entonces un joven ejemplar: su conducta en la congregación no lo fue menos, de suerte que el P. Bérulle le dio permiso de predicar, aunque sólo había recibido las órdenes menores. Al cabo de un año en París, Juan fue enviado a Aubervilliers a estudiar bajo la dirección del P. Carlos de Condren, el cual, según la expresión de Santa Juana Francisca de Chantal, “estaba hecho para educar ángeles”. 
El fin de la congregación del oratorio consistía en promover la perfección sacerdotal y Juan Eudes tuvo la gracia de ser introducido en ella por dos hombres de la talla de Condren y Bérulle. 
Fue ordenado presbítero el 20 de diciembre de 1625. 
Durante estos años se impregnó del pensamiento espiritual de Bérulle, centrado totalmente en Cristo, y compartió su deseo de “restaurar en su esplendor el orden sacerdotal”. Penetrado de este espíritu, evangelizó como misionero apostólico muchos pueblos y ciudades de Normandía, He de France, Borgoña y Bretaña.

En ese año, se desató en Normandía una violenta epidemia de peste, y Juan se ofreció para asistir a sus compatriotas. Bérulle le envió al obispo de Séez con una carta de presentación, en la que decía: “La caridad exige que emplee sus grandes dones al servicio de la provincia en la que recibió la vida, la gracia y las órdenes sagradas, y que su diócesis sea la primera en gozar de los frutos que se pueden esperar de su habilidad, bondad, prudencia, energía y vida”. 
El P. Eudes pasó dos meses en la asistencia a los enfermos en lo espiritual y en lo material. Después fue enviado al oratorio de Caén, donde permaneció hasta que una nueva epidemia se desató en esa ciudad, en 1631. Para evitar el peligro de contagiar a sus hermanos, Juan se apartó de ellos y vivió en el campo, donde recibía la comida del convento. 
Pasó los diez años siguientes en la prédica de misiones al pueblo, preparándose así para la tarea a la que Dios le tenía destinado.

En aquella época empezaron a organizarse las misiones populares en su forma actual. San Juan Eudes se distinguió entre todos los misioneros. En cuanto acababa de predicar, se sentaba a oír confesiones, ya que, según él, “el predicador agita las ramas, pero el confesor es el que caza los pájaros”. Mons. Le Camus, amigo de San Francisco de Sales, dijo refiriéndose al P. Eudes: “Yo he oído a los mejores predicadores de Italia y Francia y os aseguro que ninguno de ellos mueve tanto a las gentes como este buen padre”. San Juan Eudes predicó en su vida unas ciento diez misiones.

(Continuará)

Fuente: padreseudistas.com