Santo Tomás Moro, patrono de los gobernantes y políticos (II)

Santo Tomas Moro 05 05

“Refiriéndome a semejantes ejemplos de armonía entre la fe y las obras, en la Exhortación apostólica postsinodal «Christifideles laici» escribí que «la unidad de vida de los fieles laicos tiene una gran importancia. Ellos, en efecto, deben santificarse en la vida profesional ordinaria. Por tanto, para que puedan responder a su vocación, los fieles laicos deben considerar las actividades de la vida cotidiana como ocasión de unión con Dios y de cumplimiento de su voluntad, así como también de servicio a los demás hombres» (n. 17).
Esta armonía entre lo natural y lo sobrenatural es tal vez el elemento que mejor define la personalidad del gran estadista inglés. Él vivió su intensa vida pública con sencilla humildad, caracterizada por el célebre «buen humor», incluso ante la muerte.

Éste es el horizonte a donde le llevó su pasión por la verdad. El hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral. Ésta es la luz que iluminó su conciencia. Como ya tuve ocasión de decir, «el hombre es criatura de Dios, y por esto los derechos humanos tienen su origen en Él, se basan en el designio de la creación y se enmarcan en el plan de la Redención. Podría decirse, con expresión atrevida, que los derechos del hombre son también derechos de Dios» (Discurso 7.4.1998, 3).
Y fue precisamente en la defensa de los derechos de la conciencia donde el ejemplo de Tomás Moro brilló con intensa luz. Se puede decir que él vivió de modo singular el valor de una conciencia moral que es «testimonio de Dios mismo, cuya voz y cuyo juicio penetran la intimidad del hombre hasta las raíces de su alma» (Enc. «Veritatis splendor», 58) (...)
La historia de santo Tomás Moro ilustra con claridad una verdad fundamental de la ética política. En efecto, la defensa de la libertad de la Iglesia frente a indebidas injerencias del Estado es, al mismo tiempo, defensa, en nombre de la primacía de la conciencia, de la libertad de la persona frente al poder político. En esto reside el principio fundamental de todo orden civil de acuerdo con la naturaleza del hombre.
Confío, por tanto, que la elevación de la eximia figura de santo Tomás Moro como patrono de los gobernantes y de los políticos ayude al bien de la sociedad… Por tanto, después de una madura consideración, acogiendo complacido las peticiones recibidas, constituyo y declaro patrono de los gobernantes y de los políticos a santo Tomás Moro…Sea bendito y glorificado Jesucristo, Redentor del hombre, ayer, hoy y siempre.”

Pidamos especialmente a S. Tomás Moro, en estos tiempos tan complicados, por nuestros gobernantes, políticos y profesionales, que sean “modelos que muestren el camino de la verdad”; que sus oficios sean “antes que nada, ejercicio de virtudes”. El verdadero bien está en vivir conforme a la Verdad que Dios nos ha mostrado. Que este gran santo nos contagie “su pasión por la verdad” y seamos fiel reflejo de ella haciendo siempre el bien, acomodando todo nuestro modo de obrar de acuerdo a lo que Dios nos ha mandado, obrando conforme a Su querer, considerando“las actividades de la vida cotidiana como ocasión de unión con Dios y de cumplimiento de su voluntad, así como también de servicio a los demás hombres”. De ese modo nos haremos merecedores -porque Dios, infinitamente misericordioso, así lo dispone- de las gracias y beneficios que él tiene dispuesto derramar sobre nosotros en esta vida, y de la eterna y completa Felicidad en el Cielo.

Fuente: S. Juan Pablo II, Carta del 31-10-2000, declarando a S. Tomás Moro patrono de los gobernantes y políticos.

Sermón del P. Ezcurra sobre la Bandera (V)

Malvinas 04 05b Jura de la Bandera en Malvinas

Por eso, tenemos motivos para rezar al Señor por esta Patria y en este día de la Bandera. Pero la oración tiene que darnos fuerza para cumplir con nuestro deber en la familia, en la escuela, en el testimonio, cualquiera que sea el lugar donde Dios nos pide que demos testimonio. Digámoslo con las palabras del mismo General Belgrano: «La Patria está en peligro inminente de sucumbir. Vamos pues soldados a salvarla. Veis en mi mano la Bandera Nacional que os distingue de las demás naciones del globo. No olvidéis jamás que vuestra obra es de Dios, que Él os ha concedido esta Bandera y que nos manda que la sostengamos con el honor que le corresponde. Jurad no abandonarla. Jurad sostenerla para arrollar a nuestros enemigos. Nuestra sangre derramaremos por esta Bandera».

Y, para terminar expresando este espíritu poéticamente, digamos:
«La Bandera es ese paño que simboliza la Patria, y es el manto de la Virgen, Patrona de toda hazaña, que por eso fue creada de color azul y blanca, cuando hizo falta una enseña, justo previo a la batalla.
La que resistió al demonio en las selvas tucumanas, la que envolvió al camarada en ese último viaje, hacia las mismas entrañas de la tierra americana.
La que ha tremolado al viento sobre tantas mentes claras, defendiendo la Nación de invasores de otras playas. La que llena de crespones, mordiendo penas y lágrimas, cada 2 de Abril recuerda su gesta contemporánea.
Cuando jures la Bandera y te acerques a besarla, piensa que pones los labios en el rostro de la Patria. Será el gesto más puro, la caricia más honrada, porque al besar la Bandera, besas la Argentina amada.
Entre sus pliegues de seda se quedarán tus palabras, para que el Señor te premie si las cumples y las guardas.
Y si al fin mueres por ella, ella será tu mortaja, tu cuerpo descansará en los brazos de la Patria, porque te juro hijo mío, Argentina está completa en la enseña azul y blanca».

Como en la familia podemos decir que el hombre no separe lo que Dios ha unido, podemos decirlo también de nuestra Patria. Que nadie se atreva a separar a aquellos que están unidos desde el principio de nuestra historia: el amor de Patria en la Bandera y el amor de Dios en los colores del manto de nuestra Virgen Inmaculada.

Fuente: P. Alberto Ezcurra, Sermón en el día de la Bandera

Santo Tomás Moro, patrono de los gobernantes y políticos (I)


Santo Tomas Moro 04 04 Encuentro de Santo Tomás Moro con su hija luego de la sentencia de muerte

“De la vida y del martirio de santo Tomás Moro brota un mensaje que a través de los siglos habla a los hombres de todos los tiempos (...).
Cuando el hombre y la mujer escuchan la llamada de la verdad, entonces la conciencia orienta con seguridad sus actos hacia el bien. Precisamente por el testimonio, ofrecido, hasta el derramamiento de su sangre, de la primacía de la verdad sobre el poder, santo Tomás Moro es venerado como ejemplo imperecedero de coherencia moral. Y también fuera de la Iglesia, especialmente entre los que están llamados a dirigir los destinos de los pueblos, su figura es reconocida como fuente de inspiración para una política que tenga como fin supremo el servicio a la persona humana…

Son muchas las razones a favor de la proclamación de santo Tomás Moro como patrono de los gobernantes y de los políticos. Entre éstas, la necesidad que siente el mundo político y administrativo de modelos creíbles, que muestren el camino de la verdad en un momento histórico en el que se multiplican arduos desafíos y graves responsabilidades. En efecto, fenómenos económicos muy innovadores están hoy modificando las estructuras sociales. Por otra parte, las conquistas científicas en el sector de las biotecnologías agudizan la exigencia de defender la vida humana en todas sus expresiones, mientras las promesas de una nueva sociedad, propuestas con buenos resultados a una opinión pública desorientada, exigen con urgencia opciones políticas claras en favor de la familia, de los jóvenes, de los ancianos y de los marginados.

En este contexto es útil volver al ejemplo de santo Tomás Moro, que se distinguió por la constante fidelidad a las autoridades y a las instituciones legítimas, precisamente porque en las mismas quería servir, no al poder, sino al supremo ideal de la justicia. Su vida nos enseña que el gobierno es, antes que nada, ejercicio de virtudes. Convencido de este riguroso imperativo moral, el estadista inglés puso su actividad pública al servicio de la persona, especialmente si era débil o pobre; gestionó las controversias sociales con exquisito sentido de equidad; tuteló la familia y la defendió con gran empeño; promovió la educación integral de la juventud. El profundo desprendimiento de honores y riquezas, la humildad serena y jovial, el equilibrado conocimiento de la naturaleza humana y de la vanidad del éxito, así como la seguridad de juicio basada en la fe, le dieron aquella confiada fortaleza interior que lo sostuvo en las adversidades y frente a la muerte. Su santidad, que brilló en el martirio, se forjó a través de toda una vida entera de trabajo y de entrega a Dios y al prójimo.”

Fuente: S. Juan Pablo II, Carta del 31-10-2000, declarando a S. Tomás Moro patrono de los gobernantes y políticos.

Sermón del P. Ezcurra sobre la Bandera (IV)

Malvinas 03 04

¿Qué podemos pensar de aquellos que rechazan la vida? Dios perdona siempre, los hombres algunas veces perdonamos, pero la naturaleza no perdona nunca. Y cuando el egoísmo en una familia sin arraigo rechaza la vida, esa vida de alguna manera se venga. Y es lo que vemos en nuestros tiempos: los padres que no quieren hijos, o que no quieren hacerse responsables de sus hijos, y que después se encuentran en la vejez con que los hijos rechazan a sus padres. Y por eso nuestro tiempo, es el tiempo de las clínicas aborteras y es el tiempo de los asilos para ancianos. La vida, la naturaleza, se venga. El que ha sido egoísta con la vida que nace, se va a encontrar después con el egoísmo que rechaza a la vida que declina. Y en lugar del respeto por los ancianos, el olvido, el abandono y el desprecio.

Por eso en las naciones donde ya se ha aprobado la ley del aborto, se empieza a discutir una ley de eutanasia, para la desaparición, para la eliminación. Si miramos con un criterio materialista, con un criterio que no sea un criterio de Fe, ni siquiera un criterio íntegramente humano, sino un criterio puramente económico, por cierto hay que eliminar a los niños y a los viejos, porque ninguno de los dos produce. Esa es la mentalidad egoísta.
Pero donde se toca a la familia se crea una situación de desarraigo. Aquí desde este Altar hemos señalado también el año pasado cómo el Papa Juan Pablo II nos da un ejemplo de amor profundo a su Patria polaca, y él decía en el mensaje a los jóvenes en el Año de la Juventudcómo del amor a la familia, del arraigo de la familia, nace también el amor y nace el arraigo de la Patria. Cómo la Patria es como una prolongación de la familia, es como una familia grande, porque la Patria es mi familia y son también todas aquellas otras familias que están ligadas a la mía por lazos de historia común, de tradición, de cultura, de lengua, de Fe. Entonces cuando se afecta a la familia, cuando se hiere a la familia, se está hiriendo a la Patria en sus mismas raíces, en sus células fundamentales.

¿Qué podemos pensar de aquél que se avergüenza de sus padres, de una familia que rechaza la vida? Es negro el futuro de esa familia. Y lo mismo podemos decir: ¿qué podemos pensar de una Patria que quiere renegar de sus orígenes?
¡Pero no podrán hacerlo! Porque esto que leímos, esta referencia que hacíamos al espíritu, al alma de los próceres que hicieron la Patria, de San Martín, de Belgrano, ¡ésa es la realidad de nuestra Argentina! y estos ideólogos extranjerizantes, estos ideólogos sin patria que quieren desarraigar esto del alma de los argentinos, no podrán conseguirlo. Nuestra Patria está hecha así, nuestra Patria nació así. Esa es la realidad de nuestra Patria.

Los señores laicistas que quieren arrojar a Dios de las escuelas, desde hace más de cien años trabajan para eso, los que quieren arrancar el Crucifijo de las escuelas, tendrán también que arrancar los retratos de San Martín y los retratos de Belgrano, que son los primeros que tenían el Crucifijo y la enseñanza de la fe en las escuelas. Los que no quieren que en las escuelas se enseñe a conocer a Dios, se enseñe el Catecismo, tendrían que prohibir que en las escuelas se enseñe el Martín Fierro, la obra grande de nuestra literatura, porque en el Martín Fierro se refleja la Fe de nuestros criollos, se refleja la Fe de nuestros gauchos. Los que quieren arrancar en la reforma constitucional los tímidos rasgos o afirmaciones de catolicismo que tiene nuestra Constitución Argentina, tendrían que cambiar también los colores de nuestra Bandera, porque son los colores del manto de la Virgen, por la voluntad de su creador, el General Belgrano.

Pero si una familia que olvida sus raíces, sus orígenes, si un hijo que reniega de sus padres y de lo que ha recibido de sus padres, un hijo que se avergüenza de sus padres, tiene un negro futuro, también es negro el futuro de una nación que reniega de los orígenes y del espíritu de aquellos que la fundaron, y del espíritu con el cual la quisieron y con el cual la fundaron.

Fuente: P. Alberto Ezcurra, Sermón en el día de la Bandera

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