Apasionado por la vida

Ernesto Cofino 01 01 Siervo de Dios Ernesto Cofiño

Ernesto Cofiño nació el 5 de junio de 1899 en la ciudad de Guatemala, donde también cursó sus primeros estudios. En 1919 inició sus estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Sorbona (Francia) y los concluyó con honores en 1929. En 1933, contrajo matrimonio con Clemencia Samayoa. Fueron padres de cinco hijos. Se dedicó plenamente al ejercicio de su profesión con un admirable espíritu de servicio que lo llevaba, no solamente a ocuparse de la salud física de sus pacientes, sino a hacer suyos sus problemas personales.
Pionero de la investigación pediátrica en Guatemala, ocupó la Cátedra de Pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Carlos (USAC), máxima distinción de ese centro universitario. Movido por un gran sentido sobrenatural y un hondo sentido humano fomentó y defendió el derecho y el amor a la vida, promoviendo la creación de iniciativas y realizando él mismo muchas de ellas, con gran caridad, en beneficio de futuras madres, de huérfanos y de niños de la calle. Además, ofreció soluciones concretas a varios problemas públicos. Fundó asilos y centros asistenciales.

De 1951 a 1955 fue director del Centro Educativo Asistencial (antiguo Hospicio Nacional); también dirigió la Sociedad Protectora del Niño (1940-1946) y la Lucha Nacional contra la Tuberculosis (1945-1946).
Durante los años en que estuvo al frente de Caritas de Guatemala, organizó la distribución de alimentos en barrios de escasos recursos económicos. En 1956 pasó a formar parte del Opus Dei. A partir de esa fecha, intensificó su trato con Dios en la oración, en la mortificación, en la misa y comunión diarias, en la confesión frecuente y en otras prácticas de piedad.

Tenía gran devoción a la Madre de Dios y se convirtió en propagador del rezo diario del Rosario. Dedicó tiempo a estudiar y a mejorar su formación doctrinal-religiosa. Intensificó su apostolado, buscando comunicar su alegría y su generosidad a muchísimas personas. Animó a mucha gente a colaborar -con la oración y con medios económicos- en el impulso de labores de promoción humana y cristiana, en las cuales trabajaba con gran espíritu de sacrificio, dispuesto a poner en práctica la doctrina social de la Iglesia.
Colaboró heroicamente con organizaciones dedicadas a la educación y capacitación de campesinos, de obreros, de mujeres de muy escasos recursos y en la formación de la juventud universitaria. Este servicio en favor del prójimo lo siguió realizando con abnegación hasta los 92 años.
Murió de cáncer, después de una enfermedad larga y dolorosa, llevada con fortaleza y conformidad heroicas, el día 17 de octubre de 1991 en la ciudad de Guatemala.

Oración
Oh Dios Padre, fuente de todo bien, que llenaste de gracias a tu hijo Ernesto, médico, para ser fiel servidor de la vida que en Ti comienza y sólo a Ti pertenece; haz que yo sepa también respetar y promover el don de la vida y cumplir con generosidad mis deberes de cada día, por Amor a Jesucristo y a mis hermanos los hombres. Dígnate glorificar a tu siervo Ernesto y concédeme por su intercesión, el favor que te pido...
Así sea.

Fuente: cf. opusdei.org

Un hogar luminoso y alegre

Tomas y Francisca Alvira Siervos de Dios 01 01

Siervos de Dios Tomás y Francisca Alvira

Tomás Alvira Alvira nació en Villanueva de Gállego (Zaragoza) el 17 de enero de 1906 y falleció en Madrid el 7 de mayo de 1992. Doctor en Ciencias Químicas, Investigador del CSIC y Catedrático de Instituto en Ciencias Naturales.
Francisca Domínguez Susín nació en Borau (Huesca) el 1 de abril de 1912 y falleció en Madrid el 29 de agosto de 1994. Era Maestra.
Se casaron en Zaragoza el 16 de junio de 1939. Tuvieron nueve hijos, de los que el primero, José María, falleció a la edad de cinco años. La familia se trasladó a Madrid en noviembre de 1941, al incorporarse Tomás a su plaza de catedrático en el Instituto Ramiro de Maeztu.

Fueron ambos Supernumerarios del Opus Dei: Tomás desde el 15 de febrero de 1947 y Francisca desde el 1 de febrero de 1952. Fieles al espíritu del Opus Dei, transmitieron a sus hijos y a otras muchas personas un ejemplo de vida cristiana. Con palabras de San Josemaría Escrivá de Balaguer, hicieron de su casa “un hogar luminoso y alegre”. Se santificaron en el ejercicio heroico y perseverante de las virtudes cristianas.
La Santa Misa constituía el centro y la raíz de su vida interior. Ayudados por la gracia divina y procurando mantenerse en presencia de Dios, supieron llenar de contenido sobrenatural sus quehaceres ordinarios, familiares, profesionales y sociales. Ambos padecieron dolorosas enfermedades, que llevaron con gran sentido sobrenatural: Tomás falleció a raíz de un proceso canceroso y Francisca entregó su alma a Dios tras una enfermedad cerebral.

Oración
Dios Padre, que llenaste de gracia a tus siervos Tomás y Francisca, para que vivieran cristianamente su matrimonio y sus obligaciones profesionales y sociales, envíanos la fuerza del Amor para saber difundir en el mundo la grandeza de la fidelidad y de la santidad matrimonial. Dígnate glorificar a tus siervos y concédeme por su intercesión el favor que te pido...
Así sea.

Fuente: opusdei.org

Jóvenes ¡hacia lo alto!

Beato Pier Giorgio Frassati 04 04 Beato Pier Giorgio Frassati

En nuestro siglo, Pier Giorgio Frassati, al que hoy tengo el gozo de proclamar beato en nombre de la Iglesia, el poder del Espíritu de Verdad, unido a Cristo, lo hizo moderno testigo de la esperanza que surge del Evangelio y de la gracia de salvación que obra en el corazón del hombre. Así se convirtió en el testigo vivo y el defensor valiente de esta esperanza en nombre de los jóvenes cristianos del siglo veinte.

La fe y la caridad, verdaderas fuerzas motrices de su vida, lo hicieron activo trabajador en el ambiente en que vivió, en la familia y en la escuela, en la universidad y en la sociedad; lo transformaron en alegre y entusiasta apóstol de Cristo, en apasionado seguidor de su mensaje y su caridad.
El secreto de su celo apostólico y de su santidad hay que buscarlo en el itinerario ascético y espiritual que recorrió; en la oración, en la perseverante adoración -incluso nocturna- del Santísimo Sacramento, en su sed de la palabra de Dios escrutada en los textos bíblicos, en la serena aceptación de las dificultades de la vida, incluida la familiar, en la castidad vivida como disciplina alegre y firme; en la predilección diaria del silencio y la “normalidad de la vida”. Precisamente en estos factores nos ha hecho descubrir la fuente de su vitalidad espiritual.

En el joven Pier Giorgio la fe y los sucesos cotidianos se funden armónicamente hasta el punto que la adhesión al Evangelio se traduce en atención amorosa a los pobres y a los necesitados, creciendo continuamente hasta los últimos días de la enfermedad. El gusto por la belleza y el arte, la pasión por el deporte y por la montaña, la atención a los problemas de la sociedad no le impiden la relación constante con el Absoluto.
¡Totalmente inmerso en el misterio de Dios y totalmente dedicado al constante servicio al prójimo: así podemos resumir su vida terrena!
Su vocación de laico cristiano se realizaba en múltiples compromisos asociativos y políticos en una sociedad en fermento, indiferente y tal vez hostil a la Iglesia. En la Acción Católica vivió la vocación cristiana con alegría y orgullo. Murió joven, al final de una vida breve, pero extraordinaria de frutos espirituales, dirigiéndose “a la verdadera patria a cantar alabanzas a Dios”.

La celebración de hoy nos invita a todos a acoger el mensaje que Pier Giorgio Frassati transmitió a los hombres de nuestro tiempo, sobre todo a vosotros, jóvenes, deseosos de ofrecer una contribución concreta de renovación espiritual al mundo nuestro, que tal vez parece alejarse y languidecer por falta de ideales. Él proclama, con su ejemplo, que es “dichosa” la vida llevada en el Espíritu de Cristo, Espíritu de las Bienaventuranzas, y que sólo el que se hace “hombre de las Bienaventuranzas” consigue comunicar a los hermanos el amor y la paz. Afirma, asimismo, que vale la pena sacrificarlo todo por servir al Señor.
Él se marchó joven de este mundo, pero dejó una huella en todo el siglo, y no sólo en nuestro siglo. Se marchó de este mundo, pero en la fuerza pascual de su bautismo puede decir a todos, en particular a las jóvenes generaciones de hoy y de mañana: “Vosotros me veréis, y viviréis, porque yo sigo vivo” (Jn 14, 19).
Estas palabras las pronunció Jesucristo al despedirse de los Apóstoles, antes de afrontar la Pasión. Me complace recogerlas de la misma boca del nuevo beato, como una invitación persuasiva para vivir de Cristo, en Cristo. Y es una invitación válida todavía, válida incluso hoy, especialmente para los jóvenes de hoy. Válida para todos nosotros. Invitación que Pier Giorgio Frassati nos ha dejado.

Fuente: cf. S.S.Juan Pablo II, Homilía en la Misa de Beatificación del 20 de mayo de 1990

La ofrenda de un scout al Sagrado Corazón

Francis Joseph Parater 01 01

Francis Joseph Parater

El siervo de Dios Francis Joseph Parater nació el 10 de octubre de 1897 en una devota familia católica de Richmond, Virginia (EE.UU.). Francis fue de adolescente un miembro activo de los Boy Scouts de América. Se tomaba muy en serio todo lo que aprendía y no tardó en asumir puestos de liderazgo en su tropa. En los campamentos que dirigió, introdujo media hora de oración en el programa vespertino, que consistía en leer un capítulo de la Sagrada Escritura, una charla del director y la recitación del Padre Nuestro seguida de una oración silenciosa.

A Francis le encantaba la naturaleza y se esforzó enérgicamente para alcanzar el rango de Scout Águila, el más elevado y arduo. Todos en su comunidad local se enorgullecían de sus muchos logros y de su capacidad de liderazgo. Durante este tiempo discernió su vocación al sacerdocio y entró en el Seminario Belmont Abbey en Carolina del Norte en 1917.
Allí luchó constantemente por alcanzar la perfección, asistiendo diariamente a Misa y yendo semanalmente a confesarse. Francis incluso escribió para sí mismo una Regla de Vida.

Sentía gran devoción por el Sagrado Corazón, al igual que el fundador de los scouts católicos, el Venerable Jacques Sevin, que consagra su primera tropa al Corazón de Jesús. Francis escribió: “El Sagrado Corazón nunca falla a quienes lo aman”.
En 1919, el obispo de Richmond decidió enviarlo a Roma para completar sus estudios, y a finales de enero de 1920 Francis contrajo un reumatismo que empeoró en fiebre reumática. Cuando estaba a punto de recibir la Sagrada Comunión en forma de Viático quiso levantarse de la cama y arrodillarse pero, como le dijeron que no debía hacerlo, se contentó con arrodillarse en la cama.
La muerte no llegó mucho después, el 7 de febrero, que fue el primer sábado del mes, el día después de que el rector ofreciera una Misa votiva del Sagrado Corazón en su honor.
Francis dejó un sobre que había de ser abierto tras su muerte en el que escribió un “Acto de oblación al Sagrado Corazón de Jesús”, que luego los papas Benedicto XV y Pío XI pidieron algunas copias. Allí resumía el hermoso carácter de su fe y confianza en Dios:

“No tengo nada que dejar ni dar, sino mi vida, y ésta la he consagrado al Sagrado Corazón para que Él la use según Su voluntad. He ofrecido mi todo por las conversiones a Dios de los no católicos en Virginia. Por esto vivo y, en caso de muerte, por esto muero… Desde mi infancia he querido morir por Dios y mi prójimo. ¿Tendré esta gracia? No lo sé, pero si mi vida continúa viviré por este mismo propósito; toda acción en mi vida aquí es una ofrenda a Dios para la difusión y el triunfo de la Iglesia Católica en Virginia. Siempre he deseado ser sólo un niño pequeño, para poder entrar en el reino de Dios... Seré de más servicio para mi diócesis en el Cielo de lo que podré ser en la tierra”.

También escribió una carta a su tropa, animándoles a crecer más en su amor a Dios:
“Queridos Scouts:
Quizás nunca veáis esta carta, pero si lo hacéis, es para deciros que Dios me ha concedido el mayor deseo de mi vida: morir de amor por Él y por mi prójimo. Nunca temáis la muerte, es lo más hermoso de la vida, ya que es el gran portal hacia la vida real. Desde que era pequeño siempre he querido ser como los mártires de antaño y dar mi vida por Dios.
Os he querido a todos y cada uno de vosotros, compañeros scouts, y, ahora que Dios me ha reclamado para Sí, no creáis que os voy a olvidar ni que os abandonaré; al contrario, estaré mucho más cerca de vosotros de lo que podría estar en esta vida.
Y ahora, queridos scouts, debo decir 'hasta luego'. Pero de vez en cuando pensad en vuestro viejo amigo y director de campamento y, cuando os llegue el momento de iniciar el camino hacia vuestro hogar, os prometo estar cerca y recibiros en el campo de la vida eterna. Que Dios os bendiga a todos”.
En 2001 fue abierta su causa beatificación y canonización.

Fuente: cf. es.aleteia.org

Santo Tomás Moro, patrono de los gobernantes y políticos (II)

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“Refiriéndome a semejantes ejemplos de armonía entre la fe y las obras, en la Exhortación apostólica postsinodal «Christifideles laici» escribí que «la unidad de vida de los fieles laicos tiene una gran importancia. Ellos, en efecto, deben santificarse en la vida profesional ordinaria. Por tanto, para que puedan responder a su vocación, los fieles laicos deben considerar las actividades de la vida cotidiana como ocasión de unión con Dios y de cumplimiento de su voluntad, así como también de servicio a los demás hombres» (n. 17).
Esta armonía entre lo natural y lo sobrenatural es tal vez el elemento que mejor define la personalidad del gran estadista inglés. Él vivió su intensa vida pública con sencilla humildad, caracterizada por el célebre «buen humor», incluso ante la muerte.

Éste es el horizonte a donde le llevó su pasión por la verdad. El hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral. Ésta es la luz que iluminó su conciencia. Como ya tuve ocasión de decir, «el hombre es criatura de Dios, y por esto los derechos humanos tienen su origen en Él, se basan en el designio de la creación y se enmarcan en el plan de la Redención. Podría decirse, con expresión atrevida, que los derechos del hombre son también derechos de Dios» (Discurso 7.4.1998, 3).
Y fue precisamente en la defensa de los derechos de la conciencia donde el ejemplo de Tomás Moro brilló con intensa luz. Se puede decir que él vivió de modo singular el valor de una conciencia moral que es «testimonio de Dios mismo, cuya voz y cuyo juicio penetran la intimidad del hombre hasta las raíces de su alma» (Enc. «Veritatis splendor», 58) (...)
La historia de santo Tomás Moro ilustra con claridad una verdad fundamental de la ética política. En efecto, la defensa de la libertad de la Iglesia frente a indebidas injerencias del Estado es, al mismo tiempo, defensa, en nombre de la primacía de la conciencia, de la libertad de la persona frente al poder político. En esto reside el principio fundamental de todo orden civil de acuerdo con la naturaleza del hombre.
Confío, por tanto, que la elevación de la eximia figura de santo Tomás Moro como patrono de los gobernantes y de los políticos ayude al bien de la sociedad… Por tanto, después de una madura consideración, acogiendo complacido las peticiones recibidas, constituyo y declaro patrono de los gobernantes y de los políticos a santo Tomás Moro…Sea bendito y glorificado Jesucristo, Redentor del hombre, ayer, hoy y siempre.”

Pidamos especialmente a S. Tomás Moro, en estos tiempos tan complicados, por nuestros gobernantes, políticos y profesionales, que sean “modelos que muestren el camino de la verdad”; que sus oficios sean “antes que nada, ejercicio de virtudes”. El verdadero bien está en vivir conforme a la Verdad que Dios nos ha mostrado. Que este gran santo nos contagie “su pasión por la verdad” y seamos fiel reflejo de ella haciendo siempre el bien, acomodando todo nuestro modo de obrar de acuerdo a lo que Dios nos ha mandado, obrando conforme a Su querer, considerando“las actividades de la vida cotidiana como ocasión de unión con Dios y de cumplimiento de su voluntad, así como también de servicio a los demás hombres”. De ese modo nos haremos merecedores -porque Dios, infinitamente misericordioso, así lo dispone- de las gracias y beneficios que él tiene dispuesto derramar sobre nosotros en esta vida, y de la eterna y completa Felicidad en el Cielo.

Fuente: S. Juan Pablo II, Carta del 31-10-2000, declarando a S. Tomás Moro patrono de los gobernantes y políticos.

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