La ofrenda de un scout al Sagrado Corazón

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Francis Joseph Parater

El siervo de Dios Francis Joseph Parater nació el 10 de octubre de 1897 en una devota familia católica de Richmond, Virginia (EE.UU.). Francis fue de adolescente un miembro activo de los Boy Scouts de América. Se tomaba muy en serio todo lo que aprendía y no tardó en asumir puestos de liderazgo en su tropa. En los campamentos que dirigió, introdujo media hora de oración en el programa vespertino, que consistía en leer un capítulo de la Sagrada Escritura, una charla del director y la recitación del Padre Nuestro seguida de una oración silenciosa.

A Francis le encantaba la naturaleza y se esforzó enérgicamente para alcanzar el rango de Scout Águila, el más elevado y arduo. Todos en su comunidad local se enorgullecían de sus muchos logros y de su capacidad de liderazgo. Durante este tiempo discernió su vocación al sacerdocio y entró en el Seminario Belmont Abbey en Carolina del Norte en 1917.
Allí luchó constantemente por alcanzar la perfección, asistiendo diariamente a Misa y yendo semanalmente a confesarse. Francis incluso escribió para sí mismo una Regla de Vida.

Sentía gran devoción por el Sagrado Corazón, al igual que el fundador de los scouts católicos, el Venerable Jacques Sevin, que consagra su primera tropa al Corazón de Jesús. Francis escribió: “El Sagrado Corazón nunca falla a quienes lo aman”.
En 1919, el obispo de Richmond decidió enviarlo a Roma para completar sus estudios, y a finales de enero de 1920 Francis contrajo un reumatismo que empeoró en fiebre reumática. Cuando estaba a punto de recibir la Sagrada Comunión en forma de Viático quiso levantarse de la cama y arrodillarse pero, como le dijeron que no debía hacerlo, se contentó con arrodillarse en la cama.
La muerte no llegó mucho después, el 7 de febrero, que fue el primer sábado del mes, el día después de que el rector ofreciera una Misa votiva del Sagrado Corazón en su honor.
Francis dejó un sobre que había de ser abierto tras su muerte en el que escribió un “Acto de oblación al Sagrado Corazón de Jesús”, que luego los papas Benedicto XV y Pío XI pidieron algunas copias. Allí resumía el hermoso carácter de su fe y confianza en Dios:

“No tengo nada que dejar ni dar, sino mi vida, y ésta la he consagrado al Sagrado Corazón para que Él la use según Su voluntad. He ofrecido mi todo por las conversiones a Dios de los no católicos en Virginia. Por esto vivo y, en caso de muerte, por esto muero… Desde mi infancia he querido morir por Dios y mi prójimo. ¿Tendré esta gracia? No lo sé, pero si mi vida continúa viviré por este mismo propósito; toda acción en mi vida aquí es una ofrenda a Dios para la difusión y el triunfo de la Iglesia Católica en Virginia. Siempre he deseado ser sólo un niño pequeño, para poder entrar en el reino de Dios... Seré de más servicio para mi diócesis en el Cielo de lo que podré ser en la tierra”.

También escribió una carta a su tropa, animándoles a crecer más en su amor a Dios:
“Queridos Scouts:
Quizás nunca veáis esta carta, pero si lo hacéis, es para deciros que Dios me ha concedido el mayor deseo de mi vida: morir de amor por Él y por mi prójimo. Nunca temáis la muerte, es lo más hermoso de la vida, ya que es el gran portal hacia la vida real. Desde que era pequeño siempre he querido ser como los mártires de antaño y dar mi vida por Dios.
Os he querido a todos y cada uno de vosotros, compañeros scouts, y, ahora que Dios me ha reclamado para Sí, no creáis que os voy a olvidar ni que os abandonaré; al contrario, estaré mucho más cerca de vosotros de lo que podría estar en esta vida.
Y ahora, queridos scouts, debo decir 'hasta luego'. Pero de vez en cuando pensad en vuestro viejo amigo y director de campamento y, cuando os llegue el momento de iniciar el camino hacia vuestro hogar, os prometo estar cerca y recibiros en el campo de la vida eterna. Que Dios os bendiga a todos”.
En 2001 fue abierta su causa beatificación y canonización.

Fuente: cf. es.aleteia.org

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