El Escapulario de la Virgen del Carmen (I)

Nuestra Senora del Carmen 02 10

Hoy, festividad de Nuestra Señora del Carmen, hablaremos sobre un importantísimo sacramental: el Escapulario.

Importancia
Llevar puesto el Escapulario de Ntra. Sra. del Carmen ayuda a las almas a llegar al Cielo, salvándolas del infierno.
No es un asunto de poca importancia, sino el más importante de todos: ganar la vida eterna por la promesa de la Virgen María. (Papa Pío XII).
Dijo Jesús: ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?

¿Qué es?
El Escapulario es un vestido, es el hábito de la Virgen María. Es un escudo espiritual. El hábito o uniforme indica pertenecer a alguna asociación. El Escapulario indica que el que lo lleva pertenece a la Virgen, y Ella prometió socorrer a quien lo llevara puesto, especialmente en el momento de la muerte.
Deben ser dos cuadrados o rectángulos de tela marrón, unidos por cintas, cadenitas o cualquier material. Se le pone una imagen de la Virgen del Carmen por devoción, pero no es necesaria.

El escapulario es un sacramental, esto es, un objeto religioso que la Iglesia ha aprobado como signo que nos ayuda a vivir santamente y a aumentar nuestra devoción. Los sacramentales deben mover nuestros corazones a renunciar a todo pecado, incluso al venial.
El escapulario, al ser un sacramental, no nos comunica gracias del mismo modo que lo hacen los sacramentos. Las gracias nos vienen por nuestra respuesta de amor a Dios y de verdadera contrición del pecado, lo cual el sacramental debe motivar.

¿Cómo hay que hacer para usarlo?
La primera vez debe imponerlo un sacerdote. Desde entonces, siempre debe llevarse el escapulario. Si se pierde o se estropea simplemente se deberá conseguir otro y ponérselo uno mismo, sin que sea necesaria una nueva imposición por parte del sacerdote.
Se puede reemplazar por una medalla de metal que tenga de un lado el Sagrado Corazón y del otro la Santísima Virgen, la cual debe ser bendecida por un sacerdote. Se reciben las mismas gracias, pero es recomendable usar el Escapulario de tela.

(Como se explicará en la próxima entrega, en este día pueden ganar indulgencia plenaria aquellos que, teniendo impuesto el santo Escapulario, comulguen, recen por las intenciones del Sumo Pontífice y se confiesen. La confesión puede ser unos días antes o después de esta fiesta de Nuestra Señora del Carmen).

El bien verdadero y el bien aparente (II)

Adan y Eva 04 04

A pesar de toda la complejidad del problema del pecado, a pesar del atractivo del mal que pueden engendrar la pasión y el vicio, no por ello la razón y la voluntad del hombre dejan de estar orientadas en lo profundo al bien verdadero y no podrían jamás estar satisfechas sin él. Por consiguiente, el bien conocido, que es propio del hombre, permanece siempre ordenado al bien real, por oculto como esté por las capas del mal.

La elección moral no se efectúa, por tanto, entre el bien y el mal tomados como cosas contrarias según la determinación de la ley, sino entre dos bienes, uno de los cuales es real y el otro, aparente. La elección moral reclama un juicio de realidad y de verdad sobre la naturaleza del bien que se presenta, mientras que el mal no puede introducirse más que por la mentira y la duplicidad. La ley interviene aquí para esclarecer a la razón sobre la naturaleza y la calidad de las cosas.

Notemos, en fin, que la afirmación de que el bien propio del hombre es el bien en tanto que conocido, no debe entenderse en un sentido subjetivo como si el bien se identificara con nuestra idea, con nuestro sentimiento, con nuestra opinión sobre el bien. Esto sería directamente contrario, para Santo Tomás, a la noción misma de verdad, que designa la realidad del ser captada en sí misma por la razón, contrario también al amor de amistad que nos inclina a amar por y en sí mismo. El sujeto humano no hace ni crea la verdad ni el bien, sino que se hace a sí mismo al abrirse a la verdad por la razón y al bien por el amor justo. La concepción subjetiva de la verdad y del bien es sin duda una de las tentaciones más sutiles y más insidiosas para la inteligencia. Encierra y ata al espíritu, frecuentemente en nombre de la razón, en un universo de puras apariencias.

Fuente: Servais (Th.) Pinckaers, Las fuentes de la moral cristiana

El bien verdadero y el bien aparente (I)

Alegoria de la virtud y el vicio 01 01 Alegoría de la virtud y el vicio

A pesar de las diferentes fuentes del conocimiento moral de las que disponemos, puede ocurrir que nuestra estimación del bien no coincida con el bien real y que incluso se oponga a él. En realidad podemos tomar como un bien lo que es malo y como un mal lo que es bueno. Las causas de este error pueden ser tan múltiples como los componentes del juicio y de la elección práctica. Son los límites de una inteligencia que puede equivocarse en sus razonamientos tanto en moral como en otras cosas a causa de los límites de su campo de visión, a causa de un defecto de atención o de penetración, por inexperiencia, incluso. Serán también las disposiciones de la voluntad y del sentimiento, pues se juzgan las cosas según la disposición en que se está: las pasiones, como la cólera, influyen a su modo en la percepción del bien y causan la precipitación y la confusión del juicio. La voluntad misma puede dejarse pervertir por un afecto excesivo como en el avaro, o por el rechazo de lo que la contraría como la envidia o el odio.

La distancia que se puede establecer así entre el bien conocido y el bien real está en el origen del pecado y puede expresarse por la distinción entre el “bien verdadero” y el “bien aparente”.
Ganar dinero y hacer fortuna cometiendo la injusticia es un bien aparente, que posee un cierto peso de realidad y ejerce un poderoso atractivo sobre el corazón del hombre; pero es un mal verdadero y mucho más real porque la injusticia corrompe el corazón sin que el dinero pueda jamás satisfacerlo. Toda la fuerza de la tentación reside precisamente en la apariencia del bien, que reverbera y cautiva el espíritu y el corazón. El peligro más grande de la acción malvada es contribuir a fortificar esta apariencia, pues se acaba por pensar como se ha obrado. La injusticia repetida deforma el juicio tanto como pervierte el querer.

Sin embargo, cualquiera que sea el pecado del hombre, siempre subsiste en el fondo de él esta inclinación natural al bien y a la verdad sin la que no podría formarse en nosotros esta apariencia de bien de la cual tiene necesidad el mal para afectarnos y engañarnos. Así, una división, una contradicción ineluctable se instala en el fondo de la voluntad pecadora entre el atractivo del bien que se halla en su naturaleza misma y el mal que hace, entre el sentido de la verdad que le viene de la razón y el juego de apariencias que la cautivan. No hay paz en ella.

Fuente: Servais (Th.) Pinckaers, Las fuentes de la moral cristiana

Sermón del P. Ezcurra sobre la Bandera (V)

Malvinas 04 05b Jura de la Bandera en Malvinas

Por eso, tenemos motivos para rezar al Señor por esta Patria y en este día de la Bandera. Pero la oración tiene que darnos fuerza para cumplir con nuestro deber en la familia, en la escuela, en el testimonio, cualquiera que sea el lugar donde Dios nos pide que demos testimonio. Digámoslo con las palabras del mismo General Belgrano: «La Patria está en peligro inminente de sucumbir. Vamos pues soldados a salvarla. Veis en mi mano la Bandera Nacional que os distingue de las demás naciones del globo. No olvidéis jamás que vuestra obra es de Dios, que Él os ha concedido esta Bandera y que nos manda que la sostengamos con el honor que le corresponde. Jurad no abandonarla. Jurad sostenerla para arrollar a nuestros enemigos. Nuestra sangre derramaremos por esta Bandera».

Y, para terminar expresando este espíritu poéticamente, digamos:
«La Bandera es ese paño que simboliza la Patria, y es el manto de la Virgen, Patrona de toda hazaña, que por eso fue creada de color azul y blanca, cuando hizo falta una enseña, justo previo a la batalla.
La que resistió al demonio en las selvas tucumanas, la que envolvió al camarada en ese último viaje, hacia las mismas entrañas de la tierra americana.
La que ha tremolado al viento sobre tantas mentes claras, defendiendo la Nación de invasores de otras playas. La que llena de crespones, mordiendo penas y lágrimas, cada 2 de Abril recuerda su gesta contemporánea.
Cuando jures la Bandera y te acerques a besarla, piensa que pones los labios en el rostro de la Patria. Será el gesto más puro, la caricia más honrada, porque al besar la Bandera, besas la Argentina amada.
Entre sus pliegues de seda se quedarán tus palabras, para que el Señor te premie si las cumples y las guardas.
Y si al fin mueres por ella, ella será tu mortaja, tu cuerpo descansará en los brazos de la Patria, porque te juro hijo mío, Argentina está completa en la enseña azul y blanca».

Como en la familia podemos decir que el hombre no separe lo que Dios ha unido, podemos decirlo también de nuestra Patria. Que nadie se atreva a separar a aquellos que están unidos desde el principio de nuestra historia: el amor de Patria en la Bandera y el amor de Dios en los colores del manto de nuestra Virgen Inmaculada.

Fuente: P. Alberto Ezcurra, Sermón en el día de la Bandera

Sermón del P. Ezcurra sobre la Bandera (IV)

Malvinas 03 04

¿Qué podemos pensar de aquellos que rechazan la vida? Dios perdona siempre, los hombres algunas veces perdonamos, pero la naturaleza no perdona nunca. Y cuando el egoísmo en una familia sin arraigo rechaza la vida, esa vida de alguna manera se venga. Y es lo que vemos en nuestros tiempos: los padres que no quieren hijos, o que no quieren hacerse responsables de sus hijos, y que después se encuentran en la vejez con que los hijos rechazan a sus padres. Y por eso nuestro tiempo, es el tiempo de las clínicas aborteras y es el tiempo de los asilos para ancianos. La vida, la naturaleza, se venga. El que ha sido egoísta con la vida que nace, se va a encontrar después con el egoísmo que rechaza a la vida que declina. Y en lugar del respeto por los ancianos, el olvido, el abandono y el desprecio.

Por eso en las naciones donde ya se ha aprobado la ley del aborto, se empieza a discutir una ley de eutanasia, para la desaparición, para la eliminación. Si miramos con un criterio materialista, con un criterio que no sea un criterio de Fe, ni siquiera un criterio íntegramente humano, sino un criterio puramente económico, por cierto hay que eliminar a los niños y a los viejos, porque ninguno de los dos produce. Esa es la mentalidad egoísta.
Pero donde se toca a la familia se crea una situación de desarraigo. Aquí desde este Altar hemos señalado también el año pasado cómo el Papa Juan Pablo II nos da un ejemplo de amor profundo a su Patria polaca, y él decía en el mensaje a los jóvenes en el Año de la Juventudcómo del amor a la familia, del arraigo de la familia, nace también el amor y nace el arraigo de la Patria. Cómo la Patria es como una prolongación de la familia, es como una familia grande, porque la Patria es mi familia y son también todas aquellas otras familias que están ligadas a la mía por lazos de historia común, de tradición, de cultura, de lengua, de Fe. Entonces cuando se afecta a la familia, cuando se hiere a la familia, se está hiriendo a la Patria en sus mismas raíces, en sus células fundamentales.

¿Qué podemos pensar de aquél que se avergüenza de sus padres, de una familia que rechaza la vida? Es negro el futuro de esa familia. Y lo mismo podemos decir: ¿qué podemos pensar de una Patria que quiere renegar de sus orígenes?
¡Pero no podrán hacerlo! Porque esto que leímos, esta referencia que hacíamos al espíritu, al alma de los próceres que hicieron la Patria, de San Martín, de Belgrano, ¡ésa es la realidad de nuestra Argentina! y estos ideólogos extranjerizantes, estos ideólogos sin patria que quieren desarraigar esto del alma de los argentinos, no podrán conseguirlo. Nuestra Patria está hecha así, nuestra Patria nació así. Esa es la realidad de nuestra Patria.

Los señores laicistas que quieren arrojar a Dios de las escuelas, desde hace más de cien años trabajan para eso, los que quieren arrancar el Crucifijo de las escuelas, tendrán también que arrancar los retratos de San Martín y los retratos de Belgrano, que son los primeros que tenían el Crucifijo y la enseñanza de la fe en las escuelas. Los que no quieren que en las escuelas se enseñe a conocer a Dios, se enseñe el Catecismo, tendrían que prohibir que en las escuelas se enseñe el Martín Fierro, la obra grande de nuestra literatura, porque en el Martín Fierro se refleja la Fe de nuestros criollos, se refleja la Fe de nuestros gauchos. Los que quieren arrancar en la reforma constitucional los tímidos rasgos o afirmaciones de catolicismo que tiene nuestra Constitución Argentina, tendrían que cambiar también los colores de nuestra Bandera, porque son los colores del manto de la Virgen, por la voluntad de su creador, el General Belgrano.

Pero si una familia que olvida sus raíces, sus orígenes, si un hijo que reniega de sus padres y de lo que ha recibido de sus padres, un hijo que se avergüenza de sus padres, tiene un negro futuro, también es negro el futuro de una nación que reniega de los orígenes y del espíritu de aquellos que la fundaron, y del espíritu con el cual la quisieron y con el cual la fundaron.

Fuente: P. Alberto Ezcurra, Sermón en el día de la Bandera

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