La vida que defienden los santos

San Juan Pablo II - Santa Teresa de Calcuta 01 01

“Con el tiempo, las amenazas contra la vida no disminuyen. Al contrario, adquieren dimensiones enormes. No se trata sólo de amenazas procedentes del exterior, de las fuerzas de la naturaleza o de los 'Caínes' que asesinan a los 'Abeles'; no, se trata de amenazas programadas de manera científica y sistemática. El siglo XX será considerado una época de ataques masivos contra la vida, una serie interminable de guerras y una destrucción permanente de vidas humanas inocentes. Los falsos profetas y los falsos maestros han logrado el mayor éxito posible. Más allá de las intenciones, que pueden ser diversas y presentar tal vez aspectos convincentes incluso en nombre de la solidaridad, estamos en realidad ante una objetiva «conjura contra la vida », que ve implicadas incluso a instituciones internacionales, dedicadas a alentar y programar auténticas campañas de difusión de la anticoncepción, la esterilización y el aborto. Finalmente, no se puede negar que los medios de comunicación social son con frecuencia cómplices de esta conjura, creando en la opinión pública una cultura que presenta el recurso a la anticoncepción, la esterilización, el aborto y la misma eutanasia como un signo de progreso y conquista de libertad, mientras muestran como enemigas de la libertad y del progreso las posiciones incondicionales a favor de la vida.
(...) María es la palabra viva de consuelo para la Iglesia en su lucha contra la muerte. Mostrándonos a su Hijo, nos asegura que las fuerzas de la muerte han sido ya derrotadas en El: «Lucharon vida y muerte en singular batalla, y, muerto el que es la Vida, triunfante se levanta»” (SS. Juan Pablo II, Evangelium Vitae)

“La amenaza más grande que sufre la paz hoy en día es el aborto, porque el aborto es hacer la guerra al niño, al niño inocente que muere a manos de su propia madre. Si aceptamos que una madre pueda matar a su propio hijo, ¿cómo podremos decir a otros que no se maten?
¿Cómo persuadir a una mujer de que no se practique un aborto? Como siempre, hay que hacerlo con amor y recordar que amar significa dar hasta que duela”. (Santa Teresa de Calcuta)

Apasionado por la vida

Ernesto Cofino 01 01 Siervo de Dios Ernesto Cofiño

Ernesto Cofiño nació el 5 de junio de 1899 en la ciudad de Guatemala, donde también cursó sus primeros estudios. En 1919 inició sus estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Sorbona (Francia) y los concluyó con honores en 1929. En 1933, contrajo matrimonio con Clemencia Samayoa. Fueron padres de cinco hijos. Se dedicó plenamente al ejercicio de su profesión con un admirable espíritu de servicio que lo llevaba, no solamente a ocuparse de la salud física de sus pacientes, sino a hacer suyos sus problemas personales.
Pionero de la investigación pediátrica en Guatemala, ocupó la Cátedra de Pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Carlos (USAC), máxima distinción de ese centro universitario. Movido por un gran sentido sobrenatural y un hondo sentido humano fomentó y defendió el derecho y el amor a la vida, promoviendo la creación de iniciativas y realizando él mismo muchas de ellas, con gran caridad, en beneficio de futuras madres, de huérfanos y de niños de la calle. Además, ofreció soluciones concretas a varios problemas públicos. Fundó asilos y centros asistenciales.

De 1951 a 1955 fue director del Centro Educativo Asistencial (antiguo Hospicio Nacional); también dirigió la Sociedad Protectora del Niño (1940-1946) y la Lucha Nacional contra la Tuberculosis (1945-1946).
Durante los años en que estuvo al frente de Caritas de Guatemala, organizó la distribución de alimentos en barrios de escasos recursos económicos. En 1956 pasó a formar parte del Opus Dei. A partir de esa fecha, intensificó su trato con Dios en la oración, en la mortificación, en la misa y comunión diarias, en la confesión frecuente y en otras prácticas de piedad.

Tenía gran devoción a la Madre de Dios y se convirtió en propagador del rezo diario del Rosario. Dedicó tiempo a estudiar y a mejorar su formación doctrinal-religiosa. Intensificó su apostolado, buscando comunicar su alegría y su generosidad a muchísimas personas. Animó a mucha gente a colaborar -con la oración y con medios económicos- en el impulso de labores de promoción humana y cristiana, en las cuales trabajaba con gran espíritu de sacrificio, dispuesto a poner en práctica la doctrina social de la Iglesia.
Colaboró heroicamente con organizaciones dedicadas a la educación y capacitación de campesinos, de obreros, de mujeres de muy escasos recursos y en la formación de la juventud universitaria. Este servicio en favor del prójimo lo siguió realizando con abnegación hasta los 92 años.
Murió de cáncer, después de una enfermedad larga y dolorosa, llevada con fortaleza y conformidad heroicas, el día 17 de octubre de 1991 en la ciudad de Guatemala.

Oración
Oh Dios Padre, fuente de todo bien, que llenaste de gracias a tu hijo Ernesto, médico, para ser fiel servidor de la vida que en Ti comienza y sólo a Ti pertenece; haz que yo sepa también respetar y promover el don de la vida y cumplir con generosidad mis deberes de cada día, por Amor a Jesucristo y a mis hermanos los hombres. Dígnate glorificar a tu siervo Ernesto y concédeme por su intercesión, el favor que te pido...
Así sea.

Fuente: cf. opusdei.org

La Comunión nos une al Corazón del Salvador

Sagrado Corazon 27 45

Si alguna vez sentimos que nuestro cuerpo se debilita, sin dilación le proporcionamos manjares sustanciosos que lo reconfortan. El manjar por excelencia que restituye las fuerzas espirituales es la Eucaristía.
Nuestra sensibilidad, tan inclinada a la sensualidad y a la pereza, tiene gran necesidad de ser vivificada por el contacto del cuerpo virginal de Cristo, que por amor nuestro sufrió los más terribles tormentos. Nuestro espíritu siempre inclinado a la soberbia, a la inconsideración, al olvido de las verdades fundamentales, a la idiotez espiritual, tiene gran necesidad de ser esclarecido por el contacto de la inteligencia soberanamente luminosa del Salvador, que es “el camino, la verdad y la vida”.

También nuestra voluntad tiene sus fallas; está falta de energías y está helada porque no tiene amor. Y ése es el principio de todas sus debilidades. ¿Quién será capaz de devolverle ese ardor, esa llama esencial para que siempre vaya hacia arriba en lugar de descender? El contacto con el Corazón Eucarístico de Jesús, ardiente horno de caridad, y con su voluntad, inconmoviblemente fija en el bien, y fuente de mérito de infinito valor. De su plenitud hemos de recibir todos, gracia tras gracia. Tal es la necesidad en que nos encontramos de esta unión con el Salvador, que es el principal efecto de la comunión.

Si viviéramos firmemente persuadidos de que la Eucaristía es el alimento esencial y siempre necesario de nuestras almas, ni un solo momento dejaríamos de sentir esa hambre espiritual,que se echa de ver en todos los santos.
Para comulgar con buenas disposiciones, pidamos a María nos haga participar del amor con que de las manos de San Juan recibía la santa comunión.

Fuente: P. Réginald Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior

La vida de los santos

Sagrado Corazon 26 44

A la lectura de los libros de doctrina espiritual hay que añadir la de las vidas de los santos, que encierran ejemplos que arrastran, siempre admirables, imitables muchas veces. Ellas nos narran lo que han realizado, al encontrarse en circunstancias a veces bien difíciles, unos hombres y mujeres que tenían la misma naturaleza que nosotros, que al principio no se vieron libres de debilidades y pecados, pero que con la gracia y la caridad supieron dominar la naturaleza, sanándola, elevándola y dándole vida.
En sus vidas se llega a comprender el verdadero sentido y el alcance del principio: "La gracia no destruye la naturaleza (en lo que tiene de bueno), sino que la perfecciona." En ellos se echa de ver, sobre todo, al fin de las vías purgativa e iluminativa, lo que supone en la vida de unión la verdadera armonía de la naturaleza y de la gracia, normal preludio de la eterna beatitud.
En estas Vidas, se ha de buscar sobre todo, aquello que hay de imitable; y en las cosas extraordinarias hemos de admirar una señal divina que se nos ofrece para sacarnos de nuestra somnolencia, y darnos a entender lo que hay de más profundo y elevado en una vida cristiana ordinaria, cuando el alma es verdaderamente dócil al Espíritu Santo.

Los dolores de los estigmatizados nos han de recordar lo que ha de ser para nosotros la Pasión del Salvador, y cómo deberíamos rezar con mayor fervor cada día, al fin de las estaciones del Vía Crucis, aquella oración: "Sancta Mater, istud agas, Crucifixi fige plagas cordi meo valide.Santa Madre de Dios, imprime fuertemente en mi corazón las llagas de tu Hijo crucificado."
La gracia extraordinaria que permitió a muchos santos, como a Santa Catalina de Siena, beber hasta saciarse en la llaga del Corazón de Jesús, nos ha de recordar lo que para nosotros debería ser la Comunión ferviente, y cómo cada una de ellas habría de ser más amorosa que la anterior, en un continuo acercamiento al Señor. Los ejemplos de los santos, su humildad, paciencia, confianza y caridad desbordante tienen más eficacia para movernos a la virtud que cualquier doctrina abstracta.

Fuente: P. Réginald Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior

Un hogar luminoso y alegre

Tomas y Francisca Alvira Siervos de Dios 01 01

Siervos de Dios Tomás y Francisca Alvira

Tomás Alvira Alvira nació en Villanueva de Gállego (Zaragoza) el 17 de enero de 1906 y falleció en Madrid el 7 de mayo de 1992. Doctor en Ciencias Químicas, Investigador del CSIC y Catedrático de Instituto en Ciencias Naturales.
Francisca Domínguez Susín nació en Borau (Huesca) el 1 de abril de 1912 y falleció en Madrid el 29 de agosto de 1994. Era Maestra.
Se casaron en Zaragoza el 16 de junio de 1939. Tuvieron nueve hijos, de los que el primero, José María, falleció a la edad de cinco años. La familia se trasladó a Madrid en noviembre de 1941, al incorporarse Tomás a su plaza de catedrático en el Instituto Ramiro de Maeztu.

Fueron ambos Supernumerarios del Opus Dei: Tomás desde el 15 de febrero de 1947 y Francisca desde el 1 de febrero de 1952. Fieles al espíritu del Opus Dei, transmitieron a sus hijos y a otras muchas personas un ejemplo de vida cristiana. Con palabras de San Josemaría Escrivá de Balaguer, hicieron de su casa “un hogar luminoso y alegre”. Se santificaron en el ejercicio heroico y perseverante de las virtudes cristianas.
La Santa Misa constituía el centro y la raíz de su vida interior. Ayudados por la gracia divina y procurando mantenerse en presencia de Dios, supieron llenar de contenido sobrenatural sus quehaceres ordinarios, familiares, profesionales y sociales. Ambos padecieron dolorosas enfermedades, que llevaron con gran sentido sobrenatural: Tomás falleció a raíz de un proceso canceroso y Francisca entregó su alma a Dios tras una enfermedad cerebral.

Oración
Dios Padre, que llenaste de gracia a tus siervos Tomás y Francisca, para que vivieran cristianamente su matrimonio y sus obligaciones profesionales y sociales, envíanos la fuerza del Amor para saber difundir en el mundo la grandeza de la fidelidad y de la santidad matrimonial. Dígnate glorificar a tus siervos y concédeme por su intercesión el favor que te pido...
Así sea.

Fuente: opusdei.org

Mostrar más artículos...

Suscríbase al Blog de ARCADEI