San Agustín: una búsqueda continua de Dios

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San Agustín había sido educado cristianamente por su madre Santa Mónica. Como consecuencia de este desvelo materno, aunque hubo unos años en que estuvo lejos de la verdadera doctrina, siempre mantuvo el recuerdo de Cristo, cuyo nombre había bebido, dice él, con la leche materna.

Cuando, al cabo de los años, vuelva a la fe católica afirmará que regresará a la religión que me había sido imbuida desde niño y que había penetrado hasta la médula de mi ser. Esa educación primera ha sido, en innumerables casos, el fundamento de la fe, a la que muchos han vuelto después de una vida quizá muy alejada del Señor.
Después de años de buscar la Verdad sin encontrarla, con la ayuda de la Gracia que su madre imploró constantemente llegó al convencimiento de que sólo en la Iglesia Católica encontraría la Verdad y la paz para su alma.

Aunque Agustín veía claro dónde estaba la Verdad, su camino no había terminado. Buscaba excusas para no dar ese paso definitivo, que para él significaba, además, una entrega radical a Dios, con la renuncia, por predilección a Cristo, de un amor humano. Dio ese paso definitivo en el verano del año 386, y nueve meses más tarde, en la noche del 24 al 25 de abril del año siguiente, durante la vigilia pascual, tuvo su encuentro para siempre con Cristo, al recibir el bautismo de manos del obispo San Ambrosio.
Nunca olvidó San Agustín aquella noche memorable. “Recibimos el Bautismo -recuerda al cabo de los años- y se disipó en nosotros la inquietud de la vida pasada. Aquellos días no me hartaba de considerar con dulzura admirable tus profundos designios sobre la salvación del género humano”. Y añade: “Cuántas lágrimas derramé oyendo los acentos de tus himnos y cánticos, que resonaban dulcemente en tu Iglesia”.
“Buscad a Dios, y vivirá vuestra alma. Salgamos a su encuentro para alcanzarle, y busquémosle después de hallarlo. Para que le busquemos, se oculta, y para que sigamos indagando, aun después de hallarle, es inmenso. Él llena los deseos según la capacidad del que investiga”.

Ésta fue la vida de San Agustín: una continua búsqueda de Dios; y ésta ha de ser la nuestra. Cuanto más le encontremos y le poseamos, mayor será nuestra capacidad para seguir creciendo en su amor.

Fiesta de Santiago Apóstol

Santiago el Mayor 01 01

El protomártir de los apóstoles, Santiago el Mayor, luz y patrón de las Españas, fue natural de Galilea, hijo de Zebedeo y de María Salomé, hermano mayor de San Juan Evangelista y primo de Jesucristo según la carne. Fueron ambos hermanos pescadores, y andando el Señor a la ribera del mar de Galilea, violes en un navío con su padre Zebedeo, remendando las redes, y los llamó, y ellos dejando al punto las redes y a su padre, le siguieron. Mudóles después el Señor su nombre y por su ardoroso celo los llamó Boanerges que quiere decir hijos del trueno.

Refiere el Evangelista san Lucas que viendo los dos hermanos Santiago y Juan que los samaritanos no querían hospedar al Señor, le dijeron: “¿Quieres que hagamos bajar fuego del Cielo que abrase a esta gente?”, mas Jesús les respondió: “No sabéis de qué espíritu sois”;dándoles a entender que Él no había venido a dar la muerte a los pecadores, sino a morir por ellos para darles la Vida Eterna.
En otra ocasión la madre de estos dos hermanos se atrevió a pedirle que en su reino hiciese que el uno de ellos se sentase a su diestra y el otro a la siniestra; mas el Señor les dijo: “No sabéis lo que pedís”; porque pedían dignidad temporal. Preguntóles si podrían beber el cáliz que Él mismo había de beber; y como respondiesen animosos que sí, el Señor les profetizó que en efecto lo beberían, y padecerían el martirio por su amor.

Después de la Ascensión de Jesucristo predicó Santiago en Jerusalén y en Samaría; y habiendo los judíos apedreado y muerto a San Esteban, y levantándose aquella gran tempestad en Jerusalén contra la Iglesia, el Santo Apóstol vino a España y convirtió algunos a la fe.
Llegado Santiago a Zaragoza, salió una noche con sus discípulos a orillas del Ebro a orar, y la Reina de los Ángeles, que aún vivía, se le apareció sobre una columna o pilar de jaspe, y le dijo: “En este mismo lugar labrarás una iglesia en mi nombre, porque desde ahora tomo esta nación debajo de mi amparo.”
Volvió después el santo Apóstol a Jerusalén donde los judíos le echaron una soga a la garganta y acudiendo los soldados le prendieron y llevaron delante del rey Herodes, el cual por dar contento al pueblo le mandó degollar.

Oración
Santifica Señor y guarda a tu pueblo para que, amparado bajo la protección del bienaventurado Apóstol Santiago, te agrade con sus virtuosas costumbres y te sirva en paz. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Acto de confianza de San Claudio de la Colombière (segunda parte)

Ninos Rezando 02 02

A nadie engañó esta confianza. Ninguno de los que han esperado en el Señor ha quedado frustrado en su esperanza.
Por tanto, estoy seguro de que seré eternamente feliz, porque firmemente espero serlo y porque de Vos ¡oh Dios mío! es de quien lo espero. En Ti esperé, Señor, y jamás seré confundido.
Bien conozco ¡ah! demasiado lo conozco, que soy frágil e inconstante; sé cuánto pueden las tentaciones contra la virtud más firme; he visto caer los astros del cielo y las columnas del firmamento; pero nada de esto puede aterrarme. Mientras mantenga firme mi esperanza, me conservaré a cubierto de todas las calamidades; y estoy seguro de esperar siempre, porque espero igualmente esta invariable esperanza.
En fin. Estoy seguro de que no puedo esperar con exceso de Vos y de que conseguiré todo lo que hubiere esperado de Vos. Así, espero que me sostendréis en las más rápidas y resbaladizas pendientes, que me fortaleceréis contra los más violentos asaltos y que haréis triunfar mi flaqueza sobre mis más formidables enemigos. Espero que me amaréis siempre y que yo os amaré sin interrupción; y para llevar de una vez toda mi esperanza tan lejos como puedo llevarla, os espero a Vos mismo de Vos mismo ¡oh Creador mío! para el tiempo y la eternidad. Así sea.

Acto de confianza de San Claudio de la Colombière (primera parte)

Meditar 06 06

Dios mío, estoy tan persuadido de que veláis sobre todos los que en Vos esperan y de que nada puede faltar a quien de Vos aguarda todas las cosas, que he resuelto vivir en adelante sin cuidado alguno, descargando sobre Vos todas mis inquietudes. Mas yo dormiré en paz y descansaré; porque Tú ¡oh señor! y sólo Tú, has asegurado mi esperanza.
Los hombres pueden despojarme de los bienes y de la reputación; las enfermedades pueden quitarme las fuerzas y los medios de serviros; yo mismo puedo perder vuestra gracia por el pecado; pero no perderé mi esperanza; la conservaré hasta el último instante de mi vida y serán inútiles todos los esfuerzos de los demonios del infierno para arrancármela. Dormiré y descansaré en paz.
Que otros esperen su felicidad en su riqueza o en sus talentos; que se apoyen en la inocencia de su vida, o sobre el rigor de su penitencia, o sobre el número de sus buenas obras, o sobre el fervor de sus oraciones. En cuanto a mí, Señor, toda mi confianza es mi confianza misma. Porque Tú, Señor, sólo Tú, has asegurado mi esperanza.
(Continuará)

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