Valor de la Gracia

Jesus y la Samaritana 05 10 Jesús y la Samaritana

¡Si conocieses el don de Dios!

El Espíritu Santo, feliz en el mutuo amor del Padre y del Hijo, no tenía ciertamente necesidad de nuestro amor. Y, con todo, para santificarnos desciende a nuestro pobre corazón y hace de él su templo, a fin de que, viviendo nosotros en santidad y en justicia, alcancemos el Cielo. He aquí nuestra herencia, he aquí nuestra recompensa sobremanera grande. Y únicamente podemos obtenerla por medio de la gracia.
¡Oh alma mía!, vales la Sangre de Dios. ¡Ah, si conocieses el don de Dios! La gracia es con toda verdad la perla preciosa, el tesoro escondido que es preciso comprar y guardar a toda costa.

He de tener, pues, en sumo aprecio la vida de la gracia; es una vida nueva, una vida que une y me hace semejante a Dios; una vida mucho más perfecta y noble que la vida natural. Como la vida intelectual es muy superior a la vida vegetativa y a la sensitiva, así la vida cristiana es infinitamente superior a la vida puramente natural. En efecto, ella supera todas las actividades y todos los méritos de las criaturas, aun de las más perfectas.
¿Quién pudo jamás soñar con el derecho de llegar a ser hijo adoptivo de Dios y con el privilegio de ver a Dios cara a cara por toda la eternidad? Debo, pues, apreciar esa vida más que todos los bienes creados, y considerarla como el tesoro escondido por cuya adquisición y posesión no debo titubear en vender todo cuanto poseo.
¿He tenido siempre este aprecio de la gracia?

Fuente: Pbro. José Zaffonato, Meditaciones para jóvenes

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