Cómo ama el Corazón de Jesús a sus amigos

Jesus 23 32

Los llama y trata como discípulos

¡Discípulos de Jesús! Ved aquí una palabra que no aparece en el Evangelio ni en la infancia ni en la adolescencia de Jesús, sino en su vida pública.

Jesús solo
Solo, fue en busca de Juan Bautista para ser por él bautizado.
Va solo al desierto en el que moró ayunando cuarenta días y cuarenta noches.
Solo va otra vez en busca del Bautista por la orilla del Jordán, cuando sale del desierto, para recibir el testimonio de su misión divina.
Y solo, vuelve a pasar al día siguiente por la misma orilla, sin detenerse a hablar con nadie (Cf. Jn 1, 35-51).
¡Cómo palpitan de amor y de misterio estos primeros pasos solitarios de la vida pública de Jesús!
¡Aquellos ciento cincuenta kilómetros que separaban a Nazaret de la orilla del Jordán, las idas y venidas del desierto, sin más compañía que la pena de dejar su casa, ¿por qué no sentirla?, y el ansia de darse a las almas!

Perdonadme una digresión: en la mañana que escribo estas páginas he consagrado sacerdote a un joven monje de la Trapa. Cuando mis dedos han ungido las palmas de sus manos, han tropezado con dos protuberancias, ¡dos callos del trabajo con el que comparten los monjes su oración y sus estudios! Y me acordé conmovido de las manos encallecidas de otro joven sacerdote, ¡del sacerdote Jesús, dejando el taller de Nazaret en busca del Jordán!

¿Cómo podría haber comenzado la vida pública?
¿Cómo y por dónde comenzará Jesús su Obra, su gran Obra de salvar al mundo por su ejemplo, su palabra, su pasión y su muerte? ¿Se dirigirá a Jerusalén, a su grandioso Templo, en una de sus Pascuas o solemnidades y ante aquellas muchedumbres de judíos que acudían de dentro de Israel y desde toda la tierra, haría oír su palabra y confirmaría con los milagros de su poder infinito su misión divina? ¿No le hubiera ahorrado tiempo y trabajo comenzar su vida pública ante aquellas muchedumbres de cientos de miles de hombres que hablaban todas las lenguas, con la transfiguración con Moisés a su derecha y Elías a su izquierda y en las alturas el Padre celestial, dando todos testimonio de Él, y con claridades de sol en su cara y blancura de nieve en sus vestiduras? ¿Quién se hubiera resistido a aquella promulgación de la ley nueva y a aquella presentación del esperado Mesías?
Ese programa tan fascinador y, al parecer humano, tan eficaz, no fue el programa de Jesús.

Cómo la comenzó
Su primera aparición la hará en las riberas casi desiertas del Jordán, entre un grupo de pescadores y penitentes pidiendo al austero Juan Bautista, vestido de pieles, que lo bautice como a uno de tantos y después desaparece para sepultarse cuarenta días en la soledad del desierto. Y cuando de él sale, ¡qué misterio tan atrayente encierra ese pasar por la misma ribera dos días consecutivos!
¿De dónde viene Jesús solo? ¿A dónde va? ¿Qué busca?
¡Su Obra!
Está comenzando su conquista del mundo. Pero no al estilo nuestro, sino al suyo, al que sigue usando en su vida de Hostia oculta y callada. ¡Conquistador, no matando ni asustando, ni deslumbrando, ni coaccionando, sino atrayendo por la humildad y el amor!

Fuente: San Manuel González, Así ama el corazón de Jesús en la Eucaristía. Versión digital de alexandriae.org

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