Oración en las aflicciones de esta vida

Beato Carlos y Emperatriz Zita 05 06 El Beato Emperador Carlos de Austria de rodillas junto a su esposa en una Misa de campaña en un momento trágico, durante el segundo intento de restauración de la monarquía en Hungría.

Altísimo Dios de cielos y tierra, Padre de bondad y misericordia infinita, humildemente me postro ante tu presencia divina, gimiendo bajo el peso de una gran tribulación.

Ya ves cuán grande es mi aflicción; he perdido lo que más estimaba en la tierra... me veo acosado por todas partes de infortunios y tribulaciones...
Creo, Dios mío, que nada sucede por acaso en este mundo, sino que todo viene regulado y dispuesto por tu benévola Providencia. Creo que todos estos golpes, por dolorosos que sean, vienen todos dirigidos desde lo alto para mi bien, o para que abra los ojos y ordene mi vida, o que me purifique de mis culpas pasadas en este purgatorio lento, o para que mejor te ayude en la obra de la Redención realizada por tu Hijo con el derramamiento de su Sangre, o para que sobrellevando esta prueba como venida de tu mano me labre una corona de gloria inmortal.
Justo será, pues, que me resigne: Tú solo conoces lo que más me conviene, yo no. Siendo Tú, por otra parte, omnipotente, y amándome con un cariño infinitamente más delicado que el de la madre más amorosa, no dudo que esta adversidad es lo que en este momento más me conviene.
Así lo creo, Señor, y por más que la naturaleza lo sienta y apetezca lo que quizás no le conviene, me someto decididamente a tu santísima voluntad. Por dura y pesada que ahora me parezca, beso y bendigo tu Mano paternal, no menos justa cuando castiga que cuando premia, no menos amorosa cuando atribula que cuando halaga, no menos sabia cuando permite que cuando manda, no menos solícita de mi bien cuando me abate que cuando me levanta. ¡Cuántos que con la prosperidad se perdieron, se salvaron en la adversidad! Hágase, pues, Señor, en mí según tu santa voluntad. Amén.

Fuente: P. Ramiro Sáenz, Solo Dios basta

Santidad conyugal - Matrimonio Casesnoves

Manuel y Adela Casesnoves 01 01 Siervos de Dios Manuel y Adela Casesnoves

El Siervo de Dios Manuel Casesnoves nació en Játiva, España, el 30 de junio de 1904. La Sierva de Dios Adela Soldevila nació también en esta ciudad el 5 de mayo de 1906. Manuel y Adela, eran vecinos y amigos, ya que desde niños iban al mismo colegio. Los dos ingresan al Bachiller en el Instituto de Játiva. La amistad entre Manuel y Adela fue creciendo y su amistad desembocó en noviazgo y posterior boda.

“Amar a Dios sobre todas las cosas” fue, desde el día de su boda, el lema de esta nueva familia cristiana, coronada con nueve hijos. Una familia donde el amor a Cristo fue el plato principal de la comida diaria. Cristo es el centro de sus vidas, el invitado principal y el amo de su casa.

En los tiempos difíciles de la persecución religiosa en España (años 1934-1939), el matrimonio sufrió al ver cómo martirizaban a muchos de sus amigos por el mero hecho de ser sacerdotes o seglares católicos. Manuel figuró en la lista de los sospechosos y a punto estuvo de morir como mártir de la fe. Providencialmente la noche en que iban a por el Siervo de Dios, en ese momento farmacéutico, uno de sus trabajadores que se enteró fue al Comité y les dijo sin contemplaciones y bien claro: “Don Manuel y doña Adela hacen mucho por los pobres y por sus trabajadores. Lo que queréis hacer es una barbaridad y estáis cometiendo un gravísimo error, por el que se os pedirá cuenta algún día”.
Le confiscaron la farmacia, desde donde ayudaba a los pobres y necesitados, y también todas sus fincas. Sin embargo, pese a la falta de medios, sacaron adelante la familia con sencillez, entereza y humildad, dando ejemplo de vida cristiana.

Terminada la Guerra Civil, Manuel y Adela tenían una enorme misión por delante: curar heridas, sembrar paz y crear un ambiente religioso por todas partes. Se iniciaba una larga temporada de escasez, no había dinero, los recursos eran muy escasos y resultaba casi imposible lograr lo necesario. El matrimonio ayudó a muchas personas a superar la dura situación de la postguerra y vivieron comprometidos con los distintos movimientos de la Iglesia: Acción Católica, Asociación Católica de Propagandistas, Adoración Nocturna, Cuarenta Horas, Cáritas, Conferencia de San Vicente. A la farmacia acudían todos a pedir medicinas y la caridad de este hombre de Dios era tan abundante que a muchísimas personas que no podían pagar les daba igualmente todo lo que necesitaban.
Manuel falleció el día 24 de mayo de 1958, festividad de María Auxiliadora, a quien él profesaba gran devoción, hasta el punto que todos los meses le rezaba la novena, y Adela el 3 de marzo de 1988.

Fuente: cf. acdp.es

Esposa y madre ejemplar

Amparo Portilla 01 01 La Sierva de Dios Amparo Portilla junto a su esposo y sus 11 hijos

Amparo Portilla nació en Valencia el 26 de mayo de 1925, siendo la mayor de cuatro hermanos. A la edad de 12 años, la muerte de su padre en la guerra civil le hace madurar anticipadamente y aceptar la vida austera que dicha pérdida supuso.

Estudió bachillerato en el colegio del Sagrado Corazón de Godella (Valencia), donde el 25 de Mayo de 1943 le fue impuesta la medalla de Hija de María, eligiendo como lema “Aparta Madre de mí, lo que me aparte de Ti”, al que fue delicadamente fiel durante toda su vida. Siempre mantuvo gran cariño y relación con las Religiosas a quienes estaba muy agradecida por el afecto y formación que le habían dado. También tenía gran devoción por el mes de María.
Amparo estudió Magisterio y Puericultura. Participó e impulsó la catequesis en su Parroquia.

Se fue a vivir a Madrid en 1950 tras casarse con Federico Romero. Fue un matrimonio enamorado y feliz del que nacieron once hijos, más la prueba de haber perdido Amparo tres embarazos. Dedicada a su familia, madre cariñosa, paciente y abnegada, trabajadora infatigable, siempre alegre y generosa, dando a los demás permanente ejemplo de vida cristiana. Diariamente agradecía al Señor los dones cotidianos que decía no merecer y ofrecía las adversidades por quienes estaban en peor situación.
Siempre preocupada y volcada hacia las necesidades de los demás, con especial amor por los más desprotegidos, pobres, enfermos o apartados de Dios, a los que, sin aceptar el pecado, defendía como personas, resaltando sus cualidades y disculpando los defectos. Nunca tuvo rencor a nadie, aunque le hubieran perjudicado en algo, sino que perdonaba y se esmeraba con ellos dándoles más cariño.

En febrero de 1994 aceptó con serenidad cristiana el diagnóstico de su cáncer de pulmón, considerando su enfermedad como instrumento de acercamiento al Señor para ella y para todos los que estaban a su alrededor. Luchó contra su enfermedad, diciendo que había generado una explosión de cariño en todos los que le rodeaban, familia y amigos. No dejó de interesarse por los problemas de los demás. Soportó y ofreció con alegría las numerosas intervenciones médicas que se le practicaron, sin queja alguna, animando y dando cariño a los que le trataban, a su familia y conocidos.
Falleció en su casa, en Madrid, la madrugada del 10 de mayo de 1996, mirando en sus últimos días una imagen de la Virgen de los Desamparados, dejando en todos los que la conocieron la huella de su profunda y auténtica vida cristiana.

Fuente: cf. amparoportilla.org

La esposa del Beato Carlos de Austria camino a los altares

Beato Carlos y Emperatriz Zita 04 05 La Sierva de Dios Zita junto a su esposo el Beato Carlos de Austria

Zita de Borbón Parma nació el 9 de mayo de 1892 en Villa delle Pianore, Italia. Ella es la decimoséptima hija de Roberto I de Parma y su esposa María Antonia de Braganza, hija del rey Miguel I, el último rey de Portugal, que perderá su trono y se instalará en Austria.

Zita se casa con el archiduque Carlos, sobrino del emperador Francisco José, el 21 de octubre de 1911. El 20 de noviembre de 1912, da a luz a Otto, el primero de sus ocho hijos. El 28 de junio de 1914, Carlos y Zita se enteran con dolor del asesinato del príncipe heredero y de su esposa en Sarajevo, de manos de un nacionalista serbio. El archiduque Carlos se convierte en general del ejército austriaco y es enviado al Tirol. Zita y sus hijos se instalan en el Palacio de Schönbrunn. A veces, acompaña a su esposo al frente, especialmente en el frente rumano, donde pasa horas con los heridos.
Francisco José intenta una manera de restablecer la paz, pero sus consejeros y el espíritu del pueblo, influenciado por la propaganda alemana, se oponen a ello. Seguía trabajando con ese propósito cuando expira, a la edad de ochenta y seis años, el 21 de noviembre de 1916. Carlos se convierte entonces en emperador. La cabeza de Zita recibe la corona de las reinas de Hungría; luego, tras ser ceñido su esposo con la corona de san Esteban, primer rey de Hungría, el arzobispo primado se la pone a ella sobre el hombro derecho y dice: « Recibe la corona de la soberanía, para que sepas que eres la esposa del rey y que siempre debes cuidar al pueblo de Dios. Cuanto más alto te encuentres, más humilde debes ser y más debes permanecer en Jesucristo ».

En octubre de 1918 una revolución de inspiración comunista estalla en Budapest, y el imperio se fragmenta rápidamente. Exilian entonces a la familia a la isla de Madeira (Portugal), donde se instalan el 19 de noviembre de 1921. El clima invernal es frío y húmedo. El 9 de marzo de 1922, el emperador sufre una congestión pulmonar, muriendo el 1 de abril. Zita se queda viuda a la edad de 30 años, con siete hijos, y su octava, Elisabeth nacerá dos meses después. Zita vestirá de luto toda su vida.
El 13 de mayo de ese año, aniversario de la primera aparición de la Virgen en Fátima, Zita consagra su familia al Corazón Inmaculado de María, antes de abandonar Madeira hacia España. En 1962, cuando todos sus hijos estaban establecidos y en su mayoría casados, se establece en Zizers, en el cantón suizo de los Grisones. Tras levantarse a las cinco de la mañana, la emperatriz asiste cada día a varias Misas, medita sobre la Pasión de Jesús y reza asiduamente el Rosario. Finalmente puede regresar a Austria en 1982, cuando las autoridades austríacas finalmente acuerdan que la emperatriz como esposa no se ve afectada por las leyes del exilio que golpean a los Habsburgo. Después de sesenta y tres años de exilio, representa una de sus mayores alegrías. El 13 de noviembre, más de 20.000 personas asisten a la Misa celebrada en su presencia en la catedral de San Esteban de Viena.
Su salud se deteriora, pierde la vista y sus últimos meses son particularmente dolorosos debido a la neumonía. Sus allegados dan testimonio de su enorme paciencia, a la espera serena de la muerte que le permitirá reencontrarse con su esposo. Tras fallecer el 14 de marzo de 1989, a la edad de 96 años, es inhumada en la cripta de los Capuchinos de Viena. Su corazón reposa junto al de su esposo en la abadía de Muri, en la diócesis de Basilea.

Oración
Dios Padre, que redimiste al mundo por el anonadamiento de tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, que siendo Rey se hizo servidor y dio su vida por una multitud, por eso Tú lo exaltaste. Dígnate ahora conceder a tu Sierva Zita, emperatriz y reina, la gracia de ser elevada al honor de los altares. En ella nos das un ejemplo admirable de fe y esperanza ante las pruebas, así como una confianza inquebrantable en Tu divina Providencia. Te pedimos que junto a su esposo, el Beato Carlos de Austria, Zita se convierta en ejemplo de amor y fidelidad conyugal para los matrimonios de hoy; para las madres de familia, en modelo de educación cristiana, y para todos, en ejemplo de servicio y amor al prójimo. Por su intercesión, escucha nuestra oración (se pide la gracia). Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor. Amén.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Fuente: cf. associationimperatricezita.com

Jóvenes ejemplares (VI)

Antonio Rivera 01 01b Siervo de Dios Antonio Rivera, "el ángel del Alcázar"

Antonio Rivera nació el 27 de febrero de 1916 en Riaguas de San Bartolomé (España) y fue el segundo de cuatro hermanos.

En el año 1932, al establecer el prelado de Toledo la Juventud de Acción Católica en la ciudad, Antonio colaboró con los primeros jóvenes como directivo. A fines de 1933 se constituye en Toledo la Unión Diocesana de Jóvenes de A.C. y Antonio es nombrado Presidente. Contaba con 17 años. Con este motivo comienza la época de su plenitud apostólica al servicio de la A.C. y se consagra por completo al apostolado de los jóvenes. De 1933 a 1936, a pesar del ambiente sumamente hostil de la II República, fundó 30 centros de jóvenes de A.C. con más de 3.000 socios en toda la Diócesis. La fuerza que transmitía Antonio con sus intervenciones, fruto de su amor por Cristo y la Iglesia, prendaba a quienes lo escuchaban y les transmitía ardor apostólico.

En marzo de 1936 Antonio hace sus últimos Ejercicios Espirituales. En ellos se consolida, se fortalece interiormente y encuentra la principal fuerza para afrontar la última y definitiva etapa de su vida. En el mes de julio marcha al Alcázar de Toledo, bastión patriota y católico, que pronto quedó cercado por las tropas comunistas. Una vez allí, desde los primeros momentos vivió su nueva realidad como una misión apostólica con todos, a quienes exhortaba a tener las cuentas arregladas con Dios ante la muerte, ofreciéndose para realizar los servicios más difíciles y arriesgados. Con los Jóvenes de A.C. (más de treinta estaban con él en el Alcázar) formó un "Centro de Vanguardia", celebrando reuniones, círculos y actos de piedad en común. Se llegó a tener meditación colectiva diaria, además de otros actos generales como el rosario o la Salve cantada en la Capilla del Alcázar.
Continuamente se le veía rezar y ayudar a los presentes a encontrarse con Dios, lo cual le valió el apodo de "el ángel del Alcázar". El 11 de septiembre pudo comulgar en la única Misa que se celebró durante el asedio; Antonio había entrado en plena etapa de purificación.
Por las reflexiones que dejó escritas en esos días, se aprecia toda la intensidad de su agotamiento físico y de su dolor moral ante la dura prueba que tiene que soportar. Pero se sobrepone a todo con espíritu sobrenatural, claramente heroico: "Los santos pasaron por trances durísimos y te vas a desanimar tú ya... ¡todo lo puedo en aquel que me conforta!".

El 18 de septiembre, después de haber hecho explosión la más potente mina, que hiciera volar buena parte del Alcázar, una granada de mano arrojada desde el piso superior le desgajó el brazo izquierdo. Sin desvanecerse fue llevado a la enfermería, donde pidió que atendieran a otros antes que a él. Fue necesario amputarle el brazo izquierdo. Conservando admirablemente la calma y el buen humor, dice al médico: "No se preocupe usted; corte tranquilo, ¡si hasta es el izquierdo! ¡Yo no quiero nada con las izquierdas!"

Al liberarse el Alcázar pudo volver a su casa en estado gravísimo. Decía: "Estoy muy contento. Ahora puedo decir como Jesucristo: no hay parte de mi cuerpo que no me duela".
Recibe la comunión a diario y le repite al Señor "yo no puedo, pero Tú sí puedes". El 20 de noviembre de 1936 entregó su alma a Dios. A partir de su muerte los reconocimientos a su obra fueron constantes; además de numerosos homenajes, de la publicación de varias biografías y de la dedicatoria de diversas instituciones con su nombre, su estatua figura entre los representantes de la España cristiana que se encuentran a los pies de la imagen del Sagrado Corazón en el Cerro de los Ángeles.

Fuente: cf. accioncatolicatoledo.es

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