La luz del cristiano no puede quedar escondida

Venerable Carlo Acutis 02 02 Venerable Carlo Acutis

El cristiano fervoroso ha de preocuparse del bien de los demás.

Todos podemos ayudar a nuestro prójimo, si cada cual cumple con lo suyo.
Si el fermento mezclado con la harina no transforma toda la masa, ¿es verdaderamente fermento? Si la esencia no perfuma, ¿merece el nombre de esencia?
Y no vale decir: “No puedo convertir a los demás”; si eres cristiano de verdad, esto es inadmisible, ya que es algo que radica en la misma naturaleza del ser cristiano, y las propiedades naturales no pueden negarse.

No hagas injuria a Dios. Si dijeras que el sol no puede alumbrar, harías injuria al sol. Si dijeras que el cristiano no puede ser de provecho para los demás, haces injuria a Dios, porque lo tildas de mentiroso. Es más fácil que el sol no caliente y no alumbre, que no que deje de dar luz un cristiano; más fácil que esto sería que la luz fuese tinieblas.
No digas entonces que es cosa imposible; lo contrario es lo imposible. No hagas injuria a Dios. Si ponemos en orden nuestra propia conducta, todo lo demás que hemos dicho se seguirá por consecuencia natural. La luz del cristiano no puede quedar escondida; una lámpara tan resplandeciente no puede ocultarse.

Fuente: de las Homilías de san Juan Crisóstomo. Liturgia de las Horas.

Jóvenes ejemplares (III)

Beata Josefina Suriano 01 01 Beata Josefina Suriano

Josefina Suriano nació el 18 de febrero de 1915 en Partinico, centro agrícola de la provincia italiana de Palermo, arquidiócesis de Monreale. El 6 de mayo de 1915 Josefina fue bautizada en la entonces única iglesia parroquial de la Santísima Virgen de la Anunciación (o Annunziata). A los dos años de edad, cuando por primera vez descubrió a Jesús crucificado, se vio que comprendía el significado de aquel símbolo. Su serenidad de espíritu la llevó a demostrar inclinación hacia las cosas simples de la vida, que giraban en torno al sentido religioso que tuvo desde entonces y que a lo largo de su vida ocupará el primer lugar entre sus intereses.

Viviendo en la gran casa de sus abuelos y rodeada del afecto de sus parientes, recibió de todos ellos la primera educación moral y religiosa que, desde los cuatro años, fue confiada a las Hermanas “Collegine de San Antonio”. En 1922 recibió los sacramentos de la penitencia, primera comunión y confirmación. En el mismo año ingresó en la Acción Católica siendo primero “benjamina”, después aspirante y finalmente joven de la A.C.

A los doce años Josefina empezó a participar con profundo espíritu eclesial en la vida parroquial y diocesana, tomando parte activa en todas las iniciativas de la A.C. El centro de sus actividades fue la parroquia, donde con total disponibilidad cooperaba con el párroco. De 1939 a 1948 fue secretaria de la A.C. y de 1945 a 1948, si bien era parte del grupo de las mujeres, fue nombrada presidenta de las jóvenes por pedido de las mismas. En 1948 fundó la Asociación de las Hijas de María y fue su presidenta hasta la muerte. El voto de castidad que hizo Josefina el 29 de abril de 1932 en la capilla de las Hijas de la Misericordia y de la Cruz, que era la sede social de la juventud femenina de la A.C., demuestra que su compromiso religioso surgía de una opción de vida. Las palabras que pronunció y escribió en su diario aquel día son las siguientes: “En este día solemne, Jesús mío, yo quiero unirme más a Ti y prometo ser cada vez más pura y más casta para ser una azucena digna de tu jardín”.

Intentó varias veces entrar en la vida religiosa, pero se encontró con dificultades insuperables. Y mientras rezaba esperando obtener la bendición de sus padres para entrar en la vida religiosa, seguía participando con espíritu eclesial en la vida de la parroquia y de la diócesis, como socia y responsable de la A.C. y como presidenta de la Pía Unión de las Hijas de María. Viendo que no podía ingresar en la vida religiosa, Josefina quiso dar al Señor la última prueba de su inmenso amor y el 30 de mayo de 1948, junto con otras tres compañeras, se ofreció como víctima por la santidad de los sacerdotes. Fue verdaderamente llamativa la coincidencia entre el acto de su ofrenda como víctima y el comienzo de una forma de artritis reumática tan fuerte que le dejaría un defecto cardíaco que luego la llevará a la muerte. Hasta el último momento siguió dando un ejemplo sublime de perfección. Murió improvisamente de un infarto el 19 de mayo de 1950 y fue beatificada el 5 de septiembre de 2004.

Fuente: cf. aciprensa.com

Los primeros esposos beatificados juntos (II)

Beltrame Quattrocchi - Corsini 03 03 Beatos Luis y María Beltrame Quattrocchi

Queridos esposos, como todo camino de santificación, también el vuestro es difícil. Cada día afrontáis dificultades y pruebas para ser fieles a vuestra vocación, para cultivar la armonía conyugal y familiar, para cumplir vuestra misión de padres y para participar en la vida social. Buscad en la palabra de Dios la respuesta a los numerosos interrogantes que la vida diaria os plantea. San Pablo, nos ha recordado que “toda Escritura inspirada por Dios es también útil para enseñar, para reprender, para corregir y para educar en la virtud” (2 Tm 3, 16). Sostenidos por la fuerza de estas palabras, juntos podréis insistir con vuestros hijos “a tiempo y a destiempo”,reprendiéndolos y exhortándolos “con toda comprensión y pedagogía” (2 Tm 4, 2).

La vida matrimonial y familiar puede atravesar también momentos de desconcierto.Sabemos cuántas familias sienten en estos casos la tentación del desaliento. Pienso, en particular, en los que viven el drama de la separación; pienso en los que deben afrontar la enfermedad y en los que sufren la muerte prematura del cónyuge o de un hijo. También en estas situaciones se puede dar un gran testimonio de fidelidad en el amor, que llega a ser más significativo aún gracias a la purificación en el crisol del dolor.

Encomiendo a todas las familias probadas a la providente mano de Dios y a la protección amorosa de María, modelo sublime de esposa y madre, que conoció bien el sufrimiento y la dificultad de seguir a Cristo hasta el pie de la cruz. Amadísimos esposos, que jamás os venza el desaliento: la gracia del sacramento os sostiene y ayuda a elevar continuamente los brazos al cielo, como Moisés (cf. Ex 17, 11-12). La Iglesia os acompaña y ayuda con su oración, sobre todo en los momentos de dificultad.
Al mismo tiempo, pido a todas las familias que a su vez sostengan los brazos de la Iglesia, para que no falte jamás a su misión de interceder, consolar, guiar y alentar. Cada día ruego al Señor para que ayude a las numerosas familias heridas por la miseria y la injusticia, y acreciente la civilización del amor.

Queridos hermanos, la Iglesia confía en vosotros para afrontar los desafíos que se le plantean en este nuevo milenio. Entre los caminos de su misión, «la familia es el primero y el más importante» (Carta a las familias, 2); la Iglesia cuenta con ella, llamándola a ser «un verdadero sujeto de evangelización y de apostolado» (ib., 16).
Estoy seguro de que estaréis a la altura de la tarea que os aguarda, en todo lugar y en toda circunstancia. Queridos esposos, os animo a desempeñar plenamente vuestro papel y vuestras responsabilidades.
Que el Espíritu Santo, que colmó el corazón de María para que, en la plenitud de los tiempos, concibiera al Verbo de la vida y lo acogiera juntamente con su esposo José, os sostenga y fortalezca. Que colme vuestro corazón de alegría y paz, para que alabéis cada día al Padre celestial, de quien viene toda gracia y bendición.

Fuente: SS. Juan Pablo II, Homilía del domingo 21 de octubre de 2001

Los primeros esposos beatificados juntos (I)

Beltrame Quattrocchi - Corsini 02 02 Tapiz de la beatificación del matrimonio Beltrame, 21 de octubre de 2001

Amadísimas familias, hoy nos hemos dado cita para la beatificación de dos esposos: Luis y María Beltrame Quattrocchi. Dos esposos que vivieron en Roma en la primera mitad del siglo XX, un siglo durante el cual la fe en Cristo fue sometida a dura a prueba. También en aquellos años difíciles los esposos Luis y María mantuvieron encendida la lámpara de la fe -lumen Christi- y la transmitieron a sus cuatro hijos, tres de los cuales están presentes hoy en esta basílica.

Queridos hermanos, vuestra madre escribió estas palabras sobre vosotros: “Los educábamos en la fe, para que conocieran a Dios y lo amaran”. Pero vuestros padres también transmitieron esa llama viva a sus amigos, a sus conocidos y a sus compañeros. Y ahora, desde el cielo, la donan a toda la Iglesia.

Estos esposos vivieron, a la luz del Evangelio y con gran intensidad humana, el amor conyugal y el servicio a la vida. Cumplieron con plena responsabilidad la tarea de colaborar con Dios en la procreación, entregándose generosamente a sus hijos para educarlos, guiarlos y orientarlos al descubrimiento de su designio de amor. En este terreno espiritual tan fértil surgieron vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, que demuestran cómo el matrimonio y la virginidad, a partir de sus raíces comunes en el amor esponsal del Señor, están íntimamente unidos y se iluminan recíprocamente.

Los beatos esposos, inspirándose en la palabra de Dios y en el testimonio de los santos, vivieron una vida ordinaria de modo extraordinario. En medio de las alegrías y las preocupaciones de una familia normal, supieron llevar una existencia extraordinariamente rica en espiritualidad. En el centro, la Eucaristía diaria, a la que se añadían la devoción filial a la Virgen María, invocada con el rosario que rezaban todos los días por la tarde, y la referencia a sabios consejeros espirituales. Así supieron acompañar a sus hijos en el discernimiento vocacional.
En su vida, como en la de tantos otros matrimonios que cumplen cada día sus obligaciones de padres, se puede contemplar la manifestación sacramental del amor de Cristo a la Iglesia.

Queridas familias, hoy tenemos una singular confirmación de que el camino de santidad recorrido juntos, como matrimonio, es posible, hermoso y extraordinariamente fecundo, y es fundamental para el bien de la familia, de la Iglesia y de la sociedad.
Esto impulsa a invocar al Señor, para que sean cada vez más numerosos los matrimonios capaces de reflejar, con la santidad de su vida, el misterio grande del amor conyugal, que tiene su origen en la creación y se realiza en la unión de Cristo con la Iglesia (cf. Ef 5, 22-33).


Fuente: SS. Juan Pablo II, Homilía del domingo 21 de octubre de 2001

Jóvenes ejemplares (I)

Salvo D Acquisto 01 01 Siervo de Dios Salvo D'Acquisto

Salvo D'Acquisto, nacido en Nápoles el 17 de octubre de 1920, primero de cinco hijos, crecido en un sano ambiente familiar. Entró pronto en contacto con el espíritu salesiano, frecuentando el jardín de infantes de las Hijas de María Auxiliadora y cursando en el Instituto Salesiano el 4º grado de primaria y el primer año de curso básico.

Entró como voluntario en el servicio militar el 15 de agosto de 1939. Un año después, el 23 de noviembre, desembarcó con la 608ª Sección de Carabineros en Trípoli. Salvo se distingue pronto por la fidelidad al deber, el respeto a las personas y la necesidad innata -escribe el general Caruso, su primer biógrafo- de ayudar a los demás, integrando los primeros sentimientos de adoración a Dios y de afecto hacia el prójimo, con las cualidades tradicionales del soldado: el amor a la patria, la valentía, el espíritu de sacrificio, el sentimiento del deber.

En noviembre de 1940 parte como voluntario para la Cirenaica y queda allí hasta 1942 sintiendo, como anotaba su madre, brotar el grande sacrificio de inmolarse para la salvación de los demás. Es el ideal de su vida. Él mismo lo escribía a la madre: “Hay que resignarse a la voluntad de Dios al precio de cualquier dolor y de cualquier sacrificio”.
De regreso a Italia, se desempeñó como agregado en la Escuela Central de Carabineros civiles de Florencia para recibir un curso acelerado y poder ser promovido a vice-sargento. Una semana después de obtener dicho grado fue destinado a la estación de Torrimpietra.

Pocos días después del 8 de septiembre de 1943, una delegación alemana de la SS se instaló en un cuartel, en los alrededores. En dicho cuartel, la tarde del 22 de septiembre, algunos soldados alemanes, rebuscando en una caja, provocaron el estallido de una granada: uno de los militares resultó muerto y los otros dos quedaron gravemente heridos. Sin embargo, los alemanes atribuyeron el hecho, totalmente fortuito, a un atentado de los partisanos italianos. La mañana siguiente, el comandante de la delegación alemana se dirigió a la estación de Torrimpietra para buscar al comandante italiano. En ausencia del Mariscal titular de la estación, encontró al vice-sargento D'Acquisto a quien ordenó localizar a los responsables del atentado. El joven suboficial intentó en vano hacerlo razonar y de convencerlo de que sólo se trató de un trágico accidente.
El oficial alemán, inamovible en su punto, decidió llevar a cabo una represalia ejemplar. Poco después Torrimpietra fue cercada y fueron arrestados 22 ciudadanos, llevándolos en un camión a los pies de la Torre de Palidoro. El vice-sargento Salvo D'Acquisto, tomando conciencia del crimen irreparable que estaba por presenciar, se dirigió por segunda vez al comandante de la delegación de la SS para intentar hacerlo comprender cuál había sido la verdad de los hechos, sin obtener ningún resultado positivo. Ante las protestas del joven suboficial, el oficial nazi reaccionó con irrazonable crueldad, pues obligó a los rehenes a cavar un foso común, para lo cual algunos utilizaron sus manos desnudas. Al ser testigo de semejante crueldad, Salvo D'Acquisto se acusó como responsable del atentado y pidió que los rehenes fueran liberados. Inmediatamente después de la liberación de los rehenes, el vice-sargento cayó rostro en tierra en el foso por los golpes del pelotón de ejecución. Tenía sólo veintitrés años.

En memoria del vice-sargento Salvo D'Acquisto, el lugarteniente General del Reino, con Decreto de Motu Proprio del 25 de febrero de 1945, le otorgó la medalla de oro al valor militar. Como ciudadano ha honrado al Estado, sirviéndolo escrupulosamente y con dedicación en el Arma de los Carabineros. Como cristiano llegó al acto heroico de ofrecer su vida para salvar muchas otras vidas.

Fuente: cf. boletinsalesiano.info

Mostrar más artículos...

Suscríbase al Blog de ARCADEI