El Beato Pier Giorgio y la devoción a la Virgen (II)

Beato Pier Giorgio Frassati 08 08

Un sacerdote recuerda: "Jamás se podría olvidar el haber visto rezar a aquel joven. Se fijaba en la Virgen y parecía devorarla con los ojos".

En sus excursiones a la montaña de esta zona, no dejaba de refugiarse junto a la Virgen. Un compañero de una de estas salidas, que no era católico militante, evoca este recuerdo:
“Regresando con algunos compañeros de una excursión por «sus montañas» pasamos por el santuario de Oropa. Ni bien llegamos nos sentamos en un café. Nos contamos, todos estaban presentes, salvo Pier Giorgio. Había desaparecido sin decir palabra. Al instante cada cual fue en busca de él y le hallamos al fin en el antiguo santuario orando... A nadie le avisó, obró como siempre, sin ostentación, pero también sin respeto humano, del modo más sencillo. Por supuesto que se cuidó bien de hacernos notar nuestra indiferencia, pero ¡cuánto más elocuentes que una reprimenda o una exhortación fueron su silencio y su ejemplo!”

Era un admirador del Dante, lo leía con asiduidad y gusto. Se había copiado el canto que el poeta le dedica en el Paraíso a la Virgen María, lo había aprendido de memoria, y lo recitaba muchas veces, en cualquier lugar... en su casa, en el campo, en la montaña, y hasta en el tren, en las excursiones con sus compañeros:
"¡Oh Virgen Madre, oh Hija de tu Hijo,
alta y humilde más que otra criatura,
término fijo de eterno decreto!"
Dante, La divina comedia, El Paraíso, canto XXXIII

Fuente: P. Diego Cano IVE, Escalada al cielo, biografía de Pier Giorgio Frassati

El Beato Pier Giorgio y la devoción a la Virgen (I)

Beato Pier Giorgio Frassati 07 07

Para Pier Giorgio, la devoción a la Virgen fue: dulzura y fortaleza. En ella encontraba el consuelo en las horas amargas, en las dificultades; y Ella era quien le infundía valor y fuerzas para los combates cotidianos. Esta devoción, tierna y viril a la vez, la concebía sin amaneramiento ni exageraciones. Consistía principalmente en el rezo del Santo Rosario y la visita a los santuarios más amados por la piedad de los católicos.

Entre estos santuarios más amados por Pier Giorgio, se encuentra en principalísimo lugar el de Nuestra Señora de Oropa, en el Piamonte. Situado a una altura de 1.180 metros, en la mitad del monte Mucrone, en una gran explanada que domina la montaña. Desde pequeño asistía frecuentemente a este santuario en compañía de sus padres o de sus amigos. Siendo ya mayor, cuando iba solo, le gustaba mucho recorrer caminando los ocho kilómetros que separaban la casa de campo, desde Pollone hasta el Santuario. Salía de su casa cantando alguna canción a la Virgen, y llegaba a la iglesia rezando el Rosario. Después entraba en la iglesia, donde se confesaba y comulgaba.

Pollone, el lugar de veraneo en la casa de los abuelos maternos, era muy grato a Pier Giorgio, sobre todo por la cercanía al Santuario, y porque ese tiempo le permitía cumplir con esta tierna devoción, que durante el año era más difícil llevar a cabo con tanta fruición. En ese oasis de paz de Pollone podía dedicarse mejor al estudio. Pero a la vez, disfrutaba el poder honrar todos los días a la Virgen en su Santuario. Con el fin de no ser regañado por sus familiares, cumplía con todas sus devociones muy temprano, antes que se levantara del resto de la familia.

Para poder estudiar y a la vez ir frecuentemente a honrar a la Virgen sin faltar a sus deberes, de acuerdo con su jardinero, había planeado una estrategia muy original. Los motivos eran dos: no robar tiempo al estudio en las horas del día, y no molestar a los familiares con sus salidas a la madrugada.
El jardinero lo despertaba al alba jalando una cuerda que colgaba por la ventana hasta el jardín, y que estaba atada a la mesa de luz de Pier Giorgio. Cuando el jardinero llegaba a la casa, bien temprano, tiraba de la cuerda, y Pier Giorgio se levantaba rápido de la cama. Se vestía a toda prisa, y salía de la casa por una puerta secundaria, y recorría a pie los ocho kilómetros hacia el Santuario. Allí escuchaba la Misa, comulgaba, y luego regresaba a la casa. A las ocho estaba puntualmente sentado a la mesa para desayunar, para proseguir luego con el estudio.
Los familiares -poco religiosos- se alegraban, convencidos de que se trataban de bellos paseos matutinos para despejarse y poder aplicarse después, con mayor provecho, al estudio. En realidad se trataban de verdaderas peregrinaciones eucarísticas y marianas.

Fuente: P. Diego Cano IVE, Escalada al cielo, biografía de Pier Giorgio Frassati

Promesas de la Santísima Virgen a los que rezan el Rosario

Santo Rosario 01 02

Cuenta la tradición que, en la segunda mitad del siglo XV la Virgen María se apareció al Beato dominico Alano de la Rupe, quien escribió el famoso libro De Dignitate Psalterii (De la dignidad del Salterio de María), en el cual relata cómo la Virgen pide a Santo Domingo de Guzmán que propague el rezo del Santo Rosario.

Según el Beato Alano, estas son las promesas de Nuestra Señora para quienes rezan frecuentemente y con devoción la oración mariana:
1. Aquellos que recen con enorme fe el Rosario recibirán gracias especiales.
2. Prometo mi protección y las gracias más grandes a aquellos que recen el Rosario.
3. El Rosario será la defensa más poderosa contra las fuerzas del infierno. Se destruirá el vicio, se disminuirá el pecado y se vencerá a todas las herejías.
4. Por el rezo del Santo Rosario florecerán las virtudes y también las buenas obras. Las almas obtendrán la misericordia de Dios en abundancia. Se apartarán los corazones del amor al mundo y sus vanidades y serán elevados a desear los bienes eternos. Las mismas almas se santificarán por este medio.
5. Quien confíe en mí, rezando el Rosario, no será vencido en las adversidades.
6. Quien rece devotamente el Rosario, meditando los misterios, no conocerá la desdicha. En Su justo juicio, Dios no lo castigará. No sufrirá la muerte improvisa. Si es pecador, se convertirá y si es justo, permanecerá en la gracia de Dios y se hará digno del Cielo.
7. El que conserva una verdadera devoción al Rosario no morirá sin los sacramentos de la Iglesia.
8. Aquellos que recen con mucha fe el Santo Rosario encontrarán la luz de Dios y la plenitud de su gracia, y en la hora de su muerte participarán de los méritos de los Santos del Paraíso.
9. Cada día libraré del Purgatorio a las almas devotas de mi Rosario.
10. Los niños devotos al Rosario merecerán un alto grado de Gloria en el cielo.
11. Obtendrán todo lo que me pidan con fe mediante el rezo del Rosario.
12. Aquellos que difundan mi Rosario serán socorridos por mí, en todas sus necesidades.
13. Para los devotos del Santo Rosario, he obtenido de mi Divino Hijo, la intercesión de toda la Corte Celestial durante la vida y en la hora de la muerte.
14. Aquellos que rezan fielmente mi Rosario son mis hijos amados y hermanos de mi único hijo, Jesucristo.
15. La devoción a mi Rosario es una gran signo de salvación.

Fuente: cf. santisimavirgen.com.ar

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