El Beato Pier Giorgio y la adoración al Santísimo (II)

Beato Pier Giorgio Frassati 06 06

Era una noche de 1920, durante la adoración en la igle-sia de Santa María de Piazza. Ya entrada la noche, más de las once, cuando el Hno. Ludovico, de los sacramentinos, escucha sonar repetidamente la campanilla de la puerta de la casa. Sale un momento de la iglesia para ver quién llamaba.

Cuál fue mi sorpresa -relata el hermano-, cuando vi a un joven que me era desconocido que me rogó tuviera a bien permitir¬le hacer su hora de adoración ante el Santísimo Sacramento. Agregó que aquella noche (segundo sábado del mes) era el turno asignado a los adoradores universitarios.
Le hice notar a mi gentil interlocutor que los estudiantes no po¬dían hacer su adoración aquella noche, sino únicamente los re¬ligiosos; y le invité a volver a su casa, dado que ya era tarde. Pero, lejos de seguir mi consejo me suplicó que tuviera a bien permitirle la entrada, para poder hacer su adoración junto con los religiosos. Traté aún de disuadirle, insistiendo en lo difícil que le resultaría pasar toda una larga noche en oración y sin dormir. Mis argumentos no tuvieron éxito alguno. Como siguió insistiendo, lo complací.
Contento de su victoria, entró en la iglesia, se fue al coro, y lue¬go, después de haberse inclinado profundamente ante el altar, se arrodilló en uno de los escalones y se puso a orar. Pasó toda la noche hasta las cuatro de la mañana, conforme lo atestiguan los hermanos que fueron después de mí, se ponía de pie, o leía, o rezaba el rosario. Luego pidió e hizo la santa comunión, asistió a una Misa de acción de gracias y recién a las cinco -hora en que abrimos la iglesia para el público- se fue, dichoso de haber fortalecido de nuevo su alma con la devoción eucarística y de haberse saciado con el Pan de los Ángeles.

Laura Hidalgo, una de las jóvenes que pertenecía al grupo de La Joven Montaña cuenta que en una oportunidad llega¬ron a la estación de tren y no veían a Pier Giorgio. Se fijaron si no estaba en la lista de los esquiadores que iban a pasar los días de carnaval en la montaña (actividad que se realizaba para apartarse de esas fiestas en la ciudad, y vivir unos días sanos allí). Pensaron que les había jugado una broma, partiendo por anticipado en un tren anterior. Pero en ese momento escucha¬ron una voz fuerte que los llamaba y vieron subir a Pier Giorgio todo agitado al tren. Mientras dejaba los esquíes y se sacaba de las espaldas la mochila, les decía con satisfacción: En la Iglesia de San Segundo hubo vigilia nocturna, ¡he podido hacer una hora de adoración antes de partir!
Un participante de esas adoraciones atestigua:
Jamás he visto a nadie rezar como él, con aquella tenacidad. Podía entrar quien quiera en la iglesia, y ciertamente que él no se hubiera dado vuelta... es algo que no olvidaré jamás.

Fuente: P. Diego Cano IVE, Escalada al cielo, biografía de Pier Giorgio Frassati

La Eucaristía, medio para caminar seguros en esta selva

San Cayetano 01 02b Yo soy pecador y me tengo en muy poca cosa, pero me acojo a los que han servido al Señor con perfección, para que rueguen por ti a Cristo bendito y a su Madre; pero no olvides una cosa: todo lo que los santos hagan por ti poco serviría sin tu cooperación; antes que nada es asunto tuyo, y, si quieres que Cristo te ame y te ayude, ámalo tú a él y procura someter siempre tu voluntad a la suya, y no tengas la menor duda de que, aunque todos los santos y criaturas te abandonasen, él siempre estará atento a tus necesidades. Ten por cierto que nosotros somos peregrinos y viajeros en este mundo: nuestra patria es el cielo; el que se engríe se desvía del camino y corre hacia la muerte. Mientras vivimos en este mundo, debemos ganarnos la vida eterna, cosa que no podemos hacer por nosotros solos, ya que la perdimos por el pecado, pero Jesucristo nos la recuperó. Por esto, debemos siempre darle gracias, amarlo, obedecerlo y hacer todo cuanto nos sea posible por estar siempre unidos a él.

Él se nos ha dado en alimento: desdichado el que ignora un don tan grande; se nos ha concedido el poseer a Cristo, Hijo de la Virgen María, y a veces no nos cuidamos de ello; ¡ay de aquel que no se preocupa por recibirlo! Hija mía, el bien que deseo para mí lo pido también para ti; mas para conseguirlo no hay otro camino que rogar con frecuencia a la Virgen María, para que te visite con su excelso Hijo; más aún, que te atrevas a pedirle que te dé a su Hijo, que es el verdadero alimento del alma en el santísimo sacramento del altar. Ella te lo dará de buena gana, y él vendrá a ti, de más buena gana aún, para fortalecerte, a fin de que puedas caminar segura por esta oscura selva, en la que hay muchos enemigos que nos acechan, pero que se mantienen a distancia si nos ven protegidos con semejante ayuda.
Hija mía, no recibas a Jesucristo con el fin de utilizarlo según tus criterios, sino que quiero que tú te entregues a él, y que él te reciba, y así él, tu Dios salvador, haga de ti y en ti lo que a él le plazca. Éste es mi deseo, y a esto te exhorto y, en cuanto me es dado, a ello te presiono.

Fuente: De las cartas de san Cayetano, presbítero, Oficio de Lectura del 7 de Agosto, Liturgia de las Horas.

Dónde se encuentra la verdadera alegría

Transfiguracion 05 08

Considera que es tan natural al hombre el amor a todo lo que es placer; es tanta su inclinación al gusto, al contento, a la paz del corazón, que esta inclinación y este amor son como el general resorte que da movimiento a todas las acciones de la vida. ¡Mas ah, y qué grande es su ilusión cuando busca fuera de Dios esta paz, esta quietud, este contento y esta satisfacción! Sólo en servicio de tan buen amo se encuentran todas esas utilidades.
Estar con Jesús, dice el autor del libro de la imitación de Cristo, es dulce paraíso; pero estar sin Jesús, aunque seas el hombre más feliz del mundo, es un infierno. Asombroso es que, después de tan largas y tan funestas experiencias como los hombres han hecho de esta verdad, todavía no reconozcan su error, descubriendo el vacío y la iniquidad de las falsas alegrías de este mundo. Experimentan toda su amargura; palpan su inestabilidad, y con todo eso, sólo suspiran por ellas.

Si domina la pasión del contento y del consuelo, ¿a qué fin buscarle donde no se halla, y huir de aquella condición donde únicamente se encuentra, que es la de los que sirven a Dios de veras y con fervor? ¿A qué fin arrastrar toda la vida en una mediocridad de virtud, en la cual nunca se gustan las dulzuras de la vida verdaderamente espiritual? La gloria de la majestad de Cristo sólo se descubre en la elevación del monte; en el fondo de la soledad, en lo más silencioso del retiro se dejan percibir los consuelos celestiales.
Por eso el Señor se escogió la cumbre de un monte solitario para la Transfiguración. ¿Por qué no se obraría este dulcísimo misterio sino a la vista de solos tres discípulos? Porque siempre es corto el número de las almas fervorosas. Seamos de este corto número y seremos favorecidos.

Bueno será que nos quedemos aquí, exclama San Pedro. Cuando Dios se comunica a un alma pura, fácilmente se olvidan todos los bienes creados. Los más exquisitos gustos de la tierra parecen insípidos a quien gusta una vez los consuelos espirituales, que son como una prueba de los gozos de la gloria. Luego que Dios se deja sentir en el alma, ninguna fuerza hacen ni esos honores imaginarios, ni esas distinciones pueriles, ni esas quiméricas fortunas con que el mundo apacienta a sus parciales.
Aquella paz interior, que excede todo cuanto se puede imaginar; aquella inexplicable alegría, que es el fruto de los más duros trabajos; aquella alegría pura sin mezcla de tristeza; aquella alegría permanente, que no se acaba cuando se acaba una fiesta pública; aquella alegría constante, sin peligro de producir efecto alguno enfadoso; todo esto sólo se reserva para los buenos.
Compara todas estas ventajas con la turbación y la tiranía de las pasiones; con aquellas inquietudes y con aquellos enfados, que son como la herencia de las almas cobardes, de las almas tibias, y descubrirás el verdadero origen de todos tus disgustos y de todas tus sequedades.

Conozco, Dios mío, que mi infidelidad y mi tibieza me han privado hasta aquí de aquellas señaladas gracias que sólo se reservan para los fervorosos. No os pido, Señor, esos favores extraordinarios que hacen tan fácil y tan dulce la virtud; sólo os pido, por los méritos de mi Señor Jesucristo, me deis gracia para salir de este infeliz estado de tibieza, que me ha hecho tan pesado tu suavísimo yugo. Concededme aquel fervor con que se os debe servir, y la merced de que os sirva de hoy en adelante con la mayor fidelidad.

Fuente: J. Croisset, sj, Año cristiano

El Beato Pier Giorgio y la adoración al Santísimo (I)

Beato Pier Giorgio Frassati 05 05b

“Los soberanos de noche dan los turnos de las guardias en sus castillos. Y Jesucristo merece honores mucho más que los soberanos y reyes”, decía Pier Giorgio. Ciertamente que para él era un honor poder velar junto a su Rey durante la noche.
(...) Por esta razón, nuestro héroe se proponía hacer con gran esfuerzo la adoración nocturna, dedicando a la oración aquel tiempo que tantos jóvenes emplean para divertirse, bailar y be¬ber, y ponerse muchas veces en ocasión de pecar. Así, durante el tiempo del carnaval y de las grandes fiestas, eran los momen¬tos en que dedicaba mayor tiempo para ir a rezar de noche y pasar largas horas de rodillas en el reclinatorio, en diálogo íntimo con el Señor.

Es así que la adoración nocturna, la noche heroica, fue una de sus principales devociones. En 1920 se afilió a la Adoración Nocturna Universitaria, que tenía su turno de vela la noche de los segundos sábados del mes. Nunca faltaba a este compromiso y se hizo notorio por su asiduidad en concurrir y por su espíritu de fe, que dejaba impresionados a todos los tes¬tigos de sus largas horas pasadas ante el Santísimo Sacramento. Era costumbre, entonces, hacer una vigilia especial de adoración en las vísperas de carnaval, con la intención de re¬parar por tantos males que se cometen en ese tiempo. El sá¬bado anterior a las fiestas del año 1925, Mons. Pinardi lo ve entrar en la sacristía con mayor equipo que el acostumbrado para una excursión. Y recuerda este diálogo con Pier Giorgio:
- Monseñor, me ausento por tres días, pasaré carnaval en la nieve.
- Bien, le dijo el sacerdote, ¿cuándo partes?
- A pri¬meras horas de la mañana. La noche la pasaré aquí. Después de Misa de medianoche y de comulgar, salgo en el primer tren para la montaña.
Es decir, noche de vigilia y oración. A primera hora, sin descansar, a escalar montañas.
Termina Mons. Pinardi su relato de esta manera: En esas circunstancias admiré más su espíritu de fe y su fervor. El tan robusto y lleno de vida permanecía postrado largas horas sobre las losas, el tan bullicioso hallaba sus delicias en la oración, el que por su piedad atraía la atención de todos permanecía absorto sólo en Dios.
En algunas ocasiones Pier Giorgio acompañaba a Mons. Pinardi de regreso a su casa al terminar la adoración. Y éste recuerda que Pier Giorgio en sus conversaciones ardía de fe, y su alma rebosaba de alegría al pensar que Jesús Hostia había reinado durante esas benditas horas sobre tantos jóvenes reco-gidos en su presencia.

Fuente: P. Diego Cano IVE, Escalada al cielo, biografía de Pier Giorgio Frassati

Promesas de la Santísima Virgen a los que rezan el Rosario

Santo Rosario 01 02

Cuenta la tradición que, en la segunda mitad del siglo XV la Virgen María se apareció al Beato dominico Alano de la Rupe, quien escribió el famoso libro De Dignitate Psalterii (De la dignidad del Salterio de María), en el cual relata cómo la Virgen pide a Santo Domingo de Guzmán que propague el rezo del Santo Rosario.

Según el Beato Alano, estas son las promesas de Nuestra Señora para quienes rezan frecuentemente y con devoción la oración mariana:
1. Aquellos que recen con enorme fe el Rosario recibirán gracias especiales.
2. Prometo mi protección y las gracias más grandes a aquellos que recen el Rosario.
3. El Rosario será la defensa más poderosa contra las fuerzas del infierno. Se destruirá el vicio, se disminuirá el pecado y se vencerá a todas las herejías.
4. Por el rezo del Santo Rosario florecerán las virtudes y también las buenas obras. Las almas obtendrán la misericordia de Dios en abundancia. Se apartarán los corazones del amor al mundo y sus vanidades y serán elevados a desear los bienes eternos. Las mismas almas se santificarán por este medio.
5. Quien confíe en mí, rezando el Rosario, no será vencido en las adversidades.
6. Quien rece devotamente el Rosario, meditando los misterios, no conocerá la desdicha. En Su justo juicio, Dios no lo castigará. No sufrirá la muerte improvisa. Si es pecador, se convertirá y si es justo, permanecerá en la gracia de Dios y se hará digno del Cielo.
7. El que conserva una verdadera devoción al Rosario no morirá sin los sacramentos de la Iglesia.
8. Aquellos que recen con mucha fe el Santo Rosario encontrarán la luz de Dios y la plenitud de su gracia, y en la hora de su muerte participarán de los méritos de los Santos del Paraíso.
9. Cada día libraré del Purgatorio a las almas devotas de mi Rosario.
10. Los niños devotos al Rosario merecerán un alto grado de Gloria en el cielo.
11. Obtendrán todo lo que me pidan con fe mediante el rezo del Rosario.
12. Aquellos que difundan mi Rosario serán socorridos por mí, en todas sus necesidades.
13. Para los devotos del Santo Rosario, he obtenido de mi Divino Hijo, la intercesión de toda la Corte Celestial durante la vida y en la hora de la muerte.
14. Aquellos que rezan fielmente mi Rosario son mis hijos amados y hermanos de mi único hijo, Jesucristo.
15. La devoción a mi Rosario es una gran signo de salvación.

Fuente: cf. santisimavirgen.com.ar

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