Meditando en la Navidad (II)


Desde el seno de su Madre comenzó el Niño Jesús a poner en práctica su entera sumisión a Dios, que continuó sin la menor interrupción durante toda su vida. Adoraba a su Eterno Padre, le amaba, se sometía a su Voluntad; aceptaba con resignación el estado en que se hallaba conociendo toda su debilidad, toda su humillación, todas sus incomodidades.

¿Deseamos hacer una verdadera oración? Empecemos por formarnos de ella una exacta idea contemplando al Niño en el seno de su Madre. El Divino Niño ora y ora del modo más excelente. No habla, no medita ni se deshace en tiernos afectos. Su mismo estado, aceptado con la intención de honrar a Dios, es su oración; y ese estado expresa altamente todo lo que Dios merece y de qué modo quiere ser adorado de nosotros.

Unámonos a las oraciones del Niño Dios en el seno de María; unámonos al profundo abatimiento y sea este el primer efecto de nuestro sacrificio a Dios. Démonos a Dios, no para ser algo como lo pretende continuamente nuestra vanidad, sino para ser nada, para quedar enteramente consumidos y anonadados, para renunciar a la estimación de nosotros mismos, a todo cuidado de nuestra grandeza aunque sea espiritual, a todo movimiento de vanagloria.

Desaparezcamos a nuestros propios ojos y que sólo Dios sea todo para nosotros.

Fuente: Fernando de Jesús Larrea, Novena de Navidad

Reina del Santísimo Rosario


Cuan grande es el valor y la excelencia de la oración tanto vocal como mental, pero este valor y excelencia se acrecientan en el Santo Rosario, porque éste asocia y une la oración vocal y la mental. Como oración vocal, el Rosario pone en los labios lo más grande, noble y eficaz que nos enseñaron Jesús y la Iglesia, como oración mental ofrece a la mente y al corazón lo que nuestra religión contiene de más sublime y conmovedor.

La oración dominical (el Padre Nuestro) y la salutación angélica (el Ave María) forman la oración vocal del Santo Rosario; los Misterios de la vida de Cristo, constituyen la oración mental. El Rosario es un catecismo que nos recuerda los Misterios principales de nuestra Religión; ofrece a nuestra consideración la vida de Jesús y la de su santa Madre.

Cuando recemos el Santo Rosario, pongámonos en la presencia de Dios y mientras la boca va repitiendo las oraciones vocales trasladémonos con el pensamiento, por ejemplo a Nazaret y consideremos la humildad de la Virgen, y así considerar cada uno de los Misterios.

El Santo Rosario es fuente de gracias espirituales para las personas y para los hogares. Bienaventuradas aquellas familias que tienen la piadosa costumbre de rezarlo en común.

¡Virgen bendita! Poderoso auxilio de los cristianos, te suplicamos enciendas en nuestra mente y en nuestro corazón el amor hacia la prodigiosa oración del Santo Rosario, que podamos rezarlo en la forma más grata a Dios, la más honrosa para Ti y la de más fruto para nuestras almas.

Fuente: Meditaciones del Cardenal Newman y Ángel Cavatoni sobre las Letanías de la Virgen

Práctica del amor al Corazón de Jesús


Animarnos al amor del Corazón de Jesús

Mediante la consideración frecuente de su amor hacia nosotros. Para ayudamos a esto poseemos dos libros:

El santo Evangelio. En él tenemos: La vida de Jesús y su entrega al Sacrificio de la cruz por nosotros. El poema del amor que jamás imaginó ningún poeta. La historia del amor más grande, del amor que ha asombrado a los cielos y a la tierra. Las palabras de Jesús.

El Corazón de Jesús. Es el libro del amor en el que los santos han aprendido, mejor que en los otros libros, el camino de la Verdad y de la salvación.

Mediante la oración. Por este “trato de amistad a solas con quien sabemos nos ama” (Santa Teresa), crecerá día tras día nuestro amor por El.

Mostrar nuestro amor al Corazón de Jesús

Con sentimientos: práctica del amor afectivo. Los afectos principales son: La complacencia. Contemplando sus perfecciones y gozándonos de su gloria. La benevolencia. Mostraremos nuestro amor a Jesús tomando como nuestros sus intereses y deseos, deseando que se realicen y mostrándonos dispuestos a cooperar en la medida de nuestras fuerzas y recursos. El deseo de unión. Ansiando vivir sólo para Jesús y aprovechando todos los medios que nos permitan unimos más a Él.

Con obras: práctica del amor efectivo. Prácticas generales. Evitar cuanto desagrada al Corazón de Jesús: el pecado. Y no resistir a las gracias con las cuales nos llama a una vida mejor y más santa. Hacer cuanto agrada al Corazón de Jesús. Guardar sus preceptos, seguir sus inspiraciones y consejos, obrar con la intención de glorificarle.

Prácticas particulares. La comunión de los nuevos primeros viernes. Práctica excelente, recomendada por la Iglesia.

Consagración al Corazón de Jesús: Consagración personal.

Consagración de las familias, las naciones y el género humano. Son las tres formas de reconocer el reinado social del Corazón de Jesús.

Fuente: Antonio Royo Marín, El Corazón De Jesús

Memoria del Beato Carlos de Austria

El Beato Carlos de Austria junto a su esposa Zita, Sierva de Dios

La historia del Beato Carlos tiene un atractivo universal. Su fe inspira a hombres y mujeres católicos, esposos y padres, militares, políticos y jefes de estado. Su influencia se extiende más allá de las fronteras de Austria y abraza al mundo con su ejemplo cristiano.

En un mundo donde muchos no creen en Dios, necesitamos la fe del Beato Carlos. Donde hay indiferencia hacia los más necesitados, necesitamos el ejemplo de caridad y limosna del Beato Carlos.

Donde invade el aborto, necesitamos la protección del Beato Carlos hacia toda vida humana. Donde el número de parejas que cohabitan sin la bendición del matrimonio es cada vez mayor, necesitamos el ejemplo de matrimonio cristiano del Beato Carlos y su esposa la Sierva de Dios Zita. Donde el divorcio es desenfrenado y los padres ausentes son muy comunes, necesitamos el amor constante del Beato Carlos por su esposa e hijos.

En países donde los políticos confían en las encuestas para crear sus políticas más que en principios morales y éticos, necesitamos la convicción moral del Beato Carlos. Donde los políticos buscan un cargo para obtener ganancias personales, necesitamos el desinterés del Beato Carlos. Donde los políticos católicos votan en contra de la enseñanza católica y su conciencia, para permanecer en el cargo, necesitamos la fidelidad a las enseñanzas de la Iglesia del Beato Carlos.

Donde hay guerra, luchas, discordias y conflictos, necesitamos el anhelo de paz del Beato Carlos. Donde millones de personas sufren enfermedades, necesitamos el ejemplo del Beato Carlos, quien soportó todas las pruebas y tribulaciones con las palabras: “Hágase tu voluntad”. (Cf. Nathan Cochran, emperorcharles.org)

Oración al Beato Carlos de Austria

Padre Celestial, en la persona del Beato Carlos de Austria, has dado a Tu Iglesia un ejemplo de cómo podemos llevar a cabo una vida espiritual y exigente de manera convincente y valiente. Sus acciones públicas como emperador y rey y sus acciones personales como jefe de familia, estaban firmemente basadas en las enseñanzas de la fe católica. Su amor por la Eucaristía creció en tiempos de prueba y le ayudó a unirse al sacrificio de Cristo a través del sacrificio de su propia vida por su pueblo. El Emperador Carlos honraba a la Madre de Dios y rezó con amor el Rosario durante toda su vida. Fortalécenos mediante su intercesión cuando el desaliento, la debilidad, la soledad, la amargura y la depresión nos preocupan. Que sigamos el ejemplo de tu fiel servidor, y sirvamos desinteresadamente a nuestros hermanos según Tu voluntad. Concédeme alcanzar la gracia (mencione su intención aquí) por su intercesión, si es tu Voluntad, y para mayor gloria de Tu Nombre. Amén

Beato Carlos de Austria, ruega por nosotros.

Oh Sagrado Corazón de Jesús


Oh Sagrado Corazón de Jesús, te adoro en la unidad de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Te adoro, oh Corazón de Jesús, como a Jesús mismo. Tú eres el Corazón del Altísimo hecho hombre. Al adorarte, adoro a mi Dios encarnado, Emmanuel. Te adoro, como parte de esa Pasión que es mi vida, porque Tú te desgarraste y quebraste en la agonía del huerto de Getsemaní, y tu precioso contenido se derramó a través de las venas y los poros de tu piel sobre la tierra. Y de nuevo fuiste drenado y secado en la Cruz; y luego, después de la muerte, fuiste traspasado por la lanza y entregaste los pequeños restos de aquel tesoro inestimable, que es nuestra redención.

Oh, sacratísimo y amantísimo Corazón de Jesús, Tú estás oculto en la Sagrada Eucaristía, y lates aún por nosotros. Ahora como entonces nos salvas. Yo te adoro con todo mi amor y temor, con mi ferviente afecto, con mi más sumisa y resuelta voluntad. Oh mi Dios, cuánto has aceptado sufrir para que yo te reciba, te coma y te beba. Haz tu morada dentro de mí, haz que mi corazón lata con tu Corazón. Purifícalo de todo lo que es terreno, de todo lo que es orgullo y sensualidad, de todo lo que es duro y cruel, de toda perversidad, de todo desorden, de toda muerte. Y así, llénalo de Ti, que ni los acontecimientos del día, ni las circunstancias del momento puedan confundirlo, sino en Tu amor y en Tu temor pueda estar en paz.

Fuente: Oración compuesta por San Juan Newman

Letanías del Beato Carlos de Austria


Señor, ten piedad

Cristo, ten piedad

Señor, ten piedad.

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial,

ten piedad de nosotros.

Dios, Hijo, Redentor del mundo,

Dios, Espíritu Santo,

Santísima Trinidad, un solo Dios,

Santa María, ruega por nosotros.

Beato Carlos, dócil al Espíritu Santo,

Beato Carlos, buscador de la voluntad de Dios en todo,

Beato Carlos, ejemplo de profunda vida espiritual,

Beato Carlos, guiado por la Palabra de Dios,

Beato Carlos, ejemplo para aquellos con responsabilidad política,

Beato Carlos, apóstol generoso y valiente del Evangelio,

Beato Carlos, promotor de la justicia y la paz,

Beato Carlos, siervo de Dios y de los hermanos,

Beato Carlos, ejemplo de la vida familiar,

Beato Carlos, esposo y padre devoto,

Beato Carlos, líder contra el espíritu del mal,

Beato Carlos, firme ante la injusticia y la difamación,

Beato Carlos, fiel en todas las pruebas,

Beato Carlos, sereno y paciente en cada dificultad,

Beato Carlos, unido al sacrificio de Cristo,

Beato Carlos, modelo de fe en el sufrimiento,

Beato Carlos, inflamado de amor por la Eucaristía,

Beato Carlos, devoto del Sagrado Corazón de Jesús,

Beato Carlos, amante del Santo Rosario,

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.

Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, escúchanos, Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.

Oremos. Oh Dios Todopoderoso y Eterno, Padre de misericordia y Dios de toda consolación, nos hemos reunido para dar gloria a Tu Nombre. Por el amor del Sagrado Corazón de tu Hijo, ayúdanos a nosotros y a todas las naciones en tiempos de necesidad. Acepta nuestras oraciones y sacrificios para extinguir la injusticia. Ayúdanos a seguir el ejemplo de tu siervo, el Beato Carlos de Austria, quien, a pesar del sufrimiento por la injusticia, la difamación y el exilio, se mantuvo fiel y siempre trató de cumplir tu divina voluntad. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Fuente: beatocarloinitalia.it

A la llaga adorable del Corazón de Jesús


¡Oh Jesús! tan amante, tan amable y tan poco amado, nos postramos humildemente al pie de la Cruz , para ofrecer a Vuestro divino Corazón, abierto por la lanza y consumido por el amor, el homenaje de nuestro respeto, de nuestras adoraciones y de toda nuestra ternura.

Os damos gracias, dulcísimo Salvador, por haber permitido al soldado traspasar Vuestro pecho adorable, y por allí habernos abierto una puerta de salvación en el arca misteriosa de Vuestro Sagrado Corazón, en donde podemos refugiarnos en estos tristísimos días; para librarnos, como en arca misteriosa, del diluvio de los escándalos que inundan la tierra.

Bendecimos mil veces la hora y el momento en que bajo el hierro de la lanza manaron sangre y agua de aquella herida de amor hecha a Vuestro Corazón. Dignaos ¡oh buen Jesús! aplicar eficazmente Vuestra Sangre, Vuestra llaga y Vuestro amor, en favor del mundo desgraciado y culpable. Lavad, purificad, regenerad las almas en las aguas salidas de esa verdadera piscina de Siloé.

Permitid, Señor, que echemos en ella nuestras iniquidades y las de todos los hombres, suplicándoos por el amor inmenso que abrasa vuestro Sagrado Corazón, que purifiquéis más y más y salvéis nuestras almas.

En fin, nuestro buen Jesús, permitid que fijando para siempre nuestra morada en este mismo adorable Corazón, pasemos santamente nuestra vida y exhalemos en paz y en vuestra gracia nuestro último suspiro.

Fuente: Manual de la Archicofradía de la Guardia del Sagrado Corazón de Jesús

Recemos el Santo Rosario


Persevera en pedir a Dios, mediante el Santo Rosario, todas las gracias espirituales y corporales que necesitas, especialmente la divina Sabiduría, que es un tesoro infinito. Tarde o temprano, la obtendrás infaliblemente, con tal que no abandones el Rosario ni te desanimes a medio camino. Te queda aún largo camino. Sí, aún te queda mucho por andar, muchas adversidades por atravesar, muchas dificultades por superar, muchos enemigos por vencer. Te faltan muchos Padrenuestros y Avemarías para alcanzar el Paraíso y ganar la hermosísima corona que espera a todo fiel del Rosario.

No sea que alguien te arrebate el premio. Pon mucho cuidado en que otro más fiel que tú en rezar bien y diariamente el Rosario, no te arrebate la corona. Esa que constituye tu premio. Dios te la había preparado y la tenías casi ganada con los rosarios bien rezados. Pero por haberte detenido en el hermoso camino por el que avanzabas tan de prisa, otro pasó adelante; sí, otro más diligente y fiel adquirió y ganó con sus rosarios y buenas obras lo que necesitaba para comprar esa corona. ¿Quién, pues, te cortó el camino, hacia la conquista de tu corona? ¡Ah! ¡Los enemigos del Santo Rosario que son muchos!

¡Créeme! Sólo alcanzarán esa corona los valerosos que la arrebatan por la fuerza. Tales coronas no son para los cobardes, que temen las burlas y amenazas del mundo. Ni para los perezosos y holgazanes, que rezan el Rosario con negligencia, a la carrera, por rutina o a intervalos y según su capricho. Ni para los cobardes que se descorazonan y rinden las armas tan pronto ven a todo el infierno desencadenado contra su Rosario. Si quieres matricularte al servicio de Jesús y María rezando el Rosario todos los días, prepárate para la tentación: Hijo mío, si te decides a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba. ¡No te hagas ilusiones! Los herejes, los libertinos, las “gentes de bien” según el mundo, los semidevotos y falsos profetas, en sintonía con tu naturaleza corrompida y los poderes infernales, te harán una guerra sin cuartel para obligarte a abandonar esta práctica.

Fuente: San Luis María Grignion de Montfort, El secreto admirable del Santísimo Rosario

Invocaciones a Nuestra Señora

Nuestra Señora en sus advocaciones del Buen Remedio y del Pozo


Nuestra Señora del Buen Remedio, Tesorera de las riquezas de Dios, con tu corazón rebosando de compasión hacia el más desesperado; Virgen del Buen Remedio verdadera fuente de ayuda y muy eficaz remedio de nuestras vidas, en los días oscuros y sin esperanza tu siempre nos acompañas y nos recuerdas que no estamos solos en nuestras aflicciones, en nuestras necesidades y problemas. ¿Quién podrá tanto alabarte, según es tu merecer? ¿Quién sabrá tan bien loarte, que no le falte saber? ¡Oh Madre de Dios y hombre! Tú que tienes por renombre, Madre de misericordia, pues para quitar discordia, tanto vales, da remedio a nuestros males. Tú que amorosamente das compensación a nuestras necesidades, que con entrega y afán resuelves nuestras preocupaciones, no nos dejes sin paliar todo lo que aflige a nuestros corazones, ¡oh Madre querida!, oh Virgen del Buen Remedio, tú que eres la gran mediadora estas dificultades ayúdanos a resolver. Tú que por gran humildad, fuiste tal alto ensalzada, que a par de la Trinidad, Tú sola estás asentada; y pues Tú, Reina sagrada, tanto vales, da remedio a nuestros males. Amén.

Nuestra Señora del Pozo, aliento de los desesperados, fortaleza de los abatidos, luz de luz, alegría de alegría esperanza de los tristes, amor de los afligidos consuelo de los pobres de espíritu, linterna que alumbra las noches de oscuridad. Danos tu luz, omnipotencia suplicante elévanos en la oración, sujetos a tus pies, humildes en la espera, firmes en la confianza, entregados a tu Maternidad Divina. Tú, Señora de la Alta Gracia llévanos a tu Hijo, Jesús ábrenos al Divino Espíritu de Amor enséñanos a conocer el Amor del Padre. Que tu luz sea nuestra luz. Que tu amor sea nuestro amor. Que tu esperanza sea nuestra esperanza. Que tu fe sea nuestra fe. Virgen del Pozo, serena nuestros corazones para que unidos a tu Inmaculado Corazón y con la alegría de ser tu fiel reflejo seamos capaces de unirnos a tu santa corredención. Amen.

El Padre Pío en los altares (VI)


“Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado estas cosas a los pequeños”.

¡Cuán apropiadas resultan estas palabras de Jesús, cuando te las aplicamos a ti, humilde y amado Padre Pío!

Enséñanos también a nosotros, te lo pedimos, la humildad de corazón, para ser considerados entre los pequeños del Evangelio, a los que el Padre prometió revelar los misterios de su Reino.

Ayúdanos a orar sin cansarnos jamás, con la certeza de que Dios conoce lo que necesitamos, antes de que se lo pidamos.

Alcánzanos una mirada de fe capaz de reconocer prontamente en los que sufren el rostro mismo de Jesús.

Sostennos en la hora de la lucha y de la prueba y, si caemos, haz que experimentemos la alegría del sacramento del perdón.

Transmítenos tu tierna devoción a María, Madre de Jesús y Madre nuestra.

Acompáñanos en la peregrinación terrena hacia la Patria feliz, a donde esperamos llegar también nosotros para contemplar eternamente la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Fuente: San Juan Pablo II, Homilía del 16 de junio de 2002

El Padre Pío en los altares (V)


El Padre Pío fue generoso dispensador de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos a través de la acogida, de la dirección espiritual y especialmente de la administración del Sacramento de la Penitencia. Los peregrinos tomando conciencia de la gravedad del pecado y sinceramente arrepentidos, volvían casi siempre para recibir el abrazo pacificador del perdón sacramental.

Ojalá que su ejemplo anime a los sacerdotes a desempeñar con alegría y asiduidad este ministerio tan importante.

Este santo nos invita a poner a Dios por encima de todas las cosas, a considerarlo nuestro único y sumo bien.

En efecto, la razón última de la eficacia apostólica del Padre Pío, la raíz profunda de tan gran fecundidad espiritual se encuentra en la íntima y constante unión con Dios, de la que eran elocuentes testimonios las largas horas pasadas en oración y en el confesonario. Solía repetir: “Soy un pobre fraile que ora”, convencido de que la oración es la mejor arma que tenemos, una llave que abre el Corazón de Dios. Esta característica fundamental de su espiritualidad continúa en los Grupos de oración fundados por él, que ofrecen a la Iglesia y a la sociedad la formidable contribución de una oración incesante y confiada. Además de la oración, el Padre Pío realizaba una intensa actividad caritativa. Oración y caridad: he aquí una síntesis muy concreta de la enseñanza del Padre Pío, que hoy se vuelve a proponer a todos.

Fuente: San Juan Pablo II, Homilía del 16 de junio de 2002

Nuestra Señora de los Dolores


Ayer celebramos la Cruz de Cristo, instrumento de nuestra salvación, que nos revela en toda su plenitud la misericordia de nuestro Dios. En efecto, la Cruz es donde se manifiesta de manera perfecta la compasión de Dios con nuestro mundo. Hoy, al celebrar la memoria de Nuestra Señora de los Dolores, contemplamos a María que comparte la compasión de su Hijo por los pecadores. Al pie de la Cruz se cumple la profecía de Simeón de que su corazón de madre sería traspasado (cf. Lc 2,35). María ama a cada uno de sus hijos, prestando una atención particular a quienes, como su Hijo en la hora de su Pasión, están sumidos en el dolor; los ama simplemente porque son sus hijos, según la voluntad de Cristo en la Cruz. (S.S. Benedicto XVI, Homilía del 15 de septiembre de 2008)

Oración a Nuestra Señora de los Dolores

Santa María, Madre de Dios, Madre de todos los cristianos. Tú nos has adoptado al pie de la Cruz en medio de los más amargos dolores. Todos los días la impiedad y la blasfemia hacen nuevas heridas a tu Corazón traspasado de dolor, insultan tus admirables virtudes, tus gloriosos privilegios, y parecen oponerse a los designios de tu incomparable amor.

En reparación de estos ultrajes, te ofrecemos el humilde tributo de nuestro dolor, de nuestras alabanzas y de nuestro amor; los unimos a los homenajes que los ángeles y santos te ofrecen en el cielo, y al culto que todas las almas piadosas te rinden sobre la tierra. Acepta, oh María, esta ofrenda; muestra que eres siempre nuestra Madre; ten compasión de nuestras miserias y de nuestra ceguedad; concédenos siempre tu poderosa protección cerca de tu divino Hijo.

Oh María ruega por nosotros, por quienes te desconocen, por la Iglesia tan cara a tu Inmaculado y Doloroso Corazón, por sus Pastores, y sobre todo por el que es en la tierra el Vicario y representante de tu Divino Hijo. Consérvanos a todos la fe que debe dirigirnos, sostenernos y conducirnos hacia Ti, para amarte y alabarte en la Gloria eterna. Amén.

Santos Patronos de las embarazadas

San Ramón Nonato, San Gerardo Mayela y Santo Domingo Savio

Oh excelso patrono, San Ramón, a vos, glorioso protector acudo para que bendigáis al hijo que llevo en mi seno. Protegedme a mí y al hijo de mis entrañas ahora y durante el parto. Os prometo educarlo según las leyes y mandamientos de Dios. Escuchad mis oraciones, bendito protector mío, San Ramón, y hacedme madre feliz de este hijo que espero dar a luz por medio de vuestra poderosa intercesión. Amén.

A ti te invocamos, Dios y Padre nuestro, Señor de toda vida, que concediste a San Gerardo, a lo largo de su corta existencia, un especial cuidado por la vida naciente y las mujeres embarazadas. Bendice, por intercesión de san Gerardo, a todas las mujeres que esperan un nuevo nacimiento y a los hijos que llevan en sus entrañas, para que ambos lleguen sanos a un feliz alumbramiento. Y a toda tu Iglesia dale el don de amar, anunciar, defender y ofrecer la vida, como hizo nuestro Redentor Jesucristo, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

Señor Jesús, por intercesión de Santo Domingo Savio, patrono de las mujeres embarazadas y de los matrimonios que tienen problemas para concebir, te ruego por esta dulce criatura que llevo en mi seno. Tú me has concedido el inmenso don de esta pequeña vida que crece dentro de mí. Humildemente te doy gracias por haberme escogido como instrumento de tu amor. En esta dulce espera, ayúdame a vivir en continuo abandono a tu divina voluntad. Concédeme el corazón de una madre pura, valiente y generosa. Te ofrezco todas mis preocupaciones, miedos y necesidades en favor de este bebé que está por venir. Haz durante la gestación no sufra ningún mal, que se forme en mi interior con toda normalidad, que el parto sea sin problemas y que este bebé pueda nacer sano. Aparta de él todo mal físico y todo peligro para su alma. Y a ti, oh María, que gozaste de las inefables alegrías de una maternidad santa, dame un corazón capaz de transmitir una fe viva y ardiente. Santifica y bendice mi dulce espera, y por medio de tu ayuda y la de tu Divino Hijo, concédeme, por intercesión de Santo Domingo Savio, que en el fruto de mi vientre pueda florecer una vida de virtud y santidad. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

Fuente: Cf. devocionario.com

Oración por los hijos a la Virgen del Perpetuo Socorro


¡Madre mía, socorre a mis hijos! Que esta palabra sea el grito de mi corazón desde la aurora. ¡Oh María! que tu bendición los acompañe, los guarde, los defienda, los anime, los sostenga en todas partes y en todas las cosas.

Cuando postrados ante la presencia del Señor le ofrezcan sus tributos de alabanza y oración, cuando le presenten sus necesidades, o imploren sus divinas misericordias.

¡Madre mía socorre a mis hijos!

Cuando se dirijan al trabajo donde el deber los llama, cuando pasen de una ocupación a otra, a cada movimiento que ejecuten, a cada paso que den y a cada nueva acción.

¡Madre mía socorre a mis hijos!

Cuando la prueba venga a ejercitar su debilísima virtud y el cáliz del sufrimiento se muestre antes sus ojos, cuando la Divina Misericordia, quiera instruirlos y purificarlos por el sufrimiento.

¡Madre mía socorre a mis hijos!

Cuando el infierno desencadenado contra ellos se esfuerce en seducirlos con los atractivos del placer, las violencias de las tentaciones y los malos ejemplos. ¡Madre mía socorre y preserva de todo mal a mis hijos!

Cuando se dirijan a buscar el remedio de sus males y la curación de sus heridas en el Tribunal de la reconciliación y de la paz. ¡Madre mía socorre a mis hijos!

Cuando se acerquen a la Sagrada Mesa para alimentarse con el Pan de los Ángeles, con el Verbo hecho carne por nosotros en tus purísimas entrañas. ¡Madre mía bendice a mis hijos!

Cuando en la noche se dispongan al descanso a fin de continuar con nuevo fervor al día siguiente su camino hacia la Patria eterna. ¡Madre mía bendice a mis hijos!

Que tu bendición, Madre mía, descienda sobre ellos, en el día, en la noche, en el consuelo, en la tristeza, en el trabajo, en el descanso, en la salud y en la enfermedad, en la vida y en la muerte y que esta no sea repentina, y por toda una eternidad. Así sea.

Fuente: es.aleteia.org

En la Beatificación del Papa Pio IX


En la Homilía del 3 de septiembre de 2000, S.S. Juan Pablo II dijo: Al escuchar las palabras de la aclamación al Evangelio: “Señor, guíanos por el recto camino”, nuestro pensamiento ha ido espontáneamente a la historia humana y religiosa del Papa Pío IX, Giovanni Maria Mastai Ferretti. En medio de los acontecimientos turbulentos de su tiempo, fue ejemplo de adhesión incondicional al depósito inmutable de las verdades reveladas. Fiel a los compromisos de su ministerio en todas las circunstancias, supo atribuir siempre el primado absoluto a Dios y a los valores espirituales. Su larguísimo pontificado no fue fácil, y tuvo que sufrir mucho para cumplir su misión al servicio del Evangelio. Fue muy amado, pero también odiado y calumniado.

Sin embargo, precisamente en medio de esos contrastes resplandeció con mayor intensidad la luz de sus virtudes: las prolongadas tribulaciones templaron su confianza en la divina Providencia, de cuyo soberano dominio sobre los acontecimientos humanos jamás dudó. De ella nacía la profunda serenidad de Pío IX, aun en medio de las incomprensiones y los ataques de muchas personas hostiles. A quienes lo rodeaban, solía decirles: “En las cosas humanas es necesario contentarse con actuar lo mejor posible; en todo lo demás hay que abandonarse a la Providencia, la cual suplirá los defectos y las insuficiencias del hombre”.

Sostenido por esa convicción interior, convocó el Concilio Vaticano I, que aclaró con autoridad magistral algunas cuestiones entonces debatidas, confirmando la armonía entre fe y razón. En los momentos de prueba, Pío IX encontró apoyo en María, de la que era muy devoto. Al proclamar el dogma de la Inmaculada Concepción, recordó a todos que en las tempestades de la existencia humana resplandece en la Virgen la luz de Cristo, más fuerte que el pecado y la muerte.

Oración: Señor Dios nuestro, que, en tiempos de grandes transformaciones culturales y sociales, guiaste el camino de tu Iglesia, confiándola al seguro magisterio, al infatigable celo apostólico y a la ferviente caridad de tu siervo el papa Pío IX, te pedimos humildemente, por la intercesión de la Santísima Virgen, a quien proclamó Inmaculada, que confirmes nuestra fe, que alimentes nuestra esperanza y fortalezcas nuestra caridad. Amén.

Niños Santos e intercesores de la infancia

Niños en peregrinación con las imágenes de los pequeños hermanos Francisco y Jacinta Marto; que se han convertido en los santos “no mártires” más jóvenes en la historia de la Iglesia, luego de haberse comprobado por su intercesión, la curación milagrosa de una grave lesión cerebral que padecía Luca Baptista, un niño brasileño.

“Yo te bendigo, Padre, porque has revelado estas verdades a los pequeños”. La alabanza de Jesús reviste hoy la forma solemne de la beatificación de los pastorcitos Francisco y Jacinta. Con este rito, la Iglesia quiere poner en el candelero estas dos velas que Dios encendió para iluminar a la humanidad en sus horas sombrías e inquietas. Mis últimas palabras son para los niños. La Virgen tiene mucha necesidad de todos vosotros para consolar a Jesús, triste por los pecados que se cometen; tiene necesidad de vuestras oraciones y sacrificios por los pecadores. Pedid a vuestros padres y educadores que os inscriban a la “escuela” de Nuestra Señora, para que os enseñe a ser como los pastorcitos, que procuraban hacer todo lo que Ella les pedía. Os digo que “se avanza más en poco tiempo de sumisión y dependencia de María, que en años enteros de iniciativas personales, apoyándose sólo en sí mismos” (san Luis María de Montfort). Fue así como los pastorcitos rápidamente alcanzaron la santidad, entregándose con total generosidad a la dirección de tan buena Maestra, alcanzaron en poco tiempo las cumbres de la perfección. Yo te bendigo, Padre, por todos tus pequeños, comenzando por la Virgen María, tu humilde sierva, hasta los pastorcitos Francisco y Jacinta. Que el mensaje de su vida permanezca siempre vivo para iluminar el camino de la humanidad. (Palabras de San Juan Pablo II en la homilía del 13 de mayo de 2000)

Como un ejemplo para nosotros, tenemos ante los ojos a san Francisco Marto y a santa Jacinta, a quienes la Virgen María introdujo en el mar inmenso de la Luz de Dios, para que lo adoraran. De ahí recibían ellos la fuerza para superar las contrariedades y los sufrimientos. (Palabras del Papa Francisco en la Misa de la Canonización el 13 de mayo de 2017)

Oración

Santos Francisco y Jacinta, vosotros que, aunque siendo niños fuisteis capaces de ofrecer grandes sacrificios a la Virgen María para la salvación de los pecadores, ayudadnos a no desperdiciar las pequeñas cruces cotidianas sino a transformarlas en ofrendas preciosas y agradables a Dios para la salvación del mundo. Nuestra Señora de Fátima, por intercesión de los Santos Pastorcitos Francisco y Jacinta, proteged y custodiad la inocencia de los niños en su infancia. Haz que ellos encuentren en vuestro Corazón Inmaculado y materno, refugio y protección. Amén.

¡Santos pastorcitos de Fátima, rogad por todos los niños del mundo!

Una antigua devoción

En el siglo XVI El Papa Nicolás V otorgó indulgencia a la devoción por los Catorce Santos Auxiliadores.

Oh Santos Auxiliadores: San Blas, celoso obispo y benefactor de los pobres; San Jorge, valiente Mártir de Cristo; San Acacio, útil abogado en la muerte; San Erasmo, poderoso protector de los oprimidos; San Vito, protector especial de la castidad; San Cristóbal, poderoso intercesor en los peligros; Santa Margarita, valiente campeona de la Fe; San Pantaleón, milagroso ejemplar de caridad; San Ciríaco, terror del Infierno; San Gil, despreciador del mundo; San Eustaquio, ejemplar de la paciencia en la adversidad; San Dionisio, brillante espejo de fe y confianza; Santa Catalina, victoriosa defensora de la Fe y la pureza; Santa Bárbara, poderosa patrona de los moribundos, Rogad por nosotros.

Oh Señor, que a través de la intercesión de San Blas,

nos confirmes en la Esperanza.

Que a través de la intercesión de San Jorge,

nos preserves en la Fe.

Que a través de la intercesión de San Acacio,

nos otorgues una muerte santa.

Que a través de la intercesión de San Erasmo,

enardezcas en nosotros tu Santo Amor.

Que a través de la intercesión de San Vito,

nos enseñes el valor del alma.

Que a través de la intercesión de San Cristóbal,

nos preserves del pecado.

Que a través de la intercesión de Santa Margarita,

nos preserves del Infierno.

Que a través de la intercesión de San Pantaleón,

nos des caridad para nuestro prójimo.

Que a través de la intercesión de San Ciríaco,

nos otorgues la resignación a tu Santa Voluntad.

Que a través de la intercesión de San Gil,

nos otorgues un Juicio piadoso.

Que a través de la intercesión de San Eustaquio,

nos des paciencia en la adversidad.

Que a través de la intercesión de San Dionisio,

nos des tranquilidad de conciencia.

Que a través de la intercesión de Santa Catalina,

acortes nuestro Purgatorio.

Que a través de la intercesión de Santa Bárbara,

nos recibas en el Cielo. Amén.

Fuente: Cf. es.aleteia.org

La fecundidad del apostolado reside en la oración y los sacramentos

Cristo convoca a todos a santificarse en la realidad de la vida cotidiana; por ello, el trabajo es también medio de santificación personal y de apostolado cuando se vive en unión con Jesucristo, pues el Hijo de Dios, al encarnarse, se ha unido en cierto modo a toda la realidad del hombre y a toda la creación.

El creyente, en virtud del bautismo, que lo incorpora a Cristo, está llamado a entablar con el Señor una relación ininterrumpida y vital. Está llamado a ser santo y a colaborar en la salvación de la humanidad.

“Tomó, pues, Dios al hombre y lo dejó en el jardín de Edén, para que lo labrase y cuidase”. El libro del Génesis, nos recuerda que el Creador ha confiado la tierra al hombre, para que la “labrase” y “cuidase”. Los creyentes, actuando en las diversas realidades de este mundo, contribuyen a realizar este proyecto divino universal. El trabajo y cualquier otra actividad, llevada a cabo con la ayuda de la gracia, se convierten en medios de santificación cotidiana.

Difundid en la sociedad, la conciencia de que todos estamos llamados a la santidad. Esforzaos por ser santos vosotros mismos en primer lugar, cultivando un estilo evangélico de humildad y servicio, de abandono en la Providencia y de escucha constante de la voz del Espíritu. De este modo, seréis “sal de la tierra” y brillará “vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.

Pero para cumplir una misión tan ardua hace falta un incesante crecimiento interior alimentado por la oración. La fecundidad del apostolado reside, ante todo, en la oración y en una vida sacramental intensa y constante. Este es, en el fondo, el secreto de la santidad y del verdadero éxito de los santos.

Que la Virgen haga de cada uno un testigo auténtico del Evangelio, dispuesto a dar en todo lugar una generosa contribución a la construcción del reino de Cristo.

Fuente: San Juan Pablo II, Homilías del 17 de mayo de 1992 y 6 de octubre de 2002

Oración por los Sacerdotes


¡Oh Jesús!

Te ruego por tus fieles y fervorosos sacerdotes,

por tus sacerdotes tibios e infieles,

por tus sacerdotes que trabajan cerca o en lejanas misiones,

por tus sacerdotes que sufren tentación,

por tus sacerdotes que sufren soledad y desolación,

por tus jóvenes sacerdotes,

por tus sacerdotes ancianos,

por tus sacerdotes enfermos,

por tus sacerdotes agonizantes,

por los que padecen en el purgatorio.

Pero sobre todo, te encomiendo a los sacerdotes

que me son más queridos,

al sacerdote que me bautizó,

al que me absolvió de mis pecados,

a los sacerdotes a cuyas Misas he asistido

y que me dieron tu Cuerpo y Sangre en la Sagrada Comunión,

a los sacerdotes que me enseñaron e instruyeron,

me alentaron y aconsejaron,

a todos los sacerdotes a quienes me liga

una deuda de gratitud.

Oh Jesús, que has instituido el sacerdocio para continuar en la tierra la obra divina de salvar a las almas, protege a tus sacerdotes en el refugio de tu Sagrado Corazón. Guarda sin mancha sus manos consagradas, que a diario tocan tu Sagrado Cuerpo, y conserva puros sus labios teñidos con tu Preciosa Sangre. Haz que se preserven puros sus corazones, marcados con el sello sublime del sacerdocio, y no permitas que el espíritu del mundo los contamine. Aumenta el número de tus apóstoles, y que tu santo amor los proteja de todo peligro. Bendice sus trabajos y fatigas y que, como fruto de su apostolado, obtengan la salvación de muchas almas que sean su consuelo aquí en la tierra y su corona eterna en el Cielo. Amén.

Fuente: Oración que rezaba Santa Teresa de Lisieux

Los santos levantan el mundo


Un alma abrasada de amor no puede estarse inactiva. Es cierto que, como santa María Magdalena, permanece a los pies de Jesús, escuchando sus palabras dulces e inflamadas; parece que no da nada, pero da mucho más que Marta, que anda inquieta y nerviosa con muchas cosas y quisiera que su hermana la imitase.

Lo que Jesús censura no son los trabajos de Marta. A trabajos como ésos se sometió humildemente su divina Madre durante toda su vida, pues tenía que preparar la comida de la Sagrada Familia. Lo único que Jesús quisiera corregir es la inquietud de su ardiente anfitriona.

Así lo entendieron todos los santos, y más especialmente los que han llenado el universo con la luz de la doctrina evangélica. ¿No fue en la oración donde san Pablo, san Agustín, san Juan de la Cruz, santo Tomás de Aquino, san Francisco, santo Domingo y tantos otros amigos ilustres de Dios bebieron aquella ciencia divina que cautivaba a los más grandes genios?

Un sabio decía: “Dadme una palanca, un punto de apoyo, y levantaré el mundo”. Lo que Arquímedes no pudo lograr, porque su petición no se dirigía a Dios y porque la hacía desde un punto de vista material, los santos lo lograron en toda su plenitud. El Todopoderoso les dio un punto de apoyo: Él mismo, Él solo. Y una palanca: la oración, que abrasa con fuego de amor. Y así levantaron el mundo. Y así lo siguen levantando los santos que aún militan en la tierra. Y así lo seguirán levantando hasta el fin del mundo los santos que vendrán.

Fuente: Santa Teresa del Niño Jesús, Historia de un alma

Santos Joaquín y Ana, un Matrimonio Bendito

Esposos santos en quienes Dios obró el Misterio de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, su hija Purísima concebida sin pecado original

Santa Ana, casada con san Joaquín, permaneció estéril durante veinte años, porque, según atestigua san Juan Damasceno, Dios quería con ello darle a entender que el hijo que habría de dar a luz sería un don de la gracia.

Santa Ana, que se aplicó intensamente a la oración durante el tiempo de su esterilidad, para obtener de Dios la gracia de verse libre de ella, mereció, por su asiduidad a la oración, traer al mundo a la Santísima Virgen, Madre de Jesucristo Nuestro Señor. Admiremos cuán alto honor le hizo Dios al elegirla como madre de tan santa y excelente hija, y para ser, por consiguiente, la primera que había de contribuir al sublime misterio de la Encarnación. Santa Ana, después de haber dado al mundo a la Santísima Virgen, la ofreció a Dios como algo que le era debido. Rectamente entendió que, habiendo sido honrada con tan sublime beneficio, debía manifestar a Dios su gratitud, ofreciéndole lo que de Él había recibido.

Admiremos, con la Iglesia, el honor que Dios dispensó a san Joaquín al escogerlo para ser padre de la Santísima Virgen y para dar inicio al misterio de la Encarnación; por lo cual resulta muy adecuado que se le diera el nombre de Joaquín, que significa preparación del Señor. Confesemos también con la Iglesia que tal elección fue para este santo un favor singularísimo; y reconozcamos, con san Epifanio, que todos los hombres tienen deuda muy grande con este santo patriarca, por haberles hecho el más excelente de todos los regalos, trayendo al mundo a la Santísima Virgen, Madre de Jesucristo, la más pura y excelsa de todas las criaturas. Honremos a este santo por haber contribuido a formar la Iglesia, que le debe lo que es, ya que engendró a la Santísima Virgen, Madre de Aquel de quien nació la Iglesia.

San Joaquín se dio perfecta cuenta de la particular gracia que Dios le había concedido, de ser padre de la Santísima Virgen. Así, tan pronto como ella estuvo en condiciones de ir al templo, la ofreció a Dios.

Fuente: San Juan Bautista de la Salle, Meditaciones

Casados y Santos

Los esposos Martin, (hoy celebramos su memoria litúrgica) canonizados en 2015, y los esposos Beltrame, beatificados en 2001. Los primeros Matrimonios de la Historia de la Iglesia en ser elevados juntos al honor de los altares

“Sí, queridas familias, en la Iglesia ha llegado la hora de la familia. Lo confirma la beatificación del matrimonio Luis Beltrame y María Corsini, que acabamos de celebrar. A su intercesión, unida a la de María Santísima, encomendamos de modo particular el compromiso misionero de las familias cristianas”. (San Juan Pablo II, Ángelus del 21 de octubre de 2001)

Oración a los Beatos Luis y María

Señor Jesús, Tú llamaste a los Beatos Luis y María, esposos y padres según tu Corazón, a vivir día tras día, en el mundo actual, la gracia santificante del sacramento del matrimonio, ayudándose con el amor sincero a recorrer juntos el “camino angosto” pero luminoso de la santidad cristiana. Tú, que imprimes en la familia humana tu divino sello del Amor del Padre, haz que el testimonio luminoso y la intercesión de estos esposos, unida a la de la Virgen Madre y San José, nos obtengan a todas las familias perseverancia en la oración, fortaleza en la tribulación, unión sincera, perdón recíproco, amor fecundo. Por su intercesión sostiene y protege a los jóvenes matrimonios. Hazlos fieles en el amor, y ábrelos al don divino de la vida. Haz que siguiendo su ejemplo, podamos vivir también nosotros fielmente nuestra vocación a la santidad. Amén.

Beatos Luis y María, rogad por nosotros.

“Los santos esposos Luis Martin y Celia Guérin vivieron el servicio cristiano en la familia, construyendo cada día un ambiente lleno de fe y de amor; y en este clima brotaron las vocaciones de las hijas, entre ellas santa Teresa del Niño Jesús”. (S.S. Francisco, Homilía del 18 de octubre de 2015)

Oración al santo matrimonio Martin

Dios de eterno amor, nos has dado en los santos esposos Luis y Celia Martin un hermoso ejemplo de santidad vivida en el matrimonio. Ambos conservaron su fe y su esperanza en medio de los trabajos y pruebas de la vida, y educaron a sus hijos para que llegaran a ser santos. Te pedimos que su ejemplo sostenga a las familias de hoy en la vida cristiana y nos ayuden a todos a caminar hacia la santidad. Amén.

Santos Luis y Celia, rogad por los matrimonios y las familias del mundo entero.

Santificados en la vida laical - San José Moscati


El doctor José Moscati nació en Benevento (Italia), el 25 de julio de 1880. Ingresó en la universidad para estudiar medicina y a los veintidós años de edad se graduó con las mejores calificaciones de su generación. Era gran devoto de la Santísima Virgen. Se levantaba diariamente muy temprano para ir a Misa y recibir la Comunión. Después se dirigía a las colonias pobres para ver algunos enfermos y a las ocho treinta de la mañana iniciaba el trabajo en el hospital. Cuando sucedió la erupción del Vesubio en 1906, fue de voluntario a Torre del Greco donde había un gran hospital, y durante más de veinte horas ayudó a trasladar enfermos a un lugar seguro. En la epidemia de cólera de 1911 en Nápoles, se mantuvo en su puesto con abnegación heroica. Luego fue nombrado director del Hospital de Incurables y se le encomedó la formación de los estudiantes de medicina. Su densa jornada, llena de ocupaciones en el hospital, la universidad, el consultorio y las visitas domiciliarias, quebrantaron su salud. El 12 de abril de 1927 por la mañana, como siempre, asistió al hospital, visitando a numerosos enfermos. Hacia las tres de la tarde se sentó en un sillón, donde entregó repentinamente su santa alma al Señor.

Fue beatificado en 1975 por el Papa Pablo VI y canonizado el 28 de abril de 1987 por el Papa Juan Pablo II, quien dijo en la homilía: "Por naturaleza y vocación, Moscati fue ante todo y sobre todo el médico que cura: responder a las necesidades de los hombres y a sus sufrimientos fue para él una necesidad imperiosa e imprescindible. El móvil de su actividad como médico no fue, pues, solamente el deber profesional, sino la conciencia de haber sido puesto por Dios en el mundo para obrar según sus planes y para llevar, con amor, el alivio que la ciencia médica ofrece, mitigando el dolor y haciendo recobrar la salud". Su fiesta se conmemora el 12 de abril.

Oración

Oh San José Moscati, médico lleno de caridad, míranos que recurrimos con fe a tu intercesión. Danos la salud física y espiritual, para que podamos servir con generosidad a Dios y al prójimo. Alivia las penas de los que sufren, conforta a los enfermos, consuela a los afligidos, da esperanza a los que no la tienen. Haz que los enfermos puedan encontrar médicos como tú, humanos y cristianos. Que los jóvenes encuentren en ti un modelo de vida, los trabajadores un ejemplo, los ancianos un consuelo, los moribundos la esperanza de la salvación eterna. Sé un guía para nosotros: enséñanos a trabajar con seriedad, honestidad y caridad, para cumplir cristianamente nuestros deberes cotidianos. Amén.

San José Moscati, ruega por nosotros.

Fuente: Cf. es.catholic.net

Santificados en la vida laical- Santa Ana Schäffer


Anna Schäffer nace el 18 de febrero de 1882 en Mindelstetten, Alemania. Aprendió la piedad y el amor de Dios de su madre que le enseñó a ser una buena cristiana. Después de hacer la Primera Comunión, ella se ofreció al Señor, siendo su más caro deseo entrar en una orden de Hermanas misioneras. Su vida fue marcada el 4 de febrero de 1901, estando en un trabajo como empleada, sufrió un accidente en el que sus dos piernas se quemaron con agua hirviendo, quedando ella invalida, aquejada por terribles dolores y postrada en su cama, pero fue desde ahí que inició su labor de apostolado mediante cartas y consejos. Fueron 24 años de sufrimiento, ofreciéndolo siempre al Señor, hasta que falleció el 5 de octubre de 1925, diciendo “Jesús, vivo por ti”.

En la homilía de su beatificación, el 7 de marzo de 1999, Juan Pablo II dijo: “Cuanto más se transformaba su vida en un calvario, tanto más fuerte era en ella la convicción de que la enfermedad y la debilidad podían ser las líneas en las que Dios escribía su Evangelio. Llamaba a su habitación de enferma taller del dolor, para conformarse cada vez más con la cruz de Cristo. Hablaba de tres llaves que Dios le había concedido: La más grande es de hierro y muy pesada, son mis sufrimientos. La segunda es la aguja, y la tercera, la pluma. Con todas estas llaves quiero trabajar día tras día, para poder abrir la puerta del cielo. Entre atroces dolores, Ana Schäffer tomaba conciencia de la responsabilidad que cada cristiano tiene de la santidad de su prójimo. Por eso utilizó su pluma. Su lecho de enferma se ha convertido en la cuna de un apostolado que se ha extendido al mundo entero. Las pocas fuerzas que le quedan las emplea en el bordado”. Fue canonizada por Benedicto XVI el 21 de octubre de 2012. Su fiesta se celebra el 5 de octubre.

Oración

Señor, concédenos a través del ejemplo e intercesión de Santa Ana Schäffer, saber entender que en la oración, en el sacrificio y en la expiación se encuentra el gran medio para encontrar la Salvación eterna y la felicidad en la tierra. Concede la conversión a los pecadores, la unidad a la Iglesia, la paz a las familias, la firmeza y fidelidad a los sacerdotes, la piedad y la pureza a los jóvenes. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Santa Ana Schaffer, ruega por nosotros.

Fuente: Cf. es.catholic.net

La Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora de Itatí


“Nos encontramos ante la imagen de la Inmaculada Concepción, venerada en el santuario de Itatí, fundado en el año 1615, y centro de la honda tradición mariana de esta región. Desde entonces, muchos miles de peregrinos han acudido ante esta imagen para honrar a María; para poner sus intenciones y sus vidas bajo su protección e intercesión.

Hoy queremos acudir también nosotros a la Virgen María, para atestiguar ese mismo amor y esa misma confianza en la que es Madre de Dios y Madre nuestra. Queremos ser buenos hijos que vienen a saludar a su Madre; hijos que se saben necesitados de su protección maternal; hijos que quieren demostrarle sinceramente su afecto”. (Homilía de San Juan Pablo II, en su visita a Corrientes, Argentina el 9 de abril de 1987)

Oración

Tiernísima Madre de Dios y de los hombres, que bajo la advocación de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora de Itatí, miraste con ojos de misericordia por más de tres siglos a todos los que te han invocado.

Atiende nuestras necesidades que tu mejor que yo las conoces.

Concédenos un gran amor a tu divino Hijo Jesús y un corazón puro, humilde y prudente, paciencia en la vida, fortaleza en las tentaciones y consuelo en la muerte.

Amén.

Santificados en la vida laical- San Nunzio Sulprizio

Tapiz de la Canonización de Nunzio Sulprizio

San Nunzio Sulprizio nació en Pescosansonesco, Italia, el 13 de abril de 1817. Tras quedar huérfano a edad temprana, fue confiado al cuidado de su abuela materna. De ella aprendió el arte de la oración y las verdades profundas de la fe. Con nueve años se quedó nuevamente solo. Se hizo cargo de él un tío materno, herrero, brusco de modales y violento. En la herrería, además de los maltratos del tío, comenzaron también los sufrimientos físicos: se enfermó gravemente de osteosarcoma y fue enviado a Nápoles, al Hospital de los Incurables. Un tío paterno lo confió al coronel Félix Wochinger, que se lo llevó consigo y lo cuidó como un verdadero padre. La recuperación duró 21 meses. Sufriendo entre los que sufren, llevaba consuelo y ayuda a los demás. Muy deteriorado y postrado en cama, murió el 5 de mayo de 1836, a los 19 años. La vida de este joven, dedicada totalmente a Dios, estuvo marcada por dos grandes amores: la Eucaristía y la Virgen María. Fue beatificado por Pablo VI el 1 de diciembre de 1963, e inscrito entre los Santos por el Papa Francisco el 14 de octubre de 2018. Su Memoria litúrgica se celebra el 5 de mayo.

Nunzio Sulprizio terminó santamente su vida temporal. En julio de 1859 Pío IX lo declaró Siervo de Dios, en virtud del decreto que introducía el proceso que ahora acaba de terminar, y León XIII, en 1891, declaró heroicas las virtudes del joven, comparando su figura a la de San Luis Gonzaga, con motivo del tercer centenario de la muerte de este santo, por la devoción que Nunzio Sulprizio le dispensó, y por la brevedad con que ambos cerraron el ciclo de su vida en la tierra, distintos en el aspecto histórico y social, los dos jóvenes proporcionan a la Iglesia el gozo y la gloria de una misma virtud: la santidad juvenil. (Palabras de San Pablo VI en la beatificación, 1 de diciembre de 1963)

Oración

Señor Dios todopoderoso, que de entre tus fieles elegiste a san Nunzio Sulprizio para que manifestara a sus hermanos el camino que conduce a Ti, concédenos que su ejemplo nos ayude a seguir a Jesucristo, nuestro Maestro, para que logremos así alcanzar un día, junto con nuestros hermanos, la gloria de tu reino eterno. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Amén

San Nunzio, ruega por nosotros.

Fuente: Cf. causesanti.va

Oración para honrar los miércoles a San José


¡Oh patriarca santo! Nuestra salud está en vuestras manos; miradnos propicio tan solamente, y serviremos al Rey de la gloria con alegría y paz.

Acordaos que jamás se ha oído decir que ni uno solo de los que han acudido a vuestra protección haya quedado sin consuelo. Alcanzadnos, pues, de Jesús, vuestro Hijo, y de María Santísima, vuestra esposa, remedio en todas nuestras necesidades.

Son grandísimos los trabajos que nos oprimen. El mundo está ardiendo, quieren tornar a sentenciar a Cristo, quieren poner su Iglesia por el suelo, quieren borrar hasta el nombre cristiano de la tierra, y vos, oh excelso patriarca, que salvasteis un día a Jesús y María de una muerte cierta que les maquinaban sus perseguidores, ahora, en esta hora decisiva, alcáncenos vuestro poderoso auxilio, y haced que, destruidas todas las adversidades y errores, vivamos en paz, muramos en gracia y alcancemos la gloria.

Yo os consagro desde hoy para siempre, mi alma, vida y corazón con todos los obsequios y alabanzas que os han tributado y tributarán los justos de cielo y tierra. Logre con vuestro favor y poderoso patrocinio, santo mío de mi corazón, vivir en justicia, morir en gracia y alcanzar la gloria. Amén.

Fuente: Cf. San Enrique de Ossó, El devoto josefino

Oración a San Pedro y San Pablo


Glorioso San Pedro, Príncipe de los Apóstoles y de la Iglesia Católica; por aquella obediencia con que a la primera voz dejaste cuanto tenías en el mundo para seguir a Cristo; por aquella fe con que creíste y confesaste por Hijo de Dios a tu Maestro; por aquella humildad con que, viéndole a tus pies, rehusaste que te los lavase; por aquellas lágrimas con que amargamente lloraste tus negaciones; por aquella vigilancia con que cuidaste como pastor universal del rebaño que se te había encomendado; finalmente, por aquella imponderable fortaleza con que diste por tu Redentor la vida crucificado, te suplico, Apóstol glorioso, por tu actual sucesor el Vicario de Cristo. Alcánzame que imite del Señor esas virtudes tuyas con la victoria de todas mis pasiones; y concédeme especialmente el don del arrepentimiento para que, purificado de toda culpa, goce de tu amable compañía en el Cielo.

Glorioso apóstol San Pablo, vaso escogido del Señor para llevar su santo nombre por toda la tierra; por tu celo apostólico y por tu abrasada caridad con que sentías las penas del prójimo como si fueran tuyas; por la inalterable paciencia con que sufriste persecuciones, cárceles, azotes, cadenas, tentaciones, naufragios y hasta la misma muerte; por aquel celo que te estimulaba a trabajar día y noche en beneficio de las almas y, sobre todo, por aquella prontitud con que a la primera voz de Cristo en el camino de Damasco te rendiste enteramente a la gracia, te ruego, por todos los apóstoles de hoy, y que me consigas del Señor que imite tus ejemplos, oyendo prontamente la voz de sus inspiraciones, pelee contra mis pasiones con total desapego de las cosas temporales y aprecio de las eternas, para gloria de Dios. Amén.

Fuente: cf. Devocionario del Sagrado Corazón de Jesús

Ser sumisos al Espíritu Santo

“Os voy a revelar un secreto para ser santo y dichoso. Si todos los días, durante cinco minutos, sabéis hacer callar vuestra imaginación, cerráis los ojos a las cosas sensibles y los oídos a todos los rumores de la tierra, para penetrar en vosotros mismos, y allí, en el santuario de vuestra alma bautizada, que es el templo del Espíritu Santo, habláis a este Espíritu Divino, diciéndole:

Oh Espíritu Santo, alma de mi alma, os adoro. Iluminadme, guiadme, fortalecedme, consoladme. Decidme que debo hacer; dadme vuestras órdenes: os prometo someterme a todo lo que deseéis de mí y aceptar todo lo que permitáis que me suceda. Hacedme tan sólo conocer vuestra Voluntad.

Si esto hacéis, vuestra vida se será feliz, serena y llena de consuelo, aun en medio de las penas, porque la gracia será en proporción a la prueba, dándonos la fuerza de sobrellevarla, y llegaréis así a la puerta del Paraíso cargados de méritos. Esta sumisión al Espíritu Santo es el secreto de la santidad”.

Fuente: de los escritos del Cardenal Mercier

Una gran figura del laicado católico

"El beato Federico Ozanam, apóstol de la caridad, esposo y padre de familia ejemplar, gran figura del laicado católico... hombre de pensamiento y de acción, sigue siendo un modelo de compromiso valiente, en la búsqueda de la verdad y en la defensa de la dignidad de toda persona humana". (Palabras de la homilía de S.S. Juan Pablo II en la beatificación de Federico Ozanam, 22 de agosto de 1997)

He aquí algunos breves escritos del beato Federico Ozanam: "Zarandeado algún tiempo por la duda, sentía una imperiosa necesidad de sujetarme con todas mis fuerzas a las columnas del Templo... extenderé mi brazo para mostrar la religión como un faro liberador a los que navegan por el mar de la vida, sintiéndome dichoso si algunos amigos vienen a agruparse alrededor de mí. El catolicismo se elevará súbitamente sobre el mundo y se pondrá a la cabeza de este siglo que renace....

Muero en el seno de la Iglesia católica, apostólica y romana. He conocido las dudas de nuestro siglo, pero a lo largo de mi vida me he convencido de que no hay reposo para el espíritu y el corazón más que en la Iglesia y bajo su autoridad...

Ruego por mi familia, mi esposa, mi hija y demás parientes para que perseveren en la fe y sean testigos a pesar de los escándalos y demás sufrimientos de la vida".

Oración para pedir por su canonización

Señor, has hecho del Beato Federico Ozanam un testigo del Evangelio, maravillado con el misterio de la Iglesia y le has dotado de una incansable generosidad al servicio de los que sufren. En familia, se reveló hijo, hermano, esposo y padre ejemplar. En el mundo, su ardiente pasión por la verdad iluminó su pensamiento, su enseñanza y sus escritos. En cada uno de los aspectos de su breve existencia, aparece su visión profética de la sociedad tanto como la evidencia de sus virtudes. Señor, si tal es tu voluntad, te pedimos que la Iglesia proclame su santidad, tan providencial para los tiempos presentes. Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor. Amén.

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