En la Fiesta de un joven Santo

Aquí aparece ante nuestros ojos la imagen de Domingo Savio, frágil adolescente, de cuerpo débil, pero de alma extendida en una pura oblación de sí al amor soberano, delicado y exigente de Cristo. En una edad tan tierna, uno esperaría encontrar más bien buenas y amables disposiciones del espíritu, y en su lugar se encuentran en él con asombro las vías maravillosas de las inspiraciones de la gracia, y una constante adhesión sin reservas a las cosas del cielo, que su fe percibía con una rara intensidad. En la escuela de su Maestro Espiritual, el gran Santo Don Bosco, él aprendió cómo la alegría de servir a Dios y de hacerlo amar por los demás puede convertirse en un poderoso medio de apostolado. El 8 de diciembre de 1854 lo vio elevado en un éxtasis de amor hacia la Virgen María, y poco después él reunía algunos de sus amigos en la “Compañía de la Inmaculada Concepción”, a fin de avanzar a grandes pasos en el camino de la santidad y para evitar incluso el menor de los pecados. Instaba a sus compañeros a la piedad, a la buena conducta, a la frecuencia de los sacramentos, al rezo del Santo Rosario, a escapar del mal y de las tentaciones. Sin dejarse intimidar por las malas actitudes y respuestas insolentes, intervenía con firmeza, pero con caridad, para llamar al deber a los imprudentes y perversos. Lleno en esta vida de la familiaridad y de los dones del dulce Huésped del alma, pronto dejó la tierra para recibir, con la intercesión de la Reina de los cielos, la recompensa de su filial amor. (Discurso de Pio XII con motivo de la Canonización, el 12 de junio de 1954)

Oración

Santo Domingo Savio, tu entregaste tu corta vida totalmente por el amor a Jesús y su Madre. Ayuda hoy a la juventud para que se dé cuenta de la importancia de Dios en su vida. Tú que llegaste a ser santo a través de la participación fervorosa de los sacramentos, ilumina a padres y niños en la importancia de frecuentar la confesión y la santa comunión. Tú que a una temprana edad meditaste en los sufrimientos de la Pasión de Nuestro Señor, obtén para nosotros la gracia de un ferviente deseo de sufrir por amor a Él. Necesitamos tu intercesión para proteger a los niños de hoy de los engaños de este mundo. Vigila sobre ellos y condúceles por el camino estrecho hacia el Cielo. Pide a Dios que nos de la gracia para santificar nuestras obligaciones diarias llevándolas a cabo de manera perfecta por amor a Él. Y recuérdanos la necesidad de practicar la virtud sobre todo en los tiempos de prueba y tribulación.

Santo Domingo Savio, tú que supiste preservar el corazón en la inocencia bautismal, ruega por nosotros. Amén.

En este día privilegiado nadie debe desesperar

Por la resurrección de Cristo se abren las puertas de la región de los muertos; por obra de los neófitos la tierra es renovada; por obra del Espíritu Santo se abren las puertas del cielo. La región de los muertos, una vez abierta, devuelve a sus prisioneros; la tierra renovada germina a los resucitados; el cielo abierto acoge a los que a él ascienden.

El ladrón sube al paraíso, los cuerpos de los santos entran en la ciudad santa, los muertos regresan entre los vivos y, por la acción eficaz de la resurrección de Cristo, todos los elementos se ven enaltecidos.

La región de los muertos deja salir de sus profundidades a los que allí estaban retenidos, la tierra envía al cielo a los que en ella estaban sepultados, el cielo presenta al Señor a los que acoge en sus moradas; y la pasión del Salvador, con una sola e idéntica operación, nos levanta desde lo más profundo, nos eleva de la tierra y nos coloca en lo alto.

La resurrección de Cristo es vida para los difuntos, perdón para los pecadores, gloria para los santos. Por esto el salmista invita a toda la creación a celebrar la resurrección de Cristo, al decir que hay que alegrarse y llenarse de gozo en este día en que actuó el Señor.

La luz de Cristo es un día sin noche, un día que no tiene fin. El Apóstol nos enseña que este día es el mismo Cristo, cuando dice: La noche va pasando, el día está encima. La noche -dice- va pasando, no dice: “vuelve”, para darnos así a entender que, con la venida de la luz de Cristo, se ahuyentan las tinieblas del demonio y no vuelve ya más la oscuridad del pecado, y que, con este indeficiente resplandor, son rechazadas las tinieblas de antes, para que el pecado no vuelva a introducirse subrepticiamente.

Tal es el día del Hijo, a quien el Padre comunica, de un modo arcano, la luz de su divinidad. Tal es el día que dice, por boca de Salomón: Yo hice nacer en los cielos la luz indeficiente.

Por esto, del mismo modo que la noche no sucede al día del cielo, así también las tinieblas del pecado no pueden suceder a la justicia de Cristo. El día celeste no cesa nunca de dar su luz y resplandor, ni hay oscuridad alguna capaz de ponerle fin; así también la luz de Cristo brilla, irradia, centellea siempre, y las tinieblas de los delitos no pueden vencerla, como dice el evangelista Juan: Esta luz brilla en las tinieblas, pero las tinieblas no la vencieron.

Por tanto, hermanos, todos debemos alegrarnos en este día santo. Nadie se retraiga de la común alegría, aunque tenga conciencia de sus pecados; nadie se aparte de la oración común, aunque se sienta agravado por sus culpas. En este día, nadie, por más que se sienta pecador, debe desesperar del perdón, ya que se trata de un día sobremanera privilegiado. Si el ladrón obtuvo la gracia del paraíso, ¿por qué el cristiano no ha de obtener el perdón?

Fuente: De los Sermones de san Máximo de Turín, Liturgia de las Horas

Habrá niños santos - Siervo de Dios Domingo Zamberletti

Domingo Zamberletti 01 01

Domingo Zamberletti nació en Varese (Italia) el 24 de agosto de 1936. Amó a los suyos con un amor intensísimo y fue correspondido con un afecto igualmente intenso, fruto de una educación profundamente humana y cristiana. La oración lo atraía en tal forma que una vez se quedó abstraído, hasta que una monjita lo sacudió:

- “Domingo, ¿todavía no has terminado de rezar?”.
- “¿Ya es hora de irnos? No me doy cuenta del tiempo que pasa”, contestó sorprendido.
Para la música tenía una inclinación especial. Desde pequeño había comenzado a ejercitarse en el piano que tenían sus padres. A los 9 años era organista oficial en su parroquia.
Otra pasión suya era la atención a los monaguillos; los dirigía con un celo envidiable. Su deseo más grande tal vez era poseer el don de la bilocación: ¡hallarse en el órgano para tocar y en el presbiterio para servir!

Domingo era mimado por todos, obsequiado por camareros y servidores -su familia era económicamente acomodada, siendo propietaria de un hotel- podía permitirse una vida de gran señor. ¡Por el contrario, no! Estaba siempre listo a ayudar a las sirvientas, pese a ser el hijo de los dueños. Cada día tomaba el ferrocarril y luego el tranvía, para bajar e ir al colegio salesiano de Varese. Era inteligente y despierto.
Con la dirección del confesor, con la oración, la mortificación y el cumplimiento gozoso y exacto de sus deberes, logró avanzar allí donde pocos lo habrían conseguido. Descollaba por su alegría y serenidad, por la intensa vida interior y la gran caridad hacia los pobres: varios de ellos se presentaban en el hotel de los Zamberletti, y aquí Domingo había dado indicaciones en la cocina para que prepararan un plato más. ¡Esta santidad juvenil es tan necesaria el día de hoy!

A comienzos de enero de 1949 se presentaron los primeros síntomas de la pleuresía. Guardó cama hasta la muerte. Rezaba y ofrecía su enfermedad, que fue imparable. Aguantó dolores atroces hasta el 29 de mayo de 1950, cuando, antes de expirar, dijo a su madre que lo asistía: “Mamá, estoy bien, me voy al Cielo”. Tenía solamente 13 años y 9 meses.

Fuente: cf. boletin-salesiano.com

Santificación en el matrimonio (II)

Beato Carlos y Emperatriz Zita 07 08

La tradición cristiana ha visto frecuentemente en la presencia de Jesucristo en las bodas de Caná una confirmación del valor divino del matrimonio: fue nuestro Salvador a las bodas -escribe San Cirilo de Alejandría- para santificar el principio de la generación humana.

El matrimonio es un sacramento que hace de dos cuerpos una sola carne; como dice con expresión fuerte la teología, son los cuerpos mismos de los contrayentes su materia. El Señor santifica y bendice el amor del marido hacia la mujer y el de la mujer hacia el marido: ha dispuesto no sólo la fusión de sus almas, sino la de sus cuerpos. Ningún cristiano, esté o no llamado a la vida matrimonial, puede desestimarla.
Las personas que están pendientes de sí mismas, que actúan buscando ante todo la propia satisfacción, ponen en juego su salvación eterna, y ya ahora son inevitablemente infelices y desgraciadas. Sólo quien se olvida de sí, y se entrega a Dios y a los demás -también en el matrimonio-, puede ser dichoso en la tierra, con una felicidad que es preparación y anticipo del cielo.

Durante nuestro caminar terreno, el dolor es la piedra de toque del amor. En el estado matrimonial, considerando las cosas de una manera descriptiva, podríamos afirmar que hay anverso y reverso. De una parte, la alegría de saberse queridos, la ilusión por edificar y sacar adelante un hogar, el amor conyugal, el consuelo de ver crecer a los hijos. De otra, dolores y contrariedades, el transcurso del tiempo que consume los cuerpos y amenaza con agriar los caracteres, la aparente monotonía de los días aparentemente siempre iguales.

Tendría un pobre concepto del matrimonio y del cariño humano quien pensara que, al tropezar con esas dificultades, el amor y el contento se acaban. Precisamente entonces, cuando los sentimientos que animaban a aquellas criaturas revelan su verdadera naturaleza, la donación y la ternura se arraigan y se manifiestan como un afecto auténtico y hondo, más poderoso que la muerte.
Esa autenticidad del amor requiere fidelidad y rectitud en todas las relaciones matrimoniales.

Fuente: San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa

El primer Legionario de María en Argentina

Alfonso Lambe 01 01 Siervo de Dios Alfonso Lambe

EAlfonso Lambe nació en Irlanda en la fiesta de San Juan Bautista de 1932. Y como Juan, tuvo misión de precursor. A Alfonso Lambe le tocó serlo de la Legión de María. A los 21 años llegó a América como Delegado Internacional de la Legión de María y recorrió los países latinoamericanos fundando millares de praesidia - grupos legionarios - dejando a su paso la estela de la santidad y la alegría de las almas marianas. Dios lo proveyó de grandes dotes naturales que él cimentó en la humildad e hizo fructificar en una ardiente caridad.

Para llevar las almas a Cristo ofrendó su heroica juventud en manos de María.

Alfonso había escrito: “He de esforzarme para que el reinado de María se realice; sí, para que María reine en todos los corazones. Debemos rezar mucho y pedir también a otros que recen para que María impere, como Reina, en nuestro propio corazón.
Yo creo que no sería muy difícil ser santos, yo creo que si dejáramos que se haga en nosotros siempre la Voluntad de Dios, podríamos de verdad, ser santos. Si realmente nos lo propusiéramos, poniendo en ello toda nuestra vida, lo podríamos lograr, porque Dios quiere nuestro esfuerzo, nuestra lucha y después sólo hay que dejarlo hacer a Él.”

En diciembre de 1958, cayó enfermo. Los rayos-x indicaron que había que efectuar una operación, por lo que fue trasladado en avión a Buenos Aires. La operación comprobó la existencia de cáncer generalizado.
El Arzobispo de Buenos Aires, Cardenal Copello, le administró los últimos Sacramentos. El Nuncio, que siempre fue un apoyo y un consuelo para Alfonso, le dio la bendición final. El Señor aceptó su holocausto el 21 de enero de 1959. Sus restos descansan en la bóveda de los Hermanos Cristianos Irlandeses en el cementerio de la Recoleta.

Fuente: alfonsolambe.org

El que sufre generosamente contribuye a la salvación de todos

Beato Carlos 05 08 El Beato Carlos de Austria visitando un enfermo

La grandeza y dignidad del hombre están en ser hijo de Dios y estar llamado a vivir en íntima unión con Cristo. Esa participación en su vida lleva consigo el compartir su dolor. El más inocente de los hombres -el Dios hecho hombre- fue el gran sufriente que cargó sobre sí con el peso de nuestras faltas y de nuestros pecados. Cuando Él anuncia a sus discípulos que el Hijo del Hombre debía sufrir mucho, ser crucificado y resucitar al tercer día, advierte a la vez que si alguno quiere ir en pos de Él, ha de negarse a sí mismo, tomar su cruz de cada día, y seguirle (cf. Lc 9, 22ss).

Existe, pues, una íntima relación entre la Cruz de Jesús -símbolo del dolor supremo y precio de nuestra verdadera libertad- y nuestros dolores, sufrimientos, aflicciones, penas y tormentos que pueden pesar sobre nuestras almas o echar raíces en nuestros cuerpos. El sufrimiento se transforma y sublima cuando se es consciente de la cercanía y solidaridad de Dios en esos momentos. Es esa la certeza que da la paz interior y la alegría espiritual propias del hombre que sufre generosamente y ofrece su dolor “como hostia viva, consagrada y agradable a Dios” (Rm 12, 1).
El que sufre con esos sentimientos no es una carga para los demás, sino que contribuye a la salvación de todos con su sufrimiento.

Fuente: San Juan Pablo II, Discurso en una visita a los enfermos en México, 24 de enero de 1999

Habrá niños santos - Sierva de Dios Amanda Ruiz Suárez

Amanda Gilseth Ruiz Suarez 01 01

Amanda Gilseth Ruiz Suárez, nace en Táchira, Venezuela, el 11 de mayo de 1999. Hija de Mauricio Ruiz y Leonor Suárez, quienes luego de su muerte, reciben el regalo de dos hijos más, Andrés y Lucía.

A la edad de tres años le diagnostican leucemia y comienza a recibir tratamiento contra el cáncer.
En julio de 2005 se inscribe en el Colegio Parroquial Nuestra Señora del Carmen de La Concordia para cursar primer grado. A principios de septiembre de 2005, su estado de salud recae fuertemente; es internada en el Hospital del Seguro Social de San Cristóbal y sometida a un intenso tratamiento de quimioterapias. El 21 de septiembre de 2005, a la edad de seis años y cuatro meses, falleció dando ejemplo de total confianza en Dios.

El testimonio de fe y de heroísmo de Amanda ha permanecido vivo entre quienes la conocieron y su fama de santidad se ha extendido. Durante sus seis años de vida y en el modo con que asumió su enfermedad, Amanda mostró una sensibilidad por lo religioso y lo espiritual que sorprendía a sus familiares y a cuantos la conocieron. Se reconocía y se definía a sí misma como querida de Dios, y a Dios como al Padre a quien debemos amar. Deseaba siempre y en primer lugar las cosas de Dios, por las cuales sentía especial gusto y predilección.
Amanda era una niña que en medio de su enfermedad sabía integrar de modo impresionante alegría y sufrimiento; la enfermedad no le borró de su rostro la sonrisa ni de su alma la alegría.

Tras la tristeza, espera con alegría el gozo que vendrá

Job 04 05 Job y sus amigos

Me has pedido, dilectísimo hermano, que te transmita por carta unas palabras de consuelo capaces de endulzar tu corazón, amargado por tantos sufrimientos como te afligen.

Pero si tu inteligencia está despierta, a mano tienes el consuelo que necesitas, pues la misma palabra divina te instruye como a hijo, destinado a obtener la herencia. Medita en aquellas palabras: Hijo mío, cuando te acerques al temor de Dios, prepárate para las pruebas; mantén el corazón firme, sé valiente.
Donde está el temor está la justicia. La prueba que para nosotros supone cualquier adversidad no es un castigo de esclavos, sino una corrección paterna.
Por esto Job, en medio de sus calamidades, si bien dice: Que Dios se digne triturarme y cortar de un tirón la trama de mi vida, añade a continuación: Sería un consuelo para mí; aun torturado sin piedad, saltaría de gozo.
Para los elegidos de Dios, sus mismas pruebas son un consuelo, pues en virtud de estos sufrimientos momentáneos dan grandes pasos por el camino de la esperanza hasta alcanzar la felicidad del cielo.

Lo mismo hacen el martillo y la lima con el oro, quitándole la escoria para que brille más. El horno prueba la vasija del alfarero, el hombre se prueba en la tribulación.Por esto dice también Santiago: Hermanos míos: Teneos por muy dichosos cuando os veáis asediados por toda clase de pruebas.
Con razón deben alegrarse quienes sufren por sus malas obras una pena temporal, y, en cambio, obtienen por sus obras buenas los premios sempiternos del cielo.

Todo ello significa que no deben deprimir tu espíritu los sufrimientos que padeces y las correcciones con que te aflige la disciplina celestial; no murmures ni te lamentes, no te consumas en la tristeza o la pusilanimidad. Que resplandezca en tu rostro la serenidad, en tu mente la alegría, en tu boca la acción de gracias.
Alabanza merece la dispensación divina, que aflige temporalmente a los suyos para librarlos del castigo eterno, que derriba para exaltar, corta para curar y deprime para elevar.
Robustece tu espíritu con éstos y otros testimonios de la Escritura y, tras la tristeza, espera con alegría el gozo que vendrá.
Que la esperanza te levante ese gozo, que la caridad encienda tu fervor. Así tu mente, bien saciada, será capaz de olvidar los sufrimientos exteriores y progresará en la posesión de los bienes que contempla en su interior.

Fuente: De las cartas de san Pedro Damián, Liturgia de las Horas.

Ha nacido el Rey del Cielo

Navidad 03 44

¡El gran Niñito de Belén sea siempre la delicia de nuestro corazón!

¡Qué precioso el pobrecito recién nacido! Me parece ver a Salomón sentado en su gran trono de marfil, dorado y labrado, que no tenía igual en todo el reino, como dice la Escritura. Y el rey no tenía comparación con ningún otro en gloria y magnificencia. Pero cien veces prefiero contemplar a nuestro querido Niño en el pesebre, que ver a todos los reyes en sus tronos.
Al mirarlo sobre las rodillas de su Madre, o entre sus brazos, con su boquita como un botón de rosa, pegada a los lirios de los santos pechos maternos, ¡oh!, lo encuentro con mayor magnificencia en ese trono, que Salomón en el suyo de marfil...
El gran San José comparte con nosotros su consolación; la Madre soberana nos hace partícipes de su amor y el Niño quiere derramar, para siempre, sus méritos en nuestro corazón.

Os ruego, que reposéis lo más dulcemente posible junto al Infantito celestial. Él siempre seguirá amando vuestro corazón tal como es, aunque no tenga ternura ni delicadezas. ¿No veis cómo recibe el aliento de la mula y el buey, que no tienen sentimientos ni afectos? ¿Cómo no va a recibir las aspiraciones de vuestro pobre corazón, el cual, aunque sin ternura, se pone a sus pies para ser, por siempre, servidor inviolable de su Corazón y del de su santa Madre y del jefe de la familia del pequeño Rey?
Que la alegría y la consolación del Hijo y de la Madre sean por siempre el gozo de nuestras almas.

Fuente: cf. San Francisco de Sales, carta a santa Juana de Chantal del 25 de diciembre de 1613

Misa de Nochebuena

San Lorenzo de Brindis 01 01 Visión del Niño Jesús de San Lorenzo de Brindis

«Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy». La Iglesia comienza la liturgia de la Noche Santa con estas palabras del Salmo segundo. Ella sabe que estas palabras pertenecían originariamente al rito de la coronación de los reyes de Israel. El rey, que de por sí es un ser humano como los demás hombres, se convierte en «hijo de Dios» mediante la llamada y la toma de posesión de su cargo: es una especie de adopción por parte de Dios, un acto de decisión, por el que confiere a ese hombre una nueva existencia, lo atrae en su propio ser.

La lectura, tomada del profeta Isaías, presenta de manera todavía más clara el mismo proceso en una situación de turbación y amenaza para Israel: «Un hijo se nos ha dado: lleva sobre sus hombros el principado» (9,5). La toma de posesión de la función de rey es como un nuevo nacimiento. Precisamente como recién nacido por decisión personal de Dios, como niño procedente de Dios, el rey constituye una esperanza. El futuro recae sobre sus hombros. Él es el portador de la promesa de paz.
En la noche de Belén, esta palabra profética se ha hecho realidad de un modo que habría sido todavía inimaginable en tiempos de Isaías. Sí, ahora es realmente un niño el que lleva sobre sus hombros el poder. En Él aparece la nueva realeza que Dios establece en el mundo. Este niño ha nacido realmente de Dios. Es la Palabra eterna de Dios, que une la humanidad y la divinidad. Para este niño valen los títulos de dignidad que el cántico de coronación de Isaías le atribuye: Consejero admirable, Dios poderoso, Padre por siempre, Príncipe de la paz (9,5).
Sí, este rey no necesita consejeros provenientes de los sabios del mundo. Él lleva en sí mismo la sabiduría y el consejo de Dios. Precisamente en la debilidad como niño Él es el Dios fuerte, y nos muestra así, frente a los poderes presuntuosos del mundo, la fortaleza propia de Dios.

El ejército celestial alababa a Dios diciendo: «Gloria a Dios en el cielo... » (Lc 2,13s). Pero los hombres siempre han sabido que el hablar de los ángeles es diferente al de los hombres; que precisamente esta noche del mensaje gozoso ha sido un canto en el que ha brillado la gloria sublime de Dios. Por eso, este canto de los ángeles ha sido percibido desde el principio como música que viene de Dios, más aún, como invitación a unirse al canto, a la alegría del corazón por ser amados por Dios. Cantare amantis est, dice san Agustín: cantar es propio de quien ama. Así, a lo largo de los siglos, el canto de los ángeles se ha convertido siempre en un nuevo canto de amor y alegría, un canto de los que aman. En esta hora, nosotros nos asociamos llenos de gratitud a este cantar de todos los siglos, que une cielo y tierra, ángeles y hombres.

Fuente: S.S. Benedicto XVI, Homilía en la Misa de Nochebuena 24 de diciembre de 2010

Domingo "Gaudete"

San Juan Pablo II 01 05

“Estad siempre alegres en el Señor... El Señor está cerca” (Flp 4, 4-5).

Con estas palabras del apóstol san Pablo la liturgia nos invita a la alegría. Es el tercer domingo de Adviento, llamado precisamente por eso domingo “Gaudete”.
El Adviento es tiempo de alegría, porque hace revivir la espera del acontecimiento más feliz de la historia: el nacimiento del Hijo de Dios de la Virgen María.
Saber que Dios no está lejos, sino cerca, que no es indiferente, sino compasivo, que no es extraño, sino Padre misericordioso que nos sigue amorosamente respetando nuestra libertad: todo esto es motivo de una alegría profunda, que los alternos acontecimientos diarios no pueden ofuscar.
Una característica inconfundible de la alegría cristiana es que puede convivir con el sufrimiento, porque está totalmente basada en el amor. En efecto, el Señor, que “está cerca” de nosotros hasta el punto de hacerse hombre, viene a infundirnos su alegría, la alegría de amar. Sólo así se comprende la serena alegría de los mártires incluso en medio de las pruebas, o la sonrisa de los santos de la caridad en presencia de quienes sufren: una sonrisa que no ofende, sino que consuela.

“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1, 28). El anuncio del ángel a María es una invitación a la alegría. Pidamos a la Virgen santísima el don de la alegría cristiana.

Fuente: San Juan Pablo II, Angelus del 14 de diciembre de 2003

Palabras de consuelo de San Pío de Pietrelcina

Jesus 22 31

“Si el miedo os aprieta estrechamente, debéis exclamar con San Pedro: Señor sálvanos. Os tenderá la mano, apretadla con fuerza y seguid vuestro camino con alegría. Aunque el mundo se ponga cabeza abajo, aunque todo esté en tinieblas, lleno de humo y de estruendo. ¡Dios estará con vosotros!

En el tumulto de las pasiones y de las vicisitudes adversas nos sostenga la grata esperanza de la inagotable misericordia de Dios. Dios os deja en esas tinieblas para su gloria; aquí está la gran oportunidad de vuestro progreso espiritual.”

“Cuando os veáis despreciados, haced como el Martín Pescador que construye su nido en los mástiles de las naves es decir, levantaos de la tierra, elevaos con el pensamiento y con el corazón hacia Dios, que es el único que os puede consolar y daros fuerza para sobrellevar santamente la prueba.”

“El sufrimiento soportado cristianamente es la condición que Dios, autor de todas las gracias y de todos los dones que conducen a la salvación, ha establecido para concedernos la gloria.”

“Recuerda que no se vence en la batalla si no es por la oración; a ti te corresponde la elección.”

“Cuando nos ponemos a orar a Dios, busquemos desahogar todo nuestro espíritu. Nuestras súplicas le cautivan de tal modo que no puede menos de venir en nuestra ayuda; ora y espera; no te inquietes. La inquietud no conduce a nada. Dios es misericordioso y escuchará tu oración.”

Habrá niños santos - Siervo de Dios Ángel Bonetta

Angel Bonetta 01 01

Ángel nace el 18 de septiembre de 1948 en Cigole, Italia, hijo de Francisco y Julia. Es un niño vivaz que apenas es posible mantenerlo bajo control, con travesuras propias de su edad. Estudió en el jardín de infancia de las hermanas Canosianas. Guiado por la ayuda de las hermanas se vuelve más reflexivo y cuidadoso. Presentaba una fuerte inclinación a la oración y al amor a Jesús, y se prepara para recibirlo en la Eucaristía. El 14 de abril de 1955 con tan sólo seis años recibe la primera comunión.

Se convierte en monaguillo, con entusiasmo en el servicio de la Misa todos los domingos; es simpático con sus compañeros, cuidadoso con los demás niños. Jugaba muy bien al fútbol; muy a menudo los compañeros le buscan para arbitrar, ya que tienen plena confianza en él.
Aprovecha su carisma y simpatía para arrastrar a sus compañeros con el fin de involucrarlos en su fuerte dimensión religiosa.

Joven inteligente, completó la escuela primaria, y a los once años entra en un internado en Brescia para continuar sus estudios, pero después de sólo quince días comienza a cojear visiblemente por un dolor agudo en la rodilla. Informaron a toda prisa a su casa; sus padres le ingresaron en el hospital en Brescia para ser examinado: el diagnóstico es cáncer, un sarcoma óseo. Así comenzó un Vía Crucis de dolorosos y largos tratamientos. A pesar de los cuidados intensivos no se logra impedir la amputación de la pierna, efectuada el 2 mayo de 1961. En la larga convalecencia en el hospital se une a los Voluntarios del Sufrimiento; lee la historia de los pastorcitos, Francisco y Jacinta de Fátima, a quien la Virgen María había dirigido la invitación a la penitencia y oración por la conversión de los pecadores; Ángel encuentra en Fátima y en el testimonio de los pastorcitos un modelo a seguir.
Lo que para otros sería un desastre para maldecir, él lo acepta como un don que debe ofrecer, “Señor te ofrezco todo por los pobres pecadores, pero ayúdame tú a no negarte nada”.

Ángel siempre estaba sonriendo, y no se dejó detener por el deterioro de su salud. No se cierra en su dolor; siempre bromeando y en un buen estado de ánimo se mueve con facilidad en las muletas, restando importancia a su malestar, consolando a los pacientes de los distintos departamentos del hospital donde era hospitalizado de vez en cuando, animándoles a tener una tranquila resignación y a fortalecerse espiritualmente a través de la oración.
En agosto de 1961 participó en el retiro celebrado en Re (Novara) por los Voluntarios del Sufrimiento, convirtiéndose en un amigo de todos y un modelo para otros enfermos. El fundador de la Asociación de Voluntarios del Sufrimiento, el Beato Luis Novarese (1914 - 1984), dándose cuenta de su aspiración de entrega total a Jesús Crucificado, en mayo de 1962 lo invitó a tomar una decisión de consagración al Señor. Fue el 21 de septiembre de 1962 con poco menos de catorce años, que hace sus votos de castidad, obediencia y pobreza, en la Asociación de los Silenciosos Operarios de la Cruz. Ese día pudo decir: “Ahora soy verdaderamente todo tuyo, Jesús. Todo tuyo y de la Virgen María para la conversión de los pecadores”.
Para Ángel esa fue la mayor alegría en todos sus años de dolor, pero, veinte días más tarde, el 12 de octubre de 1962, se vio obligado a quedarse en cama, de la cual ya nunca se levantaría debido al imparable avance del tumor. El 27 de enero 1963 se confiesa, recibe el Viático y la unción de los enfermos; cerca de la medianoche invita a orar a los presentes y ora con sus seres queridos alrededor de la cama, y luego se queda dormido. Alrededor de las dos de la mañana se despierta y mirando a la estatua de la Virgen que estaba en la mesa de noche se queda dormido en el Señor. Tenía 14 años. Su causa de beatificación se abrió oficialmente el 19 de mayo de 1998.

Fuente: cf. santiebeati.it

Jóvenes ejemplares (VI)

Antonio Rivera 01 01b Siervo de Dios Antonio Rivera, "el ángel del Alcázar"

Antonio Rivera nació el 27 de febrero de 1916 en Riaguas de San Bartolomé (España) y fue el segundo de cuatro hermanos.

En el año 1932, al establecer el prelado de Toledo la Juventud de Acción Católica en la ciudad, Antonio colaboró con los primeros jóvenes como directivo. A fines de 1933 se constituye en Toledo la Unión Diocesana de Jóvenes de A.C. y Antonio es nombrado Presidente. Contaba con 17 años. Con este motivo comienza la época de su plenitud apostólica al servicio de la A.C. y se consagra por completo al apostolado de los jóvenes. De 1933 a 1936, a pesar del ambiente sumamente hostil de la II República, fundó 30 centros de jóvenes de A.C. con más de 3.000 socios en toda la Diócesis. La fuerza que transmitía Antonio con sus intervenciones, fruto de su amor por Cristo y la Iglesia, prendaba a quienes lo escuchaban y les transmitía ardor apostólico.

En marzo de 1936 Antonio hace sus últimos Ejercicios Espirituales. En ellos se consolida, se fortalece interiormente y encuentra la principal fuerza para afrontar la última y definitiva etapa de su vida. En el mes de julio marcha al Alcázar de Toledo, bastión patriota y católico, que pronto quedó cercado por las tropas comunistas. Una vez allí, desde los primeros momentos vivió su nueva realidad como una misión apostólica con todos, a quienes exhortaba a tener las cuentas arregladas con Dios ante la muerte, ofreciéndose para realizar los servicios más difíciles y arriesgados. Con los Jóvenes de A.C. (más de treinta estaban con él en el Alcázar) formó un "Centro de Vanguardia", celebrando reuniones, círculos y actos de piedad en común. Se llegó a tener meditación colectiva diaria, además de otros actos generales como el rosario o la Salve cantada en la Capilla del Alcázar.
Continuamente se le veía rezar y ayudar a los presentes a encontrarse con Dios, lo cual le valió el apodo de "el ángel del Alcázar". El 11 de septiembre pudo comulgar en la única Misa que se celebró durante el asedio; Antonio había entrado en plena etapa de purificación.
Por las reflexiones que dejó escritas en esos días, se aprecia toda la intensidad de su agotamiento físico y de su dolor moral ante la dura prueba que tiene que soportar. Pero se sobrepone a todo con espíritu sobrenatural, claramente heroico: "Los santos pasaron por trances durísimos y te vas a desanimar tú ya... ¡todo lo puedo en aquel que me conforta!".

El 18 de septiembre, después de haber hecho explosión la más potente mina, que hiciera volar buena parte del Alcázar, una granada de mano arrojada desde el piso superior le desgajó el brazo izquierdo. Sin desvanecerse fue llevado a la enfermería, donde pidió que atendieran a otros antes que a él. Fue necesario amputarle el brazo izquierdo. Conservando admirablemente la calma y el buen humor, dice al médico: "No se preocupe usted; corte tranquilo, ¡si hasta es el izquierdo! ¡Yo no quiero nada con las izquierdas!"

Al liberarse el Alcázar pudo volver a su casa en estado gravísimo. Decía: "Estoy muy contento. Ahora puedo decir como Jesucristo: no hay parte de mi cuerpo que no me duela".
Recibe la comunión a diario y le repite al Señor "yo no puedo, pero Tú sí puedes". El 20 de noviembre de 1936 entregó su alma a Dios. A partir de su muerte los reconocimientos a su obra fueron constantes; además de numerosos homenajes, de la publicación de varias biografías y de la dedicatoria de diversas instituciones con su nombre, su estatua figura entre los representantes de la España cristiana que se encuentran a los pies de la imagen del Sagrado Corazón en el Cerro de los Ángeles.

Fuente: cf. accioncatolicatoledo.es

Jóvenes ejemplares (V)

Venerable Maria Margarita Bogner 01 01 Venerable María Margarita Bogner

Adelaida María Ana Bogner nació en Melence (Hungría) el 15 de diciembre de 1905, en el seno de una familia noble y religiosa. Fue una niña extrovertida y afectuosa, vivaz y alegre; muy querida por todos, tenía un corazón grande y bueno. A los 9 años enferma de escarlatina, lo que le produce una periostitis (inflamación dolorosa de la pierna), quedando con un pie rígido para siempre. La debilidad física fue su compañera de vida.

Durante su adolescencia desarrolló una piedad especial hacia Jesús Paciente. Por un tiempo vive en el mundo gozando de las amistades y las cosas buenas que se le ofrecían. En 1923, después de unos ejercicios espirituales, da inicio a su vida espiritual, viviendo solamente para Dios. Su conversión, como la llama a partir de aquel momento, la lleva a una vida evangélica más perfecta y a un camino interior de continuo ascenso.

El 7 de julio de 1925, estando con su familia, hace voto de castidad y de cumplir la Voluntad de Dios. El 15 de agosto del mismo año ofrece su vida como lento martirio, escribiendo en su diario con su sangre lo que tenía decidido.
Por su frágil salud y habiéndosele cerrado las puertas de varios Institutos Religiosos, es acogida el 19 de agosto de 1927 en el monasterio de la Visitación de Santa María de Thurnfeld en el Tirol. El 10 de abril de 1928 viste el santo hábito y recibe el nombre de Sor María Margarita. El 5 de agosto llega a Erd, al Primer Monasterio de la Visitación de Hungría, donde permanecerá hasta su prematura muerte.

En Erd se dedica ardientemente a conocer la Orden y su espiritualidad, y con este entusiasmo contagia a sus Hermanas de noviciado. Con ocasión de sus votos temporales le pide al Sagrado Corazón de Jesús permanecer fiel a sus votos hasta su último respiro, sin jamás ofenderle ni con la menor de las imperfecciones. Entre sus escritos leemos: Un alma alegre y atenta vence fácilmente las dificultades, no conoce obstáculos, porque la alegría es compañera de la generosidad. Nuestra vida parece muy simple, pero en esta simplicidad se esconde la sublimidad.
Hace su profesión perpetua el 16 de mayo de 1932. Sor María Margarita enferma de tuberculosis y fallece el 13 de mayo de 1933, después de un largo sufrimiento que la asoció a su amado Crucificado, mostrándose siempre en el lecho del dolor, humilde y dulce. El 28 de junio de 2012, Benedicto XVI autorizó la promulgación de su decreto de virtudes heroicas.

Fuente: monjassalesas.blogspot.com.ar

Tres consejos para tiempos difíciles (III)

Beato Pier Giorgio Frassati 09 09 Beato Pier Giorgio Frassati con amigos

c) Finalmente, que sintáis cada vez más la alegría de la amistad.

Los hombres necesitan hoy especialmente de sonrisa, bondad, amistad. Las grandes conquistas técnicas y sociales, la difusión del bienestar y de la mentalidad permisiva y de consumo no han traído la felicidad. Las divisiones en el campo político, el peligro y la realidad de nuevas guerras, las continuas calamidades, las enfermedades implacables, la desocupación, el peligro de la contaminación ecológica, el odio y la violencia y los múltiples casos de desesperación han creado desgraciadamente una situación de continua tensión y de nerviosismo.
¿Qué debe hacer la Acción Católica? Llevar la sonrisa de la amistad y de la bondad a todos y dondequiera.
El error y el mal deben ser condenados y combatidos constantemente; pero el hombre que cae o se equivoca debe ser comprendido y amado.
Las recriminaciones, las críticas amargas y polémicas, los lamentos sirven poco: nosotros debemos amar nuestro tiempo y ayudar al hombre de nuestro tiempo.
Un ansia de amor debe ser desencadenado continuamente por el corazón de la Acción Católica que ante la cuna de Belén medita el misterio inmenso de Dios que se hizo hombre justamente por amor del hombre.
Ya San Pablo escribía en la Carta a los romanos: «Amaos los unos a los otros con amor fraternal, honrándoos a porfía unos a otros... Bendecid a los que os persiguen, bendecid y no los maldigáis. Alegraos con los que se alegran, llorad con los que lloran... No volváis mal por mal» (Rom 12, 9-17).

Fuente: San Juan Pablo II, Discurso a los miembros de la Acción Católica Italiana,30 de diciembre de 1978.

''Estad siempre alegres en el Señor''

Don Bosco ensenandoComo acabáis de escuchar en la lectura de hoy, amados hermanos, la misericordia divina, para bien de nuestras almas, nos llama a los goces de la felicidad eterna, mediante aquellas palabras del Apóstol: Estad siempre alegres en el Señor. Las alegrías de este mundo conducen a la tristeza eterna, en cambio, las alegrías que son según la voluntad de Dios durarán siempre y conducirán a los goces eternos a quienes en ellas perseveren. Por ello añade el Apóstol: Otra vez os lo digo: Estad alegres.

Se nos exhorta a que nuestra alegría, según Dios y según el cumplimiento de sus mandatos, se acreciente cada día más y más, pues cuanto más nos esforcemos en este mundo por vivir entregados al cumplimiento de los mandatos divinos, tanto más felices seremos en la otra vida y tanto mayor será nuestra gloria ante Dios.

Que vuestra bondad sea conocida de todos, es decir, que vuestra santidad de vida sea patente no sólo ante Dios, sino también ante los hombres; así seréis ejemplo de modestia y sobriedad para todos los que en la tierra conviven con vosotros y vendréis a ser también como una imagen del bien obrar ante Dios y ante los hombres.

El Señor está cerca; no os inquietéis por cosa alguna: El Señor está siempre cerca de los que lo invocan sinceramente, es decir, de los que acuden a él con fe recta, esperanza firme y caridad perfecta; él sabe, en efecto, lo que vosotros necesitáis ya antes de que se lo pidáis; él está siempre dispuesto a venir en ayuda de las necesidades de quienes lo sirven fielmente. Por ello no debemos preocuparnos desmesuradamente ante los males que pudieran sobrevenirnos, pues sabemos que Dios, nuestro defensor, no está lejos de nosotros, según aquello que se dice en el salmo: El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. Aunque el justo sufra muchos males, de todos lo libra el Señor. Si nosotros procuramos observar lo que él nos manda, él no tardará en darnos lo que prometió.

En toda necesidad presentad a Dios vuestras peticiones mediante la oración y la súplica, acompañadas con la acción de gracias, no sea que, afligidos por la tribulación, nuestras peticiones sean hechas -Dios no lo permita- con murmuraciones o tristeza; antes, por el contrario, oremos con paciencia y alegría, dando continuamente gracias a Dios por todos sus beneficios.

Fuente: San Ambrosio, Tratado sobre la carta a los Filipenses, Liturgia de las Horas.

Siervo de Dios Antonio Zweifel

Antonio Zweifel 01 01

Antonio Zweifel nació el 15 de febrero de 1938 en Verona, Italia. Su madre se llamaba Antonia di Benedetto, italiana. Su padre, Giusto Zweifel, era suizo y empresario textil. Antonio recibió el bautismo a los pocos días de su nacimiento, el 26 de febrero. Pasó parte de los años de la Segunda Guerra Mundial en Suiza, principalmente en el cantón de Glarus, en compañía de su madre y de su hermana Anna Rosa, más joven que él.

En 1944 comenzó la escuela en San Giovanni Lupatoto, cerca de Verona. Entre 1949 y 1957 hizo la escuela media y el bachillerato en Verona. A continuación se trasladó a Zúrich, Suiza, para estudiar la carrera de ingeniero industrial en el Politécnico. A través de colegas de estudio entró en contacto con la residencia de estudiantes Fluntern, abierta en 1961, de cuya orientación cristiana era responsable el Opus Dei. Se fue a vivir allí a comienzos de 1962, año en que pidió la admisión en el Opus Dei. En junio acabó los estudios y obtuvo su primer puesto de trabajo en la industria privada, también en Zúrich.

En 1964 Antonio entró como colaborador científico en el Instituto de Termodinámica. Dos años más tarde se le confió la dirección de la residencia de estudiantes Fluntern. En esta función organizó anualmente cursos de introducción al Politécnico y a la Universidad de Zúrich, destinados a alumnos del último año de bachillerato. Con ocasión de una sesión de trabajo en Roma, en 1969, conoció personalmente a san Josemaría Escrivá de Balaguer.

El año 1972 trajo un viraje profesional en su vida: Antonio se convirtió en secretario general de la Fundación Limmat, creada en Zúrich ese año. Bajo su dirección, esta institución promovió durante los diecisiete años siguientes cientos de iniciativas educativas y sociales en más de treinta países.
Antonio realizaba sus trabajos con la alegría del amor a Dios y a la Virgen, y conservó esta alegría y este amor hasta el final, sin desviarse en las pequeñas y grandes adversidades que se cruzaron en su camino. Tampoco la leucemia -contra la que tuvo que luchar durante tres años como causa perdida- lo distanció de Dios, sino que por el contrario lo condujo a una unidad mucho más profunda con el Crucificado. Esto lo conmovía, y lo agradecía. Era como si Jesús, en "Toni", se hubiera tomado la revancha del "joven rico" del Evangelio. Frente a la negativa de aquel personaje de la Sagrada Escritura, Antonio respondió con un sí incondicionado a la llamada del Señor.

En 1985 murieron sus padres: el padre en mayo y la madre en agosto. Al año siguiente, el 19 de febrero, Antonio enfermó de leucemia. Inmediatamente comenzó el tratamiento de quimioterapia -de varias semanas de duración- en el hospital universitario de Zúrich. El escribió: «El mal no consiste en que uno se ponga enfermo de cáncer, sino en que su relación con Dios no sea suficientemente profunda para convertir la enfermedad en algo positivo. El único mal es el pecado [...]. La fe cristiana -una relación con Dios viva- puede convertir incluso una enfermedad como el cáncer en una historia de amor».
Antonio Zweifel murió santamente en el hospital universitario de Zúrich el 24 de noviembre de 1989. Su cuerpo reposa en el cementerio de Fluntern.

Fuente: cf. opusdei.org

Siguiendo el camino de la infancia espiritual

Monaguillos con el Padre Benigno 01 01 El Padre Benigno junto a sus monaguillos

Angelo Calvi nació en la región de Lombardía de Italia el 23 de julio de 1909. Su alegría, generosidad y la sencillez fueron evidentes desde el principio.

Siguiendo la llamada del Señor, ingresa en el Carmelo Descalzo en 1926. En 1928 junto con otros jóvenes tomó el hábito religioso y el nombre de Fray Benigno de Santa Teresa del Niño Jesús.
Aunque los primeros meses fueron muy difíciles por los estudios, se encomendó a Santa Teresita del Niño Jesús, que recientemente había sido canonizada y a quien profesaba una gran devoción, para que ella le ayudara a resolver sus problemas académicos, logrando superarse y ser el mejor de su clase. Fue ordenado sacerdote el 26 de mayo de 1934.

Ejerció como asistente del párroco en Concesa, y vice maestro de novicios, donde se destacó por su alegría, sencillez y estar siempre disponible para ayudar a todos, especialmente a los enfermos, niños y moribundos.
A principios de 1937, comenzó a tener fuertes dolores abdominales, y una gran fatiga comenzó a apoderarse de él. Sin embargo no dejó de cumplir sus funciones. El 25 de octubre entregó su alma a Dios, ofreciendo su vida por su provincia y la santificación de los sacerdotes, religiosos y misioneros. Fue declarado Venerable en el año 2003.

Fuente: cf. cuando-los-santos-son-amigos.blogspot.com.ar

La fe da a cada sacrificio su valor

Peregrinos de Nuestra Senora de la Cristiandad en Argentina 01 01 Jóvenes en la peregrinación Nuestra Señora de la Cristiandad

Extractos de cartas del Beato Pier Giorgio Frassati:

“Como católicos tenemos un amor que sobrepuja a todos los demás, y que, después del que le debemos a Dios, es inmensamente bello, como bella es nuestra religión. Ese amor es la caridad de la que se hiciera abogado San Pablo, que la predicó diariamente a sus fieles: la caridad sin la cual, dice, nada son las demás virtudes. Sólo ella puede ser la finalidad de toda una vida, sólo ella puede cumplir un programa” 06/03/1925

“Mis afectuosos augurios, mejor diré, uno solo, pero creo que es el único que un verdadero amigo puede hacer a un querido amigo, y es que ¡la paz del Señor sea siempre contigo!, pues si posees cada día la paz serás verdaderamente rico” 10/04/1925

“Doy gracias también por las oraciones que son la mejor prueba de amistad, porque es una exquisita prueba de caridad cristiana rezar por el que lo necesita” 23/04/1925

“Cada día que pasa comprendo mejor lo grande que es la gracia de ser católico. ¡Pobres desgraciados los que no tienen fe! Vivir sin una fe, sin un patrimonio que defender, sin sostener, en lucha incesante, la verdad no es vivir sino es ir tirando” 27/02/1925
“En el curso de mis luchas interiores, me formulé a menudo estas preguntas: ¿por qué estar tristes…? ¿Por qué renegar contra el sacrificio? ¿Habré perdido acaso la fe…? No, a Dios gracias, mi fe es aún bastante fuerte. Entonces, aseguremos y fortalezcamos esta fe; es el único gozo que puede satisfacernos en este mundo; sólo ella da a cada sacrificio su valor”.
“Hay que agarrarse con fuerza a la fe; ¿qué sería sin ella toda nuestra vida? Nada, pasaría inútilmente. La fe que me dio el Bautismo me dice con voz segura: solo no harás nada, pero si tienes a Dios por centro de todos tus actos, llegarás hasta el final”. 15/01/1925

“Me preguntas si estoy alegre. ¿Cómo no estarlo mientras la fe me de fuerzas? ¡La tristeza debe ser barrida del alma del católico! El dolor no es la tristeza, la más detestable de todas las enfermedades. Esta enfermedad es casi siempre fruto del ateísmo; pero el fin para el cual hemos sido creados nos señala el camino, sembrado, si se quiere, de muchas espinas, pero de ningún modo triste. Es alegre, incluso a través del dolor” 14/09/1925

“Nuestra vida, por ser cristiana, tiene que ser una constante renuncia, un continuo sacrificio, que no pesa si se considera qué son estos pocos años pasados en el dolor en comparación con la eterna felicidad, donde la alegría no tendrá medida ni fin, donde disfrutaremos de una paz que no se puede imaginar”.

Fuente: Beato Pier Giorgio Frassati, cartas

Heidi y el abandono en Dios (II)

Alpes 01 02

El doctor continuó un buen rato mirando en silencio las poderosas montañas y el soleado y verde valle, y luego volvió a decir: -¿Sabes, Heidi? Aquí podría venir a sentarse alguien que tuviera una gran sombra en los ojos y no pudiera percibir la belleza que lo rodea. Entonces el corazón también estaría triste, el doble de triste, cuando todo podría ser tan bonito. ¿Lo comprendes?

En ese momento Heidi sintió un dolor en su alegre corazón. La gran sombra en los ojos le recordó a la abuela que no podía ver ya la luz del sol ni todas las maravillas que había allí arriba. Aquello era una pena que Heidi llevaba consigo y que despertaba cada vez que se le venía a la cabeza. Guardó silencio durante un rato, porque el dolor la había sorprendido en medio de la alegría. Luego dijo muy seria:
-Sí, eso puedo comprenderlo. Pero sé una cosa: cuando eso pasa hay que recitar los cánticos de la abuela, le iluminan a uno un poco y a veces incluso tanto que se siente muy feliz. Me lo ha dicho la abuela.
-¿Qué cánticos, Heidi? -preguntó el doctor.
-Sólo me sé el del sol y el hermoso jardín, de los otros más largos también los versos que le gustan a la abuela, porque tengo que leérselos siempre tres veces -respondió Heidi.
-Pues recítame los versos, a mí también me gustaría oírlos -y el doctor se incorporó para escuchar con más atención.
Heidi cruzó las manos y pensó un poquito:
-¿Empiezo allí donde dice la abuela, cuando uno vuelve a tener confianza en el corazón?
El doctor asintió con la cabeza.
Entonces Heidi empezó a recitar:

Deja, deja que haga y gobierne,
Él es un sabio regente,
y las cosas hará de tal modo
que no saldrás de tu asombro;
porque él, como sabe hacerlo,
con sus sabios y buenos consejos
todo aquello se lleva
que a ti te causa gran pena.

Es posible que un poco tarde
en venir a consolarte,
y seguirá trabajando
como si estuviera pensando
en que no podría ir a verte,
como si tuvieras siempre
que vivir entre mil penas,
como si de ti no saber quisiera.

Pero si luego acontece
que tú fiel a Él permaneces,
Él te librará de esa carga
cuando tú no lo esperabas,
tu corazón ya no se verá preso
de ese terrible peso
que, por nada malo,
hasta ahora has llevado.

Heidi se detuvo de repente; no estaba segura de que el doctor siguiera escuchándola. Se había puesto las manos delante de los ojos y no se movía lo más mínimo. Pensó que a lo mejor se había adormilado; cuando despertase, y si quería oír más versos, entonces se los recitaría. Ahora todo estaba tranquilo.
El doctor no decía nada, pero no estaba durmiendo. Había regresado a un tiempo muy lejano. Allí estaba él de joven, al lado de su adorada madre, que rodeaba su cuello con el brazo y le recitaba el cántico que acababa de escuchar a Heidi y que llevaba tanto tiempo sin oír. Entonces escuchó de nuevo la voz de su madre y vio sus bondadosos ojos posándose sobre él llenos de ternura y, cuando se acallaron las palabras del canto, escuchó aquella amable voz que le decía otras palabras; debía agradarle escucharlas y recordarlas en su memoria, porque siguió así un buen rato, con las manos sobre el rostro, sin decir palabra y sin moverse. Cuando finalmente se incorporó, vio que Heidi lo miraba asombrada. Cogió la mano de la niña:
-Heidi, el cántico ha sido muy hermoso -dijo, y su voz sonó más alegre de lo que había sonado hasta ese momento-. Volveremos aquí y me lo volverás a recitar.

Fuente: Johanna Spyri, Heidi, ed. Nórdica

Heidi y el abandono en Dios (I)

Heidi 01 01

Heidi miraba a un lado y a otro. Las flores que se agachaban divertidas, el cielo azul, los alegres rayos del sol, el complacido pájaro en el aire, ¡todo era tan bonito...! ¡Tan bonito...! Los ojos de Heidi echaban chispas de tanta dicha. Entonces miró a su amigo, para ver si él lo veía todo igual de bonito. Hasta entonces el doctor había estado mirando a su alrededor callado y pensativo. Al encontrarse ahora con la mirada radiante de dicha de la niña, dijo:

-Sí, Heidi, todo podría ser hermoso aquí arriba, pero ¿tú qué crees? Si alguien viniera aquí con el corazón triste, ¿qué es lo que tendría que hacer para poder alegrarse con estas cosas tan hermosas?
-¡Oh! ¡Oh! -exclamó Heidi muy contenta-. Aquí nadie tiene nunca el corazón triste, sólo en Frankfurt.
El doctor sonrió un poco, pero la sonrisa fue muy fugaz.

Luego volvió a preguntar:
-Y si viniera alguien y trajera consigo toda la tristeza de Frankfurt, Heidi, ¿sabes de algo que lo pudiera ayudar?
-Sólo hay que contárselo al buen Dios cuando uno ya no sabe qué hacer -dijo Heidi con mucha confianza.
-Sí, ésa es una buena idea, niña -apuntó el doctor-. Pero, y si lo que a uno le hace tan triste e infeliz viene de Él, ¿qué se le puede decir entonces al buen Dios?
Heidi tuvo que pensar qué había que hacer entonces; pero ella tenía absoluta confianza en que el buen Dios ayudaba siempre en todas las tristezas. Buscó su respuesta en sus propias vivencias:
-Entonces hay que esperar -dijo con mucha seguridad al cabo de un rato- y pensar únicamente: «El buen Dios ya sabe qué alegría me va a enviar después de esto y de lo otro, sólo hay que esperar un poco tranquilos y no abandonarlo». Luego todo sucede de repente, de manera tal que uno puede ver perfectamente cómo el buen Dios había tenido todo el tiempo en mente algo bueno, pero como eso no puede verse de antemano, sino que lo único que se ve es lo triste y lo terrible, entonces uno piensa que las cosas van a ser siempre así.

Fuente: Johanna Spyri, Heidi, ed. Nórdica

Dónde se encuentra la verdadera alegría

Transfiguracion 05 08

Considera que es tan natural al hombre el amor a todo lo que es placer; es tanta su inclinación al gusto, al contento, a la paz del corazón, que esta inclinación y este amor son como el general resorte que da movimiento a todas las acciones de la vida. ¡Mas ah, y qué grande es su ilusión cuando busca fuera de Dios esta paz, esta quietud, este contento y esta satisfacción! Sólo en servicio de tan buen amo se encuentran todas esas utilidades.
Estar con Jesús, dice el autor del libro de la imitación de Cristo, es dulce paraíso; pero estar sin Jesús, aunque seas el hombre más feliz del mundo, es un infierno. Asombroso es que, después de tan largas y tan funestas experiencias como los hombres han hecho de esta verdad, todavía no reconozcan su error, descubriendo el vacío y la iniquidad de las falsas alegrías de este mundo. Experimentan toda su amargura; palpan su inestabilidad, y con todo eso, sólo suspiran por ellas.

Si domina la pasión del contento y del consuelo, ¿a qué fin buscarle donde no se halla, y huir de aquella condición donde únicamente se encuentra, que es la de los que sirven a Dios de veras y con fervor? ¿A qué fin arrastrar toda la vida en una mediocridad de virtud, en la cual nunca se gustan las dulzuras de la vida verdaderamente espiritual? La gloria de la majestad de Cristo sólo se descubre en la elevación del monte; en el fondo de la soledad, en lo más silencioso del retiro se dejan percibir los consuelos celestiales.
Por eso el Señor se escogió la cumbre de un monte solitario para la Transfiguración. ¿Por qué no se obraría este dulcísimo misterio sino a la vista de solos tres discípulos? Porque siempre es corto el número de las almas fervorosas. Seamos de este corto número y seremos favorecidos.

Bueno será que nos quedemos aquí, exclama San Pedro. Cuando Dios se comunica a un alma pura, fácilmente se olvidan todos los bienes creados. Los más exquisitos gustos de la tierra parecen insípidos a quien gusta una vez los consuelos espirituales, que son como una prueba de los gozos de la gloria. Luego que Dios se deja sentir en el alma, ninguna fuerza hacen ni esos honores imaginarios, ni esas distinciones pueriles, ni esas quiméricas fortunas con que el mundo apacienta a sus parciales.
Aquella paz interior, que excede todo cuanto se puede imaginar; aquella inexplicable alegría, que es el fruto de los más duros trabajos; aquella alegría pura sin mezcla de tristeza; aquella alegría permanente, que no se acaba cuando se acaba una fiesta pública; aquella alegría constante, sin peligro de producir efecto alguno enfadoso; todo esto sólo se reserva para los buenos.
Compara todas estas ventajas con la turbación y la tiranía de las pasiones; con aquellas inquietudes y con aquellos enfados, que son como la herencia de las almas cobardes, de las almas tibias, y descubrirás el verdadero origen de todos tus disgustos y de todas tus sequedades.

Conozco, Dios mío, que mi infidelidad y mi tibieza me han privado hasta aquí de aquellas señaladas gracias que sólo se reservan para los fervorosos. No os pido, Señor, esos favores extraordinarios que hacen tan fácil y tan dulce la virtud; sólo os pido, por los méritos de mi Señor Jesucristo, me deis gracia para salir de este infeliz estado de tibieza, que me ha hecho tan pesado tu suavísimo yugo. Concededme aquel fervor con que se os debe servir, y la merced de que os sirva de hoy en adelante con la mayor fidelidad.

Fuente: J. Croisset, sj, Año cristiano

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