Argentina está para siempre consagrada al Corazón Divino


Amadísimos hijos de la República Argentina que, reunidos en la espléndida Buenos Aires, conmemoráis el centenario del Apostolado de la Oración con la consagración de vuestra patria al Sagrado Corazón de Jesús: ¡La República Argentina, la gran nación americana, el país de los solemnes triunfos eucarísticos está ya y para siempre consagrado al Corazón Divino!

Vosotros, dignos hijos de la República Argentina, habéis escrito toda vuestra historia bajo el signo de Jesucristo; pero hoy, en esta hora solemne, siguiendo principalmente el ejemplo de tantas naciones, hermanas vuestras de lengua y de sangre, -y de la misma gran madre de la Hispanidad- habéis decidido saltar al puesto de los que no se contentan con menos que con ofrecerlo todo. “Cuida tú de mi honra y de mis cosas -dijo un día Nuestro Señor a uno de sus confidentes, expresando el ideal de la consagración- que mi Corazón cuidará de ti y de las tuyas”. Hasta ayer, pues, podría decirse que erais todavía vuestros, desde hoy sois de manera especial de Jesucristo, hasta ayer disponíais de vuestra actividad y de vuestra libertad, de vuestras potencias y de vuestros bienes exteriores, de vuestro cuerpo y de vuestra alma; desde hoy todo eso se lo habéis ofrecido al Divino Corazón, que “quiere establecer su reino de amor en todos los corazones”. Vuestras empresas lo mismo que vuestros intereses, vuestras intenciones lo mismo que vuestros propósitos los toma Él como suyos, y vosotros, saboreando por anticipado dones que son del cielo, si os abandonáis totalmente a Él y a su suavísimo imperio, podréis gozar de la paz.

El paso, ¡oh católicos argentinos!, el gran paso está dado. Ofrecisteis ante el altar del Corazón Divino a vuestros niños, capullos que mañana serán flores; consagrasteis ante el mismo trono vuestras familias, sólido cimiento de todo el edificio social; toda la nación puesta de rodillas, en esta hora tenebrosa de la historia del mundo. El gran paso está dado; queda solamente ser fieles al pacto establecido; que si vosotros, en la integridad de la vida cristiana, en el ejercicio de la mutua caridad y en la sumisión y amor a la Santa Madre Iglesia vivís sinceramente vuestra consagración, Aquel que por nadie se deja vencer en generosidad sabrá haceros dignos y grandes ante Dios y ante los hombres. Un alma, una nación consagrada al Corazón de Jesús debe ser como un holocausto perfecto colocado sobre un ara; sean hoy Nuestras manos ungidas de Sacerdote Sumo las que presenten esta víctima y se extiendan luego en oración fervorosa; ¡Recibe, oh dulcísimo Corazón, esta hostia que hoy te ofrecemos y que el aroma de su sacrificio haga volver propicios tus ojos sobre todos y cada uno de los hijos de este pueblo; haz que las llamas, que brotan de tu herida, penetren sus corazones, los enciendan y les abrasen de tal manera, que desde hoy y para siempre solamente en Ti encuentren sus delicias, en tu servicio consuman toda su vida y un día, entre los esplendores de tu gloria, reciban el premio que reservas a tus escogidos!

Fuente: Venerable Pío XII, Radiomensaje del Domingo 28 de octubre de 1945

Consagración de Argentina al Corazón de Jesús


Fórmula de la Consagración de la Nación Argentina al Sagrado Corazón de Jesús, 28 de octubre de 1945:

“Corazón sacratísimo de Jesús, Verbo eterno, hecho hombre, que con el Padre y el Espíritu Santo nos has creado y que en las alturas del Calvario con tu pasión y muerte nos has redimido, siendo así doblemente Señor Nuestro, los Pastores de esta tu Nación privilegiada, juntamente con todo su pueblo, están postrados ante la Hostia sacrosanta en la que palpita real y verdaderamente tu divino Corazón. Desde las ciudades populosas y desde los pequeños poblados de nuestra Patria, desde sus amplias llanuras y desde sus altas montañas, desde los hogares modestos y desde las suntuosas moradas, nos hemos congregado a millares junto a Ti, con fe, con gratitud y con amor. La Fe católica que nos ha traído hasta aquí y que nos infundiste en el Bautismo, es la fe de nuestros próceres, de nuestras madres, de nuestros estadistas, que en el preámbulo de la Constitución te proclamaron fuente de toda razón y justicia. Nuestra gratitud profunda tiene origen en la inmensa caridad con que nos amaste desde toda la eternidad en el seno de la Trinidad Beatísima, y que se manifiesta en Belén al nacer, en la cruz al morir, en el Sagrario al quedarte en medio de nosotros, en los beneficios sin cuento que has derramado sobre nuestra Nación, que confesamos no merecer, y que, por lo mismo, comprometen en mayor grado nuestro sincero agradecimiento. ¿Cómo podríamos afirmar que agradecemos tus innumerables dones, si la llama del amor hacia Ti no abrasa a nuestro pobre corazón?

Con estos sentimientos, humildemente contritos de nuestras faltas, como manifestación externa de nuestro acendrado amor, accediendo a tus más vivos anhelos, hoy estamos ante Tu presencia para suplicarte que te dignes aceptar nuestra consagración irrevocable y la de nuestra Patria a tu Divino Corazón. Corazón sacratísimo de Jesús: los Obispos y el Clero nos consagramos a Ti. Haz que los Pastores al apacentar tu grey seamos sucesores dignos de los Apóstoles y que los Sacerdotes con la palabra y el ejemplo, manifiesten que son otros Cristos. Corazón sacratísimo de Jesús: te consagramos nuestras Diócesis y nuestras Parroquias para que sean pregoneras celosas de tu Evangelio, y canales copiosos de tu gracia transmitida por los Sacramentos. Corazón sacratísimo de Jesús: te consagramos los Institutos religiosos: para que florezca siempre en ellos tu espíritu, y las asociaciones de piedad, de apostolado, de cultura y caridad, para que sean infatigables con la plegaria y la acción en dilatar tu reinado en medio de los hombres. Corazón sacratísimo de Jesús: te consagramos los hogares para que en ellos reine siempre la dulce paz de tu hogar de Nazaret, te consagramos los padres y las madres para que los ayudes a practicar los ejemplos de tu Madre María Santísima y de tu padre adoptivo San José; te consagramos los niños para que sean cual Tú eras en esa edad feliz; te consagramos los jóvenes para que dediquen la lozanía de la vida a la adquisición de sólidas virtudes, al estudio y al trabajo que los capacitará para ser ciudadanos honrados y eficientes; te consagramos los ancianos para que los reconfortes hasta los instantes postreros de su vida. Corazón sacratísimo de Jesús: los que tenemos la dicha de habitar este suelo que miras con bondadosa predilección, al consagrarnos a Ti para siempre recogiendo el clamor que brota incontenible del pecho de sus habitantes, te consagramos nuestra Patria, heredad bendita que recibimos de nuestros mayores para que sea como ellos la idearon: hija de tu Evangelio, hogar venturoso de paz y de concordia, morada feliz de hombres cultos, buenos y laboriosos al influjo de tus más selectas bendiciones, que imploramos.

Antes de terminar permítenos que, recordándote tu promesa, te supliquemos inscribas nuestros nombres en tu Sagrado Corazón y que durante nuestra vida no permitas que jamás nos separemos de Ti, para que por toda la eternidad podamos participar de tu gloria, Señor Jesús, que con el Padre y el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos de los siglos. Así sea”.

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