La felicidad está en la rectitud del corazón


Es un dogma de fe que Dios cuida con amorosísima providencia de todos nosotros. Es nuestro Padre, que sabe mucho mejor que nosotros lo que nos conviene y nos gobierna con infinito amor, aunque no acertamos muchas veces a descubrir sus secretos designios en lo que dispone o permite sobre nosotros, sobre nuestros familiares o el mundo entero. (P. A. Royo Marín, Teología de la perfección cristiana)

Ajustarse a la divina voluntad y conformarse con ella, queriendo lo que ella quiere y como ella lo quiere y por lo que ella lo quiere, es tener rectitud de voluntad, rectitud de intención y rectitud de corazón. (P. S. Ramírez, La prudencia)

¿Quiénes son los rectos de corazón? Los que quieren lo que Dios quiere. Cuando tú quieres una cosa y Dios otra distinta, eres de corazón torcido y de voluntad perversa. Endereza tu corazón y dirígele a Dios. No pretendas encauzar la voluntad de Dios a la tuya, sino endereza la tuya hacia Dios.

Pero ¿qué quieren los hombres? Poco es que tengan torcida la voluntad; pretenden aún más: quieren torcer la voluntad de Dios según tienen ellos torcido su corazón para que así haga Dios lo que ellos quieren, siendo así que ellos deben hacer lo que Dios quiere. ¿Y quiénes son los rectos de corazón? Los que son como fue Job, el cual dijo: El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; conforme agradó a Dios, así se hizo; bendito sea el nombre del Señor. He aquí el corazón recto. Si hemos recibido los bienes de la mano de Dios, ¿por qué no soportaremos los males? Siendo Dios recto, cuando afianzas en Él tu corazón, te sirve de molde para que tu corazón sea recto. Fija, pues, tu corazón en Él, y le tendrás recto.

Son rectos de corazón los que hacen en esta vida la voluntad de Dios. Es voluntad de Dios que estés sano algunas veces; otras, que estés enfermo. Si la voluntad de Dios es dulce para ti cuando estás sano y amarga cuando estás enfermo, no eres de corazón recto. ¿Por qué? Porque no quieres encauzar tu voluntad en la voluntad de Dios, sino que pretendes torcer la voluntad de Dios a la tuya. La de Él es recta; la tuya, torcida. Tu voluntad debe ser encaminada a la de Dios, no torcer la de Dios hacia la tuya; así serás recto de corazón. ¿Vives bien en este mundo? Bendice a Dios que te consuela. ¿Sufres? Bendice a Dios porque te corrige y prueba. Serás recto de corazón diciendo: Bendeciré al Señor en todo tiempo; siempre su alabanza esté en mi boca (Salmo 31, 2).

Soporta cuanto sufres con recto corazón. Dios conoce lo que te da y lo que te quita. Lo que te da, que te sirva de alivio, no de ruina o destrucción; y lo que te quita, que te sirva de resignación, no de desesperación. Si maldices, Dios te desagrada y te agradas a ti. ¿Pretendes inclinar el corazón de Dios, que siempre es recto, a la perversidad del tuyo? ¡Cuánto mejor te sería encauzar tu corazón hacia la justicia de Dios!

Así como la madera torcida aunque la coloques sobre un pavimento allanado no asienta, no se compagina, no se ajusta, siempre se mueve y cruje -no porque esté desnivelado el piso donde la colocaste sino porque está torcido lo que colocaste- de igual modo cuando tu corazón está depravado y torcido no puede alinearse con la rectitud de Dios ni colocarse en Él para unirse y hacerse un espíritu con el Señor (I Cor 6, 17). Tú querías vivir y no deseabas que te sucediera algo adverso; pero Dios quiso otra cosa. Hay dos voluntades; encáucese la tuya a la de Dios, no se tuerza la de Dios a la tuya. La tuya es anormal; la de Dios es normal. Permanezca la normal para que se corrija, conforme al modelo, la normal.

Fuente: San Agustín, Enarratio in Psalmos

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