Guadalupe, un Milagro perpetuo (I)


En 1936, una exploración realizada en dos fibras de la tilma, una roja y otra amarilla, desemboca en conclusiones asombrosas: las fibras no contienen ningún colorante conocido. La oftalmología y la óptica confirman la naturaleza inexplicable de la imagen: se parece a una diapositiva proyectada sobre el tejido. Un estudio concienzudo demuestra que no existe indicio alguno de dibujo o de boceto bajo el color, a pesar de haberse realizado retoques perfectamente reconocibles sobre el original, retoques que, por otra parte, se deterioran con el paso del tiempo; además, el soporte no ha recibido apresto alguno, lo que parece inexplicable si se trata realmente de una pintura, pues incluso sobre una tela más fina se coloca siempre una capa de barniz, aunque sólo sea para evitar que la tela absorba la pintura y que los hilos afloren a la superficie. No se distingue ninguna pincelada. Con motivo de un estudio por infrarrojos, efectuado el 7 de mayo de 1979, un profesor de la NASA escribía: “No hay modo alguno de explicar la calidad de los pigmentos utilizados para el vestido rosa, el velo azul, el rostro y las manos, ni la permanencia de los colores, ni el brillo de los pigmentos después de varios siglos durante los cuales habrían debido normalmente deteriorarse... El estudio de la imagen ha sido la experiencia más emocionante de mi vida”.

Por otra parte, los astrónomos han comprobado que todas las constelaciones presentes en el cielo cuando Juan Diego abrió su tilma ante el obispo Zumárraga, el 12 de diciembre de 1531, se encuentra en el sitio que les corresponde sobre el manto de María. También se ha descubierto que, al aplicar un mapa topográfico de la zona central de México sobre el vestido de la Virgen, las montañas, los ríos y los principales lagos coinciden con la decoración de ese vestido.

Las exploraciones oftalmológicas concluyen que el ojo de María es un ojo humano que parece vivo, incluyendo la retina donde se refleja la imagen de un hombre con las manos extendidas: Juan Diego. La imagen de dentro del ojo obedece a las leyes conocidas de la óptica, sobre todo a la que afirma que un objeto bien iluminado puede reflejarse tres veces en el ojo (ley de Purkinje-Samson). Un estudio posterior ha permitido descubrir dentro del ojo, además del vidente, a Mons. Zumárraga y a otras personas, presentes cuando apareció en la tilma la imagen de Nuestra Señora. Finalmente, la red venosa normal microscópica que aparece en los párpados y en la córnea de los ojos de la Virgen es perfectamente reconocible. Ningún pintor humano habría podido reproducir semejantes detalles.

Fuente: Dom Antoine Marie, Cartas espirituales, 26 de mayo de 2004

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