Guadalupe, un Milagro perpetuo (II)


Las mediciones ginecológicas han determinado que la Virgen de la imagen posee las dimensiones físicas de una mujer embarazada de tres meses. Bajo el cinto que sujeta el vestido, en el emplazamiento justo del embrión, destaca una flor de cuatro pétalos: es la flor solar, el más habitual de los jeroglíficos aztecas, que para ellos simboliza la divinidad, el centro del mundo, del cielo, del tiempo y del espacio. Del cuello de la Virgen pende un broche cuyo centro está adornado con una pequeña cruz que recuerda la muerte de Cristo en la Cruz por la salvación de todos los hombres. Otros detalles de la imagen de María la convierten en un documento extraordinario para nuestra época, en que pueden constatarse gracias a las técnicas modernas.

De ese modo, la ciencia, que ha servido con frecuencia de pretexto a la incredulidad, nos ayuda en la actualidad a hacer patentes las señales que habían quedado escondidas durante siglos y para las que no encuentra explicación.

La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe lleva consigo un mensaje evangelizador: la basílica de México es un centro “de donde fluye un río de luz del Evangelio de Cristo, derramándose por toda la tierra por medio de la imagen misericordiosa de María” (Juan Pablo II, 12 de diciembre de 1981). Además, mediante su intervención en favor del pueblo azteca, la Virgen ha contribuido a salvar innumerables vidas humanas, y su embarazo puede interpretarse como una llamada especial en favor de los niños que van a nacer y en defensa de la vida humana; esta llamada es de relevante actualidad, ya que en nuestros días se multiplican y se agravan las amenazas contra la vida de las personas y de los pueblos, sobre todo cuando esa vida es débil y carece de defensa. “Todos los delitos que se oponen a la misma vida, como son los homicidios de cualquier género, los genocidios, el aborto, la eutanasia... todo esto y otras plagas análogas son, ciertamente, lacras que afean a la civilización humana; en realidad rebajan más a los que así se comportan que a los que sufren la injusticia. Y ciertamente están en máxima contradicción con el honor debido al Creador” (Gaudium et Spes, 27). Frente a esos azotes, que se desarrollan gracias a los progresos científicos y técnicos, y que se aprovechan de un amplio consenso social y de reconocimientos legales, invoquemos a María con confianza. Ella es un “modelo incomparable de acogida y cuidado de la vida... Mostrándonos a su Hijo, nos asegura que las fuerzas de la muerte han sido ya derrotadas en Él” (Juan Pablo II, Evangelium vitae). “La muerte y la vida tuvieron enconada lucha; murió el Autor de la vida, pero ahora reina vivo” (Secuencia Pascual).

Pidamos a san Juan Diego, canonizado por el Papa Juan Pablo II el 31 de julio de 2002, que nos inspire una verdadera devoción hacia nuestra Madre del Cielo, pues “la compasión de María alcanza a todos los que la solicitan, aunque sea solamente con una sencilla Ave María” (San Alfonso de Ligorio). Ella obtendrá para nosotros la misericordia de Dios, especialmente si hemos caído en faltas graves, porque es Madre de Misericordia.

Fuente: Dom Antoine Marie, Cartas espirituales, 26 de mayo de 2004

close
¿Olvidó su contraseña?
close
 ......

Suscríbase al Blog de ARCADEI

 ......
Stacks Image 25