San José artesano, Modelo de trabajadores


El trabajo expresión del amor

Expresión cotidiana de este amor en la vida de la Familia de Nazaret es el trabajo. El texto evangélico precisa el tipo de trabajo con el que José trataba de asegurar el mantenimiento de la Familia: el de carpintero. Esta simple palabra abarca toda la vida de José. Para Jesús éstos son los años de la vida escondida, de la que habla el evangelista tras el episodio ocurrido en el templo: “Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos” (Lc 2, 51). Esta “sumisión”, es decir, la obediencia de Jesús en la casa de Nazaret, es entendida también como participación en el trabajo de José. El que era llamado el “hijo del carpintero” había aprendido el trabajo de su “padre” putativo. Si la Familia de Nazaret en el orden de la salvación y de la santidad es ejemplo y modelo para las familias humanas, lo es también análogamente el trabajo de Jesús al lado de José, el carpintero. En nuestra época la Iglesia ha puesto también esto de relieve con la fiesta litúrgica de San José Obrero, el 1 de mayo. El trabajo humano y, en particular, el trabajo manual tienen en el Evangelio un significado especial. Junto con la humanidad del Hijo de Dios, el trabajo ha formado parte del misterio de la encarnación, y también ha sido redimido de modo particular. Gracias a su banco de trabajo sobre el que ejercía su profesión con Jesús, José acercó el trabajo humano al misterio de la redención.

En el crecimiento humano de Jesús “en sabiduría, edad y gracia” representó una parte notable la virtud de la laboriosidad, al ser “el trabajo un bien del hombre” que “transforma la naturaleza” y que hace al hombre “en cierto sentido más hombre”.

La importancia del trabajo en la vida del hombre requiere que se conozcan y asimilen aquellos contenidos “que ayuden a todos los hombres a acercarse a través de él a Dios, Creador y Redentor, a participar en sus planes salvíficos respecto al hombre y al mundo y a profundizar en sus vidas la amistad con Cristo, asumiendo mediante la fe una viva participación en su triple misión de sacerdote, profeta y rey”.

Se trata, en definitiva, de la santificación de la vida cotidiana, que cada uno debe alcanzar según el propio estado y que puede ser fomentada según un modelo accesible a todos: “San José es el modelo de los humildes, que el cristianismo eleva a grandes destinos; san José es la prueba de que para ser buenos y auténticos seguidores de Cristo no se necesitan “grandes cosas”, sino que se requieren solamente las virtudes comunes, humanas, sencillas, pero verdaderas y auténticas”.

Oración de San Pío X a San José, patrono y modelo de trabajadores

Glorioso San José, modelo de todos aquellos que se dedican al trabajo, obtenedme la gracia de trabajar con espíritu de penitencia para la expiación de mis numerosos pecados; de trabajar en conciencia, poniendo el culto del deber por encima de mis inclinaciones; de trabajar con reconocimiento y alegría, considerando un honor el emplear y desarrollar por el trabajo los dones recibidos de Dios; de trabajar con orden, paz, moderación y paciencia, sin retroceder jamás ante la pereza y las dificultades; de trabajar sobre todo con pureza de intención y desprendimiento de mí mismo, teniendo sin cesar ante mis ojos la muerte y la cuenta que deberé rendir del tiempo perdido, de los talentos inutilizados, del bien omitido y de las vanas complacencias en el éxito, tan funestas para la obra de Dios. Todo por Jesús, todo por María, todo a imitación vuestra ¡oh Patriarca San José! Tal será mi divisa en la vida y en la muerte. Así sea.

Oración a San José obrero escrita por el Venerable Papa Pío XII en 1958

Oh glorioso Patriarca San José, humilde y justo obrero de Nazaret, que has dado a todos los cristianos, pero especialmente a nosotros, el ejemplo de una vida perfecta vivida en el trabajo constante y en la admirable unión con María y Jesús, asístenos en nuestro trabajo diario, a fin de que también nosotros, obreros católicos, podamos encontrar en él el medio eficaz de glorificar al Señor, de santificarnos y de ser útiles a la sociedad en la que vivimos, ideales supremos de todas nuestras acciones. Alcánzanos de Nuestro Señor, ¡oh amadísimo protector nuestro!, humildad y sencillez de corazón, amor al trabajo y compasión y benevolencia hacia nuestros compañeros de labor, conformidad a la divina voluntad en las penas inevitables de esta vida y alegría para soportarlas, conciencia de nuestra misión social particular y sentido de nuestra responsabilidad, espíritu de disciplina y de oración, docilidad y respeto hacia nuestros superiores, fraternidad hacia los iguales y caridad e indulgencia con nuestros subordinados. Acompáñanos en los momentos prósperos, cuando todo nos invita a gustar honestamente de los frutos de nuestras fatigas; pero sostennos en las horas tristes, cuando parezca que el cielo se cierra sobre nosotros e incluso los instrumentos de trabajo parecen rebelarse en nuestras manos. Haz que, a imitación tuya, siempre tengamos la mirada fija en nuestra Madre María, tu dulcísima esposa, que, en un rincón de tu modesto taller, hilaba silenciosamente, mostrando en sus labios la más suave y gentil de las sonrisas; haz también que no alejemos la mirada de Jesús, que se afanaba contigo en tu taller de carpintería, a fin de que podamos llevar sobre la tierra una vida pacífica y santa, preludio de aquella otra vida eternamente feliz que nos espera en el cielo, por los siglos de los siglos. Así sea.

Fuente: Cf. San Juan Pablo II, Exhortación apostólica Redemptoris Custos

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