El pequeño número de los que se salvan (III)


La salvación en los diferentes estados de vida:

Pero, ¡ah!, veo que al hablar de esta manera a todos en general, me salgo de mi punto. Así que vamos a aplicar esta verdad a varios estados, y ustedes comprenderán que deben echar la razón, la experiencia y el sentido común de los fieles, o confesar que el mayor número de los católicos es condenado. ¿Hay algún estado en el mundo más favorable a la inocencia en la que la salvación parece más fácil y del cual la gente tiene una idea más elevada que la de los sacerdotes, los lugartenientes de Dios? A primera vista, quién no creería que la mayoría de ellos no sólo son buenos sino incluso perfectos; sin embargo, estoy horrorizado cuando escucho a San Jerónimo declarar que aunque el mundo está lleno de sacerdotes, apenas uno de cada cien está viviendo en una manera conforme con su estado; cuando oigo a un siervo de Dios diciendo que ha aprendido por revelación que el número de sacerdotes que caen en el infierno cada día es tan grande que le parece imposible que quede alguno en la tierra; cuando oigo a San Juan Crisóstomo exclamando con lágrimas en sus ojos, “no creo que muchos sacerdotes se salven; yo creo lo contrario, que el número de los que son condenados es mayor”.

Mira aún más alto, y mira a los prelados de la Santa Iglesia, pastores que tienen a cargo las almas. ¿Es el número de los que se salvan entre ellos mayor al número de los que son condenados? Escuchen a Cantimpré; él les dirá un evento a ustedes, y ustedes podrán sacar las conclusiones. Hubo un sínodo que se celebró en París, y un gran número de obispos y pastores que tenían a cargo a las almas estuvieron presentes; el rey y los príncipes también fueron a añadir lustre a esa asamblea con su presencia. Un famoso predicador fue invitado a predicar. Mientras estaba preparando su sermón, un horrible demonio se le apareció y le dijo: “Pon tus libros a un lado. Si quieres dar un sermón que será útil para los príncipes y prelados, alégrate con decirles esto de nuestra parte: Nosotros los príncipes de las tinieblas les agradecemos, príncipes, prelados y pastores de almas, que debido a su negligencia, la mayor parte de los fieles son condenados; además, estamos guardando una recompensa para ustedes por este favor, cuando ustedes estén con nosotros en el Infierno”.

¡Ay de vosotros que mandan a otros! Si tantos son condenados por vuestra culpa, ¿qué va a pasar con ustedes? Si pocos de los que son primeros en la Iglesia de Dios se salvan, ¿qué va a pasar con ustedes? Tomemos todos los estados, ambos sexos, todas las condiciones: esposos, esposas, viudas, mujeres jóvenes, hombres jóvenes, soldados, comerciantes, artesanos, pobres y ricos, nobles y plebeyos. ¿Qué podemos decir acerca de todas estas personas que están viviendo tan mal? El siguiente relato de San Vicente Ferrer les mostrará lo que ustedes puede que piensen de esto. Relata que un archidiácono en Lyon renunció a su cargo y se retiró a un lugar desierto para hacer penitencia, y que murió al mismo día y hora que San Bernardo. Después de su muerte, se le apareció a su obispo y le dijo: “Sepa, Monseñor, que en el mismo momento que morí, treinta y tres mil personas también murieron. De esta cifra, Bernardo y yo fuimos al Cielo sin demora, tres se fueron al purgatorio, y todos los demás cayeron en el Infierno”.

Nuestras crónicas relatan un suceso aún más terrible. Uno de nuestros hermanos, bien conocido por su doctrina y santidad, estaba predicando en Alemania. Representó a la fealdad del pecado de impureza tan fuertemente que una mujer cayó muerta de tristeza en frente de todos. Luego, volviendo a la vida, dijo, “Cuando fui presentada ante el Tribunal de Dios, sesenta mil personas llegaron al mismo tiempo de todas partes del mundo; de ese número, tres fueron salvadas al ir al purgatorio, y todo el resto fueron condenadas”.

¡Oh abismo de los juicios de Dios! ¡Fuera de treinta mil, sólo cinco se salvaron! ¡Y fuera de sesenta mil, sólo tres se fueron al Cielo! Ustedes, pecadores que me están escuchando, ¿en qué categoría van a ser numerados?... ¿Qué dicen?... ¿Qué piensan?...

Fuente: San Leonardo de Puerto Mauricio, El pequeño número de los que se salvan

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