Apariciones de Fátima (I)


El 13 de junio de 1917, en el transcurso de la segunda aparición de Nuestra Señora en Fátima, Lucía, la mayor de los tres jóvenes pastores, pide a la celestial visitadora que los lleve con ella al Cielo. “Sí -responde la Virgen-, a Jacinta y a Francisco me los llevaré pronto, pero tú te quedarás aquí algún tiempo. Jesús quiere servirse de ti para darme a conocer y amar. Quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado. A quien abrace esa devoción, le prometo la salvación. Esas almas serán conservadas por Dios como flores colocadas por mí para adornar su trono”. ¿Algún tiempo? Para Lucía serán casi noventa años...

“¡Sí, queremos!”

Lucía es el séptimo descendiente de Antonio y de María Rosa dos Santos, y nace el Jueves Santo 28 de marzo de 1907, en la aldea de Aljustrel, cercana a Fátima, en el centro de Portugal. Recibe el Bautismo el Sábado Santo. María Rosa, mujer de corazón lleno de ternura, educa con firmeza a sus hijos, de manera que, porque los ama mucho, no tolera capricho alguno. En la primavera de 1913, Lucía toma la primera Comunión, sintiéndose invadida por una profunda paz: “¡Señor, haz de mí una santa -dice en el fondo de su corazón-, conserva mi corazón siempre puro solamente para ti!”. La tarea que se le confía consiste en conducir a las ovejas por los pastos; a partir de 1916, sus primos Francisco y Jacinta se unen a ella. Ese mismo año, por tres veces consecutivas, ven a un ángel que les exhorta a rezar mucho y a hacer sacrificios en reparación de los pecados que ofenden a Dios. El 13 de mayo de 1917, la Santísima Virgen se les aparece en Cova da Iria, un terreno que pertenece a los padres de Lucía: “¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que quiera enviaros, como acto de reparación de los pecados que le ofenden y como súplica por la conversión de los pecadores? -Sí, queremos. -Entonces, tendréis que sufrir mucho, pero la gracia de Dios os reconfortará. Rezad el Rosario todos los días para obtener la paz del mundo y el fin de la guerra”.

A partir de ese momento, Lucía empieza a encontrarse con pruebas. A pesar de su promesa de mantener en secreto la aparición, Jacinta no puede callar lo que ha visto. Una vez al corriente del asunto, la familia de Lucía se niega a creer que las apariciones sean de verdad. María Rosa cree que su hija miente y no puede soportarlo. A partir del 13 de junio, numerosos curiosos acuden para interrogar a Lucía: un atrevimiento que importuna a María Rosa. Además, los cultivos de Cova da Iria sufren daños a causa de los peregrinos, de lo que se culpa a Lucía. En cuanto al párroco, le declara que sus visiones bien podrían ser una estratagema del demonio, lo que la sume en una gran turbación.

Desanimada por las contradicciones, Lucía está a punto de abandonarlo todo y de decir que no se trataba más que de una mentira. Comunica a sus primos que ya no irá a los encuentros fijados por la aparición celestial, el 13 de cada mes, pues tiene miedo de que sea el demonio. Sin embargo, el 13 de julio, empujada por una misteriosa fuerza, Lucía pasa a recoger a sus primos para ir a Cova da Iria. La hermosa Dama es fiel a las citas y, por tercera vez, pide que se rece diariamente el Rosario, y, en la medida de lo posible, en familia. Confirma también que hay que ofrecer sacrificios para la conversión de los pecadores, la reparación de los ultrajes hacia el Corazón de Jesús y hacia su Corazón Inmaculado. Después, les confía un secreto en tres partes. Les muestra, mediante la visión del infierno, el terrible destino que espera a los pecadores que no se han arrepentido. A continuación, hace entrega a los hombres de un medio para evitar ese mal irreparable: la devoción a su Corazón Inmaculado. Esa devoción también podrá conseguir la paz entre las naciones. Nuestra Señora indica las dramáticas consecuencias para el mundo si no se siguen sus peticiones: estallará una nueva guerra y se producirán persecuciones procedentes de Rusia, que expandirá sus errores por todo el mundo. En contrapartida, “si se escuchan mis peticiones -afirma la Virgen María-, Rusia se convertirá y habrá paz”.

Fuente: Dom Antoine Marie, Cartas espirituales, 3 de septiembre de 2018

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