Un Santo de nuestra Patria

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Hoy celebramos en Argentina la Memoria de San José Gabriel del Rosario Brochero.

José Gabriel Brochero nace el 16 de marzo de 1840 en Villa Santa Rosa, Provincia de Córdoba, en el oeste de Argentina.

En 1856, José Gabriel ingresa en el seminario de Nuestra Señora de Loreto, en Córdoba. Se aplica al estudio con rigor y perseverancia. Ya desde esa época, José Gabriel descubre los Ejercicios espirituales de san Ignacio. Cada año renueva su retiro en los jesuitas de Córdoba. José Gabriel es ordenado sacerdote el 4 de noviembre de 1866.

El fuego del amor divino que prende en su corazón lo iluminará y guiará por todos los caminos. Un día se le ofrece una ocasión providencial de ejercer la misericordia. En 1867, Córdoba padece una epidemia de cólera que se lleva en poco tiempo más de 4.000 personas. La población está presa de aflicción y de pánico. Con peligro de su vida, el joven sacerdote se entrega en cuerpo y alma, mostrando hasta el final de la epidemia una dedicación incansable y una valentía que no desfallece.

En diciembre de 1869, el padre Brochero es nombrado párroco. Para dirigirse desde Córdoba a San Pedro, capital del departamento a donde es destinado, el nuevo párroco necesita tres días de viaje a lomo de una mula, a través de la montaña. Poco tiempo después, se instalará definitivamente en Villa del Tránsito, donde permanecerá más de cuarenta años predicando el Evangelio mediante la palabra y el ejemplo.

El párroco se identifica con sus feligreses, entregándose a todos para ganarlos a Cristo. Como no todos van a la iglesia, con audacia, enarbolando su crucifijo, su bravura y su amabilidad proverbial, parte en busca de las ovejas perdidas. Y éstas, a cambio, lo aman incondicionalmente. Él se lo merece, pues, mientras les habla de Dios y del Evangelio, les construye iglesias y escuelas, puentes y caminos, cunetas y canales. Para alcanzar sus objetivos, no teme presentarse ante el gobernador de la Provincia, ante los ministros e incluso ante el mismo presidente de la República cuando la necesidad lo requiere.

El padre Brochero ve en los Ejercicios espirituales de san Ignacio un medio especialmente adaptado para forjar la reforma de las costumbres y el progreso en el bien. El párroco recluta incansablemente personas interesadas en los retiros, por centenares. En su mente toma forma un proyecto: abrir en su parroquia una casa grande para los Ejercicios espirituales. Su propósito se cumple en 1887, tras dos años de obras.

En 1898, el obispo le concede el relevo de su función curial y lo nombra canónigo de la catedral. Todo lo que gana como canónigo lo redistribuye a los pobres.

En 1902, en sus visitas a un leproso al que quería ganar para Jesucristo, el padre Brochero se contagia de la enfermedad, pierde la vista, pero no por ello deja de celebrar la Misa ni de predicar. Fiel a su lenguaje popular, se compara con una bestia de carga: “Ahora, todos mis arreos están listos para partir”. Son sus últimas palabras. Entrega apaciblemente su alma a Dios a la edad de 73 años, el 26 de enero de 1914.

Fuente: cf. Dom Antoine Marie, Cartas Espirituales, Abadía San José de Clairval

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