La Eucaristía en el combate espiritual

Misa en Malvinas

A las almas que desean llegar a la santidad, el Divino Espíritu les recuerda frecuentemente aquellas palabras de Jesús: “Si alguien quiere venir conmigo, niéguese a sí mismo, acepte su cruz de sufrimientos de cada día, y sígame”. Y les invita a seguir a Cristo imitando sus santos ejemplos, venciéndose a sí mismo, y aceptando con paciencia las adversidades. Para esto les será de enorme utilidad el frecuentar los sacramentos, especialmente el de la penitencia y el de la Eucaristía. Éstos les permitirán conseguir nuevo vigor y adquirir fuerzas y energías para luchar contra los enemigos de la santidad.

El medio más excelente que existe para progresar en perfección es la Sagrada Eucaristía. De todas las armas espirituales es la más eficaz para lograr vencer a los enemigos de nuestra virtud y santificación.

Los otros sacramentos reciben toda su fuerza en los méritos de Cristo, de la gracia que Él nos ha obtenido y de su poderosa intercesión en favor nuestro. Pero la Eucaristía contiene al mismo Jesucristo, con su Cuerpo y su Sangre, su Alma y su Divinidad. Con los demás sacramentos combatimos a los enemigos del alma con los medios que nos proporciona Jesucristo. Con éste combatimos apoyados y acompañados por el mismo Redentor en persona, ya que Él dijo: “Quien come mi carne y bebe mi sangre, permanece en Mí y yo en él”.

Fuente: P. Lorenzo Scúpoli, El combate espiritual

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