Santidad conyugal - Matrimonio Gheddo

Rosetta nació en 1902 en Crova, Italia. Se graduó como maestra de primaria y se dedicó al servicio de la parroquia y al cuidado de los niños, dejando un fuerte recuerdo de santidad. Por su parte, Giovanni nació en 1900 en Viancino. Después de la Primera Guerra Mundial, entró en la Academia Militar de Turín. Fue nombrado teniente y enviado a la zona de armisticio donde encontró trabajo de topógrafo. Un día que iba en su bicicleta, se cruzó con Rosetta y le gustó. Finalmente, se casaron el 16 de Junio de 1928 e hicieron un voto delante de la Virgen y del Señor pidiendo dos gracias: la primera, tener muchos hijos (propusieron doce) y la segunda, que al menos uno de ellos se consagrara al Señor. Tuvieron tres hijos, el Padre Piero, Francesco y Mario. Transmitían la fe a sus hijos viviendo una fe auténtica. Por la noche, después de la cena, se rezaba el Rosario alrededor de la mesa.

Después de dos abortos involuntarios, Rosetta quedó embarazada de gemelos pero, a los cinco meses de embarazo, murió de una neumonía. Sólo habían pasado 6 años desde que se casaron. Giovanni se fue a vivir con su madre y con dos de sus hermanas, que fueron las que cuidaron de sus hijos.

El 10 de Julio de 1942, Giovanni fue enviado al frente ruso en la Segunda Guerra Mundial. No tendría que haber ido por ser viudo con tres hijos pequeños, pero fue castigado de esa manera por ser de la Acción Católica y además no haber querido nunca afiliarse al Partido Fascista, cosa que en aquel tiempo era obligatorio. Con los heridos graves debía quedarse el oficial más joven, pero Giovanni le dijo: “Tú eres joven y tienes que construirte una vida; yo tengo a mis hijos en buenas manos. Escapa, que me quedo yo”. Este soldado fue a Tronzano, donde vivían los hijos de Giovanni, a contarles lo que había hecho su padre por él y a darles las gracias por haberle salvado la vida, confirmándoles que, habiendo podido escapar, se quedó con los heridos que no podían ser trasladados.

Verdaderamente este fue un acto heroico y podríamos decir extraordinario, ciertamente, los actos heroicos no se improvisan, son consecuencia de una vida muy normal, pero cargada de fidelidad y compromiso, una fuerte vida de oración y actos pequeños de caridad en su vida cotidiana.

Fuente: cf. infofamilialibre.com

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