Consejos de Don Bosco para un joven que vive en el mundo (II)

6. Hasta que no vayas a gusto a confesarte y a comulgar, y hasta que no te agraden los libros piadosos y los compañeros devotos, no creas tener todavía una sincera devoción.

7. El muchacho que todavía no es capaz de soportar una injuria sin vengarse de ella, que no tolera las reprensiones, aun injustas, de sus superiores, y más aún de sus padres, está todavía muy atrás en el camino de la virtud.

8. No hay veneno más perjudicial para los jóvenes que los libros malos. [Nota: ¡Qué diría Don Bosco hoy del peligro de las malas películas, programas de TV, sitios de internet, redes sociales...!] Hay que temerlos mucho en nuestros tiempos, porque son muy numerosos y descarados en cuanto a religión. Si amas la fe, si amas tu alma, no los leas, sin que antes hayan sido aprobados por el confesor u otras personas de reconocida doctrina y esclarecida piedad; pero reconocida y esclarecida, entiéndelo bien.

9. Mientras no tengas miedo y no huyas de las malas compañías no sólo debes pensar que te encuentras en gran peligro, sino incluso teme ser malo tú mismo.

10. Elige siempre los amigos y compañeros entre los buenos, y de éstos, los mejores; más aún, imitad lo bueno y lo mejor de éstos y huid de sus defectos, porque todos los tenemos.

11. No seas obstinado en tu obrar, pero tampoco seas inconstante. Siempre he visto que los inconstantes, que fácilmente cambian de resolución sin graves motivos, acaban mal en todo.

12. Una de las mayores locuras de un cristiano es la de aguardar a ponerse en el buen camino, diciendo: Después, después; como si estuviese seguro del tiempo venidero y como si le importase poco el hacerlo pronto y ponerse a salvo. Sé, pues, prudente y ponte en regla enseguida como si tuvieses la certeza de no poderlo hacer después. Confiésate cada quince días a más tardar; haz un poco de meditación y de lectura espiritual cada día; el examen de conciencia todas las noches; haz el ejercicio de la buena muerte; pero sobre todo ten una grande, tierna, verdadera y constante devoción a la Santísima Virgen. ¡Oh, si supieses la importancia de esta devoción, no la cambiarías por todo el oro del mundo! Tenla, y espero que un día dirás: Todos los bienes me vinieron junto con ella.

Fuente: cf. Don Lemoyne,Memorias biográficas de San Juan Bosco

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