Aviso para los casados

El matrimonio es un gran sacramento, lo digo en Jesucristo y en su Iglesia; es honorable para todos, en todos y en todo, es decir, en todas sus partes: para todos, porque aun las mismas vírgenes han de honrarlo con humildad; en todos, porque es igualmente santo entre los pobres y entre los ricos; en todo, porque su origen, su fin, sus utilidades, su forma y su materia son santas. Es el plantel del cristianismo, que llena la tierra de fieles, para completar, en el cielo, el número de los elegidos; de manera que la conservación del bien del matrimonio es en extremo importante.

Sobre todo exhorto a los casados al amor mutuo, que tanto les recomienda el Espíritu Santo en la Sagrada Escritura. El primer efecto de este amor es la unión indisoluble de vuestros corazones. El segundo es la fidelidad inviolable y mutua. El tercer fruto es la procreación y crianza de los hijos. Es un gran honor para vosotros los casados, el que Dios, al querer multiplicar las almas que puedan bendecirle y alabarle eternamente, os haga cooperadores de una labor tan digna, mediante la producción de los cuerpos, sobre los cuales, como gotas celestiales, hace llover las almas, creándolas, como las crea, al infundirlas en aquellos.

Dice San Gregorio Nacianceno que, en su tiempo, los casados festejaban el aniversario de sus bodas. Ciertamente aprobaría que se introdujese esta costumbre, con tal que no se hiciese con ostentación de fiestas, sino confesando y comulgando los esposos aquel día, encomendando a Dios, con mayor fervor que el de costumbre, el feliz éxito de su matrimonio, renovando los buenos propósitos de santificarlo cada día más con recíproco amor y fidelidad, y recobrando fortaleza en el Señor para sobrellevar las cargas de su estado.

Fuente: San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota

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