Abandonarnos en Dios

Santa Teresita del Niño Jesús, nos dice en sus escritos que nuestro Abandono en las manos de Dios tiene que ser como un "barquito" con las "velas" del amor desplegadas en el "mar" de la divina Voluntad

Aquel pues que quiere gozar de la abundancia de todos los bienes no tiene que hacer sino una cosa: purificar su corazón, desapegarse de las criaturas y abandonarse enteramente a Dios. En esta pureza y este abandono encontrará todas las cosas.

¡Qué los demás, Señor, os pidan toda clase de dones, multiplicando sus palabras y sus ruegos; en lo que a mí toca, Dios mío, no os pido sino un único don, y no tengo más que esta sola súplica para haceros: Dame, Señor un corazón puro! ¡Oh corazón puro, qué dichoso eres! Pues ves a Dios en Sí mismo, por la vivacidad de tu fe. Lo ves en todas las cosas y lo ves en todo momento, obrando dentro y fuera de ti. Eres en todo su súbdito y su instrumento. El te conduce en todo y te conduce a todo. Las más de las veces ni siquiera piensas en ello, pero El piensa por ti. Lo que te ocurre y debe ocurrirte en virtud de su designio, basta con que lo desees; El oye tu preparación. En tu saludable ceguera, si tratas de discernir en ti mismo este deseo, no lo ves. Pero El sí lo ve bien. ¡Qué simple eres! ¿Ignoras acaso lo que es un corazón en el que se halla Dios? Al ver en ese corazón sus propias inclinaciones, Dios sabe bien que siempre permanecerá sumiso a sus designios. Sabe también que apenas si sabes lo que te es útil, y por eso El mismo se ocupa de dártelo. Poco le importa si para ello te contraría: pensabas ir al Oriente, y te conduce a puerto. Sin conocer mapas, ni rutas, ni vientos, ni marea, con El no haces sino viajes felices. Si los piratas surgen y aumentan ante ti, un inesperado golpe de viento te pone en un instante fuera de su alcance.

Fuente: Jean Pierre de Caussade, Tratado del Santo Abandono a la Providencia divina

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