El Corazón de Cristo (III)

Estampa del funeral del Beato Carlos de Austria

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús debe sernos grata a todos porque en ella se honra a Jesucristo, no ya en uno de sus estados o misterios particulares, sino en la generalidad y totalidad de su Amor, de ese Amor que nos da la clave de todos los misterios.

La práctica general de esta devoción tiende a devolver a Nuestro Señor amor por amor, a apoderarse de toda nuestra actividad, y penetrarla de amor que sea agradable a Jesucristo, de tal modo, que los ejercicios particulares no son más que medios de expresar a nuestro divino Maestro el recíproco amor que le tenemos. Es esto efecto, y muy precioso por cierto de esta devoción, puesto que toda la religión cristiana se reduce a dedicarnos por amor al servicio de Jesucristo, y por Él al servicio del Padre y del Espíritu Santo.

El cristianismo es el amor de Dios manifestado al mundo por Cristo, y toda nuestra religión cristiana puede reducirse a contemplar este amor en Cristo y responder al amor de Cristo para llegarnos hasta Dios.

Tal es el plan divino y lo que Dios quiere de nosotros. Si no nos amoldamos a él, no tendremos ni luz, ni verdad, ni seguridad, ni salvación.

Cuando recibimos a Nuestro Señor en la sagrada Comunión, hospedamos en nosotros aquel Corazón divino, hoguera de amor.

Pidámosle muy de veras nos haga Él mismo comprender este amor, porque un rayo que nos venga de arriba es harto más eficaz que todos los discursos humanos; pidámosle que nos haga amar a su divina Persona.

Fuente: Beato Columba Marmión, Jesucristo en sus Misterios

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