Excelencias del estado matrimonial


Es un error, hermano mío, y aun herejía condenada el decir que el estado del matrimonio es malo: no hay duda que es más perfecto el de virginidad y continencia; pero esto no quita que el del matrimonio sea santo, justo y perfecto en su grado, y que puedan ser perfectos, justos y santos los que viven en él con verdadero temor y amor de Dios, como en las historias se lee de muchos que en dicho estado se han santificado, cumpliendo bien sus obligaciones.

Este estado es santo, por ser obra de Dios; pues él lo instituyó luego de haber criado a nuestros padres Adán y Eva en estado de inocencia; lo confirmó después del diluvio, y en la ley de gracia lo elevó a Sacramento, haciéndolo uno de los siete. Además viniendo el Hijo de Dios para redimir al género humano, quiso nacer de una casada, aunque virgen la más pura y casta; convidado a las bodas de Caná de Galilea, no rehusó, antes bien asistió, y en ellas hizo aquel admirable milagro de convertir el agua en vino el más generoso: y no solo es excelente este estado por su antigua institución y elevación a Sacramento, sino también por su significación; pues significa la unión de Cristo con la Iglesia, como dice el apóstol san Pablo.

¡Oh si considerasen los contrayentes la institución, significación y elevación del matrimonio al estado de Sacramento!

El que desee alcanzar la gracia que necesita, dispóngase bien para recibirla, y pídala a Dios, que se la dará con abundancia: por lo mismo procure recibir la misa de bendición nupcial, en la que se contienen muchas y grandes deprecaciones a Dios nuestro Señor, para que a los contrayentes el matrimonio los haga santos; les infunda el divino Amor; les dé fortaleza para llevar con paciencia cristiana los trabajos de su estado; les dé fruto de bendición, y los llene de las bendiciones del Cielo.

Fuente: San Antonio María Claret, Colección de opúsculos

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