Meditando en el Vía Crucis (XI)


Decimoprimera estación: Jesús es clavado en la Cruz

Jesús contempla la Cruz que yace en tierra. Su Corazón acepta la hora suprema, la hora del cielo, la hora del infierno, la hora del odio, la hora del amor. Se tiende sobre la Cruz. Los verdugos le asen las manos y las atraviesan con sendos clavos. Luego los pies. ¡Espantoso sacrificio! Pero el Señor no exhala el menor grito de dolor. Sólo se oye de sus labios el “perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen”.

¡Salvador mío crucificado! Nadie ama más que quien da la vida por sus amigos, y lo escribiste con tu Sangre sobre el madero de la Cruz. Al considerar aquellas palabras “Dios es amor”, que tan potentes se manifiestan en tu sacrificio, caemos de rodillas junto a la Cruz, contemplando la sangre que corre hacia la tierra culpable. Pero si grande es el dolor de tus miembros, mayor es el de tu Corazón, por la ingratitud del mundo ante tu Cruz salvadora.

El símbolo de la salvación y del heroísmo es para muchos indicio de necedad. Aparta tu rostro airado de los impíos y detén tus miradas moribundas sobre estos fieles que llevan heroicamente la bandera de la Cruz en medio de un mundo vacilante.

Fuente: Devocionario del Sagrado Corazón de Jesús

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