Meditando en el Vía Crucis (XIII)


Decimotercera estación: El descendimiento de la Cruz

El cuerpo de Jesús reposa en el regazo de su Santísima Madre como si su amor maternal hubiese de expiar las torturas de la Cruz. El Corazón de Jesús ya no palpita.

Llegó para María la hora de recoger los frutos del sacrificio común para distribuirlos al mundo. Los latidos de su corazón de Madre no eran más que el eco del de su divino Hijo.

Oh Señor mío Jesucristo, muerto y deshecho por mí, yo venero tu santísimo y divinísimo cuerpo reclinado en los brazos de tu piadosísima Madre, te suplico me concedas un vivo dolor de tanto como a Ti y tu Madre os hice padecer con mis pecados, y gracia para enmendarme de todos ellos.

Fuente: Devocionario del Sagrado Corazón de Jesús

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