Luchar contra el espíritu del mundo


El mundo hace los mayores esfuerzos para impedir que se ame a Jesucristo en el santísimo Sacramento con un amor práctico y verdadero, para impedir que se acuda a visitarle y lograr que se paralicen los efectos de este amor.

El mundo sujeta, cautiva y absorbe la atención de las almas con las ocupaciones y aun con las buenas obras externas desviándolas de la meditación seria y detenida del amor de Jesús.

Llega hasta combatir directamente este amor práctico, presentándolo como innecesario y como posible únicamente dentro de un claustro.

El demonio no cesa un instante de luchar contra nuestro amor a Jesús sacramentado.

Sabe que está allí Jesús sustancialmente y que está vivo, atrayendo directamente las almas y tomando posesión de ellas; y procura borrar en nosotros el pensamiento y la buena impresión de la Eucaristía: es decisivo para sus malvados fines.

Y, sin embargo, Dios es todo amor.

Desde la Hostia sacrosanta nos grita este dulce Salvador: “Amadme como Yo os he amado, perseverad en mi amor. Yo he venido a traer sobre la tierra el fuego del amor y mi deseo más ardiente es que abrase vuestros corazones”.

Fuente: San Pedro Julián Eymard, Obras Eucarísticas

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