No temamos ser cristianos


Para trabajar por la conservación de la fe es necesario adoptar un lenguaje cristiano, usar el lenguaje de la fe. Cambiad el lenguaje del mundo. Por una culpable tolerancia hemos dejado que Nuestro Señor Jesucristo fuese desterrado de las costumbres, de las leyes, de las formas y conveniencias sociales, y en los salones de los grandes nadie se atrevería a hablar de Jesucristo. Aun entre católicos prácticos, parecería extraño hablar de Jesucristo sacramentado.

Hay tantos -dicen- que no cumplen con la Iglesia ni asisten al sacrificio de la misa, que teme uno molestar a alguno de los contertulios, y tal vez el mismo dueño de la casa se encuentra en este caso. Se hablará del arte religioso, de las verdades morales, de la belleza de la religión; pero de Jesucristo, de la Eucaristía... jamás. Cambiad todo esto; haced profesión de vuestra fe. En fin, es necesario demostrar que Nuestro Señor tiene derecho a vivir y a reinar en el lenguaje social. Es una deshonra para los católicos tener siempre a Jesucristo bajo el celemín, como lo hacen. Es preciso mostrarle en todas partes. El que hace profesión explícita de su fe y el que sin respetos humanos pronuncia reverentemente el Nombre de Jesucristo se coloca en la corriente de su Gracia. ¡Hace falta que todos sepan públicamente cuál es nuestra fe!

Se oye a cada paso proclamar principios ateos; por doquiera se encuentran gentes que se jactan de no creer en nada, y nosotros ¿hemos de temer afirmar nuestras creencias y pronunciar el Nombre de nuestro divino Maestro?

Fuente: San Pedro Julián Eymard, Obras Eucarísticas

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