Es preciso comulgar bien


La sagrada Comunión es Jesús mismo recibido sustancialmente en nosotros, en nuestra alma y en nuestro cuerpo, bajo forma de alimento, para transformarnos en sí comunicándonos su santidad primero y después su felicidad y su gloria.

Por la sagrada Comunión Jesucristo nace, crece y se desarrolla en nosotros. Todo su deseo es que le recibamos y le recibamos a menudo; tal es también el consejo de la santa Iglesia, la cual pone a nuestra disposición todos sus medios de santificación para mejor disponernos a recibirle bien, así como todo su culto tiende a prepararnos la Comunión y a dárnosla.

Si conociéramos los dones y las virtudes que nos trae la Comunión, suspiraríamos de continuo por ella. Una Comunión basta para santificar a uno en un instante, por ser el mismo Jesucristo, autor de toda santidad, quien viene.

Mas es preciso comulgar bien, y una buena Comunión no se concibe sin la debida preparación y acción de gracias.

Adorad con viva fe a Jesús, presente en el santísimo Sacramento, en la sagrada Hostia que vais a recibir; adoradle exteriormente con el más profundo respeto del cuerpo y con la mayor modestia de los sentidos; adoradle también interiormente con profunda humildad, rendidle homenaje con todas las facultades del alma, diciéndole, con santo Tomás, a impulsos de vuestra fe: Vos sois mi Señor y mi Dios.

Dad gracias por don tan soberano del amor de Jesús, por esta invitación a su mesa eucarística que os dirige a vosotros.

Fuente: San Pedro Julián Eymard, Obras Eucarísticas

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