Refugio de los pecadores


Este piadoso oficio de María Santísima no se debe entender como contrario a la justicia Divina sino que más bien, Ella cumple de esta manera la amorosa voluntad de Dios, que constituye a nuestra Señora como un refugio para que por su medio brille Su Infinita Misericordia que quiere la conversión de los pecadores.

Jesucristo es nuestro Mediador ante el Padre. Nos dice San Juan: “Os escribo esto para que no pequéis y si alguien peca tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo”, pero además de Él, tenemos a María, Madre de Dios y Madre nuestra, constituida por Dios medianera entre Él y nosotros pecadores.

Dos gracias principales son necesarias a un pecador para alcanzar la futura felicidad: La conversión o el perdón de los pecados y la perseverancia en el bien.

Ambas gracias nos alcanza María Refugio de los pecadores, si se lo pedimos continuamente y si “hacemos lo que Él nos dice”, como Ella nos lo pide.

Fuente: Meditaciones del Cardenal Newman y Ángel Cavatoni sobre las Letanías de la Virgen

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