El gran Amor de Dios a cada uno de nosotros


Lo que da al amor de Dios mayor fuerza y eficacia es el ser personal y particular a cada uno de nosotros, lo mismo que si estuviéramos solos en el mundo.

Un hombre bien persuadido de esta verdad, a saber, de que Dios le ama personalmente y de que sólo por amor a él ha creado el mundo con cuantas maravillas encierra; que sólo por amor a él se ha hecho hombre y ha querido ser su guía, servidor y amigo, su defensor y su compañero en el viaje del tiempo a la eternidad; que sólo para él ha instituido el bautismo, en que por la gracia y los merecimientos de Jesucristo se hace uno hijo de Dios y heredero del reino eterno; que sólo para él le da al Espíritu Santo con su persona y sus dones; que sólo para sí recibe en la Eucaristía la persona del Hijo de Dios, las dos naturalezas de Jesucristo, así como su gloria y sus gracias; que para sus pecados tiene una omnipotente y siempre inmolada víctima de propiciación; que en la penitencia Dios le ha preparado un remedio eficaz para todas sus enfermedades, y hasta un bálsamo de resurrección de la misma muerte; que para santificarle ha instituido el sacerdocio, que llega hasta él mediante una sucesión nunca interrumpida; que ha querido santificar y divinizar el estado del matrimonio, haciendo del mismo el símbolo de su unión con la Iglesia; que le ha preparado un viático lleno de dulzura y de fuerza para su hora suprema; que para guardarle, ayudarle, consolarle y sostenerle ha puesto a su disposición a sus ángeles y a sus santos, hasta a su propia augusta Madre; que le ha preparado un magnífico trono en el cielo, donde se dispone a colmarle de honores y de gloria, donde su manjar será ver a la Santísima Trinidad y gozar de Ella, a la que contemplará y abrazará sin velos y sin intermediario alguno.

Un hombre bien penetrado de todo esto debiera estallar de amor, vivir de amor y consumirse de amor.

Fuente: San Pedro Julián Eymard, Obras Eucarísticas

Suscríbase al Blog de ARCADEI

 ......
Stacks Image 25