Resistir con entereza a las malas costumbres


Al lado de los cuadros tantas veces bosquejados en todos los tiempos de la depravación de las costumbres, aparece también en nuestro siglo el cuadro consolador de las almas que, fieles a la ley natural y a los mandamientos divinos, se esfuerzan por mantenerse en el verdadero camino y hacen frente a todo lo que se oponga a la verdadera moral. Esta realidad es sin duda de gran consuelo para la Iglesia de Cristo, y sin duda también una prenda segura de salvación eterna de muchas almas.

La empresa, con todo, es ardua y aunque los frutos son óptimos, todavía el objetivo no se ha conquistado plenamente. Nuestra naturaleza, debilitada por el pecado original y la vistosidad y atractivos con que el mal nos solicita, puede ser un obstáculo en la marcha. Sin embargo debemos y queremos resistir con toda firmeza y a pesar de las grandes dificultades internas y externas que nos puedan acosar.

Roguemos, unidos a toda la Iglesia, para que el Señor se digne robustecer los corazones de los fieles, a fin de que enfrenten con entereza siempre creciente los empujes del mal.

Fuente: Folleto del Apostolado de la Oración, mayo de 1946

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