El toque de una conversión

“Dios escuchó el llanto del niño” (Gn. 21, 17)

Nunca he visto un aborto guiado por ecografía antes, me dije.

No podía imaginar hasta qué punto esos diez minutos sacudirían la base sobre la que se asentaban mis valores y terminarían cambiando mi vida.

¿Qué voy a presenciar? Mi estómago se contrajo.

“Trece semanas”, escuché a la enfermera decir después de medir el feto para determinar el tiempo de gestación.

Al principio, el bebé no pareció darse cuenta de la presencia de la cánula.

El siguiente movimiento fue la repentina sacudida de un pequeño pie. El bebé daba patadas, como si intentara huir del extraño invasor.

El médico había girado la cánula. Y entonces, el pequeño cuerpo empezó a desaparecer ante mis ojos. La última cosa que vi fue una columna vertebral, succionada por el tubo.

Me quedé paralizada.

Dios mío, ¿qué había hecho?

Un pensamiento emergió de lo más hondo: ¡Nunca más! Nunca más.

Al recordar ese día de septiembre de 2009, me doy cuenta de lo sabio que es Dios... Entonces intenté comprender las razones que me habían llevado a esa situación: a vivir en la mentira, a difundirla y a perjudicar a tantas mujeres que en realidad quería ayudar.

Y, sentí la necesidad de saber qué debía hacer a partir de entonces.

Fuente: Abby Johnson, Sin planificar

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