Oración ante el sufrimiento


Gracias te doy, Señor, por los golpes con que azotas mis espaldas; porque con este castigo me has salvado de la ruina. Me castigas, porque no quieres que queden impunes mis pecados; y con ello me das una gran lección.

Por eso me someto humildemente a los golpes de tu látigo; y te bendigo por la amargura que mezclas con la dulzura de la vida temporal, para que no me apegue a los deleites terrenales y aspire siempre a las delicias eternas.

Tú, Señor, iluminas mis tinieblas cuando castigas mis pecados con adversidades y mis perversos deleites con amarguras.

¡Qué bondadoso eres, Dios mío! Si en mi vida terrena no pusieras dolor tal vez me olvidaría completamente de Ti.

Pensaré cuánto has sufrido Tú por mí; y por pesados que sean mis trabajos, y grandes mis dolores, no igualarían jamás a los que Tú padeciste: insultos, humillaciones, flagelación, coronación de espinas, crucifixión.

Beberé, Señor, este amargo cáliz para recobrar la salud de mi alma; lo beberé sin temblar, porque para animarme lo has bebido Tú primero. Beberé este cáliz hasta que pase toda la amargura de este mundo y llegue a la otra vida en la que no habrá más maldad ni dolor. Amén.

Fuente: Oración compuesta por San Agustín de Hipona

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