Es necesario orar siempre


Alguien ha dicho que la oración es semejante a un molino de moler granos. Si al girar la piedra del molino no se le va echando grano, la misma acabará por girar en el vacío. La oración es la piedra. El grano es el contenido: la fe, la palabra de Dios, los conocimientos de las verdades fundamentales de la vida cristiana, las exigencias de la vida en gracia. Una oración sin esos contenidos será un girar en el vacío.

En los últimos tiempos, por el prurito de “cambiarlo” todo por el hecho de cambiar, o para satisfacer los “gustos” de los hombres, que más responden a la poca formación que a una real necesidad, también la oración ha sido objeto de “reformas”, tanto en el modo o la forma, como sobre todo, y esto es lo más grave, en el contenido. Dicho más claro: oraciones sin contenido, molino sin granos. La oración, entiéndase también el canto, no es para que salgamos del templo “satisfechos” nosotros, como el fariseo del Evangelio, sino para agradar a Dios. Esto, tratándose de celebraciones y actos litúrgicos.

Otro peligro de nuestro tiempo es creer que solamente la oración comunitaria tiene valor. No pocos sacerdotes dejan de celebrar la Santa Misa cuando no cuentan con la presencia de una “comunidad”. Un ejemplo bastante distinto nos ha dado el mismo Jesucristo, que se iba a un “lugar solitario”, o se “retiraba Él solo”, o “pasaba la noche en oración”, o se iba “muy de madrugada” para hacer oración, sin contar los cuarenta días con sus noches en el desierto, antes de comenzar su vida pública. También contamos con innumerables ejemplos de santos, de todos los tiempos, que han hecho de la oración una norma de su vida. No estamos, de ningún modo, contra la oración comunitaria. Jesús mismo nos ha dicho que “donde dos o tres se reúnen en su nombre, Él está presente”, y asegura además que “si dos unen sus voces en la tierra para pedir cualquier cosa, la conseguirán del Padre que está en los cielos”. Lo que quiero destacar es que la oración privada, personal, es tan, o incluso más necesaria que la hecha en común. Quien no sabe rezar en privado, difícilmente podrá hacerlo bien en público, porque no se trata de emitir la voz correctamente sino de unir el corazón a Dios. (Mons. León Kruk)

Fuente: P. Ramiro Sáenz, Solo Dios basta

close
¿Olvidó su contraseña?
close
 ......

Suscríbase al Blog de ARCADEI

 ......
Stacks Image 25