Confiar en Dios


Seréis salvos si os convertís y estáis tranquilos; en la serenidad y la confianza estará vuestra fuerza (Isaías 30,15)

El testimonio de la Escritura es unánime: la solicitud de la divina Providencia es concreta e inmediata; tiene cuidado de todo, desde las cosas más pequeñas hasta los grandes acontecimientos del mundo y de la historia.

“Dios todopoderoso, al ser sumamente bueno, no permitiría nunca que cualquier tipo de mal existiera en sus obras, si no fuera suficientemente poderoso y bueno como para sacar bien del mismo mal” (san Agustín).

Estamos llamados a colaborar con Dios, mediante una actitud de gran confianza.

La certeza del amor de Dios nos lleva a confiar en su providencia paterna incluso en los momentos más difíciles de la existencia. Santa Teresa de Jesús expresa admirablemente esta plena confianza en Dios Padre providente, incluso en medio de las adversidades: “Nada te turbe, nada te espante; todo se pasa. Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene, nada le falta. Sólo Dios basta”.

La Escritura nos brinda un ejemplo elocuente de confianza total en Dios cuando narra que Abraham había tomado la decisión de sacrificar a su hijo Isaac. En realidad, Dios no quería la muerte del hijo, sino la fe del padre. Y Abraham la demuestra plenamente, dado que, cuando Isaac le pregunta dónde está el cordero para el holocausto, se atreve a responderle: “Dios proveerá”. E, inmediatamente después, experimentará precisamente la benévola providencia de Dios, que salva al niño y premia su fe, colmándolo de bendición.

Por consiguiente, es preciso interpretar esos textos a la luz de toda la revelación, que alcanza su plenitud en Jesucristo. Él nos enseña a poner en Dios una inmensa confianza, incluso en los momentos más difíciles: Jesús, clavado en la cruz, se abandona totalmente al Padre: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Con esta actitud, eleva a un nivel sublime lo que Job había sintetizado en las conocidas palabras: “El Señor me lo dio; el Señor me lo quitó; bendito sea el nombre del Señor”. Incluso lo que, desde un punto de vista humano, es una desgracia puede entrar en el gran proyecto de amor infinito con el que el Padre provee a nuestra salvación.

Fuente: San Juan Pablo II, Audiencia General del 24 de marzo de 1999

Suscríbase al Blog de ARCADEI

 ......
Stacks Image 25