Martirio de San Bartolomé


Polemón II, rey de del Ponto, tenía una hija muy enferma. Enterado de los prodigios que obraba San Bartolomé en aquel lugar, le mandó ir al palacio y le suplicó que curase a su hija. Le ofreció ricos presentes, pero el Santo no los quiso aceptar. Exhortó el Apóstol al rey a que dejase el culto de los ídolos y creyese en Jesucristo, y luego sanó a la enferma. Con este milagro y las exhortaciones y demás prodigios que obró el Santo, determinó el rey abrazar la religión cristiana, y recibió el Bautismo junto con su familia y muchísimos vasallos. Refiere la tradición, que el santo Apóstol dejó sacerdotes y diáconos en algunas poblaciones de Armenia.

Su Martirio

Se molestaron grandemente los sacerdotes de los ídolos por la conversión del rey y porque el rápido crecimiento de la religión cristiana significaba menoscabo del culto de los dioses. Resueltos a vengarse del Apóstol, fueron a ver a Astiages, hermano del rey convertido, y le incitaron a que detuviese a Bartolomé. Era Astiages gobernador de una provincia comarcana, y así le fue muy fácil prender al santo Apóstol, a quien reprobó haber pervertido el alma de su hermano Polemón, ultrajado a los dioses de la nación y destruido su culto, siendo con ello causa de que los dioses afligiesen al reino con grandes plagas y males sin cuento.

Declaró el Santo que el Dios que predicaba era el único verdadero, y que al arruinar el culto de los ídolos, pretendía solamente echar de aquel reino al demonio, causador de los males que afligían a los ciudadanos y a todo el país. Pero Astiages no quiso dar oídos a tales razones, y le mandó que sacrificase a los dioses protectores de la nación. El santo y valeroso Apóstol se negó a ello con inquebrantable fortaleza, e hizo ante los presentes admirable profesión de la fe que predicaba.

Se encendió con ello el furor de Astiages, el cual mandó primeramente que azotasen con varas de hierro al insigne mártir. Después, a juzgar por una tradición declarada en el Martirologio y en el Breviario romanos, le tendieron y le desollaron vivo de pies a cabeza. Fue éste un tormento atrocísimo que mostró a los presentes la fortaleza y admirable paciencia del esforzado mártir de Cristo. Finalmente, fue degollado. Otro relato de su martirio nos dice que, después de haberle desollado vivo, le crucificaron.

De allí a pocos días, Astiages y los sacerdotes paganos que pidieron la muerte del Santo Apóstol, tuvieron, por disposición del Señor, muy horrible y espantosa muerte, pues perecieron ahogados por manos invisibles. El rey Polemón fue consagrado primer obispo de Armenia, según reza la leyenda, y trabajó con todas sus fuerzas para convertir a sus conciudadanos.

El cuerpo del Santo fue enterrado en el mismo lugar donde padeció el martirio, quizá la ciudad de Albanópolis, como trae el Breviario romano.

Fuente: Edelvives, El Santo de Cada Día

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