Negociemos los talentos


“El que recibió cinco talentos negoció con ellos y ganó otros cinco, y de la misma manera el que recibió dos ganó otros dos, y el que recibió uno cavó en la tierra y escondió el tesoro de su señor.”

En el criado que recibió cinco talentos y en el que recibió dos están representados los fervorosos y diligentes; porque ordinariamente los que han recibido mucho caudal cobran grande ánimo y confianza para trabajar, y como mercaderes ricos se abalanzan a grandes empresas y ganan mucho, con tal que tengan humildad, atribuyendo su fervor a la divina gracia.

En el que recibió un talento están representados los negligentes y perezosos, porque los que tienen poco caudal, si no son muy humildes, suelen ser muy quejicosos, envidiosos y pusilánimes, y así se rinden a la pereza. Y si tienen otros talentos de mundo y carne, empléanse en buscar los bienes terrenos, y debajo de esta tierra sepultan el talento que recibieron para negociar los bienes del cielo.

Y ¿cuál es su premio y galardón? Al que ganó cinco talentos y al que ganó dos, díjoles el Señor: “Alégrate, siervo bueno y fiel; pues fuiste fiel en lo poco, yo te haré señor de muchas cosas: entra en el gozo de tu señor.”

Califícalos de buenos y fieles: buenos, porque vivieron santamente, cumpliendo su ley y voluntad; fieles, porque usaron fielmente de los dones y gracias que habían recibido, aunque en sí grandes, pero pequeños respecto de los eternos; y por eso dice: “Pues fuiste fiel en lo poco”, cual es lo que pasa en esta vida mortal, Yo te constituiré en el cielo sobre mucho, haciéndote muchas y grandes mercedes. “Entra en el gozo de tu Señor”; engólfate en el abismo de los deleites celestiales, para que de dentro y de fuera estés lleno y colmado de gozo, bebiendo del río copioso de su alegría hasta tener perfecta hartura.

A ambos dijo las mismas palabras, para darnos a entender que en la paga del cielo más se atiende a la diligencia de las obras que al número de los talentos. No hubiera sido llamado siervo bueno y fiel el que recibió cinco talentos, si sólo hubiera ganado dos. Y tú ¿negocias con los talentos que Dios te dio? ¿En tu salud, tu ingenio, tu ciencia, con verdadero afán, en las cosas que tocan al servicio de Dios y bien de las almas?

“El siervo que recibió un talento dijo a su Señor: Sé que eres hombre duro y que coges de lo que no haz sembrado, y así, temiéndote, escondí tu talento en la tierra. Aquí tienes lo que es tuyo.”

Descúbrese aquí la malicia del perezoso que, para en encubrir su pereza, finge peligros y dificultades y teme donde no hay que temer.

“Respondióle el Señor: Siervo malo y perezoso, si sabías que cojo donde no siembro, debías haber dado mi dinero cambio, para que cuando viniera recibiera lo que es mío con ganancia. Quitadle el talento y dadle al que tiene cinco; porque, al que tiene se le dará, y al que no tiene le quitarán lo que parece que tiene; y a este siervo desaprovechado echadle en tinieblas exteriores, donde habrá llanto y crujir de diente.”

¡Terrible sentencia! No sólo le reprende aspérrimamente y le confunde delante de los otros siervos, sino que le quita el talento que tenía, esto es, le despoja de todos los bienes de gracia y de todos los dones añadidos a su naturaleza, en castigo de su pereza. Y le echa en las tinieblas exteriores del infierno, donde perpetuamente llore y rabie por su desaprovechada pereza.

Y si tal castigo se da al que por pereza no usa del talento que recibió, ¿qué castigo se dará al que usa de él para ofender a Dios y escandalizar o dañar al prójimo?

Señor, no entres en juicio conmigo. Merecía que me hubieras quitado los talentos que me diste, por haberlos enterrado. Mas ya que por tu paciencia me has hecho sufrir ayúdame a desenterrarlos para que, negociando con ellos lo que me pides, alcance lo que prometes a los que dignamente los emplean.

Fuente: Cf. P. Saturnino Osés S.J., Horas de luz

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