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Infancia de Arcadei

  • Esta Área de Arcadei se encarga de proporcionar a los padres material para sus hijos: devocionarios infantiles, recomendación de videos y películas, etc.
  • Eventualmente se encargará de organizar eventos para ellos, y conformar grupos de niños.
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Material para los niños: devoción, formación y recreación, principalmente espiritual y también humana.
Para niños de 3 a 11 años de edad (de Jardín a Primaria).
Material para ver, escuchar e imprimir en general (películas, música, dibujos animados, dibujos para colorear, libritos, etc.)
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Santa Margarita María de Alacoque

A través de la realidad de una familia católica conoceremos la vida y espiritualidad de una gran Santa de la Iglesia, a quien se reveló el Sagrado Corazón de Jesús, y nos dejará una enseñanza que ayuda a profundizar en la fe tanto a niños como a mayores.

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Santo Domingo Savio

"Como Santo Domingo Savio, sed todos misioneros con el buen ejemplo, con las buenas palabras y con las buenas acciones”.

San Juan Pablo II

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Santo Domingo Savio

"Como Santo Domingo Savio, sed todos misioneros con el buen ejemplo, con las buenas palabras y con las buenas acciones”. S. Juan Pablo II

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La plegaria familiar

La Iglesia ora por la familia cristiana y la educa para que viva en generosa coherencia con el don y el cometido sacerdotal recibidos de Cristo Sumo Sacerdote. En realidad, el sacerdocio bautismal de los fieles, vivido en el matrimonio-sacramento, constituye para los cónyuges y para la familia el fundamento de una vocación y de una misión sacerdotal, mediante la cual su misma existencia cotidiana se transforma en «sacrificio espiritual aceptable a Dios por Jesucristo». Esto sucede no sólo con la celebración de la Eucaristía y de los otros sacramentos o con la ofrenda de sí mismos para gloria de Dios, sino también con la vida de oración, con el diálogo suplicante dirigido al Padre por medio de Jesucristo en el Espíritu Santo.

La plegaria familiar tiene características propias. Es una oración hecha en común, marido y mujer juntos, padres e hijos juntos. La comunión en la plegaria es a la vez fruto y exigencia de esa comunión que deriva de los sacramentos del bautismo y del matrimonio. A los miembros de la familia cristiana pueden aplicarse de modo particular las palabras con las cuales el Señor Jesús promete su presencia: «Os digo en verdad que si dos de vosotros conviniereis sobre la tierra en pedir cualquier cosa, os lo otorgará mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

Esta plegaria tiene como contenido original la misma vida de familia que en las diversas circunstancias es interpretada como vocación de Dios y es actuada como respuesta filial a su llamada: alegrías y dolores, esperanzas y tristezas, nacimientos y cumpleaños, aniversarios de la boda de los padres, partidas, alejamientos y regresos, elecciones importantes y decisivas, muerte de personas queridas, etc., señalan la intervención del amor de Dios en la historia de la familia, como deben también señalar el momento favorable de acción de gracias, de imploración, de abandono confiado de la familia al Padre común que está en los cielos. Además, la dignidad y responsabilidades de la familia cristiana en cuanto Iglesia doméstica solamente pueden ser vividas con la ayuda incesante de Dios, que será concedida sin falta a cuantos la pidan con humildad y confianza en la oración.

(San Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris Consortio nº59)

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La plegaria familiar

La familia cristiana vive su vocación y misión sacerdotal, entre otras cosas, con su vida de oración.

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Los niños y el Reino de los cielos

Los niños son, desde luego, el término del amor delicado y generoso de Nuestro Señor Jesucristo: a ellos reserva su bendición y, más aún, les asegura el Reino de los cielos. En particular, Jesús exalta el papel activo que tienen los pequeños en el Reino de Dios: son el símbolo elocuente y la espléndida imagen de aquellas condiciones morales y espirituales, que son esenciales para entrar en el Reino de Dios y para vivir la lógica del total abandono en el Señor: "Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. Y el que reciba incluso a uno solo de estos niños en mi nombre, a mí me recibe".

La niñez nos recuerda que la fecundidad misionera de la Iglesia tiene su raíz vivificante, no en los medios y méritos humanos, sino en el don absolutamente gratuito de Dios. La vida de inocencia y de gracia de los niños, como también los sufrimientos que injustamente les son infligidos, en virtud de la Cruz de Cristo, obtienen un enriquecimiento espiritual para ellos y para toda la Iglesia. Todos debemos tomar de esto una conciencia más viva y agradecida.

Además, se ha de reconocer que también en la edad de la infancia y de la niñez se abren valiosas posibilidades de acción tanto para la edificación de la Iglesia como para la humanización de la sociedad. Los hijos, como miembros vivos de la familia, contribuyen, a su manera, a la santificación de los padres, y se ha de repetir de los niños en relación con la Iglesia. Ya lo hacía notar Juan Gersón, teólogo y educador del siglo xv, para quien "los niños y los adolescentes no son, ciertamente, una parte de la Iglesia que se pueda descuidar".

(San Juan Pablo II, Exhortación apostólica Christifideles Laicis)

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A pesar de sus pequeños defectos, en un niño pueden generalmente echarse de ver la simplicidad y la conciencia de su debilidad, sobre todo si está bautizado y ha sido cristianamente educado. La sencillez o ausencia de doblez es en él totalmente espontánea, sin afectación; generalmente dice lo que piensa y manifiesta sin ambages sus deseos, sin miedo del qué dirán. Tiene igualmente conciencia de su debilidad, porque por sí nada puede y en todo depende de sus padres.

Esta conciencia de la propia debilidad hace que sea humilde, y le dispone a practicar las tres virtudes teologales de una manera profunda en su simplicidad.

El niño, en fin, ama cordialmente a sus padres a quienes lo debe todo; y si ese padre y esa madre son verdaderamente cristianos, hacen que el afecto de ese tierno corazón se eleve hacia Dios y hacia su santa Madre. Dentro de tanta sencillez, de esa conciencia de su debilidad, y de esa simple práctica de las tres virtudes teologales, se encuentra el germen de la más alta vida espiritual.

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Por esta razón, queriendo Jesús enseñar a sus apóstoles la importancia de la humildad, colocando un niño en medio de ellos, les dijo: "En verdad os digo, si no os volvéis y hacéis semejantes a niños pequeños, no entraréis en el reino de los cielos". En estos últimos tiempos, nos ha sido dado ver realizada la predicción de Pío X: "Habrá niños santos" llamados desde pequeños a la comunión frecuente.

(P. Réginald Garrigou Lagrange, Las tres edades de la vida interior)

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Los niños y el Reino de los cielos

“No debéis creer que la menor edad sea un obstáculo al camino hacia la perfección incluso consumada, es decir la santidad”, había dicho el Papa Pío XII, y años antes su predecesor San Pío X, había exclamado: “Habrá niños santos”

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El derecho-deber educativo de los padres

La tarea educativa tiene sus raíces en la vocación primordial de los esposos a participar en la obra creadora de Dios; ellos, engendrando en el amor y por amor una nueva persona, que tiene en sí la vocación al crecimiento y al desarrollo, asumen por eso mismo la obligación de ayudarla eficazmente a vivir una vida plenamente humana. Como ha recordado el Concilio Vaticano II: «Puesto que los padres han dado la vida a los hijos, tienen la gravísima obligación de educar a la prole, y por tanto hay que reconocerlos como los primeros y principales educadores de sus hijos. Este deber de la educación familiar es de tanta transcendencia que, cuando falta, difícilmente puede suplirse. Es, pues, deber de los padres crear un ambiente de familia animado por el amor, por la piedad hacia Dios y hacia los hombres, que favorezca la educación íntegra personal y social de los hijos. La familia es, por tanto, la primera escuela de las virtudes sociales, que todas las sociedades necesitan»

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El derecho-deber educativo de los padres se califica como esencial, relacionado como está con la transmisión de la vida humana; como original y primario, respecto al deber educativo de los demás, por la unicidad de la relación de amor que subsiste entre padres e hijos; como insustituible e inalienable y que, por consiguiente, no puede ser totalmente delegado o usurpado por otros.

Por encima de estas características, no puede olvidarse que el elemento más radical, que determina el deber educativo de los padres, es el amor paterno y materno que encuentra en la acción educativa su realización, al hacer pleno y perfecto el servicio a la vida. El amor de los padres se transforma de fuente en alma, y por consiguiente, en norma, que inspira y guía toda la acción educativa concreta, enriqueciéndola con los valores de dulzura, constancia, bondad, servicio, desinterés, espíritu de sacrificio, que son el fruto más precioso del amor.

(San Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, nº36)

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El derecho-deber educativo de los padres

El deber de la educación familiar es de tanta transcendencia que, cuando falta, difícilmente puede suplirse.

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La Santa Misa: desde el Calvario al Cielo

El aspecto sacrificial de la Santa Misa, expuesto por niños de Primera Comunión.

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Dejad que los niños vengan a mí

Cristo ha dicho la frase que todos conocemos bien: “Dejad que los niños vengan a mí, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mt 19, 14). Como recordamos, dirigió estas palabras a los Apóstoles que, teniendo en cuenta el cansancio del Maestro, querían actuar más bien de otra manera, es decir, querían impedir a los niños acercarse a Cristo. Querían alejarlos, quizá para que no le quitaran el tiempo.

La segunda frase que en este momento me viene a la mente tiene acentos de gran severidad. En efecto, defiende al niño de cuantos lo escandalizan: “Al que escandalizare a uno de estos pequeñuelos que creen en mí, más le valiera que le colgasen al cuello una piedra de molino de asno y le hundieran en el fondo del mar” (Mt 18, 6). La advertencia es muy severa; pero es un mal grande el escándalo dado a todo ser inocente. Se causa gran daño al alma juvenil, inoculando el mal allí donde deben desarrollarse la gracia, la verdad, la confianza y el amor. Sólo Aquel que personalmente ha amado mucho el alma inocente de los niños y el alma juvenil, podía expresarse sobre el escándalo tal como lo ha hecho Cristo. Sólo Él podía amenazar con estas palabras tremendas a quienes dan escándalo.

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Por otra parte, el problema de la catequesis resulta por sí mismo vivo y urgente. En efecto, la catequesis es, por así decirlo, signo infalible de la vida de la Iglesia y fuente inagotable de su vitalidad. Solamente intento subrayar y poner de relieve que, a través de la catequesis de los niños y de los jóvenes, se realiza continuamente la llamada tan elocuente de Cristo: "Dejad que los niños vengan a mí y no los estorbéis..." (Mc 10, 14). Todos los sucesores de los Apóstoles, toda la Iglesia en su conciencia evangelizadora, deben trabajar en todas partes para que ese deseo y esa llamada de Cristo se realice en la medida que requieren las múltiples necesidades de nuestro tiempo.

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Juntamente con esta llamada va la advertencia del Señor contra el escándalo. La catequesis de los niños y de los jóvenes tiende en cualquier parte y siempre a hacer crecer en las almas juveniles lo que es bueno, noble, digno. Se convierte en escuela de un sentido mejor y más maduro de humanidad, que se desarrolla en el contacto con Cristo. En efecto, no hay instrumento más eficaz para proteger del escándalo, para que no arraigue el mal, la corrupción, el sentido de la inutilidad de la vida, la frustración, que injertar el bien, infundiéndolo profunda y vigorosamente en las almas juveniles. Pertenece a la tarea formativa de la catequesis vigilar para que este bien brote y madure.

(San Juan Pablo II, Audiencia General del miércoles 29 de agosto de 1979)

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Dejad que los niños vengan a mí

A través de la catequesis de los niños y de los jóvenes, se realiza continuamente la llamada tan elocuente de Cristo: "Dejad que los niños vengan a mí".

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Rosario de Niños - Una pers-pectiva desde el cielo

Invitación de un niño, a fomentar el rezo del Rosario en los niños para “iluminar el mundo”.

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Habrá niños santos

Algunos ejemplos de niños santos en proceso de canonización.

Hola,

Área dedicada
a la formación
espiritual y humana
de los niños

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N U E V O

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Devoción de los cinco primeros sábados al Corazón de María

En respuesta al pedido y promesa que nos hacen la Santísima Virgen María y también el mismo Jesús, cuando se le aparecieron a Sor Lucía, ponemos a disposición, para los niños que estén en condiciones de realizarlo, este texto, con oración y meditaciones para cada sábado, junto con ejemplos tomados de las apariciones de la Santísima Virgen María a los pastorcitos de Fátima.

Fuente: P. Ribera, Luis, “Mi Jesús”, Conculsa, Madrid, 1956.

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Devoción de los cinco primeros sábados al Corazón de María

Ponemos a disposición para los niños, para cada Primer sábado de mes, este texto con oraciones, meditaciones y ejemplos tomados de las apariciones a los pastorcitos de Fátima.

N U E V O

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Devoción de los nueve primeros viernes de mes al Sagrado Corazón

En respuesta al pedido que el mismo Jesús nos hizo a través de Santa Margarita María de Alacoque, ponemos a disposición, para los niños que ya estén en edad de realizarlo, este texto, con oraciones, meditaciones sobre virtudes y ejemplos de santos, para cada viernes de mes. Fuente: P. Ribera, Luis, “Mi Jesús”, Conculsa, Madrid, 1952.

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Devoción de los nueve primeros viernes de mes al Sagrado Corazón

Ponemos a disposición para los niños este texto con oraciones y ejemplos de santos, para cada Primer viernes de mes.

N U E V O

DEVOCIONARIO

para Niños