Santidad Argentina (IV)
Posted by: Corim

Madre María Benita Arias. Tercera parte.
En la entrega anterior hemos acompañado a la Madre Benita en su ingreso como “Beata” de la Santa Casa de Ejercicios de Buenos Aires. Hoy consideraremos la vida y las actividades de María Benita en los 30 años que permaneció en esa casa.
Desde su entrada en la Santa casa, Benita pasó por múltiples oficios, llegando a ser, en tiempos de Rosas, secretaria de la Madre Directora, Sor Justa Rufina Díaz, quien era muy estimada por el mismo Rosas –que llegó a decir de ella que era “justa” como su nombre lo indica–.
Esta misma Madre, Sor Justa, fue maestra de sabiduría para Benita, y cuando recibe el sacramento de la confirmación, en la Santa casa, la eligió como su madrina.
De su desempeño en los distintos oficios podemos decir: como sacristana, que se esmeraba en la pulcritud y el brillo de los vasos sagrados, en la selección y la preparación de las flores, en el lavado y planchado de albas y manteles; como así también se dedicó con amor y esmero en la fabricación de hostias, etc.; como tenedora de libros –se encargó un tiempo de llevar la contabilidad de la Casa–: que fue responsable, diligente y prolija en todo lo que se refiere a los asientos contables y al orden de la documentación.
Esta misma responsabilidad la ejerció en los demás oficios que se le encargaron: maestra de novicias, maestra de las niñas, secretaria, también en la atención de los ejercitantes, etc., en todas las tareas, se dedicó con esmero en hacer un buen trabajo sólo por amor a Dios. Este fue su secreto, y puede ser un gran ejemplo para nosotros, que estamos tan acostumbrados a hacer las cosas a las apuradas y como salgan. La Madre Benita, como todos los santos, buscaba en todo la Gloria de Dios, todo lo hacía para Él, por eso buscaba perfeccionarse en cada oficio que se le asignaba, por humilde que sea.
En esa Santa Casa, no faltaron entre las religiosas momentos de sano y santo esparcimiento y recreación. Como en toda familia, se festejaban cumpleaños, onomásticos, fiestas de Navidad y Pascua, etc. En todas tomaba alegremente parte protagónica nuestra Madre Benita, principalmente en lo que se refiere a la composición de alguna coplilla que amenizaba cada ocasión, acompañándose con su guitarra.
Durante el período de su vida como “Beata” de la Casa de Ejercicios, en Benita se incrementaron las dos devociones principales: a la Eucaristía, que concretó en frecuentes visitas al santísimo, inscribiéndose en Cofradía del Santísimo Sacramento en la Catedral, promoviendo adoraciones y comuniones reparadoras, etc., etc.; a su vez incrementó su devoción por la Santísima Virgen María, a quién profesaba un auténtico amor filial.
Fruto de esta gran devoción a la Santísima Eucaristía, es el hecho de que comienza a nacer en Benita un sueño: crear una Congregación religiosa que fuera integrada por esposas amantes de Cristo Sacramentado.
Piensa primeramente en reformar la fraternidad de Beatas de la Santa Casa de Ejercicios, transformándolas en una congregación Eucarística. Expone este proyecto a su Obispo y éste no lo ve favorable. Esto no fue un obstáculo; si no es en la Casa de Ejercicios, debe ser en otro lado.
Su celo y amor ardiente por la Eucaristía le urgía a comenzar esta obra Eucarística, para la cual ya había contagiado a algunas de sus amigas mas íntimas, como la señora Dorotea Guarda de Benavente, quien está dispuesta a financiar económicamente la obra de la Madre Benita. ¡Bendita alma, la de esta señora Dorotea, impregnada por la santa caridad cristiana!, seguramente Dios le recompensó en el cielo su santo desprendimiento de lo terreno.
Comenzó para Benita un tiempo de lucha y de perseverancia, de oración y de escucha de la Voluntad de Dios. Luego de varias peripecias, de consultas con varios eclesiásticos, decide viajar a Roma y presentar su proyecto fundacional al mismo Santo Padre. Le ayuda económicamente en este emprendimiento la familia Díaz de Vivar, en agradecimiento por haber intercedido con sus oraciones por un asunto familiar.
Y vemos ya partir a Benita hacia Roma, cargada de esperanzas y de confianza en la Divina Providencia, porque como ella misma decía: “esta obra es de Dios y no mía”.
El día 11 de este mes, consideraremos los momentos más importantes del viaje de Benita a Roma, que también incluyó Tierra Santa.
Concluimos esta entrega con una frase de María Benita.
“Nuestra felicidad, nuestro aprovechamiento y perfección se reducen a dos puntos: hacer lo que Dios quiere de nosotros y hacerlo en el modo que Él quiere que se haga.”

